Jerusalén, a lo largo de la historia, ha estado bajo el dominio de distintas soberanías políticas y ha sido una de las ciudades donde comunidades pertenecientes a las religiones monoteístas han convivido, permitiendo observar con claridad la relación entre espacio, poder y teología. Por ello, las transformaciones que se producen en Jerusalén no deben entenderse únicamente como cambios arquitectónicos o demográficos, sino también como intervenciones políticas que reconfiguran la escritura de la historia, la memoria colectiva y las reivindicaciones de soberanía. En este marco, la destrucción del Barrio de los Magrebíes (Meghâribe), situado junto al Haram al-Sharif, constituye un ejemplo significativo para comprender las políticas de ocupación sistemáticas y simbólicas llevadas a cabo en Palestina, tanto en el pasado como en el presente.
El Barrio de los Magrebíes se encontraba dentro de los límites de la Ciudad Vieja de Jerusalén, en una ubicación contigua a la fachada occidental de la Mezquita de Al-Aqsa. Esta zona, adyacente al Muro Occidental, abarcaba una superficie aproximada de 45.000 metros cuadrados y constituía una parte relevante de la Ciudad Vieja. Cuando Saladino recuperó Jerusalén de manos de los cruzados en 1187, combatientes musulmanes procedentes de la región del Magreb que hoy comprende Marruecos, Argelia, Túnez, Libia y parcialmente Mauritania desempeñaron un papel importante tanto en las campañas terrestres como en las navales, así como en el ámbito logístico. Tras la conquista, Saladino asentó a estos musulmanes magrebíes en un barrio específico que les fue asignado dentro de las murallas de Jerusalén. Por esta razón, la zona pasó a ser conocida como el “Barrio de los Magrebíes” o “Harat al-Maghariba”.

Aunque se señala que los orígenes históricos del barrio se remontan al período fatimí, el estatuto jurídico e institucional del Barrio de los Magrebíes quedó definitivamente establecido en 1193 mediante las iniciativas adoptadas por al-Malik al-Afdal, hijo de Saladino. Al-Malik al-Afdal amplió las tierras en favor de los musulmanes magrebíes y las consagró como waqf, registrando oficialmente estas dotaciones en los archivos de los tribunales de la sharía de Jerusalén. De este modo, el barrio adquirió formalmente el estatus de waqf, quedando integrado en un marco jurídico inviolable e inalienable, lo que permitió a los habitantes del Barrio de los Magrebíes mantener una presencia permanente en la ciudad. En esta zona se encontraban las madrasas Efdaliyya y Fahriyya, representativas de la escuela malikí, así como la Mezquita de los Magrebíes. Además, el hecho de que el barrio estuviera situado junto al Muro de al-Burāq, considerado el lugar donde el profeta Muhammad (la paz sea con él) ató su montura durante el viaje del Mi‘rāŷ, otorgó al Barrio de los Magrebíes una posición singular en la memoria histórica y espacial de Jerusalén. En este sentido, el barrio se definía tanto por la protección jurídica derivada de su condición de waqf como por el significado simbólico de su proximidad a un lugar sagrado.
El estatus de waqf hacía jurídicamente inválida la venta, transferencia o transformación forzosa del Barrio de los Magrebíes. A lo largo de los siglos, sus habitantes se integraron plenamente en la vida económica y social de Jerusalén, contribuyendo de manera significativa a la continuidad urbana mediante la artesanía, el comercio, los servicios públicos y las actividades educativas. Las madrasas, mezquitas y diversas estructuras sociales convirtieron al Barrio de los Magrebíes en una parte inseparable del tejido urbano vivo de Jerusalén. Sin embargo, desde comienzos del siglo XX esta estructura empezó a enfrentarse a presiones crecientes, especialmente durante el período del Mandato Británico. La intensificación de las reivindicaciones de grupos judíos en torno al Muro Occidental convirtió al Barrio de los Magrebíes en un objetivo directo. Los disturbios del Muro Occidental de 1929 fueron una manifestación explícita de esta tensión espacial. Pese a ello, el barrio logró preservar su existencia hasta la proclamación del “Estado” sionista en 1948 y la división de facto de Jerusalén.
La ruptura decisiva se produjo tras la Guerra árabe-israelí de junio de 1967. Después de la ocupación de Jerusalén Oriental por parte de Israel, el Barrio de los Magrebíes fue atacado directamente, a pesar de su condición de waqf. Inmediatamente después de la ocupación, sin que se siguiera procedimiento jurídico alguno, la población fue desalojada por la fuerza y, en el transcurso de un solo día, las 138 edificaciones del barrio fueron completamente demolidas. Mezquitas, madrasas, viviendas y comercios fueron arrasados con excavadoras, y cientos de familias fueron desplazadas forzosamente. Esta intervención no puede explicarse por razones de seguridad ni por necesidades militares, sino que constituyó una práctica de ocupación deliberada y planificada con antelación.


