La Cumbre “Escudo de América” y La Estrategia Latinoamericana De Trump

La mini reunión latinoamericana que se celebrará en marzo podría proporcionar a la administración algunos logros simbólicos e incluso ciertas concesiones significativas. Sin embargo, sería más prudente que la administración no considere este encuentro como un sustituto de la construcción de un consenso en todo el hemisferio ni de la participación en la Cumbre de las Américas.
marzo 11, 2026
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Limitarse a las organizaciones multilaterales con las que la administración Trump prefiere comprometerse no será suficiente para mantener la influencia de Estados Unidos en el hemisferio occidental.

La administración Trump ha convertido al hemisferio occidental en uno de los ejes centrales de su política exterior. Desde el llamado del secretario de Estado Marco Rubio a una política exterior de “Américas Primero”, pasando por la proclamación de un complemento trumpista a la Doctrina Monroe, hasta el énfasis puesto en las Américas en la Estrategia de Seguridad Nacional de 2025 (NSS), la administración ha dejado claro que considera el continente americano como parte del área inmediata de influencia de Estados Unidos. Sin embargo, al mismo tiempo, el gobierno se ha alejado del compromiso multilateral con la región.

La administración se retiró de tres organizaciones regionales y amenazó con recortar la financiación a otras instituciones regionales clave. A pesar de ello, el presupuesto recientemente aprobado aumentó en 75 millones de dólares la financiación destinada al portafolio del sector privado del Banco Interamericano de Desarrollo. Las dudas sobre el enfoque de la administración hacia la región y la ausencia de un compromiso claro de que el presidente Donald Trump participaría en la cumbre llevaron también al aplazamiento de la X Cumbre de las Américas, prevista inicialmente para diciembre pasado.

En lugar de trabajar para reactivar esa cumbre, la administración Trump organizará el 7 de marzo de 2026 en Miami la llamada “Cumbre Escudo de América”, con la participación de líderes latinoamericanos seleccionados. Este paso sugiere que el enfoque de la administración se orienta a limitar la alianza a líderes ideológicamente afines para respaldar los intereses estadounidenses en la región. Aunque no es la primera administración que intenta una estrategia de este tipo, los desafíos que enfrenta la región y los intereses de Estados Unidos requieren un compromiso colectivo y de largo plazo. Sin embargo, este enfoque no está generando el respaldo necesario y corre el riesgo de no alcanzar sus objetivos estratégicos a largo plazo.

Construir Una Alianza Sudamericana De Derechas

En la Estrategia de Seguridad Nacional de 2025, la administración delineó para el hemisferio occidental la estrategia denominada “Alinear y Expandir”. Esta estrategia consiste en identificar países y líderes con posiciones afines en la región y establecer alianzas con ellos para promover colectivamente los intereses estadounidenses. Incluso antes de la victoria electoral de Trump en 2024, Marco Rubio defendía la necesidad de encontrar socios ideológicamente confiables.

Tal como se señala en la NSS y en los escritos previos de Rubio y de otros asesores de Trump sobre la región, uno de los objetivos centrales de este enfoque es limitar la presencia de China en las Américas mientras se aseguran oportunidades comerciales y de inversión para empresas estadounidenses, especialmente en países considerados aliados de Washington.

El componente de expansión de la estrategia implica aprovechar estas alianzas para presionar a otros países a integrarse en un bloque respaldado por Estados Unidos. Ya se han visto ejemplos de presión ejercida por la administración Trump para mantener en el poder a líderes aliados. Entre ellos se mencionan el rescate financiero otorgado al presidente argentino Javier Milei o los intentos de influir en el equilibrio electoral en Honduras en 2025 apoyando a su candidato preferido.

