La Búsqueda De Una Arquitectura De Seguridad En Oriente Medio: Los Acuerdos/Escudo De Abraham

Aunque los Acuerdos/Escudo de Abraham han surgido como el eslabón más reciente en la prolongada búsqueda de una arquitectura de seguridad integral que nunca ha logrado institucionalizarse en Oriente Medio, su capacidad para generar un orden duradero e inclusivo es extremadamente limitada debido a obstáculos de carácter estructural. Las profundas divergencias en las percepciones de amenaza entre los Estados de la región, la competencia de poder que se desarrolla en el eje Türkiye–Irán–Egipto–Arabia Saudí, la persistencia de la mentalidad colonial de Occidente y la centralidad otorgada a Israel en los diseños de seguridad colocan a esta iniciativa, desde sus inicios, en una crisis de legitimidad. En consecuencia, aunque los Acuerdos/Escudo de Abraham puedan producir alianzas tácticas de corto plazo, distan mucho de ofrecer una arquitectura inclusiva capaz de colmar el vacío crónico de seguridad que caracteriza a Oriente Medio.
diciembre 28, 2025
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Tras la Segunda Guerra Mundial, el período de la Guerra Fría y la competencia entre bloques convirtieron a Oriente Medio en el espacio más frágil de la rivalidad internacional. En la etapa de posguerra se pusieron en marcha importantes iniciativas destinadas a reconfigurar la arquitectura de seguridad a escala global, y esta nueva arquitectura fue concebida como el pilar fundamental del orden internacional liderado por Estados Unidos. Mientras que en regiones como Asia-Pacífico y Europa donde la competencia global alcanzó niveles máximos fue posible establecer arquitecturas de seguridad eficaces y disuasorias, en Oriente Medio nunca logró consolidarse una arquitectura de seguridad inclusiva y estable.

Este artículo se centrará en las razones por las cuales, pese a la construcción de arquitecturas de seguridad integrales en Europa y Asia-Pacífico bajo el liderazgo estadounidense, no ha sido posible establecer una estructura similar en Oriente Medio. Se sostendrá que los proyectos impulsados bajo el liderazgo de Israel, conocidos como los Acuerdos/Escudo de Abraham, representan el intento más reciente de construir, por fin, una arquitectura de seguridad que lleva casi un siglo sin institucionalizarse en la región. Se subrayará que esta nueva iniciativa, basada en la normalización entre los países del Golfo e Israel, persigue en el corto plazo la contención de la amenaza iraní y, en el largo plazo, la creación de una línea de defensa común frente a otros actores regionales y globales que podrían poner en riesgo los intereses occidentales en la región, con el objetivo último de establecer en Oriente Medio un orden estable al servicio de los intereses de Estados Unidos. Asimismo, se destacará que los Acuerdos de Abraham emergen como una nueva propuesta arquitectónica destinada a sustituir proyectos de seguridad que históricamente han fracasado. No obstante, el texto defenderá que, debido a la estructura fragmentada de la región compuesta por Estados de poder relativamente equivalente, a la profunda brecha entre las percepciones de seguridad de los actores regionales y a la visión occidental centrada en Israel, los Acuerdos/Escudo de Abraham difícilmente podrán transformarse en una arquitectura de seguridad verdaderamente integral.

La Idea De Una Arquitectura De seguridad Regional Inclusiva Desarrollada Bajo La Lógica De La Guerra Fría

El concepto de “arquitectura de seguridad” es un término cada vez más utilizado en la literatura contemporánea de las relaciones internacionales y los estudios de seguridad, aunque su marco teórico aún no ha alcanzado una plena madurez. La escasez de trabajos teóricos exhaustivos que definan el concepto de manera sistemática dificulta la consolidación de una base teórica ampliamente consensuada. Una de las definiciones existentes concibe la arquitectura de seguridad como una estructura coherente e integral que, dentro de unos límites geográficos determinados, facilita la resolución de las preocupaciones políticas específicas de una región y permite alcanzar sus objetivos en materia de seguridad. Esta definición sitúa la arquitectura de seguridad en un marco más amplio que va más allá de las alianzas militares, al incluir también arreglos institucionales, mecanismos de cooperación y consensos normativos.

