Yemen: Resistencia En El Cuello De Botella Del Imperialismo

El Colapso del Estado-nación Poscolonial, la Economía Política de la Guerra y la Reestructuración del Capital Global

Yemen no puede reducirse a narrativas simplificadas como una «guerra civil» o un «conflicto indirecto entre Irán y Arabia Saudí». Lo que ocurre en el país refleja la convergencia de varios procesos estructurales de larga duración: la crisis de la formación del Estado poscolonial, la economía política de la guerra y el asedio, y la competencia entre potencias regionales y globales por el control de los nodos estratégicos de la economía mundial.

En este sentido, el imperialismo no debe entenderse únicamente como la política de un solo Estado, sino como un sistema histórico de poder militar, financiero y logístico mediante el cual los Estados capitalistas centrales y sus aliados regionales estructuran relaciones desiguales con la periferia y controlan los circuitos críticos de acumulación de capital.

Situado en la intersección entre el mar Rojo y el océano Índico, junto al estrecho de Bab el-Mandeb, Yemen posee una ubicación geográfica de extraordinaria importancia estratégica. Una parte significativa del comercio marítimo mundial y de los flujos energéticos atraviesa este estrecho. En consecuencia, la crisis yemení trasciende con creces las fronteras nacionales y debe entenderse como parte de una reestructuración más amplia del capitalismo regional y global.

Las Raíces Históricas de la Crisis

La crisis actual de Yemen tiene sus orígenes en procesos diferenciados e incompletos de formación estatal en el norte y el sur del país.

En el norte, el Imamato zaydí estructuró históricamente la autoridad política a través de redes tribales y religiosas. La Revolución de 1962 derrocó al Imamato y estableció la República Árabe de Yemen; sin embargo, el nuevo Estado continuó dependiendo de frágiles alianzas entre las estructuras tribales, los actores militares y los patrocinadores externos.

En el sur, el dominio colonial británico transformó Adén, a partir de 1839, en un puerto estratégico del Imperio. Las luchas anticoloniales culminaron con la retirada británica en 1967 y la creación de la República Democrática Popular de Yemen (RDPY), el único Estado de orientación marxista del mundo árabe. Este nuevo Estado intentó impulsar un modelo de desarrollo no capitalista dirigido por el Estado.

A pesar de sus diferencias, ambas formaciones estatales compartían una vulnerabilidad estructural frente a las presiones externas, el desarrollo desigual y las limitaciones derivadas de su inserción en un sistema mundial jerárquico.

La Unificación de 1990 y la Crisis de la Formación del Estado

La unificación de Yemen del Norte y Yemen del Sur en 1990 suele interpretarse como un proceso de integración nacional. Sin embargo, esta unificación estuvo determinada en gran medida por el colapso del apoyo soviético al Sur y por la reconfiguración más amplia del orden internacional tras el fin de la Guerra Fría. En lugar de generar una integración social y económica coherente, la unificación dio lugar a un marco político frágil, marcado por profundas asimetrías internas.

Las instituciones del Estado permanecieron integradas de manera desigual, mientras que el poder político se concentró progresivamente en las élites del norte agrupadas en torno al presidente Ali Abdullah Saleh. Estas dinámicas alcanzaron su punto culminante con la guerra civil de 1994, que fortaleció aún más la autoridad central al tiempo que profundizó los agravios regionales, especialmente en el sur.

Durante las décadas siguientes, el Estado yemení pasó a funcionar cada vez más como un mecanismo de distribución de rentas entre las élites militares, los líderes tribales y determinados sectores de una burguesía dependiente. Esta estructura rentista impidió el surgimiento de un Estado desarrollista y contribuyó a una vulnerabilidad estructural de largo plazo.

Las Estructuras Rentistas y la Erosión del Estado

Incluso antes del estallido de la guerra a gran escala, Yemen representaba una de las economías periféricas más frágiles del mundo. Los limitados ingresos procedentes de los hidrocarburos, la dependencia de la ayuda exterior y los programas de ajuste estructural impulsados desde el exterior restringieron la capacidad del Estado para redistribuir recursos y promover el desarrollo.

El rápido crecimiento demográfico, el desempleo, las desigualdades regionales y la persistente marginación de las zonas rurales ampliaron la brecha entre el Estado y la sociedad. Con el paso del tiempo, el Estado dejó de funcionar como un mecanismo de integración social y pasó a convertirse en un espacio disputado por redes rivales dedicadas a la búsqueda de rentas.

Esta crisis de legitimidad creó las condiciones que permitieron a nuevos actores políticos, entre ellos Ansar Allah (el Movimiento Hutí), ampliar su influencia al llenar los vacíos institucionales y de gobernanza existentes.

La Economía del Asedio y la Reproducción Social

La guerra y el bloqueo transformaron las vulnerabilidades estructurales preexistentes en una crisis humanitaria y social prolongada. La elevada dependencia de Yemen de las importaciones para garantizar el suministro de alimentos ha hecho al país especialmente vulnerable a las interrupciones del comercio, la destrucción de infraestructuras y las restricciones impuestas al tráfico marítimo.

Los efectos económicos de la guerra van mucho más allá de los indicadores macroeconómicos. Los hogares se enfrentan a una inflación persistente en los precios de los alimentos, los combustibles y los servicios básicos. Los salarios del sector público se han pagado de forma irregular o han permanecido suspendidos durante largos periodos, contribuyendo al colapso de las fuentes formales de ingresos.

