Una respuesta musulmana a la Magnifica Humanitas del papa León XIV

El papa Francisco, a través de Fratelli Tutti, sentó las bases de una plataforma constructiva para el diálogo entre civilizaciones. Por su parte, el papa León XIV, mediante Magnifica Humanitas, ha ampliado y profundizado ese horizonte de entendimiento, trascendiendo el ámbito de las palabras para traducir los principios en acciones concretas: oponiéndose a las guerras injustas, cuestionando el comercio mundial de armamentos, desenmascarando la cultura del poder y exhortando a la humanidad a edificar una civilización fundamentada en el amor.Abrigo la sincera esperanza de que los eruditos, las instituciones y los dirigentes musulmanes respondan a este momento histórico con una determinación semejante, una inequívoca claridad moral y una valentía profética a la altura de las exigencias de nuestro tiempo.
octubre 23, 2026
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El papa León XIV, la inteligencia artificial y la guerra

El 15 de mayo de 2026 se publicó la primera encíclica del papa León XIV, Magnifica Humanitas. Antes de su publicación, numerosos medios habían anticipado que el pontífice abordaría la problemática de la inteligencia artificial en su primer gran pronunciamiento como líder de la Iglesia católica. Lo que se conocía en menor medida era la amplitud y profundidad que alcanzaría su crítica: el documento definitivo examinaba cuestiones que iban desde las repercusiones de la inteligencia artificial sobre la dignidad del trabajo hasta su utilización en los conflictos bélicos, pasando por las corrientes culturales más amplias en cuyo seno se desarrolla esta tecnología. Los artículos reunidos en esta serie analizan Magnifica Humanitas desde distintas perspectivas disciplinarias y religiosas, al tiempo que reflexionan sobre las implicaciones políticas, éticas y sociales del planteamiento formulado por León XIV.

En el presente artículo, A. Rashied Omar examina la encíclica desde una perspectiva islámica. El autor identifica los principales puntos de convergencia entre la visión del mundo propuesta por León XIV y la cosmovisión islámica tal como él la interpreta, entre ellos la preocupación por la cultura del poder, las prácticas bélicas y la dignidad humana. Desde una disposición al diálogo constructivo y crítico, subraya asimismo la necesidad de profundizar en el análisis de las formas en que la inteligencia artificial ya está siendo empleada en los escenarios de guerra.

Joshua Lupo, editor, abril de 2026-actualidad

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La primera encíclica del papa León XIV, Magnifica Humanitas, fue firmada el 15 de mayo de 2026, coincidiendo con el 135.º aniversario de Rerum Novarum, la encíclica que abordó las condiciones de la clase trabajadora en un momento de profunda transformación de la naturaleza de la tecnología. Magnifica Humanitas constituye una de las intervenciones morales más trascendentales de nuestro tiempo y, de manera análoga, irrumpe en una época marcada por vertiginosas transformaciones tecnológicas. Este extraordinario documento, de más de 42.000 palabras, sitúa la inteligencia artificial (IA) no solo como una cuestión técnica, sino también como un dilema civilizatorio, y se enfrenta a interrogantes fundamentales sobre la dignidad humana, el poder político y la posibilidad misma de alcanzar la paz.

En mis reflexiones anteriores sobre las encíclicas Evangelii Gaudium (2014), Laudato Si’ (2015) y Fratelli Tutti (2020) del difunto papa Francisco, sostuve que estos documentos de carácter histórico habían establecido plataformas constructivas para que los dirigentes musulmanes entablaran un diálogo renovado con los católicos en torno a los grandes desafíos morales de nuestra época. Magnifica Humanitas refuerza esta invitación. Al igual que su predecesor, el papa Francisco, León XIV ha articulado una visión teológica que encuentra profundas resonancias en los imperativos éticos que constituyen la esencia del islam.

Al mismo tiempo, el pontífice plantea un desafío particularmente incisivo a la tradición ética islámica clásica: al declarar obsoleta la teoría de la guerra justa, interpela a los musulmanes para que emprendan una renovación, largamente postergada, de la jurisprudencia clásica relativa a la lucha armada (fiqh al-yihad), a la luz del carácter indiscriminadamente devastador de la guerra moderna. Se trata de un desafío sobre el cual los eruditos musulmanes se encuentran especialmente capacitados para reflexionar con rigor y detenimiento.

