La Negación Es La Verdadera Emergencia De Europa

Las consecuencias de la lamentable capitulación de Europa ante los argumentos más extremos de los sectores alarmistas respecto al calentamiento global han paralizado el crecimiento económico, han hecho al continente doblemente vulnerable frente a flujos migratorios imprevistos y han erosionado la moral del conjunto de Europa bajo el pesado yugo del estancamiento económico.
septiembre 1, 2026
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En toda Europa parece persistir una profunda resistencia a reconocer y afrontar la amarga realidad de que el continente se enfrenta a lo que la Estrategia de Seguridad Nacional oficial de Estados Unidos, publicada en diciembre de 2025, calificó como una «desaparición de la civilización», una expresión y un concepto estremecedores por la gravedad de sus implicaciones. Los dos ámbitos políticos que suelen ocupar un lugar central en cualquier intento serio de abordar esta cuestión son la inmigración y las consecuencias de la excesiva preocupación del continente por el cambio climático.

Ha resultado extraordinariamente difícil convencer a los dirigentes políticos europeos de que las numerosas personas pobres que llegan irregularmente a Europa desde Oriente Medio y África no pueden ser consideradas, según esta interpretación, inmigrantes en el sentido convencional del término. Al margen de la irregularidad de su situación jurídica, el autor las presenta más bien como masas desesperadas, desprovistas de conciencia nacional, sin propósito alguno de asimilarse a las sociedades a las que llegan y concentradas únicamente en alcanzar una vida más próspera, preservar su propia cultura e imponerla a sus nuevos anfitriones. Las compara, en este sentido, con aquellas poblaciones que, durante los siglos V y VI d. C., avanzaron hacia el oeste, rumbo a Europa occidental, huyendo de pueblos considerados aún más bárbaros y sin intención alguna de integrarse en el Imperio romano.

El número de inmigrantes que entran irregularmente en la Unión Europea parece estar finalmente sometiéndose a un mayor control; sin embargo, la tarea de fomentar entre ellos un sentimiento sólido de lealtad hacia sus nuevas nacionalidades se ha revelado extraordinariamente difícil. La Agencia Europea de la Guardia de Fronteras y Costas, Frontex, registró en 2025 alrededor de 178.000 cruces irregulares en las fronteras exteriores de la UE, lo que representó un descenso del 26 % respecto del año anterior y el total anual más bajo desde 2021. El autor sostiene que, al menos, los llamados pueblos bárbaros portaban consigo religiones que califica de primitivas y que, por ello, adoptaron rápidamente el cristianismo, circunstancia que habría facilitado considerablemente su acercamiento a las poblaciones autóctonas y su posterior transformación, con el paso del tiempo, en las grandes naciones europeas. Las actuales oleadas migratorias, en cambio, son descritas en el texto como predominantemente musulmanas, profundamente sectarias y mucho más inclinadas a permanecer segregadas y, con frecuencia, en una relación hostil con las sociedades receptoras que a asimilarse a ellas.

Las consecuencias de la lamentable capitulación de Europa ante los argumentos más extremos de los sectores alarmistas respecto al calentamiento global han paralizado, según esta perspectiva, el crecimiento económico, han hecho al continente doblemente vulnerable frente a flujos migratorios imprevistos y han erosionado la moral del conjunto de Europa bajo el pesado yugo del estancamiento económico.

