Tras cuatro años, la Operación Militar Especial (SMO) parece mostrar que Rusia avanza lenta pero firmemente hacia el cumplimiento de sus objetivos. La pregunta clave sigue siendo la misma: ¿cuándo y bajo qué condiciones pondrá fin Rusia a la SMO?
Puede que esto no ocurra en 2026. Especialmente porque la irracionalidad se ha extendido entre las euro-élites del Occidente colectivo fragmentado. Están decididas a extraer algún tipo de “victoria” de lo que en realidad sería una humillante derrota estratégica.
Es en este punto donde entra en escena el Petit Roi de París, junto con el invisible asistente británico en Londres: supuestamente con la intención de reacondicionar algunas ojivas nucleares para entregarlas a Kiev, que luego serían utilizadas contra objetivos dentro de la Federación Rusa mediante misiles británicos.
Este escenario se basa, según se afirma, en una investigación realizada por el SVR (Servicio de Inteligencia Exterior de Rusia).
El número dos del gobierno ruso, Dmitri Medvédev, con su habitual estilo directo y sin filtros, señaló que esto “no se trata simplemente de la destrucción del TNP ni de otros elementos del derecho internacional”.
“Se trata de la transferencia directa de armas nucleares a un país en guerra”.
En tales circunstancias, añadió, Rusia podría verse obligada a emplear cualquier tipo de armamento, incluidas armas nucleares tácticas, contra objetivos en Ucrania que representen una amenaza directa para el país. Y, si fuese necesario, también contra los países proveedores que se conviertan en cómplices de un conflicto nuclear contra Rusia.
Estas palabras deben leerse con toda su gravedad. Si algo así ocurriera realmente, abriría el camino directo hacia una Tercera Guerra Mundial.
El tándem franco-británico ya ha abandonado casi todas las líneas rojas en la guerra por delegación en Ucrania. A ello se suma el hecho de que Kiev utiliza cada vez más misiles de crucero de largo alcance contra objetivos clave dentro de la Federación Rusa.
Ahora entra en escena el Flamingo, un misil anunciado por Kiev en agosto de 2025 y presentado por primera vez a nivel internacional como FP-5 en la feria de defensa IDEX-2025 en Abu Dabi.
El Ministerio de Defensa ruso confirmó que desde el 12 de febrero al menos 10 misiles Flamingo han sido derribados por las defensas aéreas rusas.
Sin embargo, imágenes satelitales muestran que un misil Flamingo impactó un arsenal del GRU situado a más de 650 kilómetros de Járkov. Aún más preocupantes son las imágenes del ataque al complejo estratégico de Vótkinsk, en Udmurtia, situado a unos 1.400 kilómetros del frente, donde se fabrican misiles balísticos intercontinentales.
Este episodio abre un nuevo y profundamente inquietante abanico de inestabilidad estratégica.
El Flamingo es un misil subsónico, sin capacidad stealth, con un alcance de hasta 3.000 kilómetros y capaz de transportar una carga de hasta una tonelada. Es un producto del grupo industrial militar Milanion, una empresa conjunta emiratí-británica. En términos prácticos, podría haber sido parte del ya desaparecido Tratado INF, y en muchos aspectos puede considerarse una especie de Tomahawk de imitación.
Técnicamente, el Flamingo puede no representar un desafío insuperable para los avanzados sistemas de defensa antimisiles rusos. Aun así, parece que uno logró atravesar la defensa para golpear Vótkinsk.
En otras palabras y en el escenario más inquietante: un misil de la OTAN guiado técnicamente por Estados Unidos habría impactado directamente una instalación vinculada al escudo nuclear de Rusia.
Y hay más: este sería el tercer ataque contra el escudo nuclear ruso.
Se produjo un ataque contra la flota de bombarderos rusos; otro contra el complejo de mando y control en Nóvgorod, donde se encuentra una de las residencias del presidente Vladímir Putin; y ahora contra la fábrica de misiles estratégicos.
