Después De La Ocupación De Gaza: Una Crisis Administrada, Una Justicia Aplazada

Los planes que hoy se plantean para Gaza, lejos de establecer una paz duradera, parecen encaminar a la región hacia un nuevo período de incertidumbre. En lugar de consolidar una solución política sostenible, estas propuestas relegan aún más los derechos políticos de los palestinos, someten a Gaza a un régimen de supervisión internacional mediante una administración tecnocrática y reducen la voluntad del pueblo palestino a un margen extremadamente limitado.
febrero 19, 2026
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Después de la ocupación y el genocidio en Gaza, los llamados planes de “segunda fase” evocan más una ingeniería de gobernanza que una verdadera paz. En los debates que no logran ir más allá del alto el fuego, los palestinos no son tratados como un sujeto político, sino como un problema humanitario que debe ser controlado. La agenda posterior a Gaza no discute las demandas palestinas, sino cómo administrarlas.

El Enviado Especial de Estados Unidos, Steve Witkoff, anunció el inicio de la “segunda fase” del proceso de alto el fuego. Aunque se habló de un plan de 20 puntos, los ejes principales giran en torno al desarme, una administración tecnocrática y la reconstrucción. Sin embargo, este paso no está determinado únicamente por la evolución sobre el terreno, sino también por los equilibrios políticos internos de Washington. La administración Trump busca reducir la presión generada por la ocupación de Gaza en la política interna estadounidense y encuadrar las crecientes críticas en el Congreso y la opinión pública dentro de un marco manejable. Por ello, el proceso avanza más como un cálculo para controlar la crisis y reducir los costos políticos que como una visión integral de paz.

Este enfoque transforma la cuestión palestina de un problema de derechos y justicia en un expediente de seguridad que debe ser “gestionado” técnicamente. No se centra en la raíz del conflicto, sino en los costos y riesgos que este genera. Así, la paz deja de medirse por la realización de la justicia y pasa a definirse por el control de la inestabilidad, vaciando el concepto mismo de paz.

Conflicto De Expectativas: La Tensión Estructural Más Allá Del Alto El Fuego

La segunda fase no representa únicamente un proceso técnico de negociación en materia de seguridad; simboliza un espacio donde chocan expectativas incompatibles. Para Estados Unidos e Israel, la prioridad es una estabilidad controlable en Gaza y la seguridad a largo plazo de Israel. Para los palestinos y varios países de la región, cualquier escenario que no vincule el alto el fuego con un horizonte político carece de capacidad para producir una solución duradera. Esta divergencia explica en gran medida la dificultad del proceso. La postura estadounidense, más que la de un mediador equilibrado, recuerda a la de un administrador que decide dentro de qué límites debe mantenerse el conflicto.

Las expectativas palestinas pueden agruparse en tres ejes fundamentales. El primero es la soberanía. Cualquier orden posbélico en Gaza que no reconozca un verdadero derecho de decisión política sobre su propio territorio convertirá el alto el fuego en un nuevo mecanismo de control. Modelos de tutela internacional o administraciones transitorias diseñadas por actores externos evocan supervisión, no soberanía.

El segundo eje es la representación. Si los actores palestinos no participan de manera legítima e inclusiva en la planificación del futuro de Gaza, el riesgo de fragmentación política aumentará. La cuestión no es solo qué tipo de orden se establecerá, sino en nombre de quién y con qué legitimidad.

El tercer elemento es la seguridad. Para los palestinos, la seguridad no significa únicamente el fin de los combates armados, sino la protección de la vida civil, el fin de la presión militar permanente y el cese del castigo colectivo. Un modelo de seguridad definido exclusivamente desde la perspectiva israelí no puede producir estabilidad duradera desde la óptica palestina.

Estas expectativas también se entrelazan con las posturas regionales. Egipto y Catar priorizan la continuidad del alto el fuego y el flujo de ayuda humanitaria; Jordania teme que la exclusión del componente político afecte su equilibrio interno; Turquía subraya que cualquier arreglo que convierta a los palestinos en meros objetos de gestión generará una incertidumbre permanente.

