Siete años después de la firma del acuerdo, su ratificación por el Parlamento del este de Libia, respaldado por el general Jalifa Haftar, ha desbaratado los argumentos según los cuales el memorando había sido suscrito por una administración que no representaba al conjunto del territorio libio y, por consiguiente, carecía de validez jurídica. Este acontecimiento ha abierto las puertas a la configuración de un nuevo statu quo capaz de alterar profundamente los cálculos estratégicos en el Mediterráneo Oriental.
En este punto, resulta imprescindible reconocer el papel decisivo desempeñado por la política de Türkiye hacia Libia, orientada a poner fin a los sangrientos enfrentamientos entre las partes, fomentar la reconciliación en torno a los intereses nacionales y gestionar el proceso mediante una estrategia de paciencia y perseverancia diplomáticas. Aunque la política desarrollada por Ankara ha sido determinante para alcanzar este resultado, también debe tenerse en cuenta, desde la perspectiva de su oportunidad histórica, el efecto de la sinergia generada por la Alianza de Defensa de La Meca, surgida bajo el principio de apropiación regional de las cuestiones de seguridad.
Antecedentes de la crisis: la guerra civil libia y la fragmentación del país
Para comprender la verdadera magnitud del éxito alcanzado en el proceso de reconciliación libia, es necesario recordar los enfrentamientos que sumieron al país en el caos tras la Primavera Árabe, así como los intereses y cálculos estratégicos de los distintos actores internacionales implicados.
Tras el derrocamiento y asesinato de Muamar el Gadafi en 2011, como consecuencia de las insurrecciones respaldadas por la OTAN, Libia quedó desprovista de una autoridad central efectiva y se precipitó hacia una guerra civil. Entre 2011 y 2014, el país estuvo administrado por el Consejo Nacional de Transición (CNT).
Sin embargo, después de las elecciones celebradas en 2014, milicias de distintas orientaciones ideológicas y grupos armados organizados sobre bases regionales y tribales comenzaron a enfrentarse en diferentes puntos del territorio, impulsados por el propósito de preservar sus respectivas esferas de autoridad y asegurarse una participación en la distribución de los recursos nacionales.
Como consecuencia, el país quedó formalmente dividido en dos grandes estructuras de poder: surgieron dos parlamentos, dos gobiernos y sus correspondientes fuerzas armadas, con centros políticos y administrativos establecidos en Trípoli y Tobruk, respectivamente.
En el oeste del país: Se constituyó el Gobierno de Acuerdo Nacional (GNA), con sede en Trípoli y encabezado por Fayez al Sarraj, reconocido internacionalmente por las Naciones Unidas como la autoridad legítima de Libia. Las fuerzas armadas vinculadas a este Gobierno estaban integradas por las Brigadas de Misrata, las Fuerzas de Protección de Trípoli y diversas agrupaciones milicianas. Türkiye, Catar e Italia figuraban entre sus principales aliados y respaldos internacionales.
En el este del país: Se consolidó una estructura de poder articulada en torno a la Cámara de Representantes, establecida en Tobruk y presidida por Aguila Saleh. El Ejército Nacional Libio (LNA), bajo el mando del general Jalifa Haftar, constituía el principal brazo armado de esta administración. El Gobierno de Tobruk contaba con el respaldo de los Emiratos Árabes Unidos, Egipto, Grecia, Israel, Rusia —a través de los mercenarios del Grupo Wagner— y Francia.
Equilibrio militar y maniobras diplomáticas
En abril de 2019, Jalifa Haftar y el Ejército Nacional Libio emprendieron una ofensiva militar de gran envergadura con el objetivo de derrocar al Gobierno de Acuerdo Nacional, establecido en Trípoli y reconocido internacionalmente, llegando a sitiar la capital.
