Un Momento Crítico Para Rusia

Está claro que los ataques representan una amenaza fundamental para la economía y el poder militar de Rusia. Además, se producen en un momento en el que Rusia lleva a cabo ataques con drones contra Ucrania y, en teoría, dispone de la capacidad técnica para contrarrestar este tipo de aeronaves no tripuladas. Si no cuenta con suficientes sistemas de defensa capaces de proteger sus refinerías frente a ataques con drones, Rusia se enfrenta a una crisis y busca una solución. La cuestión fundamental es si realmente existe una solución viable a la que pueda recurrir.
julio 1, 2026
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Desde hace tiempo, el ejército ucraniano viene atacando la infraestructura energética de Rusia. Por ello, los ataques con drones contra refinerías de petróleo y depósitos de almacenamiento, incluido el llevado a cabo la semana pasada contra una instalación en Moscú, deben interpretarse no como un cambio en la estrategia de guerra de Ucrania, sino como una escalada de una campaña sostenida en el tiempo. No cabe duda de que el petróleo sigue siendo indispensable para la economía rusa y para su esfuerzo bélico. En consecuencia, el objetivo de estos ataques era demostrar que, en un momento de escasez de suministro a escala mundial, Kiev puede limitar los ingresos que Rusia obtiene de la venta de petróleo.

Mientras tanto, Rusia ha intensificado sus ataques con drones contra Ucrania, golpeando de forma sistemática objetivos estratégicos en todo el país. Sin embargo, mientras los ataques ucranianos generan nuevas posibilidades operativas, los ataques rusos mantienen en gran medida el mismo patrón, por lo que sigue siendo incierto si Moscú puede escalar el conflicto más allá del nivel actual. Además, las operaciones ucranianas parecen tener un impacto estratégico mayor.

Los dirigentes rusos anunciaron públicamente que habían celebrado reuniones para evaluar la respuesta que debía darse. La atención pública que rodeó esos encuentros refleja la gravedad de la situación. Rusia sabe que necesita encontrar una manera de modificar su estrategia. En los últimos días, funcionarios rusos también han declarado públicamente que el supuesto «entendimiento político» surgido de la cumbre entre Donald Trump y Vladímir Putin celebrada en Anchorage, Alaska, el pasado agosto, se ha debilitado o incluso ha colapsado. Sin embargo, desde aquella reunión no he observado cambios significativos ni en la estrategia rusa ni en la respuesta estadounidense, por lo que es posible que dicho entendimiento nunca produjera resultados relevantes.

Moscú también ha insinuado que podría solicitar a Bielorrusia una participación directa en la guerra. Resulta significativo que las conversaciones entre Putin y el presidente bielorruso, Aleksandr Lukashenko, concluyeran el domingo en Moscú. Lukashenko debe su permanencia en la presidencia al respaldo de Rusia, que intervino en su favor cuando aumentó la presión contra su campaña de reelección.

Hasta ahora, Lukashenko se ha negado a implicar directamente a Bielorrusia en la guerra de Ucrania. Las razones son evidentes. La capacidad militar bielorrusa es limitada, por lo que no está claro que un ataque desde el este contra Ucrania produjera resultados favorables. Además, Rusia necesita que Bielorrusia siga siendo un Estado dependiente. Si Minsk fuera empujada a la guerra, los grupos opositores a Lukashenko podrían reorganizarse mediante una nueva movilización. Tanto el ejército ruso como el bielorruso quedarían dispersos en un frente demasiado amplio como para contar con fuerzas suficientes que pudieran contener esa situación. Para Rusia, desviar tropas con el fin de estabilizar Bielorrusia supondría un riesgo considerable.

Es posible, e incluso probable, que Putin haya solicitado a Lukashenko autorización para desplegar tropas rusas en Bielorrusia con el fin de abrir un nuevo frente contra Ucrania. Al menos por ahora y en las circunstancias actuales, cuesta encontrar otra explicación para el viaje de Lukashenko a Moscú.

Sin embargo, incluso si ese fuera el caso y Bielorrusia aceptara, la eficacia de esa estrategia seguiría siendo incierta. Las fuerzas rusas desplegadas en territorio bielorruso serían vulnerables a los ataques con drones si se concentraran en grandes contingentes y podrían ser rechazadas con relativa facilidad por un ejército ucraniano mucho más experimentado. El hecho de que Putin no haya insistido en esta opción hasta ahora sugiere que tanto él como sus asesores son plenamente conscientes de estas limitaciones.

Aun así, resulta difícil encontrar otra razón que explique la convocatoria de Lukashenko a Moscú. Parto de la premisa de que las reuniones de los altos dirigentes rusos no estuvieron centradas en una nueva ofensiva masiva contra Ucrania ni en el futuro político de Putin, sino en determinar cuál debería ser el siguiente paso. Tampoco creo que esas conversaciones tuvieran como objetivo alcanzar la paz, ya que para ello no habría sido necesaria la presencia de Lukashenko en Moscú. Todo ello me lleva a pensar que los ataques contra las refinerías han colocado a Putin en una situación extremadamente delicada.

Está claro que estos ataques representan una amenaza fundamental para la economía y el poder militar de Rusia. Además, se producen en un momento en el que Rusia continúa utilizando drones contra Ucrania y, al menos en teoría, dispone de la capacidad técnica para hacer frente a este tipo de amenazas. Si no cuenta con suficientes sistemas de defensa capaces de proteger sus refinerías frente a ataques con drones, Rusia se enfrenta a una crisis y busca una solución. La cuestión fundamental es si realmente existe una solución viable a la que pueda recurrir.

Fuente:https://geopoliticalfutures.com/a-critical-moment-for-russia/