En las páginas que siguen, destacaré cuatro dimensiones de la relevancia de este documento para los musulmanes, al tiempo que señalaré una limitación significativa y un desafío que invitan a un diálogo intelectualmente honesto y críticamente comprometido.

La cultura del poder

En el núcleo moral y teológico de Magnifica Humanitas se encuentra aquello que el papa León XIV denomina la «cultura del poder»: una realidad global en la que, como escribe el pontífice, «la paz ya no aparece como una responsabilidad que debe asumirse, sino como una frágil tregua entre conflictos» (párr. 189), y en la que el complejo militar-industrial obtiene beneficios económicos de la perpetuación de la violencia.

A mi juicio, este diagnóstico guarda una profunda correspondencia con el concepto coránico de fasad fi al-ard, es decir, la corrupción y el desorden que se extienden sobre la Tierra. El Corán identifica de manera reiterada esta corrupción como una de las amenazas más graves contra el pleno florecimiento humano y el orden divino (Corán 28:77).

El término árabe fasad, cuyo significado literal comprende nociones como corrupción, degradación y decadencia moral, no se limita a designar la maldad individual, sino que abarca también la destrucción sistemática de las condiciones indispensables para la justicia y la dignidad. Esto es precisamente lo que el papa León XIV describe como la «cultura del poder».

La perspectiva coránica sobre aquellas civilizaciones que confunden su hegemonía con la permanencia resulta particularmente aleccionadora:

«¡Cuántos imperios poderosos, más fuertes que ellos, hemos destruido! ¡Cuántas civilizaciones de mayor poderío extendieron su dominio sobre la Tierra e impusieron su voluntad a sus pueblos! Pero, cuando llegó la hora de rendir cuentas, ¿acaso encontraron alguna vía de escape?» (Corán 50:36).

Magnifica Humanitas sostiene de manera sistemática que la innovación tecnológica debe estar al servicio del bien común y no subordinada a los intereses de los actores políticos y económicos más poderosos. Desde una perspectiva islámica, este imperativo ético encuentra un sólido fundamento en el principio coránico de qist (justicia), que ocupa un lugar central en la teología moral de esta tradición.

El Corán no solo exhorta a los creyentes a mantenerse firmes e inquebrantables en la defensa de la justicia (Corán 4:135), sino que también advierte explícitamente contra la concentración de la riqueza y el poder en manos de una minoría privilegiada: «[La riqueza] no debe circular únicamente entre los ricos de vosotros» (Corán 59:7).

Consideradas conjuntamente, estas enseñanzas coránicas reafirman que la innovación tecnológica y económica debe contribuir a promover el bien común, en lugar de consolidar las estructuras preexistentes de privilegio y desigualdad.

Desde la perspectiva de los maqasid al-sharia, los fines superiores de la ley islámica, ningún sistema de inteligencia artificial que menoscabe sistemáticamente la dignidad humana, agrave la exclusión económica o concentre el poder de manera perjudicial para los sectores más vulnerables puede considerarse éticamente legítimo.

Esta visión ética encuentra asimismo su expresión en el principio islámico de maslaha (interés público o bienestar colectivo), según el cual el desarrollo tecnológico debe orientarse hacia el bienestar de la sociedad en su conjunto y no hacia la satisfacción de los intereses de una minoría privilegiada.

En consecuencia, la legitimidad ética de la inteligencia artificial debe evaluarse en función de su capacidad para promover el bien común: ampliar el acceso a la educación, la atención sanitaria y las oportunidades económicas; proteger a los trabajadores y a las comunidades vulnerables frente a posibles perjuicios; y contribuir, en un sentido más amplio, a la realización de la justicia social.

Ello exige que la aproximación de los musulmanes a la inteligencia artificial trascienda las cuestiones estrictamente relacionadas con su licitud religiosa es decir, si su utilización es halal o haram y se oriente hacia interrogantes más amplios y apremiantes sobre la justicia.

La cuestión ética fundamental no consiste únicamente en determinar si los musulmanes pueden utilizar la inteligencia artificial, sino en establecer si esta tecnología se desarrolla, implementa y gobierna de manera que preserve la dignidad humana, reduzca las desigualdades y promueva el bien común.