El sangriento asedio fue finalmente quebrado gracias a la intervención militar de Türkiye y al apoyo proporcionado al GNA. Tras los enfrentamientos, las fuerzas de Haftar se vieron obligadas a retirarse de las inmediaciones de Trípoli, mientras que las líneas del frente quedaron estabilizadas a lo largo del eje Sirte-Al Jufra, dando lugar a un equilibrio militar entre las partes enfrentadas.
Después de la firma del Acuerdo de Alto el Fuego Permanente, el 23 de octubre de 2020, bajo los auspicios de las Naciones Unidas en Ginebra, Suiza, cesaron por completo las grandes operaciones militares en los frentes de combate y los bombardeos a gran escala en el conjunto del territorio libio.
Posteriormente, se convocó el Foro de Diálogo Político Libio, también bajo el patrocinio de las Naciones Unidas. Este proceso permitió establecer, en marzo de 2021, un Gobierno de Unidad Nacional provisional, encabezado por Abdul Hamid Dbeibah, con el mandato de conducir al país hacia la celebración de elecciones.
Sin embargo, la incapacidad de los actores políticos y militares libios para alcanzar consensos duraderos, sumada a las injerencias de las potencias extranjeras, impidió la celebración de los comicios nacionales.
La dualidad administrativa y militar persiste hasta la actualidad, sin que se haya conseguido consolidar plenamente una reunificación institucional permanente ni establecer una estructura militar nacional unificada.
La estrategia turca de una «Libia indivisible» y sus repercusiones sobre el terreno
Pese a estas dificultades, las administraciones del este y del oeste de Libia han desarrollado progresivamente una mayor capacidad para actuar de manera coordinada en torno a los intereses nacionales compartidos.
En este proceso, la política de una «Libia indivisible», impulsada por Türkiye tras el establecimiento del alto el fuego, ha desempeñado un papel fundamental. Mediante el desarrollo de relaciones equilibradas con ambas administraciones, Ankara ha logrado avances significativos hacia el objetivo de una Libia inclusiva y unificada.
Las visitas realizadas a Bengasi por altos funcionarios turcos y por el director de la Organización Nacional de Inteligencia de Türkiye (MİT) facilitaron la apertura de canales de comunicación directa con las autoridades de Tobruk.
La reactivación del Consulado General de Türkiye en Bengasi constituyó, asimismo, una medida destinada a fortalecer la confianza con la administración oriental, lo que permitió a Ankara restablecer su presencia diplomática y comercial en el este de Libia.
Türkiye también consiguió reunir bajo un mismo marco de cooperación a efectivos militares pertenecientes a las administraciones occidental y oriental de Libia, que anteriormente habían combatido entre sí.
La participación conjunta de militares de ambas administraciones en iniciativas organizadas bajo los auspicios de Türkiye, como el ejercicio militar EFES 2026, constituyó una manifestación del grado de confianza alcanzado por Ankara ante las dos partes.
El acuerdo sobre las jurisdicciones marítimas y una firma de trascendencia histórica
El 27 de noviembre de 2019, Türkiye y el Gobierno de Acuerdo Nacional de Libia, reconocido por las Naciones Unidas, suscribieron el «Memorando de Entendimiento sobre la Delimitación de las Jurisdicciones Marítimas en el Mediterráneo».
Dicho memorando fue registrado por las Naciones Unidas el 30 de septiembre de 2020, de conformidad con el artículo 102 de la Carta de la organización.
No obstante, en aquel momento, la Cámara de Representantes del este de Libia se negó a ratificar el acuerdo y adoptó la decisión de interrumpir sus relaciones políticas con Ankara.
Aprovechando la fragmentación institucional del país, diversos Estados, encabezados por Grecia, se opusieron al memorando argumentando que no había recibido la aprobación del Parlamento oriental y que, por tanto, no reflejaba un consenso interno libio ni podía considerarse jurídicamente válido.
En este contexto, Grecia y Egipto firmaron, el 6 de agosto de 2020, un acuerdo bilateral independiente para la delimitación parcial de sus respectivas jurisdicciones marítimas.
