Orígenes históricos y advertencias sobre una guerra europea de mayor escala
En un artículo publicado recientemente sobre la Operación Aerodynamic y la Operación Gladio (que yo mismo ya había analizado con anterioridad), Kit Klarenberg presenta documentos desclasificados de la CIA que detallan cómo la inteligencia estadounidense alimentó las tensiones entre la diáspora ucraniana en América del Norte, fomentando el nacionalismo étnico ucraniano y el sentimiento antirruso. Según estos documentos, la CIA logró este objetivo manipulando y colaborando con facciones nacionalistas ucranianas y antisoviéticas en el exilio, entre ellas la OUN-B (Orhanizatsiya Ukrayins’kykh Natsionalistiv-B, Organización de Nacionalistas Ucranianos – facción Bandera) y la UPA (Ukrayins’ka Povstan’ka Armiya, Ejército Insurgente Ucraniano), organizaciones cuyos integrantes incluían colaboradores nazis responsables de masacres contra polacos y judíos, así como de numerosas violaciones de los derechos humanos. De este modo, la CIA sembró las bases del conflicto actual en Ucrania mediante una campaña prolongada de guerra psicológica, subversión cultural e ideológica dirigida a la diáspora ucraniana en América del Norte. Como señalaba la propia CIA: «Se considera importante seguir alentando manifestaciones separatistas entre los ucranianos como medio de ejercer presión sobre el régimen soviético.»
Los documentos también indican que Canadá fue uno de los países que proporcionó apoyo logístico a las operaciones propagandísticas de la Operación Aerodynamic. Al albergar una de las mayores diásporas ucranianas fuera de la Unión Soviética y debido a su proximidad geográfica con Estados Unidos, Canadá se convirtió en un centro natural para las actividades editoriales y postales de los aliados de la CIA. Mykola Lebed, un importante agente de la CIA y descrito en los propios documentos como un «conocido sádico y colaborador nazi», mantenía vínculos con las oficinas de la agencia en Múnich y Toronto. Asimismo, la colección documental de varios volúmenes Crónica de la UPA, destinada a justificar la violencia de la OUN/UPA, fue publicada principalmente en Toronto y Kiev. Esta obra presenta a la UPA como un movimiento heroico de liberación nacional, mientras minimiza o justifica las atrocidades cometidas contra polacos y judíos, describiéndolas como acciones de carácter defensivo. Como ya se ha señalado anteriormente, Canadá también acogió a miles de colaboradores nazis emigrados durante el período de posguerra.
Las tensiones internas dentro de la diáspora ucraniana en Canadá ya existían tras la Segunda Guerra Mundial, pero estos documentos muestran que los servicios de inteligencia explotaron y profundizaron ese clima ideológico preexistente. Antes de la intervención de la CIA, gran parte de la comunidad ucraniana en Canadá, especialmente entre la clase trabajadora inmigrante, tenía una orientación claramente socialista y de izquierdas. Un ejemplo de ello fue la Asociación Ucraniana de Trabajadores y Campesinos (ULFTA, Ukrainian Labour-Farmer Temple Association), vinculada al Partido Comunista de Canadá y que para 1929 contaba con 187 secciones. Las tensiones entre los sectores comunistas y los nacionalistas de extrema derecha quedaron reflejadas en el recuerdo de Volodomyr Kossar, uno de los fundadores de la OUN/UNF (Frente Nacional Ucraniano) en Canadá, quien evocaba con indignación haber visto en 1927 retratos de Lenin y Trotski en un edificio de la ULFTA en Winnipeg.
Debido a los vínculos de estas comunidades ucranianas de izquierda con el Partido Comunista de Canadá, el gobierno federal canadiense tendía a contener la influencia de dichas corrientes dentro de la diáspora. El Partido Comunista se opuso a la declaración de guerra de Canadá contra Alemania en septiembre de 1939. En consecuencia, con el objetivo de reforzar el apoyo al esfuerzo bélico, el Gobierno Federal prohibió el 4 de junio de 1940 la ULFTA, confiscó sus bienes y se incautó de sus propiedades en virtud de la Ley de Medidas de Guerra. Posteriormente, obligó a las distintas organizaciones ucranianas a integrarse en una entidad paraguas denominada Comité Canadiense Ucraniano (Ukrainian Canadian Committee), que más tarde pasaría a llamarse Congreso Canadiense Ucraniano (Ukrainian Canadian Congress). El propósito de esta reorganización era alinear políticamente a la comunidad ucraniana con los objetivos del esfuerzo de guerra del gobierno canadiense.
Sin embargo, el Congreso Canadiense Ucraniano (UCC, Ukrainian Canadian Congress) hizo campaña para que los veteranos de la OUN/UPA obtuvieran el estatus de refugiados políticos con el fin de reducir la supuesta «amenaza comunista» dentro de las comunidades ucranianas y unificar a los grupos nacionalistas de derecha en Canadá. Esta situación llevó al Centro Simon Wiesenthal a acusar al gobierno canadiense de haber admitido en 1950 a más de 2.000 miembros de la división ucraniana de las Waffen-SS, mientras que el programa 60 Minutes informó de que, durante ese mismo período, alrededor de 1.000 miembros de las SS y colaboradores nazis emigraron a Canadá. Aunque el actual Congreso Canadiense Ucraniano es una organización oficialmente apartidista, continúa existiendo. Si bien su forma de comunicar ha cambiado con el tiempo, sigue alineando sus mensajes y narrativas con las del gobierno canadiense.
