Los acontecimientos en Oriente Medio obligan a replantear las posturas geopolíticas tradicionales.
Cada Estado debe comprenderlo ya. Si no dejamos de lado las hostilidades, las rivalidades y los prejuicios históricos, me temo que entraremos en un período en el que ningún país podrá encontrar estabilidad ni paz.
Dos hechos me han llevado a pensar de esta manera:
El reconocimiento por parte de Israel de la administración separatista en Somalia como un Estado, y el ataque de Arabia Saudí contra un buque y un puerto que transportaban equipo militar perteneciente a los Emiratos Árabes Unidos (EAU) en Yemen.
Ambos son acontecimientos graves y cuestiones que deben analizarse con suma atención.
ATENCIÓN AL MEDITERRÁNEO Y A ÁFRICA
En Oriente Medio, África y las aguas del Mediterráneo, el principal problema lo conforman Israel y los países que actúan junto a él.
En Sudán, Yemen y Somalia, las acciones de Israel ya sea de forma directa o a través de los EAU son movimientos de una criticidad tal que alteran la estabilidad y pueden desencadenar conflictos. Por esta razón, Arabia Saudí decidió poner un alto y forzó la salida de los EAU de Yemen mediante el uso de la fuerza militar.
El reconocimiento de Somalilandia no representa una amenaza únicamente para Mogadiscio, sino también para Riad, El Cairo, Saná, Nairobi y Ankara.
No subestimen los acuerdos de cooperación militar que Israel ha firmado con Grecia y el sur de Chipre para establecer su hegemonía en el Mediterráneo. En seis años han realizado más de 35 ejercicios y programas de entrenamiento conjuntos, y se han vendido misiles y vehículos aéreos no tripulados por miles de millones de dólares.
Un Mediterráneo articulado en torno a Israel no es un problema solo para Türkiye, sino también para Egipto, Libia, Túnez, Siria… en definitiva, para todos los Estados con costas en el Mediterráneo. Los acuerdos de delimitación marítima exclusiva que puedan firmarse entre Grecia, Israel y el sur de Chipre restringirían gravemente el margen de maniobra de estos países, hasta el punto de impedir incluso actividades básicas como la pesca.
¿POR QUÉ SON NECESARIAS NUEVAS ALIANZAS?
Hablemos con franqueza: debido a la rivalidad entre los países clave de la región, potencias extranjeras se vuelven influyentes en nuestra geografía y en nuestros territorios. Israel, que hasta ahora ha atacado a siete países, puede moverse con tanta libertad precisamente gracias a estas divisiones y disputas internas.
Dicho aún más claramente: Arabia Saudí, Egipto, Türkiye e Irán han sufrido enormes pérdidas de poder al centrarse durante años en confrontarse entre sí, dejando un vacío. Ese vacío lo está llenando Israel con el respaldo de Estados Unidos y el Reino Unido.
Es cierto que estos Estados no pueden resolver todos sus problemas, pero ¿acaso no pueden, al menos, posponer los asuntos en los que no están de acuerdo?
Si alcanzan consensos, será mucho más factible que cada país proteja sus propios intereses. ¿Habría sido peor o mejor contar con una alianza Türkiye–Egipto en Sudán, una alianza Arabia Saudí–Türkiye–Egipto en Somalia, o una Türkiye más activa en Yemen debido a sus lazos históricos?
Si Catar, con su alta capacidad diplomática y organizativa, se involucrara de manera más activa en estas regiones, ¿saldríamos perjudicados o beneficiados?
Sin duda, beneficiados.
UNA ALIANZA ENTRE ARABIA SAUDÍ, TÜRKİYE Y EGIPTO SE HA VUELTO IMPRESCINDIBLE
Aunque las relaciones entre estos tres Estados grandes e influyentes ya no son tan malas como antes, tampoco están al nivel deseado. Entonces, ¿a quién beneficia esta distancia? Como se ve en Somalilandia, Sudán y Yemen, cada uno de estos países está sufriendo pérdidas geopolíticas a causa de las acciones de Israel y los EAU. Si los intereses de los tres se ven dañados, ¿por qué no fortalecer sus relaciones y alianzas?
Existen desacuerdos, especialmente en torno al movimiento de los Hermanos Musulmanes y Hamás, es cierto. También hay un temor psicológico que percibe la influencia regional de Türkiye como una forma de “neo-otomanismo expansionista”. Este miedo fue avivado por Netanyahu en una rueda de prensa conjunta con Grecia y el sur de Chipre, con el objetivo de distanciar a Türkiye de los países de la región.
Cualquier persona sensata sabe que no existe posibilidad alguna ni geográfica ni geopolítica de que Türkiye regrese a los días de un imperio.
En Siria, la cooperación con Arabia Saudí y Egipto para apoyar a la administración de Ahmed Shara no produjo resultados negativos. En Somalia y Sudán, Egipto y Türkiye coinciden en su postura. En Libia, Türkiye ha modificado su posición y se ha alineado con Egipto.
Si todo esto es posible, ¿Por qué no hacerlo también en otros ámbitos? Las cuestiones de los Hermanos Musulmanes y Hamás no son irresolubles, siempre que exista voluntad política de entendimiento.
Una alianza de este tipo impactaría directamente en los países que ya mantienen estrechas relaciones con estos tres Estados y generaría una energía extraordinaria. De este modo, todos ganarían y sus pueblos tendrían mayores oportunidades de vivir con prosperidad.
Estoy convencido de que, si estos tres países establecieran una alianza, Irán abandonaría muchas de las políticas erróneas que ha seguido hasta ahora y buscaría cooperar de manera armoniosa con este bloque.
LOS PRÓXIMOS AÑOS SERÁN UN PERÍODO DE MAYOR CAOS
No debe olvidarse que Israel nunca busca la paz en la región; por ello, no establece alianzas reales con ningún país musulmán. Hoy puede no tener problemas con algunos, pero mañana inevitablemente los tendrá. La única solución es que los Estados musulmanes se unan en torno a puntos mínimos comunes y se adapten a la nueva realidad geopolítica.
Debemos hacerlo porque, lamentablemente, los próximos años no serán tiempos de mayor calma y estabilidad. Europa perderá aún más poder y saldrá del equilibrio global. En ese contexto, la alianza mediterránea será reconfigurada.
La rivalidad entre China y Estados Unidos corre el riesgo de convertirse en un remolino que arrastre a Rusia y a la India. La tormenta y el terremoto que ello podría generar serían extremadamente intensos.
Los cambios geopolíticos caóticos afectarán de manera grave a la economía y al comercio. En tal escenario, los países débiles, debido a su dependencia externa, sufrirán sacudidas inevitables. Por ello, los Estados fuertes de la región están obligados a reforzar su propia geografía frente a los “terremotos” que se avecinan.