No obstante, considero necesario introducir aquí una observación crítica. En un documento de análisis de políticas publicado el 18 de junio de 2026 por el Centro de Investigación de TRT World, Tarek Cherkaoui señala, con razón, una omisión significativa en la encíclica de León XIV de 2026: el documento no aborda con la profundidad necesaria la utilización activa de la inteligencia artificial en las matanzas perpetradas mediante algoritmos por Israel en Gaza desde octubre de 2023, incluido el empleo de los sistemas de selección de objetivos basados en IA Gospel y Lavender por parte de las Fuerzas de Defensa de Israel.

Por otra parte, el sistema estadounidense de selección de objetivos mediante inteligencia artificial, Project Maven, fue utilizado en Irán y podría haber desempeñado un papel en el ataque contra una escuela primaria en el que perdieron la vida 156 civiles, entre ellos 120 niños.

Estos sistemas no surgieron de una noción abstracta de la «cultura del poder» que la encíclica del pontífice diagnostica como una patología civilizatoria; por el contrario, constituyen su manifestación más concreta y mortífera. Una encíclica que reclama la «desmilitarización de la inteligencia artificial» no puede guardar silencio ante una modalidad de guerra asistida por IA que está provocando, de manera manifiesta y sistemática, la muerte masiva de civiles.

Para los lectores dotados de conciencia moral, las personas de fe y los ciudadanos del mundo comprometidos con su responsabilidad ética, que presencian cómo estos sistemas operan en tiempo real y se emplean predominantemente contra poblaciones musulmanas, semejante silencio no representa una mera omisión incómoda ni una simple laguna académica. Constituye, en sí mismo, una herida moral: una herida que corre el riesgo de convertirse en una forma de violencia epistémica al invisibilizar las manifestaciones contemporáneas más devastadoras de la inteligencia artificial.

Más allá de la guerra justa: el desafío planteado al fiqh al-yihad

Quizá la dimensión más audaz de Magnifica Humanitas resida en su declaración de que la teoría de la guerra justa «ha quedado obsoleta» y de que «hacer la guerra en nombre de la religión equivale a atentar contra la religión misma» (párrs. 220-225).

El papa Francisco ya había avanzado en esta dirección en Fratelli Tutti y, como señalé en mi respuesta a aquella encíclica, este desafío resulta igualmente pertinente para la tradición islámica, e incluso puede revestir una urgencia todavía mayor.

El fiqh al-yihad clásico, es decir, la jurisprudencia islámica relativa a la lucha armada, configurado originalmente como respuesta a las políticas imperiales y a las realidades geopolíticas del Califato abasí y del Imperio bizantino, necesita una renovación urgente a la luz del carácter indiscriminadamente destructivo de la guerra contemporánea.

La propia tradición islámica dispone de los recursos teológicos y éticos necesarios para emprender semejante renovación. La formulación moral del Corán acerca de la inviolabilidad de la vida humana difícilmente podría ser más inequívoca:

«Quien mate a una persona sin causa justificada será como si hubiera matado a toda la humanidad; y quien salve una vida será como si hubiera salvado a toda la humanidad» (Corán 5:32).

Este versículo coránico establece un criterio moral tan categórico que convierte la cultura de la guerra algorítmica, en la que las bajas civiles se encuentran matemáticamente incorporadas a los sistemas de selección de objetivos asistidos por inteligencia artificial, no solo en una práctica religiosamente ilícita, sino en una profunda transgresión de la sacralidad, la reverencia y el carácter de depósito divino atribuidos a la vida humana.

Sin embargo, apenas un reducido número de eruditos musulmanes ha asumido seriamente la tarea de desarrollar una teología islámica de la no violencia fundamentada en estos imperativos coránicos. Entre ellos destacan Maulana Wahiduddin Khan, el jeque Jawdat Said, Chaiwat Satha-Anand y Rabia Terri Harris.

Sus contribuciones pioneras merecen una atención considerablemente mayor de la que hasta ahora les han dispensado los principales exponentes del pensamiento académico y religioso musulmán.

La inteligencia artificial, el corazón y los límites del enfoque musulmán

En Magnifica Humanitas, el papa León XIV insiste en que la inteligencia artificial debe estar al servicio de la humanidad en su conjunto y no de una reducida élite de individuos poderosos. Este argumento descansa sobre la convicción de que la dignidad humana es irreductible y no puede delegarse en los algoritmos (párrs. 100-120).

Esta antropología teológica de la dignidad humana encuentra una profunda correspondencia en la proclamación coránica:

«Ciertamente, hemos honrado a todos los hijos de Adán» (Corán 17:70).

