Regalos Inesperados
En anteriores ocasiones he comentado los errores estratégicos cometidos por la administración Trump en su guerra contra Irán. Añadamos uno más: los beneficios que tanto China como Rusia han obtenido a expensas de Estados Unidos. Aunque la guerra ha generado costes para ambos países, en términos generales les ha reportado más ventajas que perjuicios.
La guerra de Estados Unidos contra Irán ha colocado a China en una posición incómoda. Con la inminente visita oficial de Donald Trump prevista para abril, Pekín evita caer en críticas excesivas. Sin embargo, al haber establecido una “asociación estratégica” con Irán, también percibe en la condena de la agresividad estadounidense una oportunidad para reforzar su diplomacia pública. Como reza un proverbio chino: “beneficiarse de la desgracia ajena” schadenfreude. En consecuencia, China condena la guerra estadounidense y apoya retóricamente a Irán, sin realizar acción alguna que pudiera perturbar la agenda de la visita de Trump.
China depende del petróleo iraní, que representa aproximadamente el 13 % de sus importaciones. Asimismo, considera a Irán como un factor que complica la diplomacia estadounidense en Oriente Medio. No obstante, la visita de Trump y la posibilidad de un acuerdo comercial histórico prevalecen sobre la defensa activa de Irán, hasta el punto de suspender incluso vuelos militares diarios cerca de Taiwán.
El ministro de Asuntos Exteriores y miembro del Buró Político del Partido Comunista, Wang Yi, expresó la posición oficial de China en una conversación telefónica con su homólogo omaní:
“A pesar de los avances en las conversaciones [entre EE. UU. e Irán], Estados Unidos e Israel han provocado deliberadamente una guerra contra Irán, lo que constituye una violación flagrante de los propósitos y principios de la Carta de la ONU. China considera que la tarea urgente en este momento es detener inmediatamente las acciones militares para evitar una mayor escalada del conflicto y prevenir un deterioro irreversible.”
En su encuentro con el ministro de Asuntos Exteriores iraní, Wang Yi afirmó que China “apoya a Irán en la defensa de su soberanía, seguridad, integridad territorial y dignidad nacional, así como en la protección de sus derechos e intereses legítimos”. Sin embargo, más allá de estas declaraciones, se limitó a expresar su expectativa de que Irán “mantenga la estabilidad nacional y social, atienda las legítimas preocupaciones de sus vecinos y garantice la seguridad de los ciudadanos e instituciones chinas en su territorio”.
Esta cautela a la hora de limitar el “apoyo” a Irán refleja el debate persistente dentro de los círculos estratégicos chinos sobre su política exterior. Aunque algunos expertos consideran que China ha actuado con excesiva timidez frente a la imprudencia estadounidense, la opinión predominante aboga por una postura de neutralidad y mediación en el conflicto entre Irán y Estados Unidos.
Cuanto más se prolongue la guerra, según la percepción de los líderes chinos, más se reforzará la reputación de China y se ampliará su influencia tanto en la región como en el llamado Sur Global. La diplomacia ha sido el pilar central de la política china en Oriente Medio, como demuestra el acuerdo de reconciliación entre Arabia Saudí e Irán facilitado por Pekín en 2023, hoy en estado crítico. En contraste con la destrucción atribuida a Estados Unidos en Irán y la implicación israelí en Beirut, esta situación fortalece la imagen de China como una potencia responsable.
Rusia: Un Regalo Interminable
Como era de esperar, la reacción de Vladimir Putin ante el ataque estadounidense contra Irán ha buscado desviar la atención de la propia agresividad rusa. Putin denunció la “agresión armada israelí-estadounidense” y calificó el “asesinato” del Líder Supremo iraní como “una violación cínica de todas las normas de la moral humana y del derecho internacional”. Sin duda, habla desde la experiencia. Sin embargo, el hecho de poder compartir ahora la condición de infractor internacional con el presidente estadounidense probablemente le proporcione cierto alivio.
Durante el último año aproximadamente, Rusia ha perdido aliados clave como Siria y Venezuela. Trump incluso ha sugerido que Cuba otro socio de Moscú “ha llegado al final del camino” debido a la crisis energética provocada por el embargo estadounidense sobre sus importaciones de petróleo. Ahora le toca a Irán: Moscú no puede hacer mucho para defender a un socio que, en los últimos años, se había convertido en un importante socio comercial e incluso proveedor de drones. Sin embargo, aunque la llamada “asociación estratégica integral” con Irán pueda debilitarse, Rusia sigue obteniendo beneficios significativos de la guerra.
En primer lugar, Moscú adquiere una nueva justificación para su guerra en Ucrania. Si Trump puede atacar a Irán sin una causa legítima, Putin también puede hacerlo con Ucrania. Todo se reduce a intereses nacionales más que al derecho internacional.
En segundo lugar, Rusia encuentra un pretexto para abandonar cualquier pretensión de interés en un acuerdo con Ucrania. Voces influyentes en Moscú sostienen que Estados Unidos ha perdido toda credibilidad como mediador honesto al atacar a Irán. Según esta visión, Washington podría atacar a Rusia en cualquier momento; por tanto, la mejor opción es continuar la guerra y derrotar a Ucrania.
En tercer lugar, la capacidad de Irán para perturbar el tráfico de petroleros en el estrecho de Ormuz ha impulsado nuevamente los ingresos petroleros rusos. Rusia no depende de esta ruta para exportar su petróleo. Además, Trump ha levantado sanciones sobre el petróleo ruso, mientras que China e India están pagando precios más altos, lo que permite a Moscú financiar la guerra en Ucrania con aproximadamente 3.500 millones de dólares mensuales. Incluso los países de la Unión Europea podrían verse obligados a reanudar la compra de petróleo ruso.
Adiós Al Orden Basado En Reglas
En términos generales, el hecho de que Estados Unidos rechace una solución negociada con Irán y opte por una guerra que afecta a numerosos países en Oriente Medio y más allá, desafiando las normas internacionales, sitúa a China y Rusia en una posición política cómoda. Ambos países han encontrado formas de apoyar a Irán de manera discreta y con bajo riesgo: China mediante envíos encubiertos de petróleo, y Rusia a través del intercambio de inteligencia militar.
Estados Unidos aparece así como un Estado agresivo, un socio imprevisible y un actor cuyas acciones contradicen sus proclamaciones de respeto al “orden internacional basado en reglas”. Pekín y Moscú recordarán al mundo, de forma persistente, que casos como Venezuela e Irán son ejemplos paradigmáticos de una política exterior estadounidense basada en la coerción y el uso de la fuerza.