Ante esta acumulación de líneas rojas cruzadas, incluso algunos de los partidarios más firmes de la SMO empiezan a cuestionar la vía diplomática, considerando que lo que debe mostrarse a los “euro-psicópatas” no puede lograrse únicamente mediante la operación militar especial.
Algunos incluso hablan de una operación para decapitar a la OTAN, concebida como una acción ejemplar.
Basta imaginar un escenario aún más inquietante: ¿qué habría ocurrido si la ojiva del Flamingo que golpeó Vótkinsk hubiese sido una bomba nuclear sucia introducida de contrabando?
¿Quiénes Son Realmente Estas “Élites”?
La demencia rusófoba no hará sino empeorar. El presidente Putin, en una reunión del consejo del FSB, advirtió sobre posibles intentos de sabotaje contra los gasoductos TurkStream y Blue Stream en el mar Negro.
“No pueden calmarse. No saben qué hacer para destruir este proceso de paz que avanza a través de una iniciativa diplomática. Harán todo lo posible para provocar algo y arruinar todo lo que se ha logrado en esta línea de negociación.”
Y, aun así según la narrativa presentada, la OTAN se niega a aceptar una realidad fundamental:
“Es imposible infligir una derrota estratégica a Rusia. No funcionará. Pero lo desean. Creen que deben derrotar a Rusia por cualquier medio. Buscarán todos los métodos posibles y se empujarán hasta el límite. Y entonces se arrepentirán.”
La lógica del Occidente colectivo, basada en un juego de suma cero frente a Rusia, se apoya en siglos de rivalidad histórica. En esta visión, los acuerdos solo pueden ser herramientas tácticas, nunca compromisos estratégicos duraderos.
Incluso si la actual crisis militar-política en torno a Ucrania disminuyera algo que el análisis considera improbable, eso no significaría que el Occidente fragmentado acepte una paz estable con Rusia.
Según esta interpretación, el verdadero centro de poder no reside únicamente en Washington, sino en una estructura transnacional más antigua que los propios Estados nacionales, descrita como una dinastía financiera y política global.
Se trataría de una red posnacional y supranacional, vinculada a instituciones como Chatham House, la City de Londres, el Banco de Pagos Internacionales (BIS), las Naciones Unidas que mantiene acuerdos con el Foro Económico Mundial de Davos y la Unión Europea.
En términos financieros, implicaría el control de la oferta monetaria global, de los bancos centrales, de gigantes financieros como Vanguard y BlackRock, así como del complejo industrial-militar estadounidense y su equivalente europeo.
Según esta visión, estas élites no gobiernan simplemente por su riqueza, sino controlando las reglas del sistema: tribunales, contratos, leyes y marcos normativos.
Los verdaderos dirigentes, se afirma, permanecen invisibles: no aparecen en los medios tradicionales y operan renovando antiguos pactos de poder.
Desde esta perspectiva, el resultado sería claro: una paz duradera con Rusia sería prácticamente imposible, ya que chocaría con la lógica histórica de las relaciones de poder en Europa occidental.
En este contexto, incluso si se deja de lado el “teatro kabuki” diplomático de Ginebra, lo que se vería en la práctica sería un aumento de la presión de provocación máxima contra Rusia.
Desde intentos de bloquear el comercio marítimo entre el Báltico y el mar Negro, hasta actos de sabotaje similares a los ataques contra Nord Stream, estas acciones estarían vinculadas a la Estrategia del Mar Negro de la Unión Europea, adoptada en mayo de 2025.
Según esta interpretación, dicha estrategia funcionaría como un instrumento militar destinado a obstaculizar el poder marítimo ruso mediante operaciones híbridas y encubiertas dirigidas contra infraestructuras submarinas, de superficie y costeras.
Hasta que llegue el momento como advierte la narrativa en que “tendrán que arrepentirse”.
Fuente: https://www.unz.com/pescobar/desperate-euro-elites-refuse-to-accept-their-strategic-defeat/