Esta dignidad, denominada karamat al-insan, no depende de la utilidad ni se fundamenta en la productividad. Por el contrario, hunde sus raíces en el propio acto divino de la creación: cada ser humano ha sido modelado por Dios y ha recibido el soplo de Su espíritu.

Como declara el Corán:

«Cuando lo haya modelado y haya insuflado en él de Mi espíritu» (Corán 15:29).

Toda tecnología que amenace con anular esta dignidad, incluidos los sistemas de inteligencia artificial que reducen a los seres humanos a simples puntos de datos dentro de un algoritmo de selección de objetivos militares, entra en contradicción fundamental con la concepción islámica de la persona humana.

Una de las contribuciones más originales y significativas a la elaboración de una teología islámica de la inteligencia artificial, fundamentada precisamente en esta antropología teológica, es el artículo de Mohammed Gamal Abdelnour publicado en 2025 en la revista Religions, bajo el título «Artificial Intelligence and the Islamic Theology of Technology: From ‘Means’ to ‘Meanings’ and from ‘Minds’ to ‘Hearts’» («La inteligencia artificial y la teología islámica de la tecnología: de los medios a los significados y de las mentes a los corazones»).

Basándose en la obra Ihya Ulum al-Din (La revivificación de las ciencias religiosas) de Al-Ghazali, Abdelnour sostiene que la aproximación musulmana a la inteligencia artificial se ha concentrado hasta ahora, predominantemente, en sus implicaciones cognitivas y jurídico-religiosas, mientras ha relegado a un segundo plano el corazón, concebido en el pensamiento islámico como el centro cognitivo, moral y espiritual del ser humano.

Como advierte el Corán:

«Tienen corazones, pero no comprenden con ellos» (Corán 7:179).

Aunque la inteligencia artificial pueda imitar determinadas funciones intelectuales, su carencia de corazón la incapacita ontológicamente para ejercer una auténtica agencia moral.

La tradición jurisprudencial islámica ofrece asimismo recursos de extraordinaria riqueza para la gobernanza de la inteligencia artificial. El concepto de maqasid al-sharia, que comprende los objetivos superiores de la ley islámica orientados a la preservación de la vida, el intelecto, la religión, la descendencia y la propiedad, proporciona un marco sistemático para evaluar las consecuencias de la inteligencia artificial sobre el pleno desarrollo y florecimiento del ser humano.

Por su parte, el principio de sadd al-dhara’i, entendido como la prevención de los medios que conducen al daño, ofrece una justificación islámica para establecer una regulación proactiva y precautoria de la inteligencia artificial, precisamente del tipo que reclama la encíclica del papa León XIV.

No obstante, reitero aquí la valoración franca que expresé en mi respuesta a Fratelli Tutti: el enfoque musulmán contemporáneo sobre la guerra continúa siendo, en gran medida, predominantemente jurídico-religioso y técnico.

Lo que permanece prácticamente ausente es una perspectiva profética, centrada en la justicia y abierta al diálogo interreligioso, capaz de situar la problemática de la inteligencia artificial en el contexto de las estructuras más amplias del poder y la guerra, así como de vincularla con la subordinación del Sur Global a la hegemonía tecnológica occidental.

Como ha señalado Hesham Gaafar, los modelos fundacionales de inteligencia artificial, entrenados mayoritariamente con conjuntos de datos seculares occidentales, excluyen y marginan sistemáticamente las perspectivas islámicas. Además, en una proporción considerable de casos, estos sistemas han generado resultados que asocian las identidades musulmanas con el terrorismo.

No se trata simplemente de una deficiencia técnica. Constituye una manifestación del fasad fi al-ard, la corrupción que se extiende sobre la Tierra, que tanto el Corán como Magnifica Humanitas identifican y diagnostican como una profunda crisis moral.

Por consiguiente, este problema exige una respuesta que no se limite al ámbito de la jurisprudencia islámica, sino que esté impregnada de una auténtica conciencia profética y de una visión ética transformadora.

Una visión islámica de la paz justa

El papa León XIV contrapone a la cultura del poder una «civilización del amor», concebida como una comunidad mundial cimentada en los principios de justicia, diálogo y solidaridad con las víctimas de la historia (párrs. 245-265). Esta visión converge profundamente con lo que los estudiosos de la paz denominan paz justa (justpeace): una condición que no se limita a la mera ausencia de conflictos armados, sino que comprende también la presencia efectiva de la justicia, la dignidad humana y una distribución equitativa de los recursos de la Tierra.