La Cumbre Escudo de América, que se celebrará en Miami, encaja plenamente en este paradigma. Entre los invitados figuran el presidente argentino Javier Milei, el presidente boliviano Rodrigo Paz, el presidente de Costa Rica Rodrigo Chaves, el presidente ecuatoriano Daniel Noboa, el presidente salvadoreño Nayib Bukele, el presidente hondureño Nasry Asfura, el presidente panameño José Raúl Mulino, el presidente paraguayo Santiago Peña, así como el presidente electo de Chile José Antonio Kast y la presidenta electa de Costa Rica Laura Fernández. Todos ellos representan, en mayor o menor medida, el reciente giro hacia la derecha en América Latina.

Desde la perspectiva de la administración, estos líderes constituyen aliados clave, y la reunión ofrece una oportunidad para demostrar por qué sus países deberían alinearse con Estados Unidos.

El Péndulo Político De América Latina y El Enfoque De Corto Plazo De Washington

Los acuerdos alcanzados entre este grupo de líderes probablemente generarán beneficios a corto plazo tanto para la administración Trump como para los países participantes. Sin embargo, este enfoque minilateral e ideológico respecto a los asuntos regionales resulta limitado y miope tanto para Estados Unidos como para sus socios regionales.

Basar las relaciones en afinidades personales o ideológicas entre líderes individuales, especialmente en sociedades democráticas donde los vientos políticos cambian inevitablemente, puede debilitar el desarrollo de relaciones bilaterales más duraderas. Un ejemplo claro de este riesgo se observa en la relación entre Estados Unidos y Argentina.

En la década de 1990, el entonces presidente argentino Carlos Menem intentó estrechar los vínculos con Estados Unidos. Durante su mandato, Argentina apoyó iniciativas comerciales estadounidenses, envió tropas para respaldar a Washington en la Primera Guerra del Golfo e incluso fue designada como aliado extra-OTAN de Estados Unidos. Menem llegó a afirmar que la relación bilateral era tan cercana que ambos países estaban en una especie de “relación carnal”.

Aunque algunos consideran que el acercamiento entre Estados Unidos y Argentina bajo Javier Milei refleja un retorno a ese modelo, lo cierto es que, pese a los periodos de cercanía en las décadas de 1990, 2000 y principios de 2010, la relación entre Washington y Buenos Aires también ha estado marcada por tensiones y episodios de hostilidad.

Hoy existen riesgos similares. El intento de la administración Trump de construir relaciones con líderes muchos de ellos recién elegidos con los que comparte afinidades ideológicas podría resultar una estrategia arriesgada y de corto alcance. Algunas medidas duras adoptadas por la administración en la región como la operación destinada a capturar a Nicolás Maduro han recibido cierto respaldo público, pero numerosos analistas advierten que este enfoque podría provocar una reacción adversa en el futuro.

Este tipo de políticas podría reactivar dinámicas similares a las de la Guerra Fría, cuando las intervenciones estadounidenses contribuyeron a estimular tendencias antiimperialistas entre los líderes de la llamada “Marea Rosa” en América Latina. Aunque Estados Unidos logró cooperar con algunos gobiernos, tanto las administraciones de George W. Bush como de Barack Obama enfrentaron dificultades para consolidar relaciones regionales debido al legado histórico del imperialismo estadounidense.

El enfoque de Trump ya ha generado reacciones nacionalistas en algunos países, debilitando sus propias iniciativas. Esto se ha hecho especialmente evidente en Brasil y Canadá. El año pasado, las elecciones en Canadá parecían favorecer a un candidato más cercano a Trump, pero las declaraciones del expresidente sobre convertir a Canadá en el “estado número 51” de Estados Unidos y su postura dura en las negociaciones comerciales contribuyeron a la victoria de Mark Carney, uno de los críticos más firmes de Trump.

De manera similar, el apoyo de Trump a su aliado Jair Bolsonaro, acusado de socavar la democracia brasileña, fortaleció la popularidad de su rival Luiz Inácio “Lula” da Silva, permitiendo que Brasil resistiera políticamente a pesar de los aranceles impuestos por la administración Trump.

