Impresiones De Siria – 1

El 6 de septiembre de 2007, Israel lanzó un ataque aéreo contra una instalación que afirmaba era un complejo nuclear, destruyéndola por completo. Aunque el régimen sirio negó las acusaciones sobre un programa nuclear, para Israel la principal preocupación era la posible vinculación de esas instalaciones con Irán. Este episodio, ocurrido antes del estallido de la guerra civil siria en 2011, quizá resulte clave para comprender el panorama que se configuraría en los años posteriores. Siria ha sido, tanto en la historia reciente como en un pasado más lejano, un punto de interés permanente para los actores regionales y globales. Considerado uno de los grandes centros culturales de una civilización con decenas de miles de años de historia, este país fue, hasta tiempos recientes, no solo un escenario de rivalidades entre Estados, sino también una importante ruta de migración y comercio para pueblos procedentes de muy diversos lugares.
julio 9, 2026
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**«Derribaron a nuestros hijos antes de tenderles la trampa.

Nos dieron píldoras para impedir que la historia diera a luz.

Nos administraron vacunas para impedir que Damasco se convirtiera en Bagdad.

Para que la herida de Palestina nunca se transformara en un palmeral de dátiles».**

(Nizar Qabbani)

En 2007, los servicios de inteligencia israelíes informaron a sus homólogos estadounidenses de que, en la región de Al Kibar, en la provincia siria de Deir ez-Zor, cerca del río Éufrates, se estaba construyendo en pleno desierto una instalación similar a las plantas nucleares de Corea del Norte.[1]

Para la administración estadounidense, que acababa de salir de la guerra de Irak, actuar basándose en esa información resultaba extremadamente complicado. La invasión de Irak se había justificado por la supuesta existencia de «armas nucleares», pero, al no presentarse pruebas concluyentes ante la opinión pública, no solo quedó desacreditado el argumento de la ocupación, sino que también se deterioró seriamente la imagen internacional de Estados Unidos. Años más tarde, las consecuencias de aquella pérdida de credibilidad volverían a hacerse evidentes cuando los argumentos esgrimidos por Washington para justificar un posible ataque contra Irán apenas encontraron respaldo en la comunidad internacional.

A pesar de la información de inteligencia compartida en 2007, la expectativa israelí de que Estados Unidos lanzara un ataque aéreo contra Siria no se materializó. En consecuencia, la operación quedó en manos de la Fuerza Aérea israelí. El 6 de septiembre de 2007, Israel bombardeó la instalación que consideraba un reactor nuclear y la destruyó por completo. Aunque el régimen sirio negó reiteradamente cualquier programa nuclear, para Israel la verdadera preocupación residía en los posibles vínculos de esas instalaciones con Irán.

Este episodio, ocurrido antes del inicio de la guerra civil siria en 2011, resulta especialmente significativo para comprender los acontecimientos que se desarrollarían en los años posteriores. Siria ha ocupado históricamente una posición central en los cálculos de las potencias regionales y globales. Considerada uno de los principales centros culturales de una civilización con decenas de miles de años de historia, el país fue, hasta tiempos recientes, no solo un escenario de competencia entre Estados, sino también un importante corredor de migración y comercio para pueblos procedentes de muy diversos lugares. Comprender esta condición de espacio de tránsito y encuentro resulta esencial para interpretar tanto los acontecimientos posteriores a 2011 como la nueva realidad surgida tras 2024.

Durante el último siglo, Siria recibió varias grandes oleadas migratorias procedentes de Türkiye. La primera tuvo lugar durante las deportaciones de armenios de 1915, cuando un importante número de armenios originarios de Anatolia se estableció en Siria. La mayoría se asentó en ciudades como Alepo y Damasco, donde continuó desarrollando sus actividades comerciales. Su larga tradición mercantil y las habilidades adquiridas en Anatolia favorecieron que eligieran los principales centros urbanos como lugar de residencia. Incluso hoy es posible encontrar joyeros y artesanos armenios especializados en marquetería de nácar en el mercado de Hamidiyah, el corazón histórico de Damasco.

