OTAN 3.0: La Cumbre De Ankara y El Papel De Türkiye Como País Central

La Cumbre de Ankara representa un punto de inflexión donde convergen la reorganización de la OTAN sobre una base industrial y la transformación de Türkiye de un "país de flanco" a un "país central". No se espera que la cumbre resuelva todas las tensiones existentes; su función principal será trazar una hoja de ruta para los próximos cinco o diez años. La evaluación de los avances en las inversiones de defensa de los aliados, la continuidad del apoyo a Ucrania, la profundización de la cooperación industrial transatlántica, el fortalecimiento de la solidaridad política y la eficacia de las iniciativas impulsadas en el flanco sur bajo el liderazgo de Türkiye constituirán las principales pruebas de la cumbre. Türkiye dispone de capacidades más que suficientes para contribuir de manera sustancial al proceso de la OTAN 3.0. La verdadera incógnita será si los aliados serán capaces de demostrar la visión estratégica que exige esta nueva etapa.
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La Cumbre de Jefes de Estado y de Gobierno de la OTAN se celebra en Ankara los días 7 y 8 de julio de 2026. Esta reunión trasciende el significado de una cumbre ordinaria de líderes en los 77 años de historia de la Alianza. De hecho, el secretario general de la OTAN, Mark Rutte, afirmó que la cumbre podría ser «incluso más importante que la de La Haya», mientras que el secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, señaló que podría convertirse en «la cumbre más importante de la historia», reflejando así el elevado nivel de expectativas. Que Türkiye ejerza la presidencia de la reunión por segunda vez, después de la Cumbre de Estambul de 2004, coincidiendo con el 74.º aniversario de su adhesión a la Alianza en 1952, posee un significado tanto simbólico como estructural.

OTAN 3.0: El retorno a la defensa colectiva y el eje de la industria de defensa

Las tensiones transatlánticas entre Estados Unidos y Europa, que se intensificaron tras la llegada de la administración Trump en enero de 2025, se han materializado en la reducción del número de tropas estadounidenses desplegadas en Europa, la transferencia del mando de los grandes cuarteles generales regionales de la OTAN Nápoles (Italia), Norfolk (Estados Unidos) y Brunssum (Países Bajos) a aliados europeos, así como en el debate sobre el cargo de SACEUR (Supreme Allied Commander Europe), la máxima autoridad militar de la Alianza, ocupada ininterrumpidamente por un general estadounidense desde la fundación de la OTAN.

En este contexto, el concepto de «OTAN 3.0», impulsado desde Washington, propone que la Alianza abandone funciones consideradas secundarias, como la gestión de crisis y la seguridad cooperativa misiones de estabilización, entrenamiento y asistencia fuera del territorio aliado, para volver a concentrarse en la defensa colectiva, basada en el principio de que un ataque contra un aliado constituye un ataque contra todos, así como en el fortalecimiento de la disuasión militar. En los círculos estratégicos estadounidenses, este proceso se define como un «retorno a los ajustes de fábrica» de la OTAN. Tal como ha subrayado Elbridge Colby, subsecretario de Defensa para Política, el final de la etapa unipolar posterior a la Guerra Fría, en la que Estados Unidos actuó como la única potencia dominante, obliga a los aliados europeos a asumir una cuota mucho mayor de responsabilidades.

La dimensión financiera de esta transformación quedó establecida en la Cumbre de La Haya de 2025, donde los aliados se comprometieron a elevar el gasto en defensa hasta el 5 % del PIB para 2035. Sin embargo, el consenso entre los análisis previos a la cumbre es claro: aumentar el gasto no basta por sí solo; la verdadera cuestión es si esos recursos podrán traducirse en capacidades militares reales y listas para el combate. La afirmación de Mark Rutte «El dinero es importante, pero debemos transformarlo rápidamente en capacidades preparadas para el combate» resume con precisión esta visión.

No obstante, la aproximación de los aliados a este objetivo dista de ser homogénea. Mientras Polonia y Lituania, que comparten frontera con Rusia, ya destinan más del 4 % de su PIB a defensa, Alemania y Francia, llamadas a desempeñar un papel de liderazgo en la seguridad europea, continúan situándose en torno al 2-2,09 %. Esta asimetría sugiere que el debate sobre el reparto equitativo de las cargas volverá a ocupar un lugar central en la agenda de Ankara.

En este contexto, el Foro de la Industria de Defensa de la OTAN, que se celebrará paralelamente a la cumbre, está concebido como el mayor encuentro industrial en la historia de la Alianza, con la previsión de que se firmen contratos de defensa por un valor de decenas de miles de millones de dólares. Las lecciones extraídas de la guerra entre Rusia y Ucrania especialmente el agotamiento de las reservas de armamento y los problemas de estandarización han situado la producción industrial de defensa en el centro de la agenda estratégica de la OTAN, transformando la cumbre no solo en un foro político-militar, sino también en una plataforma de negociación industrial.

