Las Guerras De Estados Unidos e Israel Contra Irán: Siga El Rastro Del Dinero

Estados Unidos podría obtener importantes beneficios económicos colaborando con la comunidad internacional en una reorganización gradual de las estructuras monetarias globales. Sin embargo, una transformación de una magnitud tan profunda y extraordinaria requeriría que los responsables políticos en Washington abandonaran los mitos imperativos, las ideologías excepcionalistas y la subordinación a intereses sionistas que, según esta perspectiva, constituyen la base sobre la que se ha construido la utilización del sistema financiero mundial como instrumento de poder.
junio 24, 2026
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Como ocurre con muchas de las guerras estadounidenses en Asia Occidental, el actual ataque conjunto de Estados Unidos e Israel contra la República Islámica de Irán está relacionado, según esta interpretación, con la preservación del control sobre los recursos energéticos de la región y con el mantenimiento de las políticas asociadas al sistema del petrodólar, mecanismos que han alimentado la expansión económica estadounidense desde el final de la Segunda Guerra Mundial.

En última instancia, este conflicto, que genera ondas de choque en la economía mundial, se reduce a una cuestión fundamental: quién dominará Asia Occidental, quién controlará la principal arteria energética del planeta y quién establecerá las reglas que rigen las finanzas globales.

Detrás de las narrativas sobre diplomacia geopolítica y orden internacional, el verdadero motor de las guerras estadounidenses en el Golfo Pérsico desde la invasión de Kuwait en 1990 hasta la actual guerra contra Irán ha sido, según esta visión, la supremacía monetaria. Estas guerras están vinculadas a los ingresos derivados del petróleo, al apalancamiento financiero de la deuda y a los enormes intereses económicos asociados al dominio global de la energía y las divisas.

La postura agresiva de Washington, sus políticas de asfixia económica y sus intervenciones militares han estado orientadas a imponer obediencia. Los países que desafían la hegemonía estadounidense, como Irán, enfrentan fuertes presiones económicas y militares porque su resistencia cuestiona tanto la arquitectura de seguridad regional impulsada por Estados Unidos como su dominio unipolar sobre el sistema financiero internacional.

Desde la década de 1970, el Sistema del Petrodólar ha constituido el motor invisible de la prosperidad y del poder estadounidense. Sin embargo, a medida que los cambios geopolíticos y las tendencias hacia la desdolarización erosionan gradualmente la hegemonía absoluta del dólar en los mercados energéticos mundiales, también se debilita la estructura económica que ha sostenido la hegemonía global de Estados Unidos.

Para comprender cómo se llegó a esta situación, es necesario examinar la manera en que el dólar estadounidense alcanzó su posición dominante en el sistema internacional y cómo ha configurado la realidad económica contemporánea.

En junio de 1974, Estados Unidos y Arabia Saudita firmaron un acuerdo histórico de cooperación económica y militar que dio origen a lo que posteriormente sería conocido como el Sistema del Petrodólar.

Este pacto, cuyas consecuencias serían trascendentales, surgió en un período marcado por la inflación, la Guerra de Vietnam y el embargo petrolero árabe de 1973. Mientras la economía estadounidense atravesaba una profunda crisis, el presidente Richard Nixon buscó garantizar la demanda global del dólar persuadiendo al gobierno saudí para que utilizara su riqueza petrolera con el fin de financiar la deuda estadounidense. Nixon convenció a los saudíes de fijar el precio del petróleo exclusivamente en dólares estadounidenses y de invertir los excedentes obtenidos de las ventas petroleras en bonos del Tesoro de Estados Unidos. A cambio, Washington se comprometió a proporcionar protección militar y suministro de armamento al reino saudí. Para 1975, todos los miembros de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) ya fijaban los precios del petróleo en dólares.

La decisión saudí de comercializar el crudo exclusivamente en dólares obligó a todos los países compradores a convertir previamente sus monedas nacionales a la divisa estadounidense para poder realizar sus adquisiciones. El aumento de la demanda internacional de dólares consolidó su posición como principal moneda de reserva mundial y como medio de intercambio preferente. Para satisfacer esa creciente demanda, Washington recurrió simplemente a la expansión de la emisión monetaria.