No obstante, una parte significativa de aquellos armenios no permaneció definitivamente en Siria. Muchos continuaron su emigración hacia el Líbano y, posteriormente, hacia Canadá, Estados Unidos y diversos países europeos. En este contexto, conviene señalar que el Líbano desempeñó un papel fundamental como puerta de entrada hacia Occidente para los emigrantes procedentes de Oriente Medio. La condición del país como colonia francesa hasta 1943 explica en buena medida esa función de puente migratorio.

La segunda gran ola migratoria desde Türkiye hacia Siria tuvo lugar en 1921 tras la firma del Acuerdo de Ankara entre el Gobierno turco y las fuerzas francesas que ocupaban el sur de Hatay a lo largo de la costa mediterránea. La delimitación definitiva de la frontera dejó divididas numerosas familias, la mayoría de ellas kurdas y árabes, además de un número menor de familias turcomanas. Como consecuencia, muchas optaron por trasladarse al lado sirio de la nueva frontera.

La tercera oleada migratoria comenzó en 1925. En febrero de ese año estalló la rebelión del jeque Said, cuya dura represión por parte de la joven República de Türkiye generó un clima de miedo e inestabilidad que impulsó la emigración de una parte considerable de la población hacia Siria. La mayoría de estos migrantes eran kurdos y se establecieron en las laderas del monte Qasioun, en Damasco, donde fundaron el barrio conocido como Hayy al-Akrad (el Barrio Kurdo).

Ese mismo año, la aprobación de la Ley del Sombrero dio origen a una nueva ola migratoria. En esta ocasión, fueron principalmente turcos procedentes de distintas regiones del país quienes, deseando mantener un modo de vida acorde con la religiosidad tradicional, emigraron a Siria. También se instalaron en las laderas del monte Qasioun, donde fundaron Hayy al-Atrak (el Barrio Turco), convirtiéndolo en su nuevo hogar.

Finalmente, en 1939, la incorporación de Hatay a Türkiye provocó otra importante corriente migratoria. Muchos árabes alauitas, especialmente los residentes en los alrededores de Samandağ, temieron convertirse en una minoría dentro del nuevo Estado turco y se trasladaron en gran número hacia las ciudades sirias de Latakia y Tartús, donde su comunidad era demográficamente más numerosa.

Existe otro importante proceso migratorio desde Türkiye hacia Siria que apenas ha sido abordado por la historiografía. Tras 1980, uno de los principales desafíos para el movimiento islamista, que comenzó a consolidarse como una fuerza política y social organizada en Türkiye, era la escasez de personas cualificadas con conocimientos de árabe.

Para los sectores islamistas que rechazaban la interpretación religiosa promovida por la Presidencia de Asuntos Religiosos (Diyanet), uno de los lemas fundamentales era «¡Volver al Corán!». En su ajuste de cuentas con la República, uno de los temas centrales del discurso islamista fue la reforma del alfabeto. Según esta interpretación, el cambio del alfabeto impulsado por la República había interrumpido la continuidad histórica de la tradición intelectual islámica y debilitado los vínculos de la sociedad con el islam. En consecuencia, aprender árabe pasó a considerarse una necesidad indispensable para reconstruir ese discurso religioso.

Durante mucho tiempo, el principal destino para estudiar árabe fue la Universidad de Al-Azhar, en Egipto. Sin embargo, tras el asesinato del presidente Anwar el-Sadat en 1981, la universidad, con el respaldo del Estado egipcio, comenzó a ejercer una fuerte presión sobre los estudiantes extranjeros.

Al mismo tiempo, en Damasco existía otra alternativa. En 1959, el reconocido erudito sirio Sheikh Muhammad Salih Farfur fundó la Universidad Fath al-Islam como institución independiente. En la década de 1990, esta pasó a funcionar como la sede siria de Al-Azhar. Tras la muerte de su fundador, la dirección quedó en manos de su hijo Husameddin Farfur y de sus hermanos, quienes impulsaron decididamente la apertura de la institución a estudiantes internacionales.

