El exembajador de Estados Unidos en Túnez, Gordon Gray, establece paralelismos llamativos entre las protestas registradas en Irán en 2026 y la Primavera Árabe de 2011.
Resumen y Puntos Clave
Tras la caída del líder sirio Bashar al-Asad en diciembre de 2024, Gray sostiene que Teherán se enfrenta a una crisis existencial similar, desencadenada por el colapso económico y la pérdida de legitimidad. Aunque el régimen ha logrado sobrevivir a cinco levantamientos desde 2009, gracias en gran medida a la lealtad del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (IRGC), Gray advierte que las autocracias “frágiles” acaban inevitablemente por desmoronarse.
En un contexto de amenazas militares abiertas por parte de Estados Unidos y de una presión interna creciente, Gray afirma que el colapso de la República Islámica será inevitable si no se emprenden reformas de gran calado.
La historia demuestra que los líderes religiosos de Irán no pueden gobernar para siempre
“Las protestas en Irán reflejan de manera casi exacta los acontecimientos que presencié en Túnez, donde ejercí como embajador estadounidense al inicio de la Primavera Árabe. En mis treinta y cinco años de servicio público viví muchos momentos inolvidables, pero el 14 de enero de 2011 sobresale por encima de todos. Ese día, las manifestaciones a nivel nacional obligaron al líder autoritario que llevaba largo tiempo en el poder a exiliarse de forma permanente. Quince años después, el valor mostrado por el pueblo tunecino sigue inspirándome.”
De manera similar, en Irán destacan las protestas de ciudadanos valientes que salen a la calle para exigir sus derechos. Los problemas económicos corrupción, mala gestión, inflación y desempleo constituyen hoy el principal motor de las manifestaciones iraníes, exactamente igual que ocurrió en Túnez.
Gray recuerda aún las palabras de un opositor al régimen de Ben Ali que, apenas días después de su caída, fue nombrado ministro en el gobierno de unidad nacional tunecino:
“Pobreza y desempleo hay en todas partes. Lo que ocurrió fue consecuencia de la falta de diálogo y de la pérdida de legitimidad.”
Estas palabras, subraya Gray, siguen siendo una de las explicaciones más certeras de las revueltas que conformaron la Primavera Árabe.
La huida de Ben Ali puso de manifiesto la fragilidad compartida de las autocracias e inspiró a los pueblos árabes a rebelarse contra décadas de autoritarismo. El hombre fuerte de Egipto, Hosni Mubarak, fue forzado a un exilio interno el 11 de febrero de 2011; el excéntrico líder libio Muamar el Gadafi fue capturado y asesinado el 20 de octubre de 2011 mientras se ocultaba en una alcantarilla; y el presidente de Yemen, Ali Abdullah Saleh, dimitió el 27 de febrero de 2012.
Así, en el breve lapso de un año, cuatro líderes que muchos incluso ellos mismos creían presidentes vitalicios fueron apartados del poder. En conjunto, habían gobernado sus países durante 127 años con mano de hierro. Si se añade el caso del líder sirio Bashar al-Asad, derrocado el 8 de diciembre de 2024 cuando el grupo insurgente Hayat Tahrir al-Sham (HTS) tomó Damasco tras una guerra civil de casi catorce años que costó cientos de miles de vidas, el total asciende a 151 años de dominio autoritario.
La actual oleada de protestas en Irán es la quinta gran insurrección desde 2009. El gobierno iraní ha logrado mantenerse en pie hasta ahora, lo que plantea una pregunta inevitable:
¿Las condiciones que provocaron la caída de los déspotas en Túnez, Egipto, Libia, Yemen y finalmente Siria producirán un desenlace similar en Irán?
El deterioro de las condiciones económicas y una alienación social generalizada son dos rasgos fundamentales que el Irán actual comparte con los países de la Primavera Árabe. Un tercer paralelismo es que ningún aliado poderoso parece dispuesto a intervenir para salvar al régimen clerical iraní. La administración Obama dijo a Mubarak que había llegado el momento de retirarse, y cuando HTS lanzó su ofensiva decisiva, ni Moscú ni Teherán movieron un dedo para apoyar a Asad. Hoy la situación es aún más llamativa: mientras el aparato de seguridad iraní sigue reprimiendo a los manifestantes, debe tomarse en serio las amenazas militares abiertas de Estados Unidos (y las amenazas implícitas de Israel).
La lealtad de las fuerzas de seguridad es, para Gray, la diferencia más clara entre Irán y las revueltas de la Primavera Árabe. En Túnez, el ejército se negó a disparar contra los manifestantes; en Egipto, la cúpula militar obligó a Mubarak a dimitir. En Libia, el ejército estaba demasiado fragmentado y dependía de mercenarios extranjeros para salvar a Gadafi.
En Irán, en cambio, el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (IRGC) y la milicia Basij siguen firmemente comprometidos con la supervivencia del régimen. Mientras ese apoyo se mantenga como ocurrió en Siria en 2024 y en Irán en 1979, el sistema actual podrá sobrevivir.
Pero sobrevivir no es lo mismo que prosperar. Si el régimen iraní no aborda las causas profundas del descontento actual algo que hasta ahora no ha querido ni ha sido capaz de hacer, su colapso será inevitable. Como dijo Mark Twain:
“La historia no se repite, pero a menudo rima.”
* Gordon Gray es profesor de Asuntos del Golfo y de la Península Arábiga (cátedra Kuwait) en la Escuela Elliott de Asuntos Internacionales de la Universidad George Washington. A lo largo de su carrera diplomática ocupó cargos como subcomandante del National War College, embajador en Túnez y subsecretario adjunto de Estado para Asuntos del Cercano Oriente. Puede seguirse en Bluesky: @AmbGordonGray.bsky.social.
Fuente:https://nationalsecurityjournal.org/is-iran-headed-towards-a-persian-spring/
