Convertir A Türkiye En El “Nuevo Irán” y Bloquear El Mediterráneo Oriental
Las relaciones entre Israel y Türkiye han seguido durante muchos años una trayectoria marcada por altibajos: se han producido crisis, se ha reducido el nivel de representación diplomática y, sin embargo, en determinados momentos, adaptándose a los cambios regionales y globales, se han reabierto canales de diálogo mediante pasos “pragmáticos”. Sin embargo, el panorama surgido tras el 7 de octubre de 2023 marcado por la agresividad de Israel desde Gaza hasta Qatar, Irán y Yemen, así como por lo que diversas instituciones internacionales han calificado como genocidio y por la continua ocupación de Palestina apunta a una dinámica de ruptura más dura y duradera que supera ese modelo cíclico.
Hoy en día, en la política israelí, las declaraciones contra Türkiye de figuras como el ex primer ministro Bennett o el ministro de la Diáspora Amichai Chikli, así como el discurso de securitización impulsado por Netanyahu que sustituye el “Eje chií” por un nuevo eje cuyo centro sería Turquía, muestran que en el eje Ankara–Tel Aviv no se trata solo de una “tensión diplomática”. Más bien, está emergiendo un proceso de divergencia estructural en el que se reconstruyen mutuamente las percepciones, las definiciones de amenaza y las posiciones regionales.
En esta transformación destacan dos líneas paralelas. La primera es que Türkiye ha trasladado la cuestión palestina desde el nivel de “solidaridad retórica” hacia un campo estratégico de múltiples capas. Ankara sitúa a los movimientos de resistencia palestinos especialmente Hamas no solo como actores que resisten al genocidio israelí en Gaza, sino también como actores legítimos de la política regional. En este sentido, las referencias del presidente Recep Tayyip Erdoğan a Hamas mediante analogías históricas con la resistencia nacional turca (Kuva-yi Milliye) y su respaldo a la resistencia muestran que Turquía sitúa esta cuestión dentro de una lectura política e histórica mucho más amplia que una simple política exterior. Desde la perspectiva israelí, este enfoque no representa únicamente un discurso crítico; también genera una barrera político-psicológica capaz de frenar la visión israelí del orden regional posterior a Gaza.
La segunda línea es el aumento y la institucionalización del ataque discursivo desde el lado israelí. Las declaraciones de ministros israelíes, ex primeros ministros y sectores ideológicos del bloque de derecha dirigidas contra Turquía y contra el presidente Erdoğan ya no parecen simples salidas aisladas, sino partes de un marco estratégico más amplio. La criminalización de Türkiye como un “peligroso caballo de Troya que impulsa redes vinculadas a Al Qaeda”, su asociación con códigos de seguridad globales mediante elementos simbólicos (como el nombre de Abdullah Azzam) para presentar a Ankara como un “centro de redes oscuras”, así como la documentación sistemática en círculos estratégicos israelíes de medidas legales destinadas a castigar a Turquía por su postura frente al genocidio en Gaza, indican que estas ofensivas no son dispersas, sino institucionales.
El reflejo de esta institucionalización en la política exterior es la visión de una “alianza hexagonal” promovida por Israel. Esta red en la que se destacan actores como India, Grecia y la administración grecochipriota y que se pretende ampliar hacia países árabes, africanos y asiáticos, demuestra que Israel busca mantener su confrontación con Irán al tiempo que incorpora el creciente “expediente Türkiye” dentro de una arquitectura regional más amplia. En este contexto, el discurso que presenta a Türkiye como el “Nuevo Irán” no funciona solo como propaganda, sino como un anclaje estratégico que legitima la formación de alianzas.