El llamado «proceso del 28 de febrero» en Türkiye, caracterizado por las restricciones impuestas a los sectores religiosos como la prohibición del acceso a las universidades para estudiantes con velo islámico, unido a la creciente convicción de que aprender árabe era una necesidad religiosa e intelectual, convirtió a Siria en un destino especialmente atractivo. Además de ser más económico que otros países, permitía viajar con facilidad desde Türkiye. Otro factor importante era que el dialecto sirio se consideraba uno de los más cercanos al árabe estándar (fusha).

Muchos graduados de las escuelas Imam Hatip afectados por el sistema de coeficientes universitarios, así como numerosas estudiantes con velo, también optaron por continuar su formación en países como Irán, Austria, diversos Estados europeos, Líbano o Egipto. Sin embargo, Europa resultaba demasiado costosa y quedaba prácticamente reservada para familias conservadoras con mayor poder adquisitivo o para quienes obtenían becas. Irán generaba incertidumbre por su situación internacional; Egipto ofrecía condiciones de vida difíciles y un clima político inestable que recordaba a la Türkiye de los años ochenta. En comparación, Siria aparecía como la opción más accesible y estable.

La muerte de Hafez al-Asad en 2000 y las buenas relaciones establecidas entre el Gobierno del Partido de la Justicia y el Desarrollo (AKP), llegado al poder en Türkiye en 2002, y Bashar al-Asad favorecieron el inicio de una importante migración educativa hacia Siria. A partir de 2003, estudiantes con velo y graduados de las escuelas Imam Hatip que no podían costear estudios en Europa comenzaron a trasladarse al país vecino.

Entre 2003 y 2011, decenas de miles de estudiantes turcos y sus familias llegaron a residir en Siria. Facultades de Teología de Türkiye, madrasas vinculadas a distintas órdenes religiosas y estudiantes pertenecientes a diversas comunidades islámicas acudían a Siria para realizar programas de formación de corta o larga duración, tanto de forma individual como a través de proyectos institucionales. Este flujo educativo continuó hasta el estallido de la guerra civil en 2011.

Además, esta migración académica no se limitaba a ciudadanos turcos. Siria se convirtió en un importante centro internacional para el aprendizaje del árabe, atrayendo a personas de muy diversas nacionalidades y tradiciones religiosas.

Pese a los numerosos inconvenientes la pesada burocracia, el comportamiento arbitrario de algunos agentes fronterizos, la percepción de que cualquier ciudadano sirio podía colaborar con los servicios de inteligencia (mukhabarat), o las frecuentes expulsiones de estudiantes por distintos motivos, el bajo coste de vida y el dinamismo social del país incrementaron su atractivo.

Todo ello coincidió con una etapa de distensión entre Siria y Türkiye, después de años de tensiones relacionadas con la cuestión del PKK, y con los intentos de ambos gobiernos por construir una nueva relación de vecindad.

En 2005, un grupo de intelectuales, periodistas y activistas turcos, reunidos bajo el nombre de Conferencia de Oriente (Doğu Konferansı), visitó Siria para mantener encuentros orientados a fortalecer la dimensión civil del acercamiento político entre ambos países.

Posteriormente, diferentes organizaciones religiosas, asociaciones civiles y representantes de las administraciones públicas impulsaron proyectos e intercambios tanto en Siria como en Türkiye con el propósito de consolidar la amistad bilateral.

Por ejemplo, en 2009, durante un programa celebrado en el marco del Festival de Primavera de la Universidad de Gaziantep, un grupo de intelectuales y activistas presentó el proceso de acercamiento con Siria e incluso habló de un calendario para una futura flexibilización de las fronteras.

Ese mismo año, una caravana terrestre internacional integrada por numerosos representantes extranjeros fue recibida en Siria y volvió a situar en el debate público la idea de la eliminación de las fronteras entre ambos países.

