La guerra contra Irán aceleró el desarrollo de una nueva ruta que convierte a Ankara en un centro estratégico y aumenta su importancia para la región.
El estallido de la guerra iniciada por Estados Unidos e Israel contra Irán y el cierre del Estrecho de Ormuz desencadenaron una conmoción en los mercados energéticos mundiales. Según la Agencia Internacional de la Energía (AIE), se produjo «la mayor interrupción del suministro en la historia del mercado mundial del petróleo».
El cierre del estrecho volvió a demostrar que este paso marítimo, por el que transita aproximadamente el 20 % del petróleo y del gas natural licuado (GNL) del mundo, constituye uno de los cuellos de botella energéticos más importantes del planeta. Al mismo tiempo, los ataques de represalia y el bloqueo impuestos por Irán pusieron de manifiesto la capacidad de Teherán para interrumpir las cadenas de suministro, alimentar la inflación a través del encarecimiento de las materias primas y convertir el Estrecho de Ormuz en un corredor comercial prácticamente inoperante. Como consecuencia, el comercio euroasiático podría experimentar una profunda reconfiguración.
Europa, una de las regiones más afectadas por el cierre del estrecho, se ha mostrado especialmente interesada en impulsar nuevos corredores comerciales. En la reciente Cumbre del G7, la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, defendió que Europa debe desarrollar rutas alternativas de comercio y energía que eviten el paso por el Estrecho de Ormuz.
En este contexto, dos corredores comerciales alternativos han cobrado un impulso particular.
El primero es el Corredor Medio (o Ruta Internacional de Transporte Transcaspiana), una red multimodal de transporte terrestre, ferroviario y marítimo que conecta China con Europa a través de Asia Central, el Cáucaso y Türkiye.
El segundo es la Iniciativa de los Cuatro Mares, un marco que conecta el Golfo Pérsico con el mar Caspio, el Mediterráneo y el mar Negro mediante un corredor de tránsito que atraviesa Siria y Türkiye.
Mientras Europa expresa su preocupación, otros Estados perciben nuevas oportunidades. El cierre del estrecho representa una ocasión única para actores tradicionalmente más pequeños de Asia Central, el Cáucaso y el Levante, las tres regiones vecinas de Irán. Al mismo tiempo, constituye un punto de inflexión para la proyección geopolítica de Türkiye en Eurasia.
En Asia Central, Kazajistán se perfila como uno de los principales beneficiarios tanto del cierre del Estrecho de Ormuz como de la invasión rusa de Ucrania. Durante décadas, este país sin salida al mar dependió del Corredor Norte para su comercio con Rusia. El Corredor Medio ofrece ahora a Kazajistán una oportunidad extraordinaria para fortalecer sus vínculos con Estados Unidos, reducir su dependencia de Rusia y obtener beneficios económicos de sus vastas reservas de minerales críticos, indispensables para la transición tecnológica global. En noviembre de 2025, Kazajistán firmó con Estados Unidos 29 memorandos de entendimiento (MoU) por un valor total de 17.000 millones de dólares.
En el Cáucaso, Azerbaiyán también ha obtenido ventajas del declive del Corredor Norte y del cierre del Estrecho de Ormuz. Desde la firma del acuerdo de paz con Armenia en 2025, Bakú ha tratado de redefinir su identidad geopolítica y consolidarse como la principal potencia regional. Uno de los elementos centrales del acuerdo fue la construcción de un corredor a través de Armenia que conecta los dos territorios separados de Azerbaiyán, una ruta conocida popularmente como la «ruta Trump» debido al papel desempeñado por Washington en la mediación. Este corredor elimina el principal obstáculo para el comercio azerbaiyano y permite una integración regional ininterrumpida entre Asia Central y Türkiye. Ese mismo año, Azerbaiyán se convirtió en el primer Estado ajeno a Asia Central en incorporarse oficialmente a la Cumbre C5, transformándola en la C6.
En el Levante, la Siria posterior al régimen de Asad intenta posicionarse como un futuro Estado de tránsito energético y como la siguiente gran alternativa al Estrecho de Ormuz, una visión respaldada por el enviado especial de Estados Unidos para Siria, Thomas Barrack. La Iniciativa de los Cuatro Mares brinda a Damasco una oportunidad decisiva para materializar este proyecto. Tras el levantamiento oficial de la mayor parte de las sanciones estadounidenses en 2025, el nuevo gobierno sirio está decidido a revitalizar la economía de posguerra y financiar la reconstrucción del país cuyo coste el Banco Mundial estima en 216.000 millones de dólares mediante los ingresos generados por el tránsito de mercancías y energía.
Convertir a Siria en un nodo estable de conectividad también responde a los intereses de los Estados del Golfo, que consideran la Iniciativa de los Cuatro Mares una vía para reducir su vulnerabilidad frente al Estrecho de Ormuz. En junio, Irak y Estados Unidos publicaron una declaración conjunta comprometiéndose a reactivar el antiguo oleoducto entre Kirkuk, en Irak, y Baniyas, en la costa siria, actualmente fuera de servicio. Este compromiso constituye un precedente significativo que demuestra la viabilidad de una conexión energética entre el Golfo y el Mediterráneo.
Sin embargo, ningún país está en mejor posición para beneficiarse de estas transformaciones que Türkiye, situada precisamente en la intersección de estos dos corredores comerciales alternativos.
Mientras Ankara se consolida como el punto de tránsito indispensable entre Europa y Asia, se beneficia simultáneamente de los esfuerzos europeos por encontrar alternativas a la energía rusa, de la búsqueda de los países del Golfo de rutas de exportación que eviten el Estrecho de Ormuz y de los intentos de los Estados de Asia Central por superar sus limitaciones económicas mediante corredores terrestres. Türkiye está aprovechando la superposición de estas crisis para afianzarse como un centro estratégico que ninguna potencia euroasiática podrá eludir.
El Corredor Medio profundiza los vínculos económicos y sociales entre Asia Central y Azerbaiyán, facilitando las aspiraciones pan-turquistas de Türkiye. Al mismo tiempo, la Iniciativa de los Cuatro Mares fortalece la influencia turca en el Golfo y el Levante y respalda sus objetivos de poder blando neo-otomano al consolidar un eje suní capaz de equilibrar el denominado «Creciente Chií» liderado por Irán.
A diferencia de Europa, Estados Unidos no se ha visto gravemente afectado por el cierre del Estrecho de Ormuz, principalmente porque es el mayor productor nacional de petróleo y gas natural del mundo. Sin embargo, tanto el Corredor Medio como la Iniciativa de los Cuatro Mares ofrecen a Washington la oportunidad de reducir la influencia de Teherán sobre una de las rutas marítimas comerciales más estratégicas del planeta así como sobre el mar Rojo y, con ello, limitar su capacidad para amenazar las economías de los países vecinos.
Desde la perspectiva de Washington, estos dos corredores comerciales alternativos permitirían alcanzar tres objetivos estratégicos complementarios: liberar la seguridad energética de Europa de su dependencia de Rusia e Irán; garantizar el predominio comercial estadounidense sobre las infraestructuras estratégicas más importantes de Oriente Medio; y establecer un marco geopolítico duradero que recompense la alineación con Occidente.
En la actualidad, la Iniciativa de los Cuatro Mares ya cuenta con apoyo político y diplomático en Estados Unidos, respaldada por figuras como la senadora Jeanne Shaheen (demócrata por Nuevo Hampshire), el congresista Joe Wilson (republicano por Carolina del Sur) y Thomas Barrack, actual embajador de Estados Unidos en Türkiye. Asimismo, Washington ha adoptado diversas medidas concretas para fortalecer el Corredor Medio, entre ellas la mediación de un acuerdo de paz entre Azerbaiyán y Armenia, así como la modernización de los puertos de Kazajistán y de la infraestructura ferroviaria de Georgia.
Aunque la reorientación del comercio internacional hacia estos corredores alternativos podría favorecer numerosos intereses estratégicos de Estados Unidos, también corre el riesgo de debilitar la estabilidad a largo plazo de Oriente Medio al excluir a Irán. Para que un orden regional sea sostenible, todos los Estados de la región deben tener incentivos para preservarlo. Marginar a Irán de la arquitectura económica y comercial regional podría convertir ese orden en un sistema inherentemente inestable.
A pesar de estos posibles riesgos, existen pocas dudas de que el comercio internacional adquirirá una configuración muy diferente tras esta guerra. Durante décadas, la dependencia mundial de un estrecho de apenas 21 millas de ancho fue considerada una realidad inmutable del comercio global. Sin embargo, mientras el Estrecho de Ormuz vuelve a abrirse, el mundo que dependía de él podría estar llegando a su fin.
Los corredores que hoy se presentan como alternativas no eliminarán las tensiones geopolíticas, sino que simplemente las trasladarán a otras regiones.
Tanto el Corredor Medio como la Iniciativa de los Cuatro Mares atravesarán algunas de las zonas más inestables del planeta. A medida que estos nuevos cuellos de botella adquieran una importancia estratégica cada vez mayor, la pregunta fundamental será si las potencias que los controlen intentarán ejercer la misma influencia que Irán ha proyectado durante décadas sobre el Estrecho de Ormuz.
*Adam Dehsabzi es analista de política exterior residente en Washington D. C. Anteriormente fue asistente de investigación del profesor John Mearsheimer en la Universidad de Chicago, donde también obtuvo un máster en Relaciones Internacionales. Sus investigaciones se centran en la seguridad de Oriente Medio, las relaciones transatlánticas, el nacionalismo y el derecho de las minorías a la autodeterminación.
Fuente: https://responsiblestatecraft.org/iran-turkey-war/