La cuestión del futuro político de Hamás constituye uno de los puntos más delicados. Mientras Estados Unidos e Israel priorizan la eliminación de su capacidad militar, excluir completamente a Hamás del ámbito político podría profundizar la crisis de representación palestina. La diferencia entre desarmar a un actor armado y anular la voluntad política de un sector de la sociedad palestina es uno de los equilibrios más sensibles de esta “segunda fase”.

Palestina y Gaza: Más Allá Del Alto El fuego, Una Incertidumbre Prolongada

Para los palestinos, el efecto más llamativo es la reducción de su causa a un marco estrecho de “seguridad” y “crisis humanitaria”. El alto el fuego es vital, pero sin atender las demandas políticas fundamentales, se convertirá en una simple congelación del conflicto. Los planes actuales apuntan a limitar aún más el derecho de autodeterminación.

La tutela internacional, los gobiernos tecnocráticos y los modelos de seguridad diseñados por actores externos transformarían Gaza en un “territorio administrado”, desplazando el principio de autodeterminación al margen del debate. Incluso el eventual retorno de la Autoridad Palestina a Gaza, sin una legitimidad renovada mediante elecciones y representación efectiva, correría el riesgo de ser simbólico más que soberano.

Es importante señalar la diferencia entre Washington y Tel Aviv. Para Estados Unidos, el objetivo parece ser evitar una guerra regional y mantener una inestabilidad controlable. Para Israel, en cambio, la prioridad es consolidar una concepción de seguridad absoluta, incluso a costa de costos diplomáticos a corto plazo. Estas prioridades divergentes explican por qué el alto el fuego tiene dificultades para transformarse en una solución política.

La exclusión directa de los palestinos de las negociaciones refuerza la percepción de que no se les considera sujetos políticos, sino un problema humanitario que debe administrarse. Este enfoque relega las cuestiones de derechos, representación y soberanía, reduciéndolas a disposiciones de ayuda y seguridad. Un orden que ignore a los palestinos como actores políticos difícilmente producirá estabilidad; más bien generará un equilibrio frágil que posterga nuevas tensiones.

No Un nuevo Orden, Sino Una Nueva Incertidumbre o Una Gestión Permanente De La Crisis

Estados Unidos, mientras limita su implicación militar directa, continúa posicionando a Israel como garante regional de seguridad. La lógica predominante no es la construcción de una arquitectura de paz, sino la gestión de crisis con costos limitados pero permanentes. El mundo árabe e islámico, fragmentado y pasivo, parece aceptar la relegación de la cuestión palestina en su agenda regional.

Las dinámicas de normalización con algunos países árabes han reducido la presión diplomática sobre Israel en el período posterior a Gaza. En lugar de conflictos abiertos, podría emerger una fase de tensiones de baja intensidad, luchas indirectas y crisis controlables.

Los planes propuestos no establecen una paz duradera, sino que empujan a la región hacia una nueva etapa de incertidumbre. Al relegar los derechos políticos palestinos, someter Gaza a supervisión internacional mediante administraciones tecnocráticas y limitar el espacio de decisión palestino, se configura un modelo de gobernanza sin soberanía.

Aunque el panorama actual parezca inevitable, no es la única opción posible. Recolocar la cuestión palestina en un marco político requeriría una voluntad diplomática regional que trascienda la ayuda humanitaria y los acuerdos de seguridad. De lo contrario, Gaza corre el riesgo de convertirse no en un espacio donde el conflicto termina, sino en uno donde la incertidumbre se institucionaliza.

En última instancia, el futuro de Oriente Medio continúa definiéndose más por las prioridades de seguridad de las potencias regionales y globales que por la voluntad de sus pueblos. La cuestión ya no es solo diplomática, sino profundamente moral. Mientras esta lógica persista, una paz duradera y una Palestina libre seguirán siendo promesas pospuestas en lugar de realidades alcanzables.

Adnan Boynukara

Adnan Boynukara trabajó como ingeniero y gerente en diversas instituciones entre 1987 y 2009. Fue asesor principal en el Ministerio de Justicia de Turquía entre 2009 y 2015. Fue diputado por la provincia de Adıyaman durante los periodos 25º y 26º en el Parlamento de Turquía. Sus áreas de interés incluyen la administración pública, la seguridad, la lucha contra el terrorismo, la resolución de conflictos y los procesos de paz.
Correo electrónico: [email protected]

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