Dos Semanas Después De La Gira De Kushner: ¿Por qué Siguen Estancadas Las Negociaciones Sobre Gaza?

Esto exige que las negociaciones sean sustraídas del marco bilateral estadounidense-israelí y trasladadas a un marco multilateral en el que Egipto, Catar, Türkiye, los países árabes y europeos, así como las Naciones Unidas, no ocupen meras instancias de consulta o de transmisión de mensajes, sino que sean partes garantes. Pues el futuro de Gaza no puede gestionarse como un mero pormenor de la relación entre Washington y Tel Aviv.
septiembre 16, 2026
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Pese a que han transcurrido casi dos semanas desde la gira de Jared Kushner y su encuentro con Netanyahu, las negociaciones sobre Gaza no han logrado transitar de la fase de gestión de un alto el fuego frágil a la fase de aplicación política, de seguridad y de reconstrucción. Por el contrario, la gira puso de manifiesto que la crisis no obedece a la ausencia de un plan, de mediadores o de acuerdos preliminares, sino a un conflicto en torno al orden de las obligaciones y a la manera en que estas deben interpretarse.

En la práctica, Gaza ha quedado atrapada entre dos realidades contradictorias: Hamás declaró que aceptaba, en principio, la hoja de ruta que contempla el desmantelamiento gradual de las armas pesadas y su entrega a una autoridad palestina, dentro de un proceso de regulación escalonado. El gobierno de Netanyahu, en cambio, insiste en un desarme integral como condición previa a cualquier retirada israelí. En ausencia de una presión estadounidense vinculante, la gira de Kushner que se esperaba que fuera la ocasión para superar el estancamiento se convirtió, en cambio, en el momento que reveló los límites de la capacidad, o de la voluntad, de Washington para comprometer a Israel con el propio plan que patrocina.

Netanyahu convierte el orden de las obligaciones en justificación del estancamiento

La hoja de ruta que Hamás aceptó a finales de julio preveía un proceso basado en el desmantelamiento gradual de las armas pesadas, la supervisión de una fuerza internacional de estabilización, la retirada escalonada de Israel y la transferencia de la administración de Gaza a un comité tecnocrático palestino.

Sin embargo, Netanyahu rechaza este ordenamiento y exige el desarme completo de Hamás como condición previa a cualquier retirada. Esta exigencia otorga a Israel una posición de supremacía a la hora de determinar cuándo concluye el proceso, puesto que la definición misma de lo que constituye un desarme real, la destrucción de los túneles y el reconocimiento de que la amenaza ha cesado quedan sujetos al criterio israelí. Israel puede afirmar, en cada ocasión, que la amenaza no ha terminado, de modo que, sea cual sea el compromiso asumido por las facciones palestinas, el expediente de la retirada y de la reconstrucción permanecerá pospuesto y en suspenso.

Una justificación del rechazo coherente con el principio de no enojar a Washington

Netanyahu trata el plan estadounidense no como un marco vinculante, sino como una materia de negociación abierta a reinterpretación. No busca una ruptura política con Trump ni con Kushner; pero tampoco desea que el propio plan le imponga la retirada de Gaza o restrinja la libertad de movimiento del ejército israelí.

Por ello, Netanyahu sigue una ecuación de doble filo: aceptar el canal de comunicación con Washington, pero rechazar la aplicación del plan en su forma original. Durante su visita del 2 de septiembre a los puestos militares israelíes dentro de Gaza, Netanyahu declaró que sus fuerzas «no se retirarán», subrayando que Israel no abandonará el territorio mientras Hamás no esté completamente desarmado. No se trata de una simple maniobra verbal: constituye un intento de transformar el plan que vincula la retirada a la aplicación gradual del desarme en un proceso que prolonga la ocupación hasta que Israel decida, por sí solo, que se han cumplido sus condiciones de seguridad.

Las elecciones israelíes, un factor que agrava el estancamiento

El estancamiento se produce en un momento en que Israel atraviesa un clima electoral, lo que eleva el costo de cualquier concesión para Netanyahu. Avanzar hacia la retirada, aceptar una administración palestina transitoria o mostrar flexibilidad en la cuestión de las armas podría ser utilizado por sus rivales como una concesión otorgada a Hamás o como un fracaso en el cumplimiento de los objetivos de guerra.