El Panorama Saturado De Organizaciones Multilaterales En El Hemisferio Occidental

Al mismo tiempo, los intentos de desarrollar mecanismos minilaterales para abordar los asuntos regionales enfrentan importantes desafíos. La reunión prevista en Miami podría dar lugar a la Alianza Escudo de América, una organización que entraría en un campo ya saturado de instituciones regionales. En la actualidad existen más de 40 organizaciones e instituciones en el continente americano, incluidos bloques comerciales, órganos políticos formales y estructuras subregionales.

La proliferación de organizaciones regionales genera desafíos específicos que pueden debilitar la credibilidad y eficacia de las instituciones cuando intentan abordar problemas colectivos. Una de las consecuencias es la aparición de espacios en los que los países pueden elegir la organización que mejor se ajuste a sus intereses o preferencias políticas, en lugar de buscar consensos sobre cómo abordar determinados problemas o debatir la estructura fundamental de las instituciones regionales.

El problema se vuelve aún más complejo cuando las organizaciones regionales se configuran sobre la base de divisiones ideológicas. Por ejemplo, en 2008, en el momento en que la llamada Marea Rosa de orientación izquierdista alcanzaba su punto máximo en América Latina, los líderes sudamericanos crearon la Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR) con el objetivo de promover la integración continental. A medida que la Marea Rosa se debilitó y varios países eligieron líderes de derecha, muchos Estados se retiraron de la organización, y en 2019 fue reemplazada por el Foro para el Progreso de América del Sur (PROSUR), una alianza de gobiernos conservadores de la región.

La creación de nuevas instituciones temporales ideológicamente alineadas, pero carentes de mecanismos para seguir o sostener los avances en los esfuerzos de integración regional, puede debilitar la capacidad de cualquier organización regional para enfrentar los problemas de acción colectiva que caracterizan a la gobernanza global.

Recalibrar El Compromiso De Estados Unidos Con Las Américas

Un renovado compromiso de Estados Unidos con la región podría ser un desarrollo positivo para las relaciones hemisféricas y fortalecer la posición de Washington en el continente. Sin embargo, el enfoque adoptado por la administración Trump podría generar una reacción negativa en la región, debilitando los intereses estadounidenses y reduciendo la capacidad de acción colectiva necesaria para enfrentar los problemas regionales.

Si Trump desea dejar un legado duradero en el continente americano y fortalecer la posición de Estados Unidos en el hemisferio, la administración debería reconsiderar su enfoque. No debería poner en riesgo estos objetivos siendo percibida como una potencia imperial coercitiva ni debilitando las organizaciones regionales que permiten la cooperación con los países de la región, la gestión de problemas comunes y el desarrollo de estrategias a largo plazo orientadas a promover una región estable y próspera.

La mini reunión latinoamericana prevista para marzo podría ofrecer a la administración algunos logros simbólicos e incluso ciertas concesiones significativas. Sin embargo, sería más prudente que la administración no la considere como un sustituto de la construcción de un consenso hemisférico ni de la participación en la Cumbre de las Américas.

*Adam Ratzlaff es fundador y director ejecutivo de Pan-American Strategic Advisors, una consultora y centro de pensamiento boutique centrado en el hemisferio occidental, y también es miembro del World in 2050 Brain Trust de Diplomatic Courier. Ratzlaff ha realizado análisis políticos y económicos para diversas organizaciones, entre ellas el Banco Mundial, el Banco Interamericano de Desarrollo y Southern Pulse Correspondents. Sus áreas de investigación incluyen la política exterior de Estados Unidos hacia América Latina, la política exterior de China hacia América Latina, la cooperación panamericana, la defensa de la democracia en el continente americano, la política fiscal y el desarrollo económico y social en América Latina. Ha publicado numerosos artículos sobre estos temas en medios como Diplomatic Courier, The National Interest y Charged Affairs.

Fuente: https://nationalinterest.org/feature/the-shield-of-the-americas-summit-and-donald-trumps-latin-america-strategy