El concepto de qist, entendido como justicia en cuanto principio cósmico, no constituye simplemente una norma procedimental, sino el criterio mismo mediante el cual Dios juzga a las civilizaciones humanas (véase Corán 4:135).

De manera análoga, el concepto de rahma, es decir, misericordia o compasión, no representa únicamente una virtud individual, sino un imperativo civilizatorio: «Y no te hemos enviado, [¡oh, Muhammad!], sino como una misericordia para todos los mundos» (Corán 21:107).

Por último, el concepto de jalifa (khalifa), entendido como la responsabilidad de ejercer la custodia de la Tierra en nombre de su Creador, proporciona un fundamento teológico para la gestión responsable de la tecnología que los marcos puramente seculares de la ética de la inteligencia artificial difícilmente pueden ofrecer (Corán 6:165).

En octubre de 2025, durante la conferencia «Daring Peace» («Atreverse a construir la paz»), organizada por la Comunidad de Sant’Egidio en Roma, el gran imán de la Universidad de Al-Azhar, el doctor Ahmed al-Tayyeb, y el Vaticano anunciaron sus planes de concluir una carta ética conjunta sobre la inteligencia artificial. Se trata de una iniciativa tan alentadora como significativa.

Confío en que esta carta no quede reducida a un mero documento de cooperación institucional entre jerarquías religiosas, sino que se transforme en un diálogo moral vivo y dinámico, capaz de involucrar a los eruditos, las comunidades y, sobre todo, a quienes padecen con mayor intensidad el poder disruptivo de la inteligencia artificial: la clase trabajadora, las personas desplazadas, quienes son sometidos a perfiles y clasificaciones algorítmicas y las víctimas de las guerras asistidas por inteligencia artificial.

Una limitación y un desafío

Fiel al espíritu de diálogo sincero que ha orientado mis reflexiones anteriores sobre las encíclicas del papa Francisco, quisiera identificar una limitación fundamental de Magnifica Humanitas que los eruditos musulmanes se encuentran especialmente capacitados para abordar. A continuación, plantearé una preocupación que la propia encíclica nos obliga a afrontar a quienes formamos parte de las comunidades académicas e instituciones musulmanas.

Comencemos por la limitación. Como he señalado anteriormente, el silencio de la encíclica respecto de los sistemas militares de selección de objetivos asistidos por inteligencia artificial constituye una importante laguna moral.

Una cosa es advertir, como hace el documento, acerca de los peligros abstractos y futuros que la inteligencia artificial puede representar para la dignidad humana; otra muy distinta es identificar explícitamente los sistemas que ya se utilizan para seleccionar, rastrear y eliminar objetivos humanos, sistemas que operan en nuestro tiempo y que, no pocas veces, han sido entrenados sobre los cuerpos de poblaciones musulmanas.

El principio de sadd al-dhara’i, entendido como la obligación de cerrar las vías que conducen al daño, exige que toda reflexión ética rigurosa sobre la inteligencia artificial examine no solo sus posibles amenazas futuras, sino también sus aplicaciones contemporáneas más mortíferas.

Advertir sobre daños especulativos mientras se pasa por alto, en silencio, la automatización de la muerte supone invertir el orden de prioridades morales que este principio exige.

La valentía que el papa León XIV ha demostrado en sus declaraciones públicas al condenar las guerras injustas hace que esta omisión resulte todavía más llamativa. En efecto, ello sugiere que la encíclica dispone del lenguaje moral necesario para pronunciarse inequívocamente sobre esta cuestión, pero que, por razones no explicitadas, ha optado por no hacerlo.

El segundo desafío debo dirigirlo, con especial contundencia, a aquellos eruditos e instituciones musulmanas cuya actitud frente al Estado se caracteriza por el amparo del poder, la reticencia a cuestionarlo o una obediencia revestida de religiosidad; en definitiva, a quienes mantienen una orientación fundamentalmente estatista.

Magnifica Humanitas plantea a estas instituciones y a estos eruditos una pregunta de profundas implicaciones morales: ¿A quién beneficia nuestro silencio?

Como ha señalado acertadamente Hesham Gaafar, el islam suní carece de una autoridad central única equivalente al magisterio pontificio. Sin embargo, esta diversidad estructural no tiene por qué traducirse en silencio moral.

