La Nueva Estrategia Militar De Alemania

Eso es lo que esperan nuestros aliados europeos. Desde hace mucho tiempo vienen pidiendo que Alemania asuma una mayor responsabilidad militar. Es también lo que Estados Unidos nos ha venido exigiendo durante años. Ese es el estándar con el que debemos medirnos. Una estrategia militar solo adquiere un verdadero valor cuando las recomendaciones militares son escuchadas sin ningún filtro y logran transformar no solo la forma de pensar de los responsables políticos, sino también sus acciones concretas.
junio 29, 2026
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Aspiraciones de liderazgo, vacilación para actuar

A juzgar por la percepción pública, el hecho de que Alemania publique por primera vez una estrategia militar parece un acontecimiento de gran relevancia. Sin embargo, conviene abordar esta cuestión con cierta cautela. En realidad, Alemania siempre contó con alguna forma de estrategia militar. La estructura actual, compuesta por la Estrategia de Seguridad Nacional, la Estrategia Militar y el Plan de las Fuerzas Armadas, tiene su equivalente en los antiguos Libro Blanco, Directrices de Política de Defensa y el Concepto de la Bundeswehr, que definía de manera más concreta la estructura de las fuerzas armadas. Aun así, incluso la nueva estrategia militar publicada a finales de abril constituye más un documento de análisis que un conjunto claro y aplicable de directrices operativas para la Bundeswehr. Además, la estrategia no establece objetivos concretos de generación de fuerzas que deban revisarse anualmente ni prevé consecuencias políticas en caso de incumplimiento.

No obstante, este análisis contiene algunos elementos positivos que reflejan un cambio en la mentalidad del ejército. Resulta acertado que la Bundeswehr centre su atención en la amenaza que representa Rusia. Del mismo modo, es correcta la evaluación de que Europa debe asumir su propia defensa convencional dentro de la OTAN en un momento en que Estados Unidos tiene claramente otras prioridades.

Asimismo, la descripción del campo de batalla multidominio basado en redes, el reconocimiento de la importancia de la inteligencia artificial y de los vehículos aéreos no tripulados, así como la integración de una conciencia situacional más transparente con procesos rápidos de toma de decisiones, constituyen valoraciones acertadas. La modernización de las capacidades de la Bundeswehr en estos ámbitos es absolutamente esencial. La referencia al desarrollo de capacidades de armas de precisión de largo alcance también refleja las lecciones extraídas de la guerra entre Rusia y Ucrania. Es igualmente destacable que Alemania aspire a asumir mayores responsabilidades dentro de la Alianza. Sin embargo, teniendo en cuenta su posición geográfica central y su fortaleza económica, Berlín debió haber dado ese paso mucho antes. Por ello, el excesivo énfasis en las ambiciones de liderazgo pone de manifiesto una importante carencia. En la práctica, Alemania todavía no está en condiciones de cumplir plenamente sus compromisos con la OTAN, especialmente en su papel como centro logístico.

También considero positivo que Alemania aspire a reforzar la defensa europea desde una posición de fortaleza nacional, en lugar de intentar compensar sus carencias únicamente mediante la cooperación. Después de todo, son las capacidades nacionales las que hacen que la cooperación sea realmente sólida y sostenible. El hecho de que este enfoque busque garantizar la autonomía tecnológica europea demuestra, una vez más, el grado de incertidumbre existente en la relación transatlántica. Por ello, Berlín ha intentado transmitir a Washington, especialmente de cara a la próxima Cumbre de la OTAN que se celebrará en Ankara, el mensaje de que Europa está preparada para asumir por sí misma la defensa convencional y liberar a Estados Unidos de esa carga. Alemania ejercerá el liderazgo. Una Europa fuerte también beneficia a Estados Unidos y, desde la perspectiva europea, la mayor amenaza sigue siendo Rusia, aunque el presidente Donald Trump piense lo contrario. Sin embargo, este planteamiento transmite igualmente otro mensaje: el Indo-Pacífico y Oriente Próximo no constituyen regiones prioritarias.

Aun así, este análisis resulta poco convincente en varios aspectos. Ignora la manera en que China, Rusia, Irán y Corea del Norte la denominada alianza CRINK cooperan militar y tecnológicamente en todos los escenarios de operaciones contra los valores y los intereses de la OTAN. Destacar esta conexión reforzaría la dimensión global de la Alianza y aumentaría la presión sobre Alemania para revisar su política de acercamiento hacia China.

