Las Venas Reabiertas De América Latina: Esta Vez, El Algoritmo

América Latina es, al mismo tiempo, un mercado de consumo, una fuente de datos, un territorio de expansión para las infraestructuras digitales y un escenario geopolítico de la rivalidad entre Estados Unidos y China. Ambas potencias dominan la creación y la apropiación de valor en la economía digital, dentro de un terreno en el que la posición de América Latina resulta particularmente vulnerable.Galeano escribió sobre el saqueo del oro, la plata, el petróleo, el hierro, el cobre, la carne, las frutas y el café. Hoy debemos añadir a esa lista los datos, la atención, los pagos y la información.Las venas siguen abiertas. Pero los flujos han cambiado y ahora apuntan a las mentes.
septiembre 19, 2026
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Eduardo Galeano escribió en 1971: «La división internacional del trabajo consiste en que unos países se especializan en ganar y otros en perder. Nuestra comarca del mundo, que hoy conocemos como América Latina, se adelantó: se especializó en perder desde aquellos remotos tiempos en que los europeos del Renacimiento atravesaron el océano y clavaron los dientes en la garganta de las civilizaciones indígenas».

Han transcurrido cincuenta y cinco años y los botines del imperio han adoptado formas menos tangibles, quizá incluso más peligrosas, porque la lucha económica se libra ahora también en el terreno del control de las mentes: mediante la manipulación de interfaces neuronales, el condicionamiento del comportamiento de votantes y consumidores y el moldeamiento cognitivo. O, dicho de otro modo, la cuestión central es hoy la información: los datos de América Latina, su atención, sus pagos y su infraestructura digital. Es precisamente en este punto donde los intereses de las grandes empresas tecnológicas convergen con la política exterior de Donald Trump.

El 18 de agosto de 2026, cuando se disponía a abordar un avión con destino a Buenos Aires, Fernando Cerimedo fue detenido en el Aeropuerto Internacional de Viru Viru, en Santa Cruz de la Sierra, Bolivia, en relación con un atentado contra la abogada y analista política boliviana Nadia Beller. Beller sobrevivió pese a haber recibido tres disparos de personas que se hicieron pasar por repartidores. Cerimedo niega cualquier implicación, pero los tribunales ordenaron su detención preventiva durante 180 días. El 8 de septiembre fue trasladado a La Paz y a Chonchocoro, la única prisión de máxima seguridad de Bolivia, para ser interrogado en el marco de una investigación por presunto enriquecimiento ilícito.

Lo que me interesa aquí no es tanto la cuestión de la culpabilidad o la inocencia dentro de una investigación judicial todavía en curso, sino quién es este hombre, qué representa y qué clase de poder tiene en sus manos.

Consultor político y estratega digital argentino, Cerimedo ha adquirido notoriedad dentro de la derecha y la extrema derecha latinoamericanas tras trabajar con el entorno de Bolsonaro y con el presidente argentino Javier Milei, asesorar al presidente boliviano Rodrigo Paz y ser descrito, según se afirma, como «el hombre de MAGA en América Latina». Es también fundador del periódico digital La Derecha Diario, una plataforma extraordinariamente influyente de la derecha radical en Argentina y, de manera más amplia, en América Latina. Y no se trata únicamente de un altavoz propagandístico. Cerimedo se ha especializado en campañas de desprestigio, segmentación de audiencias, las zonas oscuras de las redes sociales y, en sus propios términos, redes de troles.

El 4 de noviembre de 2022, apenas unos días después de la derrota electoral de Jair Bolsonaro frente a Lula, Cerimedo organizó una transmisión en directo a través de La Derecha Diario y presentó un «informe» titulado Brasil fue robado, basado en material previamente elaborado por colaboradores y oficiales vinculados a Bolsonaro. El informe arrojaba dudas sobre los resultados electorales al afirmar, de manera contraria a los hechos, que había detectado comportamientos estadísticamente anómalos en determinados modelos de urnas electrónicas. Posteriormente, Cerimedo fue imputado por la Policía Federal en el marco de las investigaciones relacionadas con el intento de golpe de Estado de Bolsonaro y la difusión de información falsa sobre el sistema electoral, aunque la fiscalía decidió no presentar cargos contra él.

Este episodio no es más que la punta visible del iceberg de la internacionalización de las técnicas digitales de la nueva extrema derecha latinoamericana, cuyos operadores, plataformas, influencers, discursos, troles y modelos circulan principalmente entre Argentina, Brasil, Bolivia y Chile. Este mismo mes, en septiembre de 2026, la Cámara de Diputadas y Diputados de Chile aprobó la creación de una comisión investigadora destinada a examinar las actividades de Cerimedo, así como posibles operaciones con bots y prácticas de manipulación digital orientadas a influir en la política chilena.

Este sistema de distorsión de la política puede resumirse como un proceso en tres fases: la producción de narrativas falsas o engañosas, su amplificación artificial y coordinada y, finalmente, su transformación en realidad política. A este fenómeno lo denomino falsolatry: un culto en el que la mentira no solo es elevada como contenido, sino institucionalizada como toda una economía política de la falsedad, en la que las mentiras se producen, segmentan, amplifican y monetizan.

Este sistema está bien descrito por James Williams en Clics contra la humanidad (Gatopardo Ensayo, 2021). Williams, antiguo estratega de Google que posteriormente se dedicó en la Universidad de Oxford al estudio de la ética de las tecnologías persuasivas, muestra cómo, en una época de sobrecarga informativa, la atención se ha convertido en un recurso escaso. Y se trata también de una cuestión política, precisamente porque la pregunta decisiva es quién consigue capturar y controlar esa atención.