Desde hace más de medio siglo, Europa ha ido quedándose económicamente rezagada con respecto a Estados Unidos. En 1980, los nueve países que entonces integraban la Comunidad Económica Europea representaban el 27 % del producto interior bruto (PIB) mundial, frente al 25 % correspondiente a Estados Unidos. En la actualidad, la participación conjunta de esos mismos nueve países, sumada la antigua Alemania Oriental, se sitúa en el 15,5 %, mientras que la de Estados Unidos alcanza el 26 %. El principal elemento nuevo es, naturalmente, China; sin embargo, también esta habría dejado de ganar terreno frente a Estados Unidos, que continúa avanzando con rapidez. A pesar de los cuarenta años en los que China protagonizó uno de los mayores procesos de crecimiento económico experimentados por una economía en desarrollo a lo largo de la historia, la economía estadounidense sigue siendo, según el texto, un 70 % mayor que las de la Unión Europea ampliada a 27 miembros y la República Popular China. Todo aquel hermoso optimismo que acompañó el lanzamiento del gran proyecto europeo —aunque teñido de una cierta arrogancia, incluso decadente, en la manera en que Europa contemplaba al resto del mundo— ha dado paso a una introspección cada vez más consciente de sus propias debilidades.

Al término de la Guerra Fría, la izquierda internacional, derrotada en aquel enfrentamiento histórico, habría realizado, según el autor, una inesperada maniobra de improvisación: se sumó al auge del ecologismo, principalmente en Europa, se hizo con su control y lo transformó, de una coalición bienintencionada aunque peculiar contra la degradación del medio ambiente, en un ariete contra el capitalismo en nombre de la salvación del planeta. Como consecuencia de lo que el texto describe como una quijotesca insensatez, la industria habría quedado asfixiada, la producción de gas y electricidad restringida y la apuesta por las energías renovables impuesta de manera coercitiva. Según el informe sobre competitividad elaborado en 2024 por el expresidente del Banco Central Europeo Mario Draghi, el resultado es que el gas natural cuesta en Europa entre tres y cinco veces más que en Estados Unidos, mientras que la electricidad es entre dos y tres veces más cara. La inversión internacional en Europa ha disminuido y, de las diez mayores empresas de alta tecnología del mundo, nueve son estadounidenses y una taiwanesa. En la UE, los ingresos fiscales del Estado equivalen aproximadamente al 40 % del PIB total, frente a alrededor del 25 % en Estados Unidos.

Aunque las olas de calor de 2003 provocaron más de 70.000 muertes en Europa, el uso del aire acondicionado seguía siendo desincentivado debido a su elevado consumo energético; según recuentos nacionales provisionales recopilados por AFP, las olas de calor de intensidad comparable registradas este verano también habrían causado la muerte de más de 30.000 europeos. Las tasas de natalidad se han desplomado y, según la caracterización del autor, la población musulmana continúa aumentando. En un momento que el texto presenta como el mayor desafío para la civilización europea desde la Segunda Guerra Mundial, los partidos y movimientos políticos que afirman defender esa civilización son despreciados por unas élites a las que el autor considera parcialmente paralizadas por lo que denomina el embriagador y letal sentimiento de una «culpa blanca» artificialmente construida.

Europa central y occidental no se encuentran ante un peligro de invasión, y resulta, en última instancia, difícil concebir que puedan derrumbarse completamente desde dentro. A lo largo de la historia europea se han producido, de cuando en cuando, extraordinarios procesos de renacimiento. Hoy se necesita otro, y no es en absoluto imposible que llegue a producirse. Creer en ello constituye un acto de fe, y solo podría hacerlo realidad la aparición de un liderazgo decidido de una clase que Europa no ha conocido desde los tiempos de Thatcher y Kohl.

No obstante, países como Polonia y Hungría, donde el recuerdo del régimen comunista permanece desagradablemente vivo en la memoria de quienes lo experimentaron, se muestran relativamente firmes y encabezan esta tendencia. Italia, por su parte, parece estar abriendo camino al haber superado la tradicional desconfianza hacia los partidos políticos de origen derechista y haberlos elevado a posiciones desde las que pueden ejercer un gobierno efectivo. En Alemania y Francia, entretanto, partidos de derecha que hasta hace poco eran considerados políticamente inadmisibles encabezan ahora algunas encuestas, y quienes ayer eran tratados como parias podrían ser llamados próximamente a asumir la tarea de rescatar a las naciones más influyentes del viejo continente.

Fuente:https://brusselssignal.eu/2026/08/denial-is-europes-real-emergency/