La cuestión que se plantea ante estos eruditos e instituciones es si seremos capaces de reunir el coraje moral necesario para alzar nuestra voz frente a las injusticias algorítmicas y la cultura del poder que Magnifica Humanitas denuncia con tan extraordinaria fuerza profética.

Conclusión

A pesar de las observaciones críticas que he formulado, Magnifica Humanitas es un documento de extraordinaria envergadura. Es visionario y profético en su diagnóstico, audaz en sus propuestas y profundamente urgente por el momento histórico en que aparece.

Publicada en el 135.º aniversario de Rerum Novarum y durante la temporada de peregrinación del hach, cuando millones de musulmanes se congregaron el 5 de junio de 2026 en las sagradas llanuras de Arafat, Magnifica Humanitas llegó como un recordatorio de que los desafíos morales de nuestro tiempo trascienden las fronteras religiosas y de que su resolución exige recurrir a lo más valioso de la sabiduría de cada tradición.

Para los musulmanes, Magnifica Humanitas representa tanto un desafío como una invitación.

El desafío consiste en trascender la comodidad de los debates teológicos internos y de la autopreservación institucional, para llevar los extraordinarios recursos éticos de la tradición islámica a un diálogo auténtico, sostenido y crítico con nuestros aliados de otras confesiones religiosas.

Entre esos recursos se encuentran la teología de karamat al-insan, centrada en la dignidad humana; la jurisprudencia de la maslaha y los maqasid al-sharia, orientada hacia el bien común y los fines superiores de la ley islámica; su epistemología centrada en el corazón; su ética profética de proclamar la verdad frente al poder; y su visión coránica de una paz fundamentada en la justicia.

El papa Francisco, mediante Fratelli Tutti, sentó las bases de una plataforma constructiva para el diálogo entre civilizaciones. Por su parte, el papa León XIV, a través de Magnifica Humanitas, ha ampliado y profundizado ese horizonte de entendimiento, no solo mediante las palabras, sino también a través de las acciones: oponiéndose a las guerras injustas, cuestionando el comercio mundial de armamentos, desenmascarando la cultura del poder y exhortando a la humanidad a edificar una civilización fundamentada en el amor.

Abrigo la sincera esperanza de que los eruditos, las instituciones y los dirigentes musulmanes respondan a este momento histórico con una determinación semejante, una inequívoca claridad moral y una valentía profética a la altura de las exigencias de nuestro tiempo.

La tarea que tiene ante sí la humanidad no consiste únicamente en regular la inteligencia artificial, sino en garantizar que esta tecnología esté al servicio de la justicia y no de la dominación; de la solidaridad y no de la exclusión; del pleno desarrollo humano y no de la mera acumulación de beneficios económicos.

Expresado en términos islámicos, ello exige un compromiso global con el qist (justicia), la rahma (misericordia), la karama (dignidad humana) y la jilafa (khilafa, responsabilidad de custodia y administración de la creación).

La inteligencia artificial debe convertirse en un instrumento para reducir las desigualdades, fortalecer a los sectores más vulnerables y promover el bien común. De lo contrario, corre el riesgo de transformarse en otro mecanismo mediante el cual los poderosos consolidan su dominio a expensas de los más débiles.

Ha llegado el momento de que musulmanes, católicos y todas las personas dotadas de conciencia moral trabajemos conjuntamente para configurar un futuro ético digno de nuestra humanidad compartida.

Una civilización del amor y de la justicia no constituye una fantasía utópica, sino un imperativo moral y espiritual. El momento de construirla juntos, con fidelidad y perseverancia, es ahora.

A. Rashied Omar es profesor asociado de Práctica en Estudios Islámicos y Construcción de la Paz en el Instituto Kroc de Estudios Internacionales de Paz, adscrito a la Escuela Keough de Asuntos Globales de la Universidad de Notre Dame. Asimismo, es investigador del Instituto Ansari para el Compromiso Religioso Global.

Además de su labor como investigador y docente universitario, Omar ejerce como imán y guía religioso en la mezquita Claremont Main Road, situada en Ciudad del Cabo, Sudáfrica, y forma parte del Consejo de Administración del Instituto para la Sanación de las Memorias, también en Sudáfrica.

Fuente:https://contendingmodernities.nd.edu/global-currents/muslim-response-magnifica-humanitas/