¿Puede explicarse el crecimiento de Alternativa para Alemania solo por la inmigración o las crisis económicas? Un nuevo análisis apunta a un problema más antiguo de representación y pertenencia en el país.
El auge de la extrema derecha en Alemania ya no se debate únicamente como el éxito electoral de un partido. El apoyo a Alternativa para Alemania (AfD), el cambio de lenguaje de los partidos tradicionales sobre la inmigración y los debates sobre la pertenencia social conducen a una misma pregunta: ¿hasta qué punto pueden las instituciones democráticas representar a quienes se sienten excluidos de la política?
Un análisis de Baki Laleoğlu para la Academia Nacional de Inteligencia, publicado en septiembre de 2026 bajo el título «La extrema derecha en Alemania: la crisis de representación de la democracia liberal», busca una respuesta estructural. Su tesis central es que el auge de la extrema derecha no constituye simplemente una reacción a las crisis recientes. La llegada de migrantes, la pandemia y el aumento de los precios de la energía se consideran factores que intensificaron una desconfianza y un problema de representación política acumulados desde mucho antes.
Por qué las crisis no bastan como explicación
Los movimientos migratorios de 2015 y 2016 situaron en el centro de la política alemana numerosos asuntos, desde la seguridad fronteriza hasta la vivienda. Después llegaron la pandemia, la crisis energética tras la invasión rusa de Ucrania y el encarecimiento de la vida. No sorprende que estos acontecimientos hayan influido en el comportamiento electoral. Sin embargo, no todas las personas que afrontan los mismos problemas se inclinan por AfD, lo que indica que los indicadores económicos por sí solos no ofrecen una explicación suficiente.
El análisis presta atención a la sensación de «pérdida relativa» más que a la pobreza absoluta. Un votante puede conservar sus ingresos y, aun así, sentirse menos seguro que antes, pensar que su región ha quedado rezagada o creer que su forma de vida ya no se valora en la política. AfD reúne estas inquietudes en un relato poderoso sobre la pérdida de control: las fronteras, la economía y las decisiones del país ya no estarían en manos de la población.
En ese relato, los migrantes, la burocracia de la Unión Europea, los círculos políticos de Berlín o los medios de comunicación pueden ser presentados como «los otros», según el momento. La capacidad de AfD para agrupar descontentos distintos en un mismo marco contribuye a explicar su atractivo entre sectores heterogéneos del electorado. También dificulta interpretar al partido únicamente como una protesta de las personas con bajos ingresos.
Una vieja herida en el este de Alemania
La reunificación alemana de 1990 fue un punto de inflexión político, pero sus consecuencias sociales no se vivieron del mismo modo en todas partes. En la antigua Alemania Oriental, las privatizaciones y los cambios en la estructura industrial afectaron el empleo y las expectativas de futuro de muchas personas. Según el análisis, a ello se sumó el hecho de que las decisiones y las instituciones estuvieran determinadas en gran medida por cuadros procedentes de Alemania Occidental.
A la desigualdad económica se añadió así una cuestión de reconocimiento. Algunos votantes del este sintieron no solo que sus regiones recibían menos inversiones, sino también que sus experiencias y sus voces eran menospreciadas. Hay que tener en cuenta esa vivencia para entender la fuerza de AfD en los estados orientales. Al mismo tiempo, sería un error tratar a Alemania Oriental como un electorado uniforme: esta fractura histórica no determina por sí sola todas las preferencias políticas de la región.
El análisis de Laleoğlu también vincula las raíces intelectuales de la extrema derecha alemana con tradiciones nacionalistas anteriores. Las restricciones jurídicas y políticas impuestas a las organizaciones de extrema derecha después de la Segunda Guerra Mundial no borraron por completo ese pasado. La política actual, sin embargo, llega a nuevos votantes mediante un lenguaje populista y contrario al sistema establecido, más que repitiendo sin cambios los símbolos históricos.
Cómo reúne AfD a votantes diferentes
Es difícil reducir al electorado de AfD a una sola clase social o a un único origen político. Según los datos de 2025 citados en el análisis de referencia, quienes antes no acudían a votar constituyen el grupo más numeroso entre los nuevos votantes del partido. Otros proceden de formaciones como CDU/CSU, SPD y FDP. Este panorama sugiere que el apoyo al partido no se limita a una base ideológica fija.