De Crisis Gestionables A Una Divergencia Estructural
En el pasado, las crisis entre ambos países solían concentrarse en torno a un acontecimiento concreto; la dura retórica entre los líderes se suavizaba con el tiempo y se reactivaban canales pragmáticos en ámbitos como el comercio, la energía o la seguridad. Hoy, sin embargo, se ha alcanzado un umbral diferente. Las acusaciones de Israel hacia Türkiye ya no presentan a Ankara únicamente como un “crítico incómodo”, sino como un rival estratégico capaz de obstaculizar iniciativas destinadas a configurar el orden regional. El indicador más claro de esta transformación es que los debates sobre Türkiye en Israel han dejado de situarse en el marco de las “relaciones bilaterales” y han pasado a integrarse dentro del ámbito de la seguridad nacional y de las alianzas regionales.
En este punto también conviene tener en cuenta el impulso que proviene de la política interna israelí. Aunque Netanyahu y Bennett representen figuras políticas distintas, ambos se alimentan del lenguaje securitario de la derecha israelí, que se consolida mediante la producción constante de amenazas. El discurso construido contra Türkiye centrado en narrativas sionistas de extrema derecha funciona como un instrumento para mantener viva la legitimidad política interna de Israel dentro de un clima de guerra permanente y de agenda de seguridad prioritaria. De hecho, incluso mientras se discuten escenarios de un posible ataque estadounidense contra Irán, la política israelí continúa ampliando el “expediente Türkiye” como una amenaza paralela, lo que refleja la necesidad de mantener una continuidad de amenazas. Esta dinámica facilita traducir las iniciativas de política exterior al terreno de la política interna: nuevos enemigos, nuevas alianzas, nuevos presupuestos de seguridad y nuevas movilizaciones.
Sin embargo, situar a Türkiye en el mismo nivel que Irán resulta analíticamente problemático. Durante años, Irán ha sido presentado en Israel como una amenaza existencial basada en su programa nuclear, sus redes proxy y su ideología revolucionaria. Türkiye, en cambio, es miembro de la OTAN, una economía del G20 y un actor integrado en las cadenas globales de suministro. Precisamente por ello, etiquetar a Türkiye como el “Nuevo Irán” cumple dos funciones estratégicas para Israel: (i) debilitar la legitimidad de Türkiye ante la opinión pública occidental y (ii) presentar la búsqueda de nuevas alianzas como una “medida de seguridad necesaria”. No obstante, esta estrategia también genera riesgos: el discurso puede moldear la realidad. Una criminalización excesiva de Türkiye podría empujar a Ankara hacia posiciones más duras, generando una profecía autocumplida.
Construcción De Amenaza y La Alianza Hexagonal
La narrativa israelí de una “alianza hexagonal” no se asemeja tanto a una alianza militar clásica como a la búsqueda de una arquitectura de seguridad centrada en la contención de Türkiye. El énfasis en India muestra que Israel pretende generar profundidad estratégica no solo en Oriente Medio, sino también a lo largo de un eje más amplio que conecta Asia con el Mediterráneo Oriental. El protagonismo otorgado a Grecia y a la administración grecochipriota, por su parte, apunta a una configuración geopolítica que excluya a Türkiye del Mediterráneo Oriental. Este planteamiento no puede separarse de la competencia en materia de energía y de zonas marítimas, y el diseño hexagonal parece alinearse con el objetivo de limitar el margen de maniobra de Türkiye en el Mediterráneo Oriental.
En el trasfondo de esta búsqueda de alianzas se encuentra también el enfoque estadounidense de reparto de cargas en Oriente Medio. Washington, al reducir su presencia directa en el terreno, fomenta la interoperabilidad entre aliados, la integración de sistemas de alerta temprana y defensa aérea y el intercambio de inteligencia. En este marco, Israel aspira a convertirse en un nodo central de tecnología y seguridad, y el discurso de la alianza hexagonal funciona como un intento de conectar nuevas líneas a ese nodo estratégico.
