La rivalidad entre Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos: hacia una nueva crisis en el Golfo
Aunque la probabilidad de un enfrentamiento directo entre Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos (EAU) sigue siendo baja, la creciente rivalidad entre ambos está reconfigurando Oriente Medio.
Con la presencia de una enorme flota naval estadounidense en el Golfo Pérsico y la retórica desafiante procedente de Teherán, los analistas estratégicos se han centrado en evaluar la posibilidad de un ataque estadounidense contra Irán y en trazar sus posibles consecuencias. Sin embargo, en el Golfo se está gestando otra crisis que, tarde o temprano, podría estallar. Aunque no posee las connotaciones apocalípticas de una confrontación entre Estados Unidos e Irán, podría desestabilizar la región rica en energía y tener importantes implicaciones para la política estadounidense.
Esta crisis emergente está relacionada con el deterioro de las relaciones entre los dos aliados más cercanos de Washington en el Golfo: Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos. Sus efectos no solo se sentirán en la región, sino también en zonas mucho más alejadas, afectando las preocupaciones de seguridad de EE. UU. en el Golfo, sus intereses estratégicos en Oriente Medio y los precios globales del petróleo.
Hasta hace poco, la mayoría de los observadores asumía que Arabia Saudita y los EAU actuaban en coordinación con Washington para contener a Irán y sus aliados regionales, así como para equilibrar la producción y los precios del petróleo. Durante la década de 2010, especialmente tras el ascenso del príncipe heredero Mohammed bin Salman (MBS) en Arabia Saudita y la consolidación del poder de Mohammed bin Zayed (MBZ) como gobernante de Abu Dabi y presidente de los EAU, ambos Estados parecían mostrar una notable convergencia en sus prioridades de política exterior. Su cooperación en Yemen, su oposición común a los Hermanos Musulmanes tras la Primavera Árabe y su alineamiento frente a la influencia regional de Irán sugerían la formación de un nuevo “eje del Golfo” con capacidad para remodelar la geopolítica de Oriente Medio.
No obstante, bajo esta imagen de armonía, ambos Estados emprendieron ambiciosos programas de diversificación económica e iniciativas de política exterior que con el tiempo los situaron en trayectorias divergentes. Aunque los vínculos diplomáticos siguen siendo sólidos y los canales de comunicación permanecen abiertos, las bases estructurales de la asociación saudí-emiratí se han debilitado. Cada vez más, los analistas describen esta relación no como una alianza, sino como una competencia gestionada, limitada por la interdependencia económica, las restricciones institucionales y el deseo compartido de preservar la estabilidad del Consejo de Cooperación del Golfo (CCG).
Tras 2015, ambos países atravesaron profundas transformaciones internas. Arabia Saudita lanzó la ambiciosa Visión 2030 para diversificar su economía, atraer inversión extranjera y convertir Riad en un centro global de negocios. Paralelamente, los EAU profundizaron su modelo como centro hiperconectado de comercio y servicios, con Dubái y Abu Dabi como ejes principales. Inicialmente, estas trayectorias parecían complementarias, pero hacia 2020 surgieron contradicciones. Ambos aspiraban a atraer sedes regionales de multinacionales, convertirse en centros globales de aviación y actuar como corredores logísticos entre Europa, Asia y África. En este contexto, el espacio económico se convirtió en el principal campo de competencia.
La tensión económica más visible surgió en 2021-2022, cuando Arabia Saudita anunció que los contratos gubernamentales solo se otorgarían a empresas extranjeras que trasladaran sus sedes regionales al país, lo que se interpretó como un desafío directo a Dubái. Asimismo, la creación de Riyadh Air y las masivas expansiones aeroportuarias saudíes fueron vistas como intentos de competir con Emirates, Etihad y FlyDubai. Mega-proyectos turísticos como NEOM, The Line, el Proyecto del Mar Rojo y Al-Ula buscan posicionar a Arabia Saudita como un destino turístico global, desafiando el dominio turístico emiratí.
Las divergencias también son claras en el ámbito de seguridad regional, especialmente en Yemen. Inicialmente, ambos países coordinaron estrechamente su intervención para restaurar el gobierno reconocido internacionalmente frente a los hutíes respaldados por Irán. Sin embargo, entre 2017 y 2019, sus objetivos comenzaron a divergir: Arabia Saudita priorizó la seguridad fronteriza y la unidad territorial de Yemen, mientras que los EAU buscaron controlar rutas marítimas estratégicas y apoyar actores locales como el Consejo de Transición del Sur (STC). Esto generó tensiones e incluso choques indirectos entre aliados locales.
La rivalidad también se manifiesta en otros escenarios como Sudán, el Cuerno de África e incluso en sus relaciones con Israel e Irán. Mientras Arabia Saudita prefiere apoyar gobiernos reconocidos internacionalmente, los EAU han tendido a respaldar actores locales que garanticen acceso estratégico, especialmente a puertos. Aunque ambos comparten preocupación por Irán, sus enfoques difieren: Arabia Saudita ha considerado históricamente a Irán como su principal amenaza, mientras que los EAU han mantenido relaciones económicas y diplomáticas pragmáticas con Teherán.
La dinámica personal entre MBS y MBZ también ha influido. Aunque MBZ fue visto inicialmente como mentor de MBS, desde 2019 el liderazgo saudí ha adoptado una postura más independiente y ambiciosa, aspirando a liderar la región, lo que ha intensificado la competencia.
A pesar de estas tensiones, ninguno de los dos Estados parece dispuesto a romper la relación, debido a su interdependencia económica, preocupaciones de seguridad comunes incluida la oposición a los movimientos islamistas y su dependencia de las garantías de seguridad estadounidenses, que actúan como un factor estabilizador.
A diferencia de la relación Arabia Saudita-Irán, la rivalidad entre Arabia Saudita y los EAU no está marcada por una polarización ideológica. El conflicto se basa principalmente en intereses materiales, lo que lo hace relativamente manejable. Sin embargo, el riesgo de una crisis especialmente en el contexto de Yemen no debe subestimarse. Si estalla, podría agravar aún más la ya frágil estabilidad del Golfo y de todo Oriente Medio.
Mohammed Ayoob es Profesor Distinguido Emérito de Relaciones Internacionales en la Universidad Estatal de Michigan y Investigador Principal en el Centro de Política Global. Entre sus obras destacan The Many Faces of Political Islam (2008), Will the Middle East Implode? (2014) y From Regional Security to Global IR: An Intellectual Journey (2024), además de ser editor de Assessing the War on Terror (2013).