El atractivo político del partido reside en vincular quejas concretas con una afirmación más amplia sobre la falta de representación. La factura de la energía, la política migratoria y la pérdida de servicios en una zona rural son problemas diferentes. AfD los convierte en partes de un mismo mensaje: «Las élites políticas no os escuchan». Este lenguaje permite a los votantes poner nombre a sus agravios e identificar a quienes consideran responsables.
En este punto hace falta una distinción importante. Sería engañoso atribuir las mismas ideas a todos los votantes de AfD, pero también lo sería pasar por alto los efectos de la retórica excluyente del partido. Comprender por qué una formación recibe apoyo exige examinar además las consecuencias de su discurso para los migrantes y las minorías.
La mayor influencia puede ejercerse sin llegar al gobierno
No basta con observar si la extrema derecha entra en el gobierno para medir su influencia política. AfD también puede determinar qué asuntos destacan los demás partidos durante las elecciones y de qué manera hablan de ellos. La difusión de un lenguaje más duro sobre inmigración, asilo, ciudadanía y soberanía nacional entre los partidos tradicionales es uno de los principales riesgos señalados en el análisis.
Para la Unión Europea, esa influencia no se reduce al escenario dramático de una posible salida de Alemania del bloque. Si aumenta la reticencia a transferir competencias a las instituciones comunes y cobran fuerza las demandas de control nacional sobre las fronteras y la inmigración, el rumbo de la integración europea puede cambiar desde dentro. Además, surge otra tensión: Europa necesita actuar más conjuntamente en ámbitos como la defensa y la tecnología precisamente cuando ganan peso las exigencias de una mayor autonomía nacional.
Para Turquía, el panorama también es ambivalente. En el enfoque político de AfD, Turquía queda situada fuera de Europa cuando se habla de pertenencia cultural, pero se considera un socio importante en materia de comercio, seguridad y geopolítica. Según el análisis, esta visión podría desplazar las relaciones desde la perspectiva de adhesión y los valores compartidos hacia un marco más selectivo y funcional. No puede afirmarse que ello suponga automáticamente una ventaja o una pérdida segura para Turquía; el resultado dependería de las políticas adoptadas en cada ámbito.
La cuestión de la pertenencia para las comunidades turcas y musulmanas
Para los turcos y musulmanes que viven en Alemania, el debate va más allá de la política migratoria. Muchos han nacido en el país y son ciudadanos con iguales derechos; aun así, el lenguaje político puede reavivar la pregunta: «¿Pertenecéis realmente a este lugar?». Si la doble nacionalidad, la reunificación familiar o los vínculos culturales con otros países se asocian una y otra vez con la sospecha, puede verse afectado especialmente el sentimiento de pertenencia de las generaciones más jóvenes.
Este riesgo no significa que cada debate político vaya a traducirse directamente en una pérdida de derechos. Sin embargo, si se extiende la idea de que los ciudadanos de origen migrante deben demostrar continuamente su pertenencia, crecerá la distancia entre la ciudadanía legal y la aceptación social. Ese es precisamente el punto que subraya el análisis: la influencia de la extrema derecha puede percibirse en los límites de la conversación cotidiana antes de manifestarse en cambios legislativos.
Qué será decisivo en los próximos años
El análisis describe tres posibles desarrollos para Alemania. En el primero, AfD y movimientos similares se consolidan en la política local y en la agenda pública. En el segundo, los partidos tradicionales se acercan al lenguaje de la extrema derecha para recuperar votantes. En el tercero, las instituciones democráticas responden a las desigualdades regionales y a las carencias de representación con políticas más inclusivas. Estas posibilidades no se excluyen entre sí: pueden darse al mismo tiempo en distintos estados y momentos.
Por tanto, Alemania afronta un desafío mayor que el resultado de unas solas elecciones. Sus instituciones deben combatir la violencia y la discriminación y, al mismo tiempo, reconstruir vínculos con las personas que sienten que nadie las escucha. Si no se fortalecen conjuntamente la representación política, la seguridad económica y la igualdad de ciudadanía, los agravios a los que AfD da voz podrían persistir bajo otras formas. Ahí reside también la importancia europea del debate alemán: el auge de la extrema derecha vuelve a plantear a quién escucha la democracia y a quién reconoce como integrante pleno de la sociedad.
Fuente: Baki Laleoğlu, «La extrema derecha en Alemania: la crisis de representación de la democracia liberal», Academia Nacional de Inteligencia, septiembre de 2026. Este artículo resume y reelabora los argumentos principales del análisis original para los lectores de una revista.