La estandarización implica que los sistemas de armas y las municiones producidos por distintos países puedan operar de manera plenamente interoperable. La guerra ha puesto de manifiesto que la coexistencia de al menos quince sistemas de artillería y cincuenta tipos diferentes de municiones empleados por los aliados carecía del grado de compatibilidad previsto por los estándares técnicos comunes de la OTAN, conocidos como STANAG.

La continuidad del apoyo a Ucrania constituye otro de los principales ámbitos de evaluación. La asistencia continúa canalizándose mediante la iniciativa PURL, mecanismo que permite a Ucrania transmitir directamente a la OTAN sus necesidades prioritarias para que los países europeos y Canadá adquieran con rapidez armamento estadounidense. Al mismo tiempo, la participación de socios oficiales de la OTAN, aunque no miembros de la Alianza, como Japón, Australia y Nueva Zelanda, en estos paquetes de apoyo demuestra hasta qué punto la red global de asociaciones de la OTAN se encuentra estrechamente vinculada con la cooperación en materia de industria de defensa.

La contribución concreta de Türkiye: industria, personal y ecosistema de drones

Türkiye es uno de los pocos aliados que se sitúan en el centro de esta transformación. Mientras su gasto en defensa se mantiene en torno al 2,33 % del PIB, se espera que alcance el objetivo del 5 % en un plazo más corto que muchos otros miembros de la Alianza. Además, la proporción del presupuesto de defensa destinada a la adquisición de armamento y equipamiento nunca descendió del 25 % entre 2014 y 2025, manteniéndose de forma constante por encima del objetivo del 20 % fijado por la OTAN en 2014. Por su parte, las Fuerzas Armadas Turcas, con aproximadamente 495.000 efectivos en servicio activo, continúan siendo el segundo mayor ejército de la Alianza.

La transformación de la industria de defensa turca resulta aún más significativa. El vehículo aéreo no tripulado Bayraktar TB2, fabricado por Baykar, ha sido exportado a numerosos aliados, desde Albania y Rumanía hasta Croacia y Kosovo. Los vehículos blindados de Otokar están en servicio en Estonia y Rumanía; los sistemas de guerra electrónica de ASELSAN, diseñados para interferir los radares y las comunicaciones del adversario o proteger los propios sistemas frente a este tipo de amenazas, han sido adquiridos por Polonia; mientras que el avión de entrenamiento a reacción HÜRJET, desarrollado por TUSAŞ, forma parte de un acuerdo de coproducción con España.

Asimismo, los memorandos de entendimiento firmados por Baykar con las empresas italianas Leonardo y francesas Safran, por ROKETSAN con socios de Italia y España, y por HAVELSAN con Italia en el ámbito de los vehículos navales no tripulados, demuestran que la industria turca de defensa ha dejado de ser únicamente un exportador para convertirse en un socio estratégico de los principales grupos industriales europeos. La afirmación del secretario general de la OTAN, Mark Rutte, de que el ecosistema de la industria de defensa turca constituye un activo positivo para la seguridad de todos los aliados refleja claramente la percepción que existe dentro de la Alianza sobre esta evolución.

Esta realidad coincide con el creciente protagonismo de los sistemas no tripulados y autónomos en el campo de batalla. El hecho de que más del ochenta por ciento de las destrucciones registradas en la guerra entre Rusia y Ucrania, desde la identificación del objetivo hasta el ataque, hayan sido ejecutadas mediante este tipo de plataformas, unido a la incursión de drones de origen ruso en el espacio aéreo polaco el 10 de septiembre de 2025, ha puesto de manifiesto que la OTAN se enfrenta a una creciente presión de la denominada «zona gris», caracterizada por amenazas persistentes que no llegan a constituir una guerra abierta. Todo ello demuestra que la Alianza no necesita únicamente un mayor número de drones, sino una arquitectura de combate en red capaz de aprender, adaptarse y actualizarse con rapidez, integrando sensores, sistemas de armas y estructuras de mando en un único entorno operativo.

Gracias a la eficacia demostrada por el Bayraktar TB2 en Nagorno Karabaj, Libia, Siria y Ucrania, así como a las decisiones de adquisición adoptadas por Polonia y Rumanía, Turquía ya desempeña un papel relevante en este ámbito. A ello se suma el Bayraktar TB3, que durante el ejercicio Steadfast Dart 2026 despegó y aterrizó de manera autónoma desde el buque de asalto anfibio TCG Anadolu, reforzando la contribución de Türkiye a la seguridad del flanco oriental de la OTAN y del mar Negro. En un momento en que numerosos aliados europeos intentan reconstruir con urgencia la infraestructura industrial de defensa que redujeron tras la Guerra Fría, la experiencia acumulada por Türkiye la convierte en un referente y en un socio cada vez más valioso.