En el sistema internacional reconfigurado tras la Segunda Guerra Mundial, la estructura bipolar articulada en torno a Estados Unidos y la Unión Soviética, junto con la fundación de la República Popular China y la emergencia de un nuevo gran actor en el bloque socialista, incrementaron la necesidad de establecer mecanismos de seguridad a escala global. Las estrategias desarrolladas para contener la influencia soviética y en parte la china no se limitaron a un diseño centrado exclusivamente en Washington, sino que se entrelazaron con las preocupaciones de seguridad, las percepciones de amenaza y las dinámicas políticas internas de los actores regionales en Europa y Asia-Pacífico. Este proceso dio lugar al debate sobre la construcción de arquitecturas de seguridad regionales en tres áreas principales: Europa, Asia-Pacífico y Oriente Medio.

En la etapa de posguerra, en Europa y Asia-Pacífico consideradas como las principales áreas de expansión e influencia de la Unión Soviética y China surgieron estructuras de seguridad que funcionaron de acuerdo con la participación activa de los Estados regionales y con el cálculo de sus intereses. La creación y posterior ampliación de la OTAN no solo constituyó una alianza militar destinada a equilibrar la expansión soviética, sino que también incrementó el reparto de cargas, la cooperación institucional y la interdependencia en materia de seguridad entre los Estados europeos, proporcionando a la región un entorno relativamente más seguro frente a guerras civiles y conflictos interestatales de gran escala. Especialmente en Europa Occidental, este marco arquitectónico actuó como un factor disuasorio frente a actores revisionistas y contribuyó asimismo a la institucionalización de los regímenes democráticos y al fortalecimiento de la estabilidad interna. Con la creación de la Unión Europea, la cooperación en materia de seguridad se transformó finalmente en una conceptualización más amplia que incorporó también consensos normativos.

De manera similar, en Asia-Pacífico, plataformas como la ASEAN, el QUAD y, más recientemente, AUKUS se han convertido en componentes de una red de seguridad multinivel configurada en torno a las prioridades de seguridad, las percepciones de amenaza y los intereses económicos de los Estados de la región. Estas estructuras, por un lado, han encuadrado la presencia político-militar de Estados Unidos y de otros actores externos y, por otro, han fortalecido los canales de diálogo, los mecanismos de gestión de crisis y la cooperación en defensa entre los países de la región. De este modo, en Asia-Pacífico se ha logrado conformar un entorno de seguridad que, si bien no es completamente homogéneo ni exento de conflictos, ha permitido una protección parcial frente a las inestabilidades internas y frente a las presiones de actores definidos como revisionistas o expansionistas, como China.

En consecuencia, las arquitecturas de seguridad configuradas en Europa y Asia-Pacífico deben entenderse no solo como productos de la rivalidad entre grandes potencias, sino también como el resultado de la participación activa, el consentimiento y la convergencia de intereses de los Estados regionales. Pese a sus limitaciones, estas arquitecturas han proporcionado marcos de seguridad institucionalizados que han protegido en gran medida a dichas regiones de guerras civiles graves, de conflictos interestatales a gran escala y de intentos de expansión ilimitada por parte de actores revisionistas.

“Vacíos crónicos” En La Arquitectura De Seguridad De Oriente Medio

Tras la Segunda Guerra Mundial, también en Oriente Medio surgieron esfuerzos orientados a establecer una arquitectura de seguridad integral similar a las de Europa y Asia-Pacífico. El objetivo principal de estas iniciativas era garantizar la seguridad de los recursos petroleros de la región, del recién creado Estado de Israel y del Canal de Suez vital para el comercio mundial, así como crear una línea de defensa frente a las inestabilidades internas capaces de debilitar a los nuevos Estados-nación y frente a las tendencias expansionistas del bloque socialista, encabezado por la Unión Soviética. En este contexto, iniciativas como el Comando de Oriente Medio, la Organización de Defensa de Oriente Medio, el proyecto del Cinturón Norte y el Pacto de Bagdad, impulsadas principalmente bajo el liderazgo británico y con el apoyo político-militar de Estados Unidos, emergieron durante las décadas de 1950 y 1960 como las principales manifestaciones de una arquitectura de seguridad regional liderada por Occidente.

