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El presidente del Instituto Kiel para la Economía Mundial, Moritz Schularick, no oculta que las señales apuntan hacia una economía de guerra. En una entrevista concedida al diario Neue Osnabrücker Zeitung, observa con inquietud cómo los economistas parecen someterse a la mediocridad intelectual de la planificación central.
Schularick parece haber encontrado la solución definitiva a los problemas económicos de Alemania. En su conversación con NOZ, afirma que existe un vacío de liderazgo en la política de armamento alemana y lo sitúa en el centro de una política industrial activa que, según él, podría sacar al país de sus dificultades económicas. A su juicio, la producción de armas desempeñaría un papel “generador de empleo”.
Schularick declaró textualmente: “Si realmente queremos que Europa sea capaz de sostenerse por sí misma en materia de defensa en un futuro cercano y no dependa de una América ‘MAGA’, el ministro de Defensa Boris Pistorius debe recibir el mandato de trabajar con socios europeos para que, con el tiempo, Europa pueda sustituir a Estados Unidos y sus capacidades”.
Retórica Bélica Peligrosa
“Orden de marcha”, autosuficiencia militar el lenguaje utilizado es a la vez descriptivo y alarmante. Parece que la política y la investigación económica cercana al Estado convergen en una misma línea en materia de política militar y de una gestión industrial cada vez más centralizada. En los círculos económicos alemanes, el retorno a los principios de mercado parece hoy un cuento lejano; pocos creen ya en el poder regenerador de liberarse de imposiciones climáticas, regulaciones excesivas y cargas fiscales.
Según Schularick, debería nombrarse un alto coordinador de armamento para gestionar fondos de inversión frente a la amenaza rusa. Quizá él mismo contempla ese papel, mientras se prevén inversiones en defensa superiores a 500.000 millones de euros antes del final de la década para reducir la dependencia de seguridad respecto a Estados Unidos.
Déficit De Capacidad Productiva
Schularick critica el lento avance en el aumento de la producción de armamento. A pesar de que han pasado cuatro años desde el inicio de la guerra, sostiene que no se ha hecho nada significativo para ampliar la capacidad industrial.
“¿Cuántos misiles Taurus se completan cada mes? Ni siquiera un puñado”, lamenta, atribuyendo la situación a la ausencia de una política industrial clara.
Aquí emerge el nuevo espíritu de la academia económica alemana: todo gira en torno a la gobernanza global y a una política industrial activa, respaldadas por investigaciones alineadas con el Estado. Los planificadores centrales, incluido Schularick, suponen que la capacidad industrial ociosa puede reorientarse hacia el sector de defensa incluso transformando la producción automotriz civil en fabricación de tanques creando otra industria dependiente de subsidios y generando costes artificiales para la economía civil.
El “Redescubrimiento” De La Ética Del Trabajo En Modo Fuerra
Schularick se muestra entusiasta ante el futuro prometido por la economía de guerra y afirma redescubrir una ética laboral perdida en Alemania. Señala que la producción aún funciona en su mayoría con un solo turno, cinco días a la semana, insinuando que el futuro económico del país podría depender de ello.
Sin embargo, pocos parecen considerar qué producir para evitar el desabastecimiento en caso de conflicto. Schularick añade que no se trata solo de vehículos blindados, sino también de tecnologías del futuro como sistemas autónomos, satélites, inteligencia artificial y robótica, ámbitos en los que la industria alemana se ha rezagado.
El contraste entre la realidad económica y la narrativa política reforzada por investigaciones estatales y medios afines es cada vez más evidente. Incapaces de evaluar críticamente si Rusia posee realmente la capacidad militar para invadir el continente, estas instituciones podrían estar fomentando una grave mala gestión económica.
La Ilusión De La Planificación Central
Schularick, al igual que tecnócratas como Merz o von der Leyen, imagina la transformación de líneas de producción civiles en industria militar. Pero más allá del financiamiento, el problema de la transferencia de conocimiento es inmenso y requiere tiempo. Tras décadas de la llamada “transición verde”, que solo provocó fuga de capital, el aprendizaje político parece seguir en retroceso.
¿Era ese el objetivo? Irónicamente, asfixiar la industria con políticas climáticas y luego llenar la capacidad vacía con producción militar. Más allá del fracaso de los subsidios verdes, emerge ahora un nuevo eje extractivo: el sector de defensa europeo. Sin embargo, sigue siendo incierto si este experimento podrá sostenerse frente a realidades económicas como la caída de la productividad y el aumento de la deuda.
No hace falta un profundo conocimiento económico para ver que la militarización está condenada al fracaso; basta con observar la historia del siglo XX. Además de enormes errores en la gestión de recursos, existen obstáculos como la soberanía nacional, intereses geopolíticos divergentes dentro de la UE y una Unión dividida especialmente el bloque oriental, que se muestra reacio a un conflicto con Rusia.
Que economistas como Schularick sucumban al atractivo de una fuerte planificación central revela que tampoco están libres de ambición personal. Tal vez esperan beneficiarse de este proceso quizá incluso con un cargo de coordinación de armamento a nivel ministerial. Quién sabe qué posiciones ya circulan en Berlín y Bruselas.
Es una situación trágica, pero parece resonar un mismo lema: “Después de nosotros, el diluvio.”
Fuente:https://www.americanthinker.com/articles/2026/01/the_eu_s_new_war_economy.html