La doctrina del país central

La posición de Türkiye dentro de la OTAN se sitúa en el núcleo de las tres misiones fundamentales de la Alianza: la defensa colectiva, la gestión de crisis y la seguridad cooperativa. El país actúa simultáneamente como potencia del mar Negro, actor mediterráneo, socio clave en el Cáucaso, participante influyente en la diplomacia de Oriente Medio y potencia emergente de la industria de defensa.

La Convención de Montreux, que regula el tránsito por los estrechos del Bósforo y de los Dardanelos, constituye mucho más que un instrumento jurídico; representa uno de los pilares de la arquitectura regional de seguridad. Del mismo modo, la Iniciativa de Cereales del Mar Negro, impulsada gracias a la mediación de Türkiye y que permitió mantener las exportaciones ucranianas de cereales durante la guerra, demostró la capacidad de Ankara para mantener canales de diálogo tanto con Kiev como con Moscú. Esta habilidad para equilibrar posiciones no debe interpretarse como una vulnerabilidad, sino como un activo estratégico para la Alianza, especialmente en un momento en que Europa necesita reconstruir su influencia global no solo mediante su peso institucional, sino también a través de amplias conexiones geográficas, como ha puesto de manifiesto la incapacidad de Alemania para obtener un asiento no permanente en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas.

No obstante, esta doctrina también enfrenta limitaciones estructurales. El uso del derecho de veto por parte de Grecia y de la Administración grecochipriota en los mecanismos de la Unión Europea continúa impidiendo que la cooperación en materia de defensa entre Türkiye y la UE alcance todo su potencial. Aunque en la Cumbre de Ankara se reforzará previsiblemente el discurso sobre la solidaridad política, no se esperan cambios sustanciales en esta cuestión.

Por otra parte, la interpretación estadounidense de la OTAN 3.0 pretende reducir la importancia de misiones consideradas complementarias, como las políticas de asociación y los programas de formación. El cierre de la misión de entrenamiento de la OTAN en Irak y el traslado de su cuartel general a Italia constituyen un ejemplo de esta nueva orientación. Elementos tradicionalmente importantes para Türkiye, como la Iniciativa de Cooperación de Estambul, destinada a fortalecer las relaciones con los países del Golfo, podrían verse afectados por esta redefinición de prioridades. No es casual que Ankara haya concedido especial importancia a la participación, en la presente cumbre, tanto de los Estados del Golfo como de los socios oficiales de la OTAN en Asia. En consecuencia, aunque existe una clara convergencia entre Türkiye y la OTAN 3.0 en materia de reparto de cargas y fortalecimiento del poder militar, una eventual reducción de la arquitectura de asociaciones de la Alianza podría generar nuevos desafíos.

A ello se añade la progresiva disminución de la presencia militar estadounidense en Europa. Mientras que Alemania sigue acogiendo a más de 36.000 militares estadounidenses e Italia a más de 12.000, el contingente desplegado en Türkiye se limita aproximadamente a 1.660 efectivos. Esta realidad demuestra que el peso estratégico de Ankara dentro de la OTAN depende mucho más de su propia capacidad industrial y de su posición geoestratégica que de la presencia militar estadounidense en su territorio. La cancelación por parte de Washington del despliegue previsto de 4.000 soldados en Polonia confirma, además, que el distanciamiento transatlántico ya no es únicamente discursivo, sino que se está traduciendo en un proceso tangible de reconfiguración estratégica.

Conclusión

La Cumbre de Ankara representa un punto de inflexión donde convergen la reorganización de la OTAN sobre una base industrial y la transformación de Türkiye de un «país de flanco» a un «país central». No se espera que la cumbre resuelva todas las tensiones existentes; su función principal será definir una hoja de ruta para los próximos cinco o diez años.

La evaluación de los avances en las inversiones de defensa de los aliados, la continuidad del apoyo a Ucrania, la profundización de la cooperación industrial transatlántica, el fortalecimiento de la solidaridad política y la eficacia de las iniciativas impulsadas desde el flanco sur bajo el liderazgo de Türkiye constituirán las principales pruebas de la cumbre.

Türkiye dispone de capacidades más que suficientes para contribuir de forma decisiva al proceso de la OTAN 3.0. La verdadera cuestión será si los aliados demostrarán la visión estratégica necesaria para afrontar las exigencias de esta nueva etapa.

Doç. Dr. Mehmet Rakipoğlu

Dr. Mehmet Rakipoglu se graduó en 2016 del Departamento de Relaciones Internacionales de la Universidad de Sakarya. Su doctorado, titulado Estrategia de Protección en la Política Exterior: Relaciones de Arabia Saudita con Estados Unidos, China y Rusia después de la Guerra Fría, fue completado con éxito. Rakipoglu, que trabajó como Director de Estudios sobre Türkiye en el Mokha Center for Strategic Studies, es actualmente profesor en el Departamento de Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales de la Universidad Artuklu de Mardin.

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