Sin embargo, con el transcurso del tiempo, el fortalecimiento de las relaciones directas con Türkiye propició una transformación de la postura de la Cámara de Representantes libia.
Finalmente, el 20 de octubre de 2026, el Parlamento aprobó por unanimidad el Memorando de Entendimiento sobre la Delimitación de las Jurisdicciones Marítimas en el Mediterráneo y derogó, asimismo, la decisión de boicot adoptada contra Ankara en 2020.
Antes de la sesión parlamentaria, otro acontecimiento llamó especialmente la atención por su significado político: Aguila Saleh, presidente de la Cámara de Representantes, que había mantenido una postura distante respecto a Türkiye y obstaculizado la ratificación parlamentaria del acuerdo de 2019, abandonó su cargo y fue sustituido por Salihin Abdelnabi, antiguo presidente del Comité de Amistad Türkiye-Libia.
Este relevo institucional constituyó una señal reveladora de la transformación experimentada por las relaciones bilaterales.
Otro elemento particularmente significativo fue la presencia en Libia del director del MİT, İbrahim Kalın, en el momento en que se producía la ratificación del memorando.
Estos acontecimientos, que contribuyeron al acercamiento entre las dos administraciones libias, fueron el resultado de las estrechas relaciones que Türkiye había conseguido desarrollar tanto con el Gobierno occidental como con las autoridades orientales.
El Ministerio de Asuntos Exteriores de Grecia rechazó enérgicamente la decisión de la Cámara de Representantes del este de Libia y calificó el memorando turco-libio de ilegal y carente de validez jurídica.
La Unión Europea también manifestó su respaldo a la posición griega. Ursula von der Leyen y António Costa declararon que no reconocían la decisión adoptada por el Parlamento oriental libio y sostuvieron que el acuerdo carecía de validez.
Pese a estas objeciones, la ratificación del memorando ha supuesto, en términos geopolíticos, un obstáculo decisivo para las iniciativas unilaterales de Grecia y de la administración grecochipriota en el Mediterráneo.
¿Qué proyectos estratégicos ha frustrado el memorando?
Gracias al memorando sobre la delimitación de las jurisdicciones marítimas, suscrito entre Türkiye y el Gobierno de Unidad Nacional de Libia y ratificado por la Cámara de Representantes, se ha trazado una frontera marítima entre Türkiye y Libia.
De este modo, las zonas económicas exclusivas (ZEE) de ambos países han quedado conectadas, configurando una suerte de «escudo marítimo» o corredor estratégico que se extiende sobre el eje este-oeste del Mediterráneo Oriental.

El mencionado escudo marítimo revertirá los proyectos energéticos, geopolíticos y de infraestructura impulsados por Grecia, la Administración Grecochipriota del Sur de Chipre y Israel con el propósito de excluir a Türkiye de la ecuación estratégica del Mediterráneo Oriental.
Los principales proyectos que se verán afectados por este acuerdo son los siguientes:
Proyecto del Gasoducto EastMed: El trazado del gasoducto EastMed, concebido para transportar el gas de Israel y de la Administración Grecochipriota hacia Europa a través de Grecia, atraviesa directamente la línea de delimitación marítima entre Türkiye y Libia. Esta circunstancia, de conformidad con la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar, ha hecho jurídicamente y materialmente inviable la ejecución del proyecto sin la autorización de Türkiye.
Interconexiones Eléctricas EuroAsia y EuroAfrica: El trazado de las interconexiones eléctricas EuroAsia y EuroAfrica, valoradas en 1.900 millones de euros y destinadas a conectar Israel, la Administración grecochipriota y Grecia mediante cables submarinos, atraviesa la plataforma continental registrada por Türkiye. En consecuencia, su construcción ha quedado directamente supeditada a la autorización de Ankara.