En los años posteriores, los propios países de la región intentaron construir una arquitectura de seguridad regional integral por iniciativa propia. Organizaciones como la Liga Árabe, la Organización de Cooperación Islámica y el Consejo de Cooperación del Golfo surgieron como marcos destinados a gestionar percepciones comunes de amenaza y a institucionalizar la coordinación política intrarregional. En épocas más recientes, iniciativas como la denominada “OTAN árabe”, la Fuerza Escudo de la Península y el “Ejército Islámico”, promovidas especialmente bajo el liderazgo del príncipe heredero saudí Mohammed bin Salman, se presentaron como nuevos proyectos de seguridad en los que la iniciativa residía principalmente en las capitales regionales, aunque con un apoyo explícito o implícito de actores occidentales. Estos proyectos buscaron, por un lado, establecer una base de defensa común frente a amenazas regionales percibidas principalmente Irán y, por otro, desarrollar una arquitectura de seguridad más “autóctona” y regional sin excluir por completo la cooperación con Occidente. De este modo, tras el fracaso de las iniciativas lideradas por Occidente, se intentó construir en Oriente Medio una arquitectura de seguridad a través de modelos híbridos impulsados por los propios Estados regionales, pero respaldados estratégicamente por el apoyo militar y político occidental.

Sin embargo, estos proyectos no lograron transformarse en un orden de seguridad duradero e inclusivo comparable al ejemplo de la OTAN en Europa. Aunque el Pacto de Bagdad destacó como uno de los intentos más institucionalizados, el golpe de Estado en Irak en 1958, la retirada de Bagdad del pacto y su giro hacia una política exterior más “independiente” y de orientación socialista provocaron el colapso de la iniciativa. En el fracaso de estos intentos de arquitectura de seguridad centrados en Occidente influyeron de manera decisiva dos dinámicas fundamentales. La primera fue el impacto devastador de la cuestión israelí y del conflicto árabe-israelí sobre la legitimidad regional. Amplios sectores de las sociedades de Oriente Medio percibieron los proyectos de seguridad occidentales como instrumentos destinados a reforzar la seguridad de Israel, a relegar la cuestión palestina y a perpetuar una forma de tutela propia del período poscolonial. Esta percepción debilitó la base social y política local de las alianzas que se intentaban construir bajo liderazgo occidental.

La segunda dinámica fue la búsqueda de autonomía en política exterior y de mayor margen de maniobra en política interna por parte de numerosos Estados de Oriente Medio, especialmente Egipto. En el caso egipcio, el auge del nacionalismo árabe y del no alineamiento bajo el liderazgo de Gamal Abdel Nasser condujo a la caracterización de formaciones como el Pacto de Bagdad como extensiones de una “aglomeración imperialista”, sumiéndolas en una profunda crisis de legitimidad en la política regional. Como resultado, los esfuerzos por establecer en Oriente Medio una arquitectura de seguridad inclusiva centrada en los intereses occidentales no lograron cristalizar en una estructura institucional duradera, debido a la cuestión israelí, a las sensibilidades antiimperialistas y a la insistencia de los Estados regionales en preservar su autonomía. A diferencia de Europa y Asia-Pacífico, esta situación condenó a Oriente Medio a permanecer, durante toda la Guerra Fría, en un entorno de seguridad fragmentado y altamente frágil.

Los Acuerdos/Escudo De Abraham Como Modelo De Una Nueva Arquitectura De Seguridad

A pesar de la construcción, bajo liderazgo occidental, de arquitecturas de seguridad amplias y consolidadas en Asia-Pacífico y Europa, la incapacidad de establecer en Oriente Medio, durante el último siglo, un orden de seguridad de alcance comparable, inclusivo e institucionalizado puede definirse como un déficit crónico de arquitectura de seguridad. El proyecto de los Acuerdos/Escudo de Abraham se presentó precisamente con la pretensión de colmar este vacío. No obstante, se considera que el potencial de esta iniciativa para transformarse en una arquitectura de seguridad duradera es sumamente limitado, debido tanto a las dinámicas estructurales de la región como a las continuidades en la forma en que Occidente concibe Oriente Medio.

