Hoy en The American Prospect: Trump sostuvo que la incursión en Groenlandia era necesaria para limitar la influencia de China y Rusia en el Ártico. El resultado final es este: China es hoy más poderosa a escala global que nunca.
Las extrañas amenazas de Trump de apoderarse de Groenlandia por la fuerza militar de las que luego se retractó enviaron a los aliados tradicionales de Estados Unidos otra señal de que Washington ya no es un socio fiable. El resultado irónico, y mucho más relevante, fue que el resto del mundo se acercó económicamente a China. Este efecto tiene un impacto mucho mayor que cualquier capacidad disuasoria que pudieran ofrecer unas cuantas nuevas bases estadounidenses en Groenlandia.
Europa especialmente Alemania ya avanzaba hacia vínculos económicos más estrechos con China. Tras el fiasco de Groenlandia, aumentarán tanto los acuerdos comerciales y las inversiones de Europa hacia China como de China hacia Europa, profundizando aún más la dependencia europea de Pekín.
El viernes pasado, tras una reunión entre el primer ministro canadiense Mark Carney y el presidente chino Xi Jinping, Canadá anunció un nuevo acuerdo sobre la importación de vehículos eléctricos de origen chino. En virtud de este acuerdo, Canadá aplicará a esos vehículos el arancel mínimo del 6,1 %, cuando anteriormente la tasa era del 100 %, en consonancia con los aranceles estadounidenses. Este cambio supone un desafío directo a la política de Estados Unidos de excluir los vehículos eléctricos chinos de América del Norte.
Sin embargo, Trump se ha contradicho repetidamente en materia de política de vehículos eléctricos (VE). En septiembre puso fin al incentivo fiscal de 7.500 dólares para la compra de VE nacionales y relajó los estándares de eficiencia de combustible. Ha intentado socavar la adopción de los vehículos eléctricos tanto para favorecer a las empresas de combustibles fósiles como para frenar las exportaciones de automóviles chinos. Aun así, la semana pasada, en un discurso ante el Detroit Economic Club, Trump afirmó que recibiría con agrado que los fabricantes chinos produjeran automóviles en Estados Unidos. “Que venga China”, dijo.
Mientras tanto, China posee una ventaja tan abrumadora en la producción de vehículos eléctricos que resulta casi irrelevante si Trump adopta una postura amistosa u hostil. Según The Wall Street Journal, China cuenta este año con una capacidad de producción de 46 millones de vehículos eléctricos y se espera que venda entre 20 y 30 millones. En contraste, los fabricantes estadounidenses vendieron apenas alrededor de un millón de VE en 2025, y se prevé que el crecimiento en 2026 sea extremadamente limitado. En Europa, se espera que el número de concesionarios del fabricante chino BYD pase de 284 a finales de 2024 a cerca de 2.000 a finales de 2026.
Al mismo tiempo, pese a las supuestas preocupaciones por una posible presencia militar china en el Ártico, Trump ha mantenido su habitual laxitud en lo relativo al acceso de China a tecnologías sensibles. Personas cercanas a Trump impulsaron un acuerdo que permitió a TikTok seguir operando en Estados Unidos, incorporando suficientes inversores externos para diluir el control mayoritario chino. Aun así, la empresa china ByteDance conservará una participación del 20 % y una influencia significativa.
Este acuerdo fue un movimiento típicamente trumpiano. En una publicación realizada el jueves por la noche, Trump dijo: “¡Estoy muy contento de haber ayudado a salvar TikTok!”, y agradeció efusivamente a Xi Jinping “por cooperar con nosotros y, en última instancia, aprobar el acuerdo”. “Podía haber elegido otro camino, pero no lo hizo; estamos agradecidos por su decisión”.
En otro paso que inquietó a quienes critican la línea “blanda” de Trump en materia tecnológica frente a China, su administración obligó a dimitir a dos altos funcionarios del Departamento de Comercio encargados de impedir que tecnologías sensibles cayeran en manos chinas. Liz Cannon, directora ejecutiva de la Oficina de Tecnologías y Servicios de Información y Comunicaciones, presentó su renuncia en el punto culminante de una prolongada campaña de presión. Esta dimisión se produjo poco después de que uno de sus adjuntos fuera apartado por la fuerza.
La situación es tal que Trump parece incapaz de distinguir qué políticas suyas se contradicen entre sí y cómo unas terminan socavando a las otras. El asunto de Groenlandia fue, desde el principio, una cuestión de ambición sobre un enorme activo inmobiliario; la justificación de “contener a China en el Ártico” se añadió posteriormente. Las políticas de Trump hacia China son una mezcla de ignorancia y oportunismo, y esa combinación dejará a Pekín mucho más fuerte en el escenario mundial.
* Robert Kuttner es cofundador y codirector de The American Prospect y profesor en la Heller School de la Universidad Brandeis. Su libro más reciente es Going Big: FDR’s Legacy, Biden’s New Deal, and the Struggle to Save Democracy (A lo grande: el legado de FDR, el Nuevo Trato de Biden y la lucha por salvar la democracia). Puede seguir a Bob en robertkuttner.com y en Twitter.
Fuente:https://prospect.org/2026/01/23/big-winner-china-trump-carney-greenland/