Aunque la estrategia se centra en la Bundeswehr, habría sido conveniente otorgar mayor importancia al reparto de cargas dentro de Europa y a la obtención del máximo nivel posible de interoperabilidad y estandarización. Por una parte, Europa debe fortalecer el pilar europeo de la OTAN y priorizar aquellos elementos estratégicos de apoyo al desarrollo de capacidades que hasta ahora solo ha proporcionado Estados Unidos. Por otra, incluso si Alemania aspira a convertirse en el ejército terrestre más poderoso de Europa, debería dejar claro que utilizará sus capacidades únicamente en beneficio del conjunto del continente. Este enfoque contribuiría a generar una mayor confianza entre los socios europeos.

El objetivo de este documento no es demostrar las aspiraciones de liderazgo de Alemania mediante la asunción de responsabilidades que ya hoy podría ejercer, sino respaldarlas sobre el papel. En consecuencia, la estrategia militar es un documento moldeado por la política más que por las recomendaciones militares. En lugar de transformar las sólidas recomendaciones y las exigencias del campo de batalla moderno en medidas aplicables, combina ambición desmedida con resignación.

El tiempo constituye un factor absolutamente decisivo. La opinión pública alemana ya es consciente de la amenaza que representa Rusia, ha respaldado la asignación de los recursos necesarios para una auténtica Zeitenwende en materia de seguridad y espera ahora un desarrollo rápido de capacidades acorde con el nuevo equilibrio geopolítico, el entorno de amenazas y las prioridades cambiantes de Estados Unidos. Alemania todavía puede redefinir su política de seguridad. Sin embargo, si los responsables políticos siguen ignorando o aplazando las recomendaciones militares, perderán esta oportunidad histórica. Los documentos anteriores fracasaron por las mismas razones: o bien se basaban en una evaluación errónea de las amenazas, o bien reflejaban una visión política que prefería una fuerza de mantenimiento de la paz dócil en lugar de un ejército preparado para actuar, disuadir y liderar en Europa.

La estrategia militar actual reproduce ese fracaso mediante tres defectos fatales: un calendario incoherente, la incapacidad para traducir en capacidades operativas la transformación tecnológica y económica del campo de batalla, y la ausencia de cualquier reforma estructural dentro de la Bundeswehr.

Una cronología incoherente

Tanto la amenaza que representa Rusia como la creciente necesidad de personal para hacerle frente son cuestiones urgentes que no admiten demora. Según la estrategia, se prevé que la Bundeswehr alcance la capacidad necesaria para defender Alemania en 2029. Sin embargo, no se espera que capacidades fundamentales como la conectividad y digitalización completas, la conciencia situacional multidimensional apoyada por inteligencia artificial, la capacidad de ataque de precisión de largo alcance, la defensa aérea integral frente a amenazas que van desde misiles balísticos hasta vehículos aéreos no tripulados, así como la sostenibilidad industrial y logística, se materialicen antes de 2035, fecha en la que la OTAN considera necesario elevar el gasto en defensa al cinco por ciento del producto interior bruto. Mientras tanto, algunos vecinos de Alemania, como Polonia, los Estados bálticos, Dinamarca y Finlandia, ya avanzan hacia ese objetivo.

De acuerdo con la nueva estrategia, la Bundeswehr solo podrá convertirse en el ejército convencional más poderoso de Europa, capaz de disuadir a Rusia, en 2039. Sin embargo, teniendo en cuenta que los propios servicios de inteligencia alemanes ya consideran que la amenaza procedente de Rusia es seria y actual, no basta con estar preparado para la defensa en 2029 y alcanzar la plena capacidad en 2039. ¿Dónde está el sentido de urgencia y la ambición propios de un país que aspira a liderar y a asumir mayores responsabilidades, estando preparado para defenderse desde hoy?

La Bundeswehr está todavía muy lejos de cumplir incluso los compromisos actuales de personal y equipamiento exigidos por la OTAN. Si Estados Unidos retirara sus fuerzas convencionales desplegadas en Europa, los 460.000 efectivos previstos, incluidos los reservistas, resultarían insuficientes. Los mandos militares saben que solo el Ejército de Tierra alemán necesitaría más de 200.000 soldados profesionales para garantizar tanto la disuasión como la sostenibilidad de las operaciones. Con este plan poco ambicioso, Alemania no podría mantener simultáneamente su defensa nacional y contribuir eficazmente a la defensa colectiva de la Alianza, ni tampoco sostener ese esfuerzo a largo plazo. A pesar de ello, no existe un verdadero sentido de urgencia para abordar este problema de inmediato. La solución pasa por restablecer el servicio militar obligatorio o implantar un sistema de servicio nacional obligatorio. Sin embargo, el Gobierno federal, con el fin de evitar reabrir el debate sobre el servicio militar obligatorio, ha optado por aprobar una nueva modalidad de servicio voluntario y ha fijado objetivos de reclutamiento lo suficientemente modestos como para poder alcanzarlos con facilidad.