Ante todo, existe una profunda brecha entre los enfoques de seguridad de los países de la región. El requisito más básico de la seguridad colectiva es la existencia de una percepción mínima compartida de amenazas e intereses. Sin embargo, se observan diferencias sustanciales entre la amenaza que Egipto percibe en Irán y la manera en que Arabia Saudí evalúa a este mismo actor. De modo similar, mientras Siria considera a Israel como su principal amenaza, las monarquías del Golfo tienden cada vez más a posicionar a Israel como un socio o un factor de equilibrio. Estas percepciones fragmentadas de la amenaza debilitan los cimientos de una arquitectura de seguridad común y hacen prácticamente imposible la emergencia de un modelo inclusivo basado en la seguridad colectiva.

En segundo lugar, la ausencia de una potencia regional única capaz de ejercer una influencia persuasiva o coercitiva sostenida sobre los demás actores dificulta la materialización de una arquitectura de seguridad integral. El hecho de que cuatro actores clave Türkiye, Irán, Egipto y Arabia Saudí posean capacidades de poder relativamente equivalentes implica que ninguno de ellos puede imponer su agenda de seguridad al resto. Esta configuración genera, en lugar de una arquitectura de seguridad centralizada similar a la OTAN en Europa, un entorno persistente de fragmentación y competencia.

Uno de los obstáculos más determinantes es, además, la persistente mirada “colonial” de las potencias occidentales hacia Oriente Medio. En casi todos los proyectos de seguridad diseñados para la región, la prioridad no ha sido el interés a largo plazo de las sociedades y Estados regionales, sino la seguridad energética de Occidente, las rutas del comercio marítimo y, de manera particular, la seguridad de Israel. La centralidad otorgada a Israel en el diseño conceptual e institucional de estas arquitecturas de seguridad genera una profunda reacción tanto entre las élites políticas como en las sociedades de la región. En un contexto en el que la cuestión palestina no ha sido resuelta de forma justa, la superioridad militar israelí es reforzada sistemáticamente y las preocupaciones de seguridad de las sociedades árabes son relegadas a un segundo plano, cualquier nueva arquitectura respaldada por Occidente tiende a ser percibida como la continuación de un proyecto colonial.

En conclusión, aunque los Acuerdos/Escudo de Abraham han surgido como el eslabón más reciente en la prolongada búsqueda de una arquitectura de seguridad integral que nunca ha logrado institucionalizarse en Oriente Medio, su capacidad para generar un orden duradero e inclusivo es extremadamente limitada debido a obstáculos de carácter estructural. Las profundas divergencias en las percepciones de amenaza entre los Estados de la región, la competencia de poder en el eje Türkiye–Irán–Egipto–Arabia Saudí, la persistencia de la mentalidad colonial de Occidente y la centralidad otorgada a Israel en los diseños de seguridad sitúan a esta iniciativa, desde sus inicios, en una crisis de legitimidad. En consecuencia, aunque los Acuerdos/Escudo de Abraham puedan producir alianzas tácticas de corto plazo, distan mucho de ofrecer una arquitectura inclusiva capaz de colmar el vacío crónico de seguridad que caracteriza a Oriente Medio.

Doç. Dr. Necmettin Acar

Dr. Necmettin Acar es presidente del Departamento de Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales en la Universidad Artuklu de Mardin. Realizó su licenciatura en la Facultad de Economía de la Universidad de Estambul en Administración Pública, su maestría en Relaciones Internacionales en la Universidad de Sakarya y su doctorado en el Departamento de Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales de la Universidad Yıldız Técnica. Actualmente, trabaja como profesor en la Facultad de Ciencias Económicas y Administrativas de la Universidad Artuklu. Sus principales áreas de investigación incluyen la política del Medio Oriente, la seguridad energética, la seguridad del Golfo Pérsico y la política exterior de Türkiye en el Medio Oriente. Acar ha publicado numerosos trabajos en estas áreas.
Correo electrónico: [email protected]

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