El 26 de octubre, el Parlamento argelino aprobó por unanimidad el «Memorando de Entendimiento sobre Cooperación Militar y de Seguridad entre el Gobierno de la República Argelina Democrática y Popular y el Gobierno de la República de Níger», autorizando el envío de tropas a Níger con el propósito de proteger las instalaciones energéticas.
Un cambio doctrinal después de medio siglo: de la pasividad a la proactividad
Tras conquistar su independencia en 1962, Argelia envió a su ejército (ANP) fuera de sus fronteras por primera y última vez durante la guerra de Yom Kippur de 1973, en la que combatió contra Israel. Después de aquel conflicto, la Constitución prohibió el despliegue del ejército fuera del territorio nacional. La guerra civil de la década de 1990 reforzó aún más esta orientación, llevando a las fuerzas armadas a concentrarse exclusivamente en la defensa de las fronteras y el mantenimiento de la estabilidad interna.
Sin embargo, ante la creciente percepción de que resultaba imposible mantener una posición pasiva frente al aumento de las amenazas regionales, Argelia emprendió una transformación radical de su doctrina de defensa, vigente durante medio siglo, mediante la reforma constitucional de noviembre de 2020. Esta modificación otorgó al presidente de la República la facultad de desplegar las fuerzas armadas argelinas fuera del territorio nacional, ya fuera como fuerza operativa o como contingente de mantenimiento de la paz, siempre que contara con la aprobación de una mayoría de dos tercios del Parlamento.
Los pasos de Argelia hacia su consolidación como potencia regional
La autorización parlamentaria del 25 y 26 de octubre de 2026 para desplegar tropas argelinas directamente en territorio nigerino, con el cometido de proteger las instalaciones petroquímicas y de infraestructura de Sonatrach, la empresa estatal argelina de hidrocarburos, constituye la primera aplicación concreta de esta nueva doctrina.
De este modo, Argelia, que cuenta con el segundo mayor ejército de África después de Egipto, deja de ser un actor esencialmente pasivo, limitado a la defensa de su propio territorio, para proyectarse como una potencia regional proactiva, capaz de establecer un corredor de seguridad transfronterizo en el eje del Sahel y el Mediterráneo. El hecho de que destine entre el 8 % y el 8,8 % de su PIB al gasto militar se considera una de las manifestaciones más elocuentes de sus aspiraciones a consolidarse como potencia regional.
Níger, miembro de la Alianza de Estados del Sahel (AES) junto con Malí y Burkina Faso, comenzó a buscar nuevos socios en materia de seguridad después de expulsar del país a las tropas francesas y a las fuerzas occidentales desplegadas en sus bases militares. En este contexto, intensificó su cooperación militar y económica con Argelia, su vecino septentrional. Mientras que el gasto en defensa de Níger en 2025 rondaba los 400-450 millones de dólares, el presupuesto militar argelino, que ascendía a 25.400 millones de dólares, pone de manifiesto hasta qué punto Niamey necesita el amparo de Argel.
Preocupada por la posibilidad de que la inestabilidad y la oleada de violencia terrorista del Sahel se extiendan a su propio territorio, y decidida a proteger sus inversiones económicas y sus intereses regionales, Argelia se ha convertido, de facto, en un socio de la Alianza de Estados del Sahel.
La dimensión energética de la cooperación
La compañía petrolera nacional argelina, Sonatrach, lleva a cabo actividades de exploración y extracción de petróleo en la región de Kafra, en Níger. El objetivo principal de la misión de despliegue militar argelino en territorio nigerino es garantizar, a petición del Gobierno de Niamey, la seguridad de los proyectos petrolíferos y las instalaciones de Sonatrach.
Sin embargo, esta cooperación no se limita a la protección de los intereses de Sonatrach, sino que está directamente vinculada a uno de los megaproyectos más estratégicos de la región: el Gasoducto Transahariano (TSGP). El trazado previsto de esta infraestructura parte de los yacimientos de gas del sur de Nigeria, atraviesa de extremo a extremo el territorio nigerino y llega hasta Argelia.
Argelia pretende conectar este gasoducto con sus infraestructuras existentes, Medgaz y Transmed, para transportar el gas nigeriano a través del Mediterráneo y abastecer los mercados de España, Italia y otros países europeos. Se estima que el conducto tendrá una capacidad de transporte anual de aproximadamente 30.000 millones de metros cúbicos de gas natural.

En los territorios de Níger por los que está previsto que discurra el gasoducto, los grupos radicales vinculados a Al Qaeda y al Estado Islámico (Daesh), así como las redes de contrabando, constituyen amenazas de considerable gravedad. La contribución militar de Argelia a Níger tiene como objetivo garantizar tanto la seguridad fronteriza como la protección de este corredor energético y de las infraestructuras asociadas.
La región del Magreb (norte de África) constituye el epicentro de la profunda rivalidad geopolítica entre Argelia y Marruecos, especialmente a causa de la cuestión del Sáhara Occidental. El memorando de entendimiento sobre cooperación en materia de defensa suscrito con Níger proporciona a Argelia una ventaja significativa en esta pugna. Marruecos pretende impulsar el proyecto del Gasoducto Africano Atlántico para transportar gas nigeriano hacia Europa a través de su propio territorio. Sin embargo, el proyecto argelino representa, en comparación con la ruta costera marroquí, una alternativa más corta, económica y susceptible de ejecutarse en un plazo menor. Su principal punto débil reside en los problemas de seguridad del Sahel. Al reforzar su cooperación militar con Níger, Argelia aspira a reducir estos riesgos y consolidar su superioridad geopolítica frente a Marruecos.