Durante décadas, el respaldo inquebrantable de Washington al régimen saudí respondió a una necesidad estratégica fundamental: garantizar que su aliado permaneciera fiel a los compromisos establecidos en el acuerdo de 1974.

Este favorable sistema de fijación de precios y comercio permitió a Washington mantener enormes déficits presupuestarios, endeudarse y gastar prácticamente sin límites sin provocar un colapso financiero inmediato. Asimismo, proporcionó los recursos necesarios para financiar numerosas intervenciones militares y otorgó a Estados Unidos herramientas eficaces para imponer sanciones económicas y proyectar su política exterior.

Aunque las intervenciones estadounidenses en Asia Occidental han estado motivadas por múltiples factores, el castigo a quienes desafían la hegemonía monetaria del dólar ha sido señalado por diversos analistas como un elemento relevante en conflictos anteriores, particularmente en Irak y Libia.

En el caso de Irak, el destino del presidente Saddam Hussein quedó estrechamente vinculado, según esta interpretación, a su decisión de comenzar a comercializar el petróleo iraquí en euros en 1999 y a la conversión oficial, en 2001, de los 10.000 millones de dólares del Fondo del Programa Petróleo por Alimentos de las Naciones Unidas a la moneda europea. La invasión encabezada por el presidente George W. Bush en marzo de 2003 no solo eliminó lo que algunos consideraban una amenaza monetaria para el sistema del petrodólar, sino que también envió una advertencia a otros países que pudieran contemplar el uso de una moneda alternativa para las transacciones petroleras.

Bajo la ocupación estadounidense, las exportaciones petroleras iraquíes regresaron rápidamente al estándar del dólar. Además, la Resolución 1483 del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, redactada por la administración Bush y aprobada en mayo de 2003 bajo una fuerte presión diplomática estadounidense, otorgó a Estados Unidos amplias facultades sobre la administración de los ingresos petroleros iraquíes.

La intervención liderada por Estados Unidos que culminó con el derrocamiento del coronel Muamar Gadafi en 2011 también ha sido interpretada por algunos analistas dentro de esta misma lógica. Durante años, Gadafi promovió junto con varios países africanos la creación de una moneda panafricana respaldada por el dinar libio y sustentada, según diversas estimaciones, por aproximadamente 143 toneladas de oro y cantidades similares de plata. El objetivo era reducir la dependencia del continente africano respecto al dólar estadounidense, el euro y el franco CFA en futuras transacciones energéticas y comerciales.

Tanto la vida política de Gadafi como su proyecto de una moneda africana unificada llegaron a un final abrupto con la intervención militar de la OTAN, encabezada por Estados Unidos, Francia y el Reino Unido. Resulta especialmente significativo que, mientras el conflicto aún estaba en curso y en cuestión de semanas, las fuerzas opositoras a Gadafi establecieran el Banco Central de Bengasi como una nueva autoridad monetaria, reemplazando de facto a la estructura financiera estatal existente.

La intervención también consolidó la posición privilegiada de Francia dentro del sector petrolero libio posterior a Gadafi, reforzando su influencia económica en el país tras la caída del antiguo régimen.

Los países están cada vez más cansados de la hegemonía estadounidense sobre la economía mundial y del uso del poder militar para castigar a quienes adoptan posiciones divergentes en materia monetaria. Como consecuencia, la dependencia global del dólar como principal moneda de reserva internacional ha comenzado a debilitarse gradualmente.

La intensidad de la hostilidad estadounidense hacia Irán está relacionada, según esta perspectiva, con los esfuerzos de Teherán junto con Rusia y otros actores por escapar del monopolio del sistema del petrodólar. Para sobrevivir a décadas de severas sanciones económicas impuestas por Estados Unidos y sus aliados occidentales, Irán se ha visto obligado a impulsar mecanismos alternativos de comercio internacional que no dependan del dólar.