Gaza se convierte así en parte del cálculo electoral interno: el mantenimiento del control, la elevación del listón de las exigencias de seguridad, la proyección de una imagen de rechazo a toda retirada y la continuidad de los asesinatos selectivos son instrumentos empleados para preservar la coalición de derecha y reforzar la imagen de Netanyahu como garante de la seguridad de Israel. El problema radica en que los cálculos electorales transforman las negociaciones, que deberían orientarse a mitigar la catástrofe humanitaria, en un instrumento de rédito político interno en el marco del conflicto. Mientras tanto, los palestinos de Gaza continúan viviendo bajo las condiciones de una guerra aplazada.

Ausencia de una presión estadounidense vinculante

Se esperaba que la gira de Kushner empujara a Israel a cumplir sus obligaciones. Sin embargo, los resultados muestran que, hasta el momento, Estados Unidos ha optado por preservar el entendimiento con Netanyahu, prefiriendo esta vía a la imposición de un calendario explícito para la retirada y la aplicación de la segunda fase. El Consejo de Paz no ha adoptado ninguna medida práctica frente a Israel. Esto significa que Washington gestiona el asunto de manera irresoluta, mientras Israel continúa dificultando la vida de los palestinos, haciendo de Gaza un territorio inhabitable y empleando cada momento transcurrido para consolidar nuevos hechos y realidades sobre el terreno.

Israel impide el ingreso a Gaza del comité tecnocrático palestino, uno de los elementos más importantes del plan, pues dicho comité representa un intento de evitar el vacío administrativo y de seguridad en el territorio. Sin embargo, el comité no ha llegado a disponer, hasta ahora, ni de una autoridad real sobre el terreno ni de la capacidad de gestionar los pasos fronterizos, la seguridad, los recursos o la reconstrucción. Este bloqueo es deliberado, pues sirve a la pretensión israelí de que no existe, del otro lado, un actor capaz de encargarse de la administración y la seguridad, al tiempo que abre espacio a proyectos alternativos israelíes desarrollados a través de milicias, colaboradores y el caos.

A pesar de toda esta flexibilidad palestina, Israel intenta presentar el estancamiento como consecuencia de la negativa de Hamás a deponer las armas. Sin embargo, la causa más profunda del estancamiento reside en que la decisión real sobre Gaza permanece confinada, en gran medida, al debate americano-israelí, mientras que los palestinos y los mediadores participan más en la gestión de los resultados que en el propio proceso de toma de decisiones. Esta distorsión conduce a que el plan se adapte de manera constante a las necesidades de seguridad y políticas de Israel.

Por ello, cualquier apertura exige que las negociaciones sean sustraídas del marco bilateral estadounidense-israelí y trasladadas a un marco multilateral en el que Egipto, Catar, Türkiye, los países árabes y europeos, así como las Naciones Unidas, no ocupen meras instancias de consulta o de transmisión de mensajes, sino que sean partes garantes. Pues el futuro de Gaza no puede gestionarse como un mero pormenor de la relación entre Washington y Tel Aviv.

Dr. Mahmud Alrantisi

Mahmud Alrantisi es profesor en el Departamento de Ciencias Políticas de la Universidad Medipol de Estambul. Es un investigador especializado en el problema palestino y los desarrollos en Turquía, y tiene numerosos libros y trabajos revisados por pares. Completó su licenciatura en la Universidad Islámica de Gaza y obtuvo su maestría en el Departamento de Relaciones Internacionales de la Universidad Al-Aqsa y su doctorado en la Universidad Gazi en el mismo campo. Alrantisi es editor adjunto de la revista Ru’ye Türkiye, publicada en árabe por SETA, y realiza estudios sobre las relaciones entre Turquía y los países del Golfo Árabe. Ha publicado un libro titulado La Política Exterior de Qatar hacia los Países de la Primavera Árabe y el Problema Palestino, que fue publicado por el Aljazeera Center for Studies.

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