Una ruta alternativa para el uranio de Níger
Níger posee algunos de los yacimientos de uranio de mayor ley del mundo y representa aproximadamente entre el 4 % y el 5 % de la producción mundial. Históricamente, una parte considerable de las necesidades de uranio de las centrales nucleares europeas, especialmente las francesas, se abastecía desde Níger. Tras el cambio de régimen provocado por el golpe militar, se quebró el dominio que la empresa minera francesa Orano ejercía sobre las explotaciones del país. Esta situación abrió una brecha en la cadena de suministro de combustible nuclear de Occidente y, al mismo tiempo, creó nuevas oportunidades para otros actores en el Sahel.
Para Níger, un país sin salida al mar, la posibilidad de integrar la comercialización de su uranio en los mercados mediterráneos y mundiales a través de Argelia abre la puerta a la creación de una «cadena de suministro nuclear ajena a Occidente». Argelia considera que respaldar militarmente a Níger para que pueda preservar su soberanía sobre los recursos de uranio forma parte de su propia seguridad nacional. Su objetivo es sustituir la presencia francesa en el Sahel por un liderazgo regional propio y convertirse en un actor de tránsito imprescindible en la diplomacia nuclear y energética mundial.
Esta estrategia también puede interpretarse como una forma de ajuste de cuentas histórico con el colonialismo francés, frente al cual Argelia libró una guerra de independencia en la que perdió millones de ciudadanos.
Cooperación frente a los movimientos separatistas
El hecho de que el vacío generado por el fin de la presencia militar francesa y la retirada de las fuerzas estadounidenses pueda ser ocupado por Argelia, el ejército local más poderoso del norte de África, en lugar de por actores externos no occidentales, constituye un punto de inflexión histórico para el continente.
Este paraguas de seguridad regional, que evita que Níger quede exclusivamente a merced de actores externos como Wagner o el denominado Cuerpo Africano, podría dar lugar a un mecanismo de seguridad capaz de reducir la dependencia africana de los mercenarios extranjeros.
Las insurrecciones y reivindicaciones independentistas de las comunidades tuareg, ampliamente asentadas en el norte de Malí, el norte de Níger y el sur de Argelia, representan una amenaza para la integridad territorial argelina. Mediante la cooperación militar establecida con el ejército nigerino, Argelia pretende reforzar la protección de sus fronteras meridionales y contener con mayor eficacia las tendencias separatistas.
Un nuevo modelo para África
Para los dieciséis países del África subsahariana sin litoral Botsuana, Burkina Faso, Burundi, República Centroafricana, Chad, Etiopía, Esuatini, Lesoto, Malaui, Malí, Níger, Ruanda, Sudán del Sur, Uganda, Zambia y Zimbabue, la asociación entre Níger y Argelia podría convertirse en un prototipo exitoso de cooperación Sur-Sur: un modelo basado en la idea de que, para acceder a los puertos y los mercados internacionales, no es imprescindible depender de las potencias hegemónicas mundiales, sino que también es posible apoyarse en vecinos regionales con suficiente capacidad económica y militar.
El transporte del uranio nigerino y del gas nigeriano a través de Níger hasta el Mediterráneo, mediante el Corredor Transahariano, constituye un ejemplo pionero de integración tecnopolítica y logística a gran escala dentro del continente africano.
Conclusión
La cooperación militar entre Argelia y Níger resulta especialmente significativa por varias razones: permite a Argelia modificar su doctrina histórica de defensa y comenzar a proteger sus inversiones energéticas mediante sus propias fuerzas armadas; proporciona un paraguas de seguridad al gasoducto que conectará Nigeria con el Mediterráneo; ofrece una ruta alternativa para la comercialización del uranio nigerino; permite articular un bloque regional propio frente a los proyectos de Marruecos; desarrolla una alianza militar contra el separatismo tuareg y establece un posible modelo de cooperación para los países del África subsahariana.
Esta asociación puede interpretarse como la irrupción de un nuevo actor regional que incorpora su poder militar como instrumento de política exterior y que posee capacidad para influir directamente tanto en el Mediterráneo como en el continente africano.
La iniciativa argelina en Níger representa la materialización sobre el terreno de la tesis de las «asociaciones mutuamente beneficiosas» (win-win), que comienza a encontrar aceptación entre los Estados.
En un periodo en el que los tradicionales paraguas de protección de las grandes potencias están perdiendo credibilidad, la construcción de arquitecturas de seguridad propias por parte de los Estados de potencia media y de las potencias regionales se está convirtiendo en uno de los rasgos definitorios del orden mundial multipolar del siglo XXI.
Esta integración estratégica entre Argelia y Níger pone de manifiesto, por un lado, que África comienza a recuperar la capacidad de decidir su propio destino, alejándose progresivamente de la tutela de las potencias externas y, por otro, que los pactos de seguridad de nueva generación se articularán cada vez más en torno a los corredores energéticos y logísticos.
En el cambio doctrinal de Argelia y, particularmente, en su acercamiento militar a la región del Sahel, se percibe una marcada influencia de la Alianza de Defensa de La Meca y de su marco conceptual, cuyo principio rector es la «apropiación regional».