Por ejemplo, en 2003 Irán comenzó a retirar del sistema dolarizado parte de sus activos y reservas mantenidos en el extranjero. Para 2008, formalizó la eliminación total del dólar en las transacciones relacionadas con la venta de petróleo crudo, y en 2012 empezó a realizar acuerdos energéticos con China denominados en renminbi (yuan).

Cuando Estados Unidos e Israel iniciaron la guerra contra Irán en febrero de 2026, Teherán respondió de acuerdo con advertencias que había formulado previamente: cerró el estrecho de Ormuz al tránsito de embarcaciones vinculadas a Estados Unidos, Israel y sus aliados. Posteriormente, a mediados de marzo, Irán formalizó un sistema de tránsito alternativo en el estrecho basado en mecanismos no denominados en dólares.

Bajo este sistema, se garantiza el paso seguro principalmente a los buques mercantes y petroleros de países considerados «amigos» que acepten pagar las tarifas de tránsito en yuanes chinos (petroyuanes) o mediante monedas estables (stablecoins). Asimismo, se exige que las operaciones de carga de las embarcaciones que atraviesen el estrecho se realicen utilizando el yuan como moneda de referencia.

La histórica supremacía económica de Estados Unidos ha funcionado como una poderosa herramienta de influencia geopolítica, permitiéndole proyectar un nivel de poder coercitivo sin precedentes. En la actualidad, Washington libra una intensa batalla para preservar esa posición privilegiada.

En última instancia, la creciente confrontación en Asia Occidental constituye una prueba de resistencia de alto riesgo para el sistema del petrodólar. Mientras Estados Unidos lucha por mantener la primacía de su moneda, sus rivales intentan activamente sortearla o reemplazarla por completo.

La comunidad internacional avanza lentamente hacia un mundo caracterizado por la coexistencia de múltiples monedas de referencia. Paradójicamente, además del conflicto actual, el amplio uso de sanciones económicas por parte de Washington contra países como Irán, Rusia y China ha contribuido a acelerar este proceso de erosión del predominio del dólar.

El debilitamiento relativo de la moneda estadounidense prepara el terreno para consecuencias tanto inmediatas como de largo plazo. La confianza internacional en los mercados estadounidenses como refugio económico seguro ha comenzado a mostrar signos de desgaste. Durante décadas, la percepción de que Estados Unidos era un país bien administrado, dotado de instituciones jurídicas, económicas y financieras sólidas y estables, llevó a que los bancos centrales del mundo asignaran aproximadamente el 57 % de sus reservas internacionales al dólar estadounidense. Sin embargo, los cambios geopolíticos y monetarios actuales están poniendo a prueba esa confianza histórica.

Independientemente de cuándo concluya, la guerra contra Irán tendrá importantes repercusiones sobre el orden económico centrado en Estados Unidos. La perspectiva a largo plazo apunta a un debilitamiento de la moneda estadounidense como consecuencia del aumento de los costos de la guerra estimados en alrededor de 12.000 millones de dólares semanales y del crecimiento continuo de la deuda nacional, que ya supera los 39 billones de dólares. El resultado natural de esta dinámica sería una mayor aplicación de políticas de austeridad en el ámbito interno y una disminución de la influencia geopolítica de Estados Unidos a escala global.

Estados Unidos podría obtener importantes beneficios económicos cooperando con la comunidad internacional en una reestructuración gradual de las arquitecturas monetarias globales. Sin embargo, una transformación de una magnitud tan profunda y extraordinaria requeriría que los responsables políticos en Washington abandonaran los mitos imperativos, las ideologías excepcionalistas y la subordinación a intereses sionistas que, según esta perspectiva, constituyen la base sobre la cual Estados Unidos ha convertido el sistema financiero internacional en un instrumento de poder y coerción.

Fuente:https://znetwork.org/znetarticle/the-us-israel-wars-on-iran-follow-the-money/