La búsqueda del presidente estadounidense Donald Trump de construir un nuevo imperio americano indica que la resiliencia de la OTAN podría enfrentarse en 2026 a la mayor prueba de su historia.
Tan solo en las últimas semanas, la administración Trump ha capturado a Nicolás Maduro y lo ha sacado de Venezuela, y ha amenazado con anexionar Groenlandia por la fuerza. Este aventurerismo internacional ha convertido en una realidad peligrosa la “Doctrina Donroe”, una versión neocolonial profundamente distorsionada de la Doctrina Monroe, concebida para defender la hegemonía estadounidense sobre el hemisferio occidental.
Las acciones unilaterales de Trump han incrementado la incertidumbre geopolítica y económica, obligando a los líderes europeos —en particular al primer ministro británico Keir Starmer a defender con firmeza a la OTAN y a aumentar la presión colectiva sobre Estados Unidos. De lo contrario, un Trump envalentonado podría apoderarse de Groenlandia y de otros territorios o recursos que ambiciona, independientemente de las consecuencias para la alianza y para la economía global.
El papel de Starmer es de importancia crítica. Entre los líderes de los países de la OTAN con mayor capacidad militar, es quien mantiene la relación más cercana con Trump, que siente una afinidad especial por el Reino Unido. Además, Starmer es políticamente el líder más fuerte, gracias a la amplia mayoría parlamentaria del Partido Laborista. En contraste, la posición y la influencia del presidente francés Emmanuel Macron se han debilitado por no contar con mayoría parlamentaria, mientras que el canciller alemán Friedrich Merz encabeza un gobierno de coalición en un país con capacidades militares limitadas y una economía estancada.
Además, el Reino Unido desempeñó un papel histórico en la fundación de la OTAN y mantiene profundos vínculos históricos con Venezuela (mercenarios británicos apoyaron la Guerra de Independencia venezolana en el siglo XIX). Por ello, Starmer tiene una responsabilidad particular en la defensa de la estabilidad económica y política en Venezuela y en la protección de Groenlandia territorio perteneciente al aliado de la OTAN, Dinamarca frente a las intrigas de la Casa Blanca.
Lo que está en juego es considerable. Trump y aliados como el subjefe de gabinete de la Casa Blanca, Stephen Miller, han amenazado repetidamente a Dinamarca y han dejado claro que la Doctrina Donroe se aplica a cualquier “influencia externa” en el continente americano, incluso a países miembros de la OTAN. Frente a este tipo de amenazas vacías, Starmer debe mostrarse mucho más firme tanto en sus encuentros públicos como privados con Trump. Por muy urgente que sea la situación, el perfil bajo y el estilo jurídico que suele adoptar probablemente no producirán resultados.
El mundo observa si el Reino Unido y otros miembros de la OTAN harán frente a las amenazas de la administración Trump contra Groenlandia. Starmer y los demás líderes de la alianza deben ser conscientes de ello y mostrarse más visibles en sus esfuerzos por atraer a su causa a los republicanos del Congreso estadounidense, muchos de los cuales han sido tradicionalmente firmes defensores de la OTAN. Resulta alentador que cinco senadores republicanos hayan votado junto a los demócratas a favor de un proyecto de ley sobre poderes de guerra destinado a limitar la capacidad de Trump para emprender acciones militares en Venezuela. Aunque es poco probable que dicha iniciativa prospere, Trump ahora sabe que una acción unilateral contra un aliado de la OTAN podría provocar fracturas dentro del Partido Republicano.
Si Estados Unidos no logra aportar estabilidad a su política exterior, el mundo podría entrar en una etapa de confrontación entre grandes potencias con consecuencias potencialmente catastróficas. El presidente ruso, Vladímir Putin, podría verse envalentonado para apoderarse de más del 20 % del territorio ucraniano y extender su esfera de influencia hacia los miembros bálticos de la OTAN Estonia, Letonia y Lituania poniendo en riesgo la seguridad europea durante años.
Este escenario no es en absoluto remoto. Durante el primer mandato de Trump, Putin ofreció Venezuela a Trump a cambio de libertad de acción en Ucrania. Del mismo modo, el presidente chino Xi Jinping podría atacar Taiwán y aumentar la presión sobre aliados estadounidenses como Japón y Filipinas.
Para evitar esta crisis geopolítica, Starmer y otros líderes europeos deben reforzar las normas de la OTAN y subrayar la importancia de la alianza mientras aún tienen margen para influir sobre Trump. Una forma de causar una fuerte impresión en Trump quien aprecia la monarquía y todo su boato podría ser que el rey Carlos III del Reino Unido se reuniera con el rey Federico X de Dinamarca y se abrazaran públicamente. Una cumbre de este tipo mostraría a Trump que intentar apropiarse de Groenlandia tendría consecuencias sociales; mantenerse bien posicionado ante el rey Carlos III podría ser un incentivo suficiente para un presidente estadounidense cuyas decisiones parecen estar fuertemente influidas por el ego y la apariencia.
Nada de esto será fácil. Starmer y sus aliados europeos deben prepararse para un camino arduo, conscientes de que defender a la OTAN frente a su miembro más poderoso exigirá una combinación de fuerza y astucia. Trump declaró recientemente que su poder no está limitado por leyes ni por tratados, sino únicamente por “su propia moral”. Esto debería bastar para impulsar a Europa, bajo el liderazgo del Reino Unido, a actuar antes de verse arrastrada a otra decisión precipitada.
William R. Rhodes es ex director ejecutivo de Citibank, presidente y CEO de William R. Rhodes Global Advisors y autor de Banker to the World: Leadership Lessons From the Front Lines of Global Finance (McGraw Hill, 2011).
Stuart P. M. Mackintosh es director ejecutivo del Group of Thirty.