La desinformación es algo más que un problema epistemológico o democrático. Forma parte inseparable de una economía de la atención extraordinariamente concentrada, en la que capturar y comercializar la atención de miles de millones de personas se ha convertido en una gigantesca fuente de acumulación privada. La gran tecnológica Meta, dirigida por Mark Zuckerberg, constituye un ejemplo revelador. En 2025, Meta registró ingresos por 200.970 millones de dólares y un beneficio neto de 60.460 millones. De sus ingresos, 196.180 millones de dólares, es decir, exactamente el 97,6 % procedieron de la publicidad.

Las mentiras no necesitan monetizarse de forma directa. Si los contenidos falsos, la indignación, el conflicto y la polarización atraen más atención y generan mayores niveles de interacción, resultan económicamente beneficiosos para una plataforma, porque el tiempo de permanencia y la participación de los usuarios alimentan la economía publicitaria. Esto no significa que las plataformas produzcan o coordinen todas las falsedades; significa, más bien, que sus modelos económicos pueden obtener beneficios de su propagación a través de redes gigantescas diseñadas para capturar la atención.

Se trata, además, de una economía extraordinariamente concentrada. La Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo estima que la participación conjunta de las cinco mayores multinacionales digitales del sector en las ventas aumentó del 21 % en 2017 al 48 % en 2025. El Informe sobre la Desigualdad Mundial 2026 calcula, por su parte, que el 10 % más rico concentra el 53 % de los ingresos globales y posee el 75 % de la riqueza, mientras que el 50 % más pobre recibe apenas el 8 % de los ingresos y posee únicamente el 2 % de la riqueza.

Los datos, las infraestructuras, la propiedad intelectual, el capital y el poder de mercado se concentran cada vez más en manos de un reducido número de actores. Y esto significa que también se concentra progresivamente en esas mismas manos el poder de administrar, orientar y condicionar los flujos de información.

La política exterior y comercial de Trump hacia América Latina debe analizarse precisamente en este contexto, porque trasciende ampliamente los ámbitos de la ideología y la diplomacia. Su objetivo apunta al control del valor generado por la economía digital: sus datos, sus sistemas de pago, su publicidad, su inteligencia artificial, sus infraestructuras y sus mercados. En ese proceso, aspira también a manipular a poblaciones enteras mediante una suerte de captura generalizada de las mentes. Y se trata, además, de un negocio extraordinariamente lucrativo.

El sistema brasileño de pagos electrónicos instantáneos Pix, creado y administrado por el Banco Central de Brasil, constituye un ejemplo paradigmático. En 2026, tras una investigación comercial impulsada por la Administración Trump, se concluyó que determinadas políticas brasileñas relacionadas con los servicios de pago electrónico, entre ellas las vinculadas a Pix, podían constituir potenciales obstáculos para el comercio estadounidense y para la competitividad de las empresas de Estados Unidos. La controversia no giraba exclusivamente en torno a Pix, pero dejaba al descubierto una lógica más amplia: Washington pretendía garantizar que ninguna infraestructura digital nacional pudiera obstaculizar la cuota de mercado de las compañías estadounidenses.

América Latina es, simultáneamente, un mercado de consumo, una fuente de datos, un territorio de expansión para las infraestructuras digitales y un campo de disputa geopolítica en la rivalidad entre Estados Unidos y China. Ambas potencias dominan la creación y la apropiación de valor dentro de la economía digital, en un escenario en el que la posición de América Latina resulta particularmente vulnerable.

Galeano escribió sobre el saqueo del oro, la plata, el petróleo, el hierro, el cobre, la carne, las frutas y el café. Hoy debemos añadir a esa lista los datos, la atención, los pagos y la información.

Las venas siguen abiertas. Pero los flujos han cambiado y ahora apuntan a las mentes.

Quizá uno de los aspectos más inquietantes de nuestra época sea que la misma infraestructura privada que ha logrado apropiarse y concentrar un poder económico de semejante magnitud haya conseguido también apropiarse y concentrar la capacidad de gestionar la circulación de la información. La información que se distribuye es la suya. Y esta constatación resulta especialmente perturbadora si se tiene en cuenta que, ya en 2016, un estudio de la Universidad Bond concluyó que aproximadamente el 21 % de los directores ejecutivos presentaba rasgos psicopáticos clínicamente significativos, una proporción comparable, según aquel estudio, con la prevalencia de la psicopatía observada entre la población penitenciaria.

El poder económico, el poder tecnológico y el poder informacional convergen así, cada vez más, en manos de una élite cada vez más reducida: en palabras de Marx en el primer volumen de El capital, «personificaciones de categorías económicas, portadores de determinadas relaciones e intereses de clase». Y más del 50 % de los multimillonarios de Silicon Valley que encarnan estos nuevos intereses de clase cuentan con alguna forma de «seguro contra el apocalipsis», lo que, desde esta perspectiva, revelaría hasta qué punto son conscientes de los riesgos asociados al mundo que contribuyen a construir.

Cerimedo no es más que uno de los operadores de este sistema, y su caso, por sí solo, ya resulta suficientemente inquietante. Pero el problema que ha contribuido a sacar a la luz va mucho más allá de su persona.

*Jean Wyllys es un académico, periodista y político brasileño.

Fuente:https://www.counterpunch.org/2026/09/17/re-opened-veins-of-latin-america-this-time-the-algorithm/