Proyectos de Exploración y Perforación: La línea de delimitación establecida entre Türkiye y Libia ha desvirtuado las tesis griegas que pretenden atribuir una plataforma continental plena a las islas de Kastelórizo (Meis) y Creta. Determinadas áreas marítimas parceladas o sometidas a regímenes de concesión por la Administración grecochipriota y Grecia se han superpuesto a las zonas de jurisdicción marítima turco-libias. Como resultado, la situación jurídica de las licencias de exploración y perforación concedidas unilateralmente a compañías energéticas internacionales como Chevron, ExxonMobil, Total y Eni, entre otras, ha quedado sumida en la incertidumbre jurídica.
El nuevo régimen marítimo del Mediterráneo Oriental ha incrementado el peso geopolítico de Türkiye sobre las rutas comerciales que conectan los puertos mediterráneos israelíes, especialmente Haifa y Ashdod, con Europa y los mercados occidentales. Esta circunstancia impedirá que Israel desarrolle unilateralmente proyectos comerciales en la región.
Por otra parte, la articulación de las zonas económicas exclusivas de Türkiye y Libia, junto con el fortalecimiento de la doctrina de la Patria Azul (Mavi Vatan) para salvaguardar los derechos jurídicos turcos sobre sus espacios marítimos, limitará el margen de maniobra de las fuerzas navales israelíes, cuya capacidad ya es reducida, en el Mediterráneo oriental.
Conclusiones y perspectivas de futuro
Türkiye ha desarrollado ingentes esfuerzos para impedir los enfrentamientos entre ciudadanos de una misma nación en Libia, promover la reconciliación entre las partes, propiciar una actuación conjunta conforme a los intereses nacionales y explorar fórmulas de gobernanza compartida sobre la base del principio de integridad territorial e indivisibilidad del Estado. Mediante estas iniciativas, Ankara ha logrado configurar un modelo de actuación que puede considerarse exitoso. La suscripción de acuerdos de delimitación de jurisdicciones marítimas con las administraciones del oeste y del este de Libia constituye una manifestación concreta de estos esfuerzos.
Si, después de Libia, Türkiye consigue alcanzar también un entendimiento con Egipto en materia de delimitación de espacios marítimos, los tres países estarán en condiciones de configurar una nueva arquitectura geopolítica marítima en el Mediterráneo oriental. Esta permitiría salvaguardar sus respectivos intereses frente a las iniciativas de Grecia, la Administración grecochipriota, Israel y Francia encaminadas a excluir a Ankara de los equilibrios estratégicos regionales.
Por otra parte, el Acuerdo de Defensa de La Meca, suscrito entre Türkiye, Arabia Saudí y Pakistán, ha generado un renovado entusiasmo y una importante sinergia en la región. Aunque Egipto todavía no forma parte oficialmente de esta alianza, en la práctica actúa como si fuera su cuarto gran aliado. Asimismo, se sabe que al menos diez países musulmanes están actualmente dispuestos a incorporarse a la Alianza de Defensa de La Meca.
El paraguas de seguridad y cooperación proporcionado por esta amplia alianza defensiva favorecerá el acercamiento entre los Estados, permitiéndoles trascender la lógica de los intereses nacionales más estrechos. El deseo de integrarse en esta alianza ha desempeñado un papel fundamental en la aproximación entre los dos gobiernos libios y en la transformación de unas fuerzas armadas que, hasta hace poco, se enfrentaban en el campo de batalla y que ahora han llegado a realizar ejercicios militares conjuntos.
El Acuerdo de Defensa Mutua de La Meca, junto con el acercamiento de Egipto y Libia en torno a este marco de seguridad colectiva, contribuirá a profundizar el aislamiento de Israel a lo largo del eje estratégico que conecta el Mediterráneo Oriental con el mar Rojo.
En definitiva, la cooperación entre Türkiye, Libia y Egipto en el Mediterráneo oriental, así como los acuerdos alcanzados en materia de delimitación de jurisdicciones marítimas, transformarán profundamente el statu quo regional y la distribución de los recursos estratégicos, proporcionando a los países implicados ventajas geopolíticas de considerable alcance.
Fuente: sde.org.tr