En este contexto, la carga de la reproducción social ha recaído de manera desproporcionada sobre las mujeres. Ellas han tenido que garantizar la supervivencia de los hogares en condiciones de fragmentación económica, colapso institucional e inseguridad permanente. En consecuencia, la guerra ha ejercido sus efectos no solo mediante el control del territorio, sino también a través de la reorganización de la vida cotidiana.

El Militarismo y la Intervención Imperial Colectiva

La intervención iniciada en 2015 por la coalición liderada por Arabia Saudí y los Emiratos Árabes Unidos provocó una escalada decisiva del conflicto. Esta intervención no puede comprenderse de manera aislada del amplio sistema de apoyo militar y logístico proporcionado por las potencias occidentales, incluidos Estados Unidos y varios Estados europeos.

Más que una simple respuesta a la inestabilidad política interna, la intervención refleja la convergencia de diversos objetivos estratégicos: preservar el equilibrio regional de poder, garantizar la seguridad de las rutas marítimas de transporte energético y mantener la influencia sobre los principales puntos de estrangulamiento geopolítico.

Al mismo tiempo, el conflicto se ha integrado en los circuitos globales del complejo militar-industrial. La producción de armamento, la logística y la competencia geopolítica se han entrelazado con la continuidad de la guerra, contribuyendo a su carácter prolongado y autorreforzado.

Bab el-Mandeb, los Puertos y el Capitalismo Logístico

La importancia estratégica de Yemen no puede entenderse al margen de su posición dentro de las redes logísticas globales. El capitalismo contemporáneo depende no solo de la producción, sino también de la circulación ininterrumpida de mercancías a través de corredores marítimos, puertos y puntos críticos de infraestructura.

Desde esta perspectiva, el control de los puertos, las rutas marítimas y la infraestructura logística se ha convertido en una de las dimensiones fundamentales de la competencia global. La presencia de actores regionales en los puertos del sur de Yemen y en las islas situadas junto al estrecho de Bab el-Mandeb refleja disputas de mayor escala por el control de estos circuitos de acumulación basados en la infraestructura.

Por ello, Yemen ocupa una posición en la que las cuestiones de la soberanía, la guerra y el capital global convergen directamente con la organización material del comercio mundial.

La Escalada de las Tensiones en el Mar Rojo y la Reconfiguración Regional

Desde finales de 2023, el conflicto ha entrado en una nueva fase marcada por la intensificación de la violencia en Gaza y en el conjunto de la región. En respuesta a los acontecimientos en Palestina y a la escalada de las tensiones regionales, Ansar Allah amplió sus operaciones en el mar Rojo, afectando las rutas del transporte marítimo comercial vinculadas a Israel y a sus aliados.

Estas acciones han producido efectos medibles sobre el sistema mundial del transporte marítimo, entre ellos el desvío de las rutas de navegación y el incremento de los costes de los seguros y del transporte. Como respuesta, Estados Unidos y sus aliados llevaron a cabo una intervención militar directa en el marco de operaciones navales multinacionales destinadas a garantizar la seguridad del tráfico marítimo.

Lejos de disuadir una mayor escalada, estos acontecimientos han contribuido a la regionalización del conflicto y a su integración en las tensiones geopolíticas más amplias que atraviesan Oriente Medio.

Ansar Allah y las Contradicciones de la Gobernanza en Tiempos de Guerra

Ansar Allah surgió en el contexto de la prolongada marginación regional, el desarrollo desigual y la crisis del Estado en el norte de Yemen. Con el tiempo, se convirtió en la principal autoridad gobernante sobre una amplia parte del territorio del país.

Desde una perspectiva materialista, este movimiento no puede entenderse ni como un mero actor delegado por fuerzas externas ni como un actor político completamente homogéneo. Se trata de una formación autóctona moldeada tanto por las estructuras sociales locales como por las presiones derivadas de un conflicto prolongado.

No obstante, su transformación en una autoridad de gobierno bajo condiciones de guerra ha generado diversas contradicciones internas:

  • La creciente centralización del poder político y militar.
  • La dependencia de los mecanismos económicos propios de la economía de guerra y de sistemas informales de obtención de ingresos.
  • La reducción del espacio político y cívico bajo un modelo de gobernanza basado en el estado de excepción.

Estas dinámicas reflejan las tensiones más amplias existentes entre la resistencia militar y los desafíos de largo plazo que plantean la transformación social y el desarrollo institucional.

Yemen del Sur y la Soberanía Fragmentada

Yemen del Sur sigue siendo un espacio políticamente fragmentado, configurado por actores rivales, entre ellos movimientos secesionistas, élites locales, estructuras tribales y los remanentes de las antiguas instituciones socialistas.

Si bien los actores externos han influido en estas divisiones e incluso las han profundizado en determinados momentos, una parte importante de las tensiones subyacentes tiene su origen en las contradicciones no resueltas del proceso de unificación posterior a 1990, incluidas las derivadas del desarrollo desigual y de la marginación política.

En ausencia de un proyecto político unificado capaz de abordar estas desigualdades estructurales, Yemen del Sur continúa funcionando como un espacio donde convergen intereses locales y regionales.

Yemen y la Transformación del Orden Global

La crisis de Yemen también debe analizarse en el contexto de las transformaciones más amplias que experimenta el sistema internacional. El relativo declive de la hegemonía unipolar y el surgimiento de formas de gobernanza global más fragmentadas y disputadas han redefinido la importancia estratégica de regiones como el mar Rojo.

Nuevas iniciativas de infraestructura y desarrollo económico, incluidas aquellas impulsadas por potencias emergentes, han intensificado la competencia por el control de las rutas comerciales y los corredores logísticos. Sin embargo, estos cambios no eliminan necesariamente las asimