En los puertos, aeropuertos, aduanas y pasos fronterizos de Europa, los escáneres de seguridad determinan qué personas y mercancías deben ser inspeccionadas antes de continuar su tránsito. Una de las empresas que suministra estos equipos es Nuctech, uno de los principales fabricantes chinos de sistemas de detección de amenazas utilizados para inspeccionar equipajes, carga, vehículos y personas. Sin embargo, la Comisión Europea cuestiona ahora si el crecimiento de Nuctech en Europa ha sido posible gracias al respaldo del Estado chino. En el marco del Reglamento sobre Subvenciones Extranjeras de la Unión Europea, Bruselas investiga si subvenciones, ventajas fiscales, financiación preferencial, apoyo al desarrollo tecnológico o ayudas de liquidez han permitido a Nuctech ofrecer precios más bajos, ganar más licitaciones, debilitar a sus competidores y ampliar su presencia en el mercado europeo de sistemas de inspección de seguridad. En lugar de responder de buena fe a una investigación comercial ordinaria, el Ministerio de Justicia de China calificó la investigación de la Comisión Europea como un «uso indebido de la jurisdicción extraterritorial» e instruyó a organizaciones y particulares a no colaborar con ella. La reacción de Pekín revela con claridad el tipo de relación que Europa asume al hacer negocios con China.
Esta respuesta debería llamar la atención de Europa porque expone la lógica económica que hay detrás del problema. Una empresa no necesita dominar un mercado de la noche a la mañana. Puede entrar en el sistema europeo de contratación pública ofreciendo precios que sus competidores difícilmente puedan igualar, ganar licitaciones y, con el tiempo, hacer que las siguientes convocatorias resulten cada vez más inaccesibles para la competencia.
Nuctech opera en mercados de inspección de seguridad donde también compiten empresas europeas como Smiths Detection, Rohde & Schwarz y CEIA; compañías estadounidenses como Rapiscan Systems, Leidos, Garrett Metal Detectors y Astrophysics; así como proveedores de economías de mercado como VOTI Detection, de Canadá, y Vehant Technologies, de la India. No todas estas empresas comercializan exactamente los mismos productos: algunas se especializan en la inspección de carga y vehículos, mientras que otras se centran en el escaneo de equipajes aeroportuarios, la inspección de personas, la detección de metales o la protección de infraestructuras críticas. Precisamente ahí reside el problema. La supuesta ventaja derivada del apoyo estatal chino no afectaría únicamente a una categoría de productos, sino que podría desestabilizar un ecosistema mucho más amplio de proveedores fiables que operan en puertos, aeropuertos, fronteras e instalaciones públicas de toda Europa.
Si el respaldo del Estado chino permite a Nuctech presentar ofertas con precios más bajos o condiciones más favorables en las licitaciones europeas, el asunto deja de ser una simple cuestión de competencia basada en el precio. Se convierte en un ejemplo de cómo la política industrial de China penetra en Europa a través de la contratación pública y reconfigura desde dentro mercados especialmente sensibles.
De hecho, Nuctech ya ha conseguido una cuota significativa del mercado europeo de inspección de seguridad. En el ámbito de la inspección de carga marítima y contenedores, se estima que en 2020 su participación oscilaba entre el 70 % y el 90 %, dependiendo de si se toman como referencia los datos de la propia empresa o las estimaciones del Departamento de Estado de Estados Unidos publicadas por The New York Times. Esto significa que una empresa respaldada por el Estado chino, perteneciente a uno de los principales rivales estratégicos de la Unión Europea y de Estados Unidos, inspecciona la mayor parte de las mercancías que entran y circulan por territorio europeo. La presencia de Nuctech en los aeropuertos también es motivo de controversia: mientras la empresa afirma controlar alrededor del 10 % del mercado, estimaciones difundidas por Estados Unidos elevan su participación hasta el 50 % en los sistemas de inspección de equipajes y carga aeroportuaria. En conjunto, desde 2014 Nuctech ha obtenido más de 160 contratos públicos en Europa por un valor superior a 120 millones de euros (aproximadamente 140 millones de dólares estadounidenses).
Las preocupaciones sobre Nuctech y, en particular, sobre su creciente presencia en mercados críticos europeos se intensifican cuando se analiza a la empresa como parte integrante del sistema gestionado por el Partido Comunista Chino (PCCh). Originalmente creada por la Universidad de Tsinghua, frecuentemente descrita como el «MIT de China», Nuctech estuvo dirigida durante gran parte de la década de 2000 por el hijo del entonces líder del Partido, Hu Jintao. En 2019, una filial de la Corporación Nuclear Nacional de China (China National Nuclear Corporation), controlada por la Comisión de Supervisión y Administración de Activos Estatales (SASAC), adquirió una participación en Tsinghua Tongfang, la empresa matriz de Nuctech. El máximo responsable de la SASAC es, en última instancia, el Gobierno de la República Popular China.
Estados Unidos lleva años advirtiendo a Europa sobre Nuctech. Durante el primer mandato del presidente Donald Trump, el Consejo de Seguridad Nacional de la Casa Blanca y otras agencias estadounidenses presionaron a varios gobiernos europeos para que dejaran de utilizar equipos de Nuctech en la protección de sus fronteras y puertos. La principal preocupación era que los escáneres modernos pueden conectarse a bases de datos que contienen registros aduaneros, manifiestos de carga, información de pasajeros e, incluso, en determinados casos, datos biométricos. Desde la perspectiva de Washington, ello convierte a Nuctech no en un simple proveedor de hardware, sino en un posible punto de acceso a infraestructuras públicas altamente sensibles.
En diciembre de 2020, la Oficina de Industria y Seguridad (BIS) del Departamento de Comercio de Estados Unidos incluyó a Tongfang Nuctech Technology Ltd. en la Entity List (Lista de Entidades), una lista de control de exportaciones. Esto significa que, por regla general, las empresas estadounidenses deben obtener una licencia antes de exportar a Nuctech tecnología o bienes estadounidenses sujetos a control, y que dichas solicitudes de licencia se evalúan bajo una fuerte presunción de denegación. En el aviso publicado en el Federal Register se indicó que Nuctech fue incluida en la lista por actividades contrarias a los intereses de la seguridad nacional de Estados Unidos, particularmente en relación con los sistemas de inspección de carga. Según el Gobierno estadounidense, los equipos de Nuctech podrían obstaculizar los esfuerzos destinados a prevenir el tráfico ilícito de materiales nucleares y radiactivos.
Si los datos del mercado y las advertencias de Estados Unidos no fueron suficientes para que Europa reconsiderara su relación con Nuctech, la reacción de Pekín ante la investigación de la Unión Europea debería haberlo sido. China no respondió como lo haría ante un procedimiento administrativo ordinario. Podría haber argumentado que Nuctech cumplía con la normativa o que la Comisión Europea había interpretado erróneamente los hechos, aportando las pruebas solicitadas. En lugar de ello, Pekín cuestionó la legitimidad misma de la investigación, calificándola de «uso indebido de la jurisdicción extraterritorial» e instruyó a organizaciones e individuos a no cooperar con ella.
Esta respuesta resulta reveladora, porque la Unión Europea no está investigando a una empresa china por operar en China. Lo que examina es si una empresa china que opera en Europa se ha beneficiado del respaldo del Estado chino de una manera que distorsiona la competencia dentro del mercado europeo. Nuctech mantiene una presencia significativa en Europa: sus equipos se encuentran instalados en numerosos Estados miembros. La empresa posee filiales en países como Polonia y los Países Bajos, además de haber desarrollado vínculos con instituciones europeas de investigación. Por ejemplo, la página web de una facultad universitaria anunció una visita oficial a Nuctech. La institución de Varsovia explicó que el objetivo era profundizar la cooperación y explorar nuevos proyectos de investigación y desarrollo, recordando además que el año anterior había firmado una carta de intención con la empresa. Se trata precisamente del tipo de entrelazamiento institucional sobre el que desde hace tiempo se viene advirtiendo en el ámbito de la educación superior.
Para cualquier empresa que aspire a acceder al mercado abierto europeo, responder a las preguntas de las autoridades reguladoras debería formar parte del funcionamiento normal de los negocios. Sin embargo, la reacción de Pekín sugiere una realidad diferente: China parece considerar los intereses comerciales de Nuctech como una extensión directa de su propia soberanía estatal.
Esta es, precisamente, la enseñanza más profunda que deja el caso Nuctech. Los dirigentes europeos siguen abordando estas cuestiones como si pertenecieran a ámbitos completamente independientes. Los responsables de contratación pública ven simplemente un escáner más barato; las autoridades de competencia observan una posible distorsión del mercado; los reguladores de protección de datos detectan problemas de privacidad; los organismos de seguridad se preocupan por las infraestructuras críticas; las universidades perciben oportunidades de cooperación científica; y los ministerios de Asuntos Exteriores interpretan el asunto como una cuestión diplomática. Todas estas perspectivas contienen parte de la realidad, pero ninguna refleja el panorama completo. El riesgo es el del clásico relato de «los ciegos y el elefante»: cada institución toca una parte distinta del animal y cree comprenderlo en su totalidad.
China, por el contrario, integra mercados, legislación, tecnología, universidades, empresas y poder estatal como componentes de un mismo sistema. Precisamente por eso una investigación de mercado en Europa se transforma, según la narrativa china, en una disputa sobre la soberanía nacional. Europa debe dejar de tratar la contratación pública, la política de competencia, la protección de datos, la seguridad de la investigación y la política exterior como expedientes independientes. El caso Nuctech demuestra que, en realidad, todos forman parte de un mismo expediente.
La dimensión relativa a la protección de datos hace esta contradicción aún más evidente. Europa ha estado dispuesta a enfrentarse a las grandes empresas tecnológicas estadounidenses por cuestiones relacionadas con la publicidad digital, las redes sociales, el seguimiento en línea y los datos de los consumidores. Sin embargo, una empresa china que suministra sistemas de inspección para aeropuertos, puertos y fronteras plantea una pregunta mucho más concreta: ¿quién puede acceder a las imágenes, registros y datos técnicos generados por las máquinas que inspeccionan a las personas, sus equipajes, sus pertenencias y las mercancías que entran y salen de Europa?
No debe haber ninguna duda: las imágenes faciales, los escaneos corporales, los registros de control de temperatura, los historiales de viaje y las imágenes de inspección pueden convertirse en información extremadamente sensible cuando se combinan entre sí y se transfieren a terceros países. De acuerdo con la normativa europea sobre privacidad, tanto los datos biométricos utilizados para identificar a una persona como los datos relativos a la salud gozan de una protección especial. Si Europa se preocupa por las conclusiones que empresas como Meta o Google pueden extraer del comportamiento digital de sus ciudadanos, debería preocuparse al menos en la misma medida por los sistemas que procesan información obtenida en pasos fronterizos, controles de seguridad aeroportuarios e inspecciones aduaneras.
La situación se vuelve aún más preocupante si se tiene en cuenta que la Ley Nacional de Inteligencia de China obliga a las organizaciones y a los ciudadanos a apoyar, asistir y cooperar con las actividades de inteligencia del Estado conforme a la ley. Esto no demuestra que Nuctech haya hecho un uso indebido de datos en Europa. Sin embargo, sí significa que una empresa china que recopila información sobre los pasajeros representa un nivel de riesgo para el que Europa no parece estar suficientemente preparada.
Aquí resulta aplicable la clásica «prueba del pato»: si algo parece un pato, camina como un pato y grazna como un pato, probablemente sea un pato. Si una empresa surge de un ecosistema de innovación vinculado al Estado, opera en infraestructuras críticas, se le acusa de recibir apoyo estatal, es objeto de una revisión por motivos de seguridad nacional en Estados Unidos y, posteriormente, es defendida por Pekín como una cuestión de soberanía, Europa debe examinar al ave en su conjunto. Europa no necesita copiar automáticamente todas las decisiones de Estados Unidos. Lo que sí necesita es adoptar la costumbre estadounidense de conectar las distintas piezas del rompecabezas. Nuctech no es simplemente una historia de contratación pública, un caso de subvenciones o una preocupación sobre protección de datos; es la auténtica prueba de fuego de la política europea hacia China.
*La Dra. Lilla Nóra Kiss es investigadora sénior especializada en relaciones internacionales e integridad académica en la National Association of Scholars.
