“Un Mundo Feliz”: La Proyección De Un Futuro Humano

Ninguna gran transformación social, ni siquiera civilizatoria, ha ocurrido de la noche a la mañana. Sin embargo, la mayoría de ellas comienzan con un sueño que, poco a poco, se convierte en una nueva realidad dinámica. Por ello, este sueño se hará realidad. Tal vez no mañana, tal vez no durante nuestra vida y probablemente no de la manera exacta en que hoy lo imaginamos; pero algún día se materializará en formas que permitan una convivencia pacífica a escala mundial y que generen beneficios compartidos para toda la humanidad.
junio 24, 2026
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“Un Mundo Feliz”: la proyección de un futuro humano

Un mundo feliz es una célebre expresión tomada de La tempestad de Shakespeare: «¡Oh, maravilloso mundo nuevo, que tiene gente así en él!»

Sin embargo, un “Mundo Feliz” no es la sociedad completamente controlada, aunque aparentemente satisfecha, descrita por Aldous Huxley en su novela distópica de 1932. Por el contrario, se trata de un mundo en el que las personas conviven en paz y armonía, pueden expresarse libremente y conservan tanto su soberanía cultural como su independencia económica.

Un mundo así exige un nivel de conciencia más elevado que el que poseemos en la actualidad. Presupone un sistema de valores consciente, en el que el dinero ya no sea el dios supremo de toda riqueza, fama y prosperidad.

Significa también, según esta visión, un mundo desdigitalizado: un mundo en el que se retiren los millones de antenas 5G consideradas perjudiciales para la salud; un mundo donde desaparezcan los teléfonos inteligentes que controlan cada aspecto de la vida; donde Starlink y otros programas de control satelital encubiertos sean desmantelados; donde la ingeniería climática sea considerada un delito y llegue a su fin; donde las políticas sanitarias estén vinculadas a la autonomía local y donde las decisiones sobre el propio cuerpo formen parte de la soberanía individual; y, sobre todo, un mundo gobernado únicamente por la verdad: la verdad y nada más que la verdad.

Todos debemos reconocer, desde lo más profundo de nuestro ser, que la noción contemporánea de “prosperidad” ha sido moldeada e inculcada durante siglos por el sistema de valores dominante en Occidente.

Aun así, resulta alentador que actualmente existan algunos países que han adoptado escalas de valores diferentes, centradas en el bienestar económico y espiritual de sus ciudadanos. Dos ejemplos vienen inmediatamente a la mente: Bután y Vanuatu, en el Pacífico Sur. Ambos han desarrollado indicadores alternativos al Producto Interno Bruto (PIB) como medida lineal y predominante del desarrollo económico.

En Bután, este indicador recibe el nombre de Felicidad Nacional Bruta (FNB) (Gross National Happiness, GNH).

Por su parte, Vanuatu destaca de forma constante en el Índice del Planeta Feliz (Happy Planet Index, HPI), ocupando con frecuencia posiciones privilegiadas en la clasificación mundial. Este índice evalúa la capacidad de los países para proporcionar vidas largas, felices y sostenibles a sus habitantes, en lugar de centrarse exclusivamente en la producción económica o en el crecimiento ilimitado medido por el PIB, una lógica que muchos consideran absurda. El HPI fue desarrollado en 2006 por la New Economics Foundation, un centro de estudios con sede en Londres. Sin embargo, todavía no cuenta con el mismo reconocimiento oficial que el PIB o que el Índice de Desarrollo Humano (IDH) de las Naciones Unidas.

Lo verdaderamente significativo es que un número creciente de países, tanto en Europa como incluso en Estados Unidos, está investigando discretamente qué factores hacen que las personas se sientan realmente felices y realizadas, así como cuáles son los componentes esenciales del bienestar social. Este tipo de bienestar constituye, al igual que la neutralidad como principio político, uno de los fundamentos de la paz y la armonía.

África, por ejemplo, está emergiendo como una nueva potencia demográfica y económica para los próximos veinticinco años. Sin embargo, su desarrollo económico probablemente no responderá a los parámetros con los que gran parte de Occidente mide hoy el éxito. En la África multicultural y multidimensional, es poco probable que el dinero continúe siendo el principal indicador de riqueza o poder. Valores como el bienestar individual y colectivo, la espiritualidad, la ausencia de violencia, el conocimiento para resolver conflictos, la convivencia armónica y, sí, la felicidad, están emergiendo gradualmente como objetivos centrales de un mundo que se encuentra en pleno proceso de transformación.

Ninguna gran transformación social, ni siquiera civilizatoria, ha ocurrido de la noche a la mañana. Sin embargo, la mayoría de ellas comienzan con un sueño que, poco a poco, se convierte en una nueva realidad dinámica. Por ello, este sueño se hará realidad. Tal vez no mañana, tal vez no durante nuestra vida y probablemente no de la manera exacta en que hoy lo imaginamos; pero algún día se materializará en formas que permitan una convivencia pacífica a escala mundial y que generen beneficios compartidos para toda la humanidad.

*Peter Koenig es analista geopolítico, colaborador habitual de Global Research y execonomista que trabajó durante más de treinta años en diversas regiones del mundo para el Banco Mundial y la Organización Mundial de la Salud (OMS). Es autor de Implosion, una novela de suspenso económico sobre la guerra, la destrucción ambiental y la codicia corporativa. Asimismo, es coautor, junto con Cynthia McKinney, del libro When China Sneezes: From the Coronavirus Lockdown to the Global Politico-Economic Crisis (Cuando China estornuda: del confinamiento por el coronavirus a la crisis político-económica global), publicado por Clarity Press el 1 de noviembre de 2020.

Peter Koenig es investigador asociado del Centro de Investigación sobre la Globalización (CRG). También se desempeña como investigador sénior no residente en el Instituto Chongyang de la Universidad Renmin de Pekín.*

Fuente:https://www.globalresearch.ca/brave-new-world-projecting-humanitarian-future/5929844