Insuficiente operacionalización de las dimensiones tecnológicas y económicas del campo de batalla

Una de las principales lecciones extraídas de la guerra que Rusia libra contra Ucrania es que los conflictos modernos se desarrollan en un campo de batalla multidimensional, definido tanto por los factores tecnológicos como por los económicos.

El combate se caracteriza por un ciclo continuo de innovación acelerada: adaptación, integración en las fuerzas armadas y escalado de la producción. La eficiencia tecnológica adquiere cada vez mayor importancia. Del mismo modo, la logística, la gestión de recursos y la reducción de las dependencias tecnológicas en ámbitos como los servicios en la nube, la inteligencia artificial, las redes 5G y el internet satelital poseen un valor estratégico fundamental. Las fuerzas armadas deben incorporar esta transformación tecnológica y económica del campo de batalla a su planificación. Las líneas de suministro, las capacidades de producción y las reservas de recursos se convertirán en objetivos prioritarios de la guerra moderna. Además, dado que la industria alemana de defensa depende en gran medida de los semiconductores fabricados en Taiwán y de las tierras raras procedentes de China, también es necesario evaluar qué lecciones ha extraído Pekín de la guerra entre Rusia y Ucrania. Sin embargo, la estrategia militar apenas aborda esta cuestión.

Incrementar la capacidad de innovación mediante la adaptación, la integración y el escalado implica que la propia estrategia militar exige reformas estructurales urgentes tanto en la Bundeswehr como en el Ministerio Federal de Defensa. Actualmente, por ejemplo, el proceso de certificación de un vehículo aéreo no tripulado en Alemania tarda dieciocho meses. Sin una transformación de los sistemas de adquisición y contratación, será imposible desarrollar las capacidades necesarias.

Ausencia de cambios estructurales en la Bundeswehr

Ya no es un secreto que, en la guerra moderna, tanto la victoria como la derrota dependen de la voluntad política, los recursos disponibles y la eficiencia tecnológica. La Bundeswehr debe dejar de ser un ejército de tiempo de paz para convertirse en una fuerza plenamente preparada para el combate. El objetivo de crear el mayor ejército de Europa no podrá alcanzarse sin profundas reformas estructurales tanto en la Bundeswehr como en el Ministerio Federal de Defensa. Los fondos extraordinarios se están utilizando de forma excesiva e ineficiente y, en muchos casos, simplemente sirven para adquirir «más de lo mismo». La Bundeswehr necesita una transformación profunda de su estructura organizativa, de su sistema de adquisiciones y de su cultura institucional.

Las capacidades relacionadas con los vehículos aéreos no tripulados deben integrarse en todos los mandos y unidades de las fuerzas armadas. Asimismo, se requiere un mayor número de especialistas en guerra electrónica y la creación de un nuevo perfil profesional: el soldado especialista en tecnología militar (mil-tech soldier), capaz de probar con rapidez nuevas innovaciones y aplicar mejoras siguiendo el enfoque de «probar y perfeccionar». La Bundeswehr necesita una reforma estructural integral. De lo contrario, un nuevo «desastre de Jena y Auerstedt» parece cada vez más inevitable.

La aspiración al liderazgo europeo sobre el papel

Estas deficiencias plantean numerosas preguntas. ¿Para quién se redactó realmente esta estrategia militar? ¿Para la Bundeswehr? No. Los comandantes y soldados del Ejército de Tierra, la Armada, la Fuerza Aérea y el Servicio de Ciberespacio e Información ya conocen perfectamente cómo es el campo de batalla moderno, qué capacidades requiere y qué tipo de personal necesita. Por ello, sus evaluaciones —es decir, el verdadero asesoramiento militar— difieren de los planteamientos reflejados en la estrategia. Entre sus prioridades figuran el aumento del nivel de preparación militar, el restablecimiento del servicio militar obligatorio, la preparación de toda la sociedad para la defensa, la integración de los sistemas no tripulados y la creación de nuevos perfiles profesionales para oficiales especializados en tecnología militar.

¿Estaba dirigida entonces al pueblo alemán? Tampoco realmente, ya que este documento apenas despertó interés en Alemania. Lo que preocupa a la ciudadanía son las medidas políticas concretas. ¿Se restablecerá el servicio militar obligatorio? ¿Podrán derribarse los drones que sobrevuelen infraestructuras críticas? ¿Se impartirá formación básica en defensa en las escuelas, como ocurre en Letonia? ¿Cuándo recibirán los hogares alemanes, como en Suecia, un folleto explicando cómo actuar en caso de guerra? Esas son las preguntas que plantea la población. En consecuencia, la estrategia militar ha sido concebida fundamentalmente como un instrumento de política exterior.