En 2010, cuando el barco Mavi Marmara fue atacado por las fuerzas israelíes durante su misión hacia Gaza, miles de personas se congregaron en el paso fronterizo de Öncüpınar, en la provincia turca de Kilis, con la intención de dirigirse por carretera a Palestina. Un grupo de aproximadamente cuarenta representantes fue invitado oficialmente por Bashar al-Asad y recibido en Siria, donde mantuvieron encuentros con dirigentes de diversas organizaciones de resistencia palestina que entonces tenían presencia en el país.

Sin duda, detrás de todas estas iniciativas impulsadas por la sociedad civil resultaba inevitable percibir la influencia de unas élites políticas que, en aquel momento, trataban de promover una visión capaz de trascender las fronteras nacionales tradicionales.

Conviene analizar la estrecha relación entre el proyecto de minado de la frontera siria la más extensa de Türkiye iniciado en 1954 y la adhesión del país a la OTAN en 1952. Asimismo, resulta necesario debatir las contradicciones del actual gobierno, que hace del discurso «nacional y autóctono» (yerli ve millî) uno de sus principales referentes ideológicos, al tiempo que afirma inspirarse en el legado del gobierno de Adnan Menderes.

El gobierno de Menderes desarrolló un particular y rígido complejo de legitimación dentro de la sociedad turca. Con el propósito de demostrar reiteradamente que Türkiye formaba parte del bloque occidental, impulsó programas políticos tanto a corto como a largo plazo. Detrás de esta orientación pueden apreciarse las huellas del nuevo orden político surgido tras la Segunda Guerra Mundial y el deseo de consolidar una alianza estratégica con Estados Unidos, principal arquitecto de ese nuevo sistema internacional.

En este contexto, la incorporación de Türkiye a la OTAN en 1952 fue aceptada sin vacilaciones como parte de la estrategia de alineamiento con Estados Unidos frente al avance del comunismo. Del mismo modo, el respaldo brindado a Francia en la Asamblea General de las Naciones Unidas durante la guerra de independencia de Argelia en 1955, seguido por la abstención turca en 1958, constituyó otra manifestación de esa misma política exterior. Las relaciones entre Türkiye y Argelia permanecieron deterioradas durante décadas y no comenzaron a normalizarse hasta las disculpas formuladas por Turgut Özal en 1990.

En este marco, el minado de la frontera con Siria en 1954, oficialmente justificado por la lucha contra el contrabando, representó en realidad un proyecto destinado también a transformar una frontera física en una frontera cultural. Hasta entonces, pese a la existencia de una delimitación estatal, las visitas familiares y las relaciones comerciales entre comunidades divididas por la frontera continuaban formando parte de la vida cotidiana.

La instalación de los campos minados supuso un duro golpe para una cultura construida a lo largo de casi un milenio, cuyos rasgos predominantes se habían desarrollado a partir de la forma de vida islámica y de los procesos de convivencia, intercambio y conflicto entre los distintos pueblos de la región. Incluso podría sostenerse que esta medida constituyó una ruptura cultural más profunda que la propia reforma del alfabeto, un tema sobre el que el discurso islamista y conservador ha insistido durante décadas.

Ello se explica porque la permeabilidad del espacio geográfico constituye uno de los principales factores que alimentan tanto la cultura como los vínculos sociales que se forman en torno a ella. Después del cambio de alfabeto, aunque las relaciones culturales y religiosas del sector conservador con otras sociedades se volvieron más difíciles, estas continuaron existiendo pese a las fronteras nacionales. Sin embargo, el minado de la frontera más extensa del país provocó el aislamiento de numerosas familias, favoreciendo su progresivo distanciamiento y, con el paso de varias generaciones, facilitando la construcción de la identidad nacional promovida por el Estado.

A pesar de todo ello, el hecho de que el minado de la frontera se llevara a cabo durante el gobierno de Menderes ha contribuido a que este episodio quede generalmente fuera del foco de las críticas por parte de los sectores conservadores e incluso, en muchos casos, haya sido ignorado por completo.

[1] https://www.cfr.org/articles/red-teaming-nuclear-intelligence-suspected-syrian-reactor

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