A la luz de nuestras intervenciones históricas en Ucrania, sería prudente que Canadá actuara con mayor cautela respecto a la actual guerra por delegación y al papel que desempeña en ella. Esta semana, Ucrania llevó a cabo uno de sus mayores ataques contra territorio ruso al atacar una refinería de petróleo en Moscú. Aunque los partidarios de Ucrania y los sectores más belicistas de Occidente lo consideren un motivo de celebración, es probable que esta acción solo produzca beneficios tácticos a corto plazo y no ofrezca un camino claro hacia la paz. En los últimos meses, la retórica de todas las partes se ha vuelto cada vez más agresiva, aumentando el riesgo de una confrontación directa y de mayor escala entre Rusia y Occidente.
La portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores de Rusia, María Zajárova, criticó recientemente el apoyo de Canadá a una nueva asociación con Ucrania para la producción de drones, acusando a Ottawa de formar parte de los «instigadores de la guerra» que se benefician de la prolongación del conflicto. Al mismo tiempo, las reiteradas propuestas para que Canadá se incorpore a la Unión Europea como miembro de pleno derecho coinciden con un período en el que aumenta la posibilidad de un enfrentamiento directo entre Rusia y los países de la OTAN.
Un artículo publicado por Politico citó a un alto funcionario de defensa ucraniano, bajo condición de anonimato, quien afirmó que Ucrania planeaba solicitar 20.000 millones de dólares en ayuda militar urgente a sus aliados de la OTAN para que «Rusia arda aún más». Posteriormente, los aliados prometieron apoyo durante las reuniones celebradas en Bruselas el 18 de junio. Por otra parte, según un reciente informe del diario neerlandés AD (Algemeen Dagblad), el ejército de los Países Bajos está probando un nuevo campo para prisioneros de guerra con vistas a la posible detención de soldados rusos capturados. Asimismo, el teniente general Holder Neumann, comandante de la Fuerza Aérea Alemana, declaró que, si Rusia «atacara a la alianza occidental», las fuerzas alemanas «estarían preparadas para combatir contra Rusia esta misma noche».
Posteriormente, tras un ataque contra un autobús que transportaba a escolares bielorrusos del que Rusia y Bielorrusia responsabilizan a Ucrania, mientras que Kiev niega cualquier implicación, Volodímir Zelenski lanzó un ultimátum al presidente bielorruso Alexandr Lukashenko, exigiéndole que retire los equipos de retransmisión y señalización de drones utilizados por Rusia a lo largo de la frontera común. Zelenski sostiene que dichos equipos sirven para dirigir ataques que causan la muerte de civiles ucranianos y advirtió a Lukashenko de que, si no cumple con esta exigencia, Ucrania llevará a cabo ataques contra territorio bielorruso. El presidente ucraniano dio un plazo de una semana para satisfacer esta demanda.
Aunque Zelenski presenta esta exigencia como una medida destinada a «proteger a los civiles», es probable que, en la práctica, termine involucrando a un mayor número de civiles en el conflicto. No está claro por qué decidió plantear públicamente una exigencia de este tipo, que podría provocar una represalia directa por parte de Bielorrusia y activar los compromisos de defensa mutua entre Minsk y Moscú. Bielorrusia es el aliado militar más cercano de Rusia. Si Ucrania atacara objetivos en territorio bielorruso, incluso alegando motivos de «defensa», ello desencadenaría casi con toda seguridad una respuesta directa de Rusia y ampliaría la guerra al involucrar a otro Estado.
La entrada de Bielorrusia en el conflicto también podría conducir a una implicación más directa de otros países europeos —e incluso, en última instancia, de Canadá, como socio estrechamente vinculado a Europa—. De hecho, podría sostenerse que esa implicación ya existe. El presidente del Consejo Europeo, António Costa, subrayó recientemente, durante unas breves conversaciones telefónicas con un alto funcionario ruso cercano a Vladímir Putin, que la Unión Europea no actúa como mediadora, sino que respalda de manera firme y decidida a Ucrania.
Esta guerra no puede prolongarse indefinidamente. Por el bien de todas las partes y de todos nosotros, sería prudente actuar con mayor cautela. Si no se negocia pronto un acuerdo de paz, acabaremos alcanzando un punto de no retorno en el que cada vez más países se verán arrastrados al conflicto. Espero sinceramente que aún no hayamos cruzado ese umbral.
- Eleanor M. Owens es escritora del boletín canadiense antiisraelí y antiglobalista.
Fuente:https://eleanormowens.substack.com/p/operation-aerodynamic-and-western
