Una investigación exclusiva publicada la semana pasada por Middle East Eye reveló que tanto Estados Unidos como Israel están actuando de manera coordinada para poner fin a la custodia jordana sobre el tercer lugar más sagrado del islam.
No se trata de una maniobra diplomática. Es la culminación de una campaña sistemática destinada a borrar la presencia islámica en Jerusalén ocupada y un llamamiento directo a los musulmanes de todo el mundo para que despierten de un sueño de negligencia peligrosa y complicidad.
Cuando se anuncie oficialmente, se revestirá del lenguaje del pluralismo. Apelará a conceptos como la “convivencia multirreligiosa”, el “acceso igualitario” y el “patrimonio compartido”.
Pero la realidad que se oculta bajo esa apariencia es esta: se trata del acto final de la colonización israelí. La identidad islámica de Jerusalén será borrada, y su nombre y significado serán redefinidos para servir al orden colonial israelí.
Middle East Eye informó que tanto Washington como Tel Aviv están “trabajando activamente” para despojar a Jordania de su histórica tutela sobre la mezquita de Al-Aqsa. El plan consiste en eliminar la autoridad del Waqf islámico respaldado por Jordania y sustituirla por una estructura creada por el gobierno israelí.
Esta nueva estructura declarará a Al-Aqsa un “centro multirreligioso” y concederá a los judíos derechos de “acceso igualitario”. Permitirá a Israel nombrar imanes y funcionarios. Las autoridades israelíes tendrán la última palabra sobre el contenido de los sermones de los viernes.
Un plan de borrado étnico
La administración Trump desea despojar a Al-Aqsa de su identidad islámica. Posteriormente, el lugar será presentado de nuevo como una atracción turística destinada a las tres religiones abrahámicas.
No se trata simplemente de una propuesta. Es un plan de borrado étnico.
Esta campaña sistemática pretende despojar a Jerusalén de su identidad musulmana y volver invisibles las historias y presencias que han dado forma a este lugar sagrado.
El actual proceso para eliminar la custodia jordana no es algo nuevo; más bien constituye la formalización de una colonización israelí que lleva décadas desarrollándose.
La realidad es que el statu quo que reconoce a Al-Aqsa como un santuario islámico administrado por el Waqf ha sido erosionado gradualmente para reflejar una estrategia deliberada destinada a transferir autoridad e identidad desde los musulmanes hacia el orden colonial israelí.
No se trata de una cuestión de especulación. Las pruebas son concretas, están documentadas y aumentan año tras año.
Un informe de 2025 del grupo israelí de monitoreo Ir Amim registró un incremento sin precedentes de las incursiones judías en el recinto de Al-Aqsa. Las autoridades israelíes brindan protección policial a estas incursiones.
Las festividades religiosas y nacionales judías son utilizadas cada vez más para aumentar el número de israelíes que ingresan en Al-Aqsa. El investigador Aviv Tatarsky lo expresó claramente: “Bajo el pretexto del vínculo religioso judío, Israel está estableciendo cada vez más control sobre el lugar sagrado”.
Al-Aqsa solía recibir a cientos de miles de personas para las oraciones del viernes. Hoy, debido a las restricciones impuestas por Israel y al acoso contra los musulmanes, solo unos pocos miles y en ocasiones apenas unos cientos pueden acudir diariamente a rezar.
Israel ya ejerce un control total sobre quién puede entrar y salir de Al-Aqsa.
Las restricciones impuestas a los fieles palestinos no son arbitrarias. Constituyen la expresión calculada de una lógica colonial basada en el desgaste progresivo. Solo este año, más de 600 palestinos han sido expulsados o se les ha prohibido el acceso a Al-Aqsa. Treinta empleados del Waqf han visto revocados sus permisos de entrada, mientras que seis imanes han sido silenciados y se les ha impedido pronunciar sermones.
Como señaló el imán principal de Al-Aqsa, Ikrima Sabri, se trata de “medidas sin precedentes” diseñadas para imponer la dominación. En otro tiempo advertíamos que Al-Aqsa estaba en peligro; hoy debemos reconocer que enfrenta múltiples amenazas simultáneas, cada una agravando a las demás.
El Eje de la Identidad Islámica
El mes pasado, ministros y diputados israelíes llevaron a cabo incursiones masivas en Al-Aqsa.
Un parlamentario israelí pidió abiertamente la demolición de Al-Aqsa y la construcción de un templo judío en su lugar. Asimismo, se izaron banderas israelíes dentro del recinto de Al-Aqsa.
Al mismo tiempo, Israel avanzó en el proceso de confiscación de propiedades palestinas cerca de la calle Bab al-Silsila (Puerta de la Cadena), uno de los accesos más importantes a la Ciudad Vieja de Jerusalén. Esto forma parte del acelerado proceso de judaización de Jerusalén.
Ocho Estados árabes e islámicos condenaron el cierre de Al-Aqsa durante la guerra de Israel contra Irán. Durante ese período, Al-Aqsa permaneció sellada durante cuarenta días. Se trató de un acto de dominación colonial que sometió un lugar sagrado musulmán a las decisiones arbitrarias de la ocupación.
Lo digo de la forma más clara posible: la mayor amenaza que enfrenta hoy el mundo musulmán no es únicamente la agresión israelí respaldada y financiada por el poder estadounidense; también lo son la indiferencia, la división y la parálisis institucional de quienes consideran Al-Aqsa como parte de su propia herencia espiritual.
Para los musulmanes, Al-Aqsa no es un sitio patrimonial que pueda gestionarse mediante comunicados diplomáticos. Es la primera qibla, el lugar donde tuvo lugar el milagro del Isra y el Miraj del profeta Muhammad, la mezquita más sagrada después de La Meca y Medina, y el eje vivo de la identidad y la civilización islámicas. La falta de respeto hacia ella no constituye únicamente una provocación geopolítica. Es un ataque contra la memoria colectiva y la identidad de más de dos mil millones de personas.
Sin embargo, el mundo musulmán observa, publica declaraciones y luego vuelve al silencio. Los gobiernos que podrían ejercer una presión económica y diplomática real calculan sus intereses y miran hacia otro lado.
Y la umma, que podría llenar las calles, se limita a deslizar la pantalla y continuar.
El Silencio es Complicidad
Para quienes están fuera del mundo musulmán, la cuestión también es de enorme importancia. Lo que está ocurriendo es la institucionalización de una soberanía colonial sobre un lugar venerado por más de dos mil millones de personas.
Este acto establecerá un precedente. Demostrará que, cuando cuenta con suficiente propaganda y respaldo imperial, la violencia lenta del borrado no solo es tolerada, sino que finalmente es recompensada.
La Organización Árabe de Derechos Humanos ha documentado meticulosamente el carácter sistemático de estas violaciones. Sin embargo, la comunidad internacional ha optado en gran medida por guardar silencio. Ese silencio no es neutral. Es complicidad.
El momento decisivo ya ha llegado. El mundo musulmán y todos aquellos que se oponen al borrado colonial deben movilizar de inmediato todas las herramientas diplomáticas, jurídicas, económicas y morales a su alcance.
Si no actuamos ahora, con todo el peso de la conciencia y la fe, el lenguaje de la convivencia habrá sido utilizado para culminar un proceso de desposesión sionista construido paso a paso durante décadas.
Fuente:https://www.middleeasteye.net/opinion/israel-al-aqsa-moment-peril-here-will-muslim-world-act