Estados Unidos siempre ha esperado que Alemania asumiera el liderazgo para garantizar que Europa cargue con la parte que le corresponde. Sin embargo, los países de la Unión Europea contemplan estas aspiraciones alemanas con escepticismo, ya que tras la retórica ambiciosa suele haber escasos resultados concretos. La estrategia militar pretende convencer a los aliados, de cara a la próxima Cumbre de la OTAN, de que Alemania finalmente está comenzando a asumir mayores responsabilidades. Sin embargo, no deja de ser una etiqueta adherida a la aspiración de liderazgo europeo: existe sobre el papel, pero carece de una verdadera traducción operativa.

Sigo teniendo serias dudas de que esta estrategia llegue a aplicarse. Se trata de otro análisis que identifica correctamente numerosos problemas, pero si su ejecución está prevista para 2039, el entorno geopolítico actual habrá cambiado por completo para entonces. La mayor amenaza procedente de Rusia se manifestará entre 2026 y 2028. Alemania debe adoptar de inmediato medidas concretas para desarrollar sus capacidades y reforzar su capacidad de disuasión. Sin embargo, el Gobierno federal se niega a restablecer el servicio militar obligatorio y continúa utilizando de manera inadecuada los fondos extraordinarios destinados a la defensa. Por temor a una escalada, sigue negándose a suministrar a Ucrania los misiles Taurus, un sistema de armas de precisión de largo alcance que la propia estrategia considera especialmente importante. Además, en lugar de abrir un debate sobre el escenario constitucional del «estado de tensión» (Spannungsfall), previsto en la Ley Fundamental alemana, mantiene a la sociedad bajo una falsa sensación de seguridad.

El ministro de Defensa alemán está debilitando el cambio doctrinal, ampliamente elogiado, basado en el «enfoque de un único teatro de operaciones», según el cual el territorio de la OTAN, Oriente Próximo y el Indo-Pacífico han dejado de ser escenarios independientes para convertirse en espacios de seguridad interconectados. Fue precisamente el propio ministro quien restó importancia a la posibilidad de un bloqueo iraní del estrecho de Ormuz y rechazó categóricamente apoyar a Estados Unidos afirmando: «Esta no es nuestra guerra.»

El ministro de Defensa tampoco reconoce que China, Rusia, Irán y Corea del Norte actúan cada vez más estrechamente coordinados y que consideran encontrarse, de hecho, en una confrontación con Occidente. Quien aspire a liderar debe asumir responsabilidades y adoptar posiciones claras. Sin embargo, el Gobierno federal sigue siendo incapaz de acordar siquiera si el objetivo final del apoyo prestado a Ucrania debe ser su victoria frente a Rusia. Cuando las democracias son atacadas, deben querer ganar. Precisamente por ello, en esta estrategia militar falta una afirmación fundamental:

«Estamos fortaleciendo la Bundeswehr con la rapidez necesaria para garantizar que podamos alcanzar la victoria en caso de un ataque contra un país miembro de la OTAN.»

Eso es exactamente lo que esperan nuestros aliados europeos. Desde hace años reclaman que Alemania asuma una mayor responsabilidad militar. Es también lo que Estados Unidos nos ha pedido durante décadas. Ese es el criterio con el que debemos medirnos. Una estrategia militar solo adquiere un verdadero valor cuando las recomendaciones militares son escuchadas sin filtros y consiguen transformar tanto la forma de pensar de los responsables políticos como sus acciones concretas.

Alemania es experta en realizar grandes declaraciones y proclamarse líder. Su estrategia militar refleja precisamente esa aspiración. La verdadera pregunta es si Alemania será capaz de estar a la altura de esa ambición.

Tengo serias dudas de que así sea.

* Roderich Kiesewetter es diputado del Parlamento alemán por la Unión Demócrata Cristiana (CDU) y coronel retirado. Sirvió durante aproximadamente treinta años en la Bundeswehr, desempeñando diversos cargos de mando y de Estado Mayor, además de participar en operaciones internacionales. Es miembro del Bundestag desde 2009 y, desde 2014, ejerce como portavoz de política exterior del grupo parlamentario CDU/CSU.

Fuente:https://warontherocks.com/a-claim-to-lead-a-hesitation-to-act-germanys-new-military-strategy/