Sin embargo, esta arquitectura también enfrenta límites estructurales. En el contexto posterior a Gaza, la cooperación militar abierta con Israel se ha vuelto políticamente costosa en el mundo árabe. La tradición de autonomía estratégica de India podría limitar su implicación plena en bloques rígidos. Además, el hecho de que el discurso israelí señale simultáneamente al “eje chií radical” y al “eje suní radical emergente” puede generar una inflación de amenazas que complique la formación de alianzas claras. Cada actor posee prioridades de seguridad distintas. Por ello, la alianza hexagonal parece por ahora menos un bloque consolidado que una declaración de intención sobre la aspiración de Israel a moldear el orden regional.
En este contexto, presentar a Türkiye como el “Nuevo Irán” se convierte en el cemento ideológico de ese proyecto. Türkiye aparece así dentro del discurso israelí tanto como una amenaza normativa debido a su postura pro-palestina como una amenaza estratégica por su capacidad regional. De esta manera, Israel intenta racionalizar su búsqueda de alianzas mediante la narrativa de un “peligro creciente procedente de Turquía”.
La Respuesta Multidimensional De Türkiye
La postura reciente de Türkiye no se limita a la producción de un discurso crítico. Ankara ha desarrollado, con paciencia estratégica, un conjunto de respuestas multidimensionales.
La primera dimensión se encuentra en el ámbito jurídico. La participación en procesos ante la Corte Internacional de Justicia, los debates sobre jurisdicción universal y las iniciativas legales dirigidas contra responsables israelíes reflejan la voluntad de Ankara de situar la cuestión palestina dentro de un campo de lucha normativo e institucional. El hecho de que círculos sionistas y centros de investigación influyentes en Occidente analicen específicamente la estrategia jurídica de Türkiye sugiere que la verdadera preocupación de Tel Aviv no se limita a la diplomacia, sino también al terreno de la legitimidad y la reputación internacional.
La segunda dimensión es la disuasión económica. Aunque existan dificultades y ciertas incertidumbres, medidas como la suspensión del comercio con Israel, las restricciones del espacio aéreo y la congelación de proyectos de cooperación en defensa pueden interpretarse como señales de que Türkiye está dispuesta a asumir costes en su política exterior. Estas medidas generan presión estratégica al dificultar a Israel la búsqueda de canales logísticos y de suministro alternativos. De este modo, la política turca hacia Palestina deja de ser únicamente una postura moral y pasa a convertirse en una política exterior respaldada por capacidad material.
La tercera dimensión corresponde al ámbito de inteligencia y seguridad. Las operaciones contra redes del Mossad descubiertas en Türkiye demuestran que Ankara posee capacidad de respuesta operativa sobre el terreno. Esto confirma que Israel ya no percibe a Türkiye únicamente como un opositor discursivo, sino también como un actor capaz de generar riesgos de seguridad concretos. Por tanto, la intensificación de la campaña anti-turca en Israel no se explica únicamente por factores ideológicos, sino también por cálculos de seguridad tangibles.
La cuarta dimensión se relaciona con la búsqueda de plataformas regionales. La normalización de Türkiye con los actores del Golfo tras 2021, su capacidad para dialogar nuevamente con distintas potencias regionales y su acercamiento al nuevo gobierno de Damasco generan inquietud en Israel por dos razones: debilitan los intentos de aislamiento regional y muestran a Türkiye como un actor capaz de construir plataformas regionales. En este sentido, la búsqueda israelí de una “alianza hexagonal” también puede interpretarse como un intento de equilibrar la posible capacidad de Türkiye para crear sus propios marcos regionales.
En última instancia, el panorama que emerge es claro: Israel intenta presentar a Türkiye como el “Nuevo Irán” con el fin de debilitar su legitimidad ante la opinión pública occidental y justificar nuevas redes de alianza similares a la propuesta hexagonal. Türkiye, por su parte, busca limitar a Israel mediante instrumentos jurídicos, económicos, de inteligencia y regionales.
Estas dinámicas recíprocas están transformando la naturaleza de la relación bilateral: dejan de ser una crisis reversible para evolucionar hacia un enfriamiento prolongado y una divergencia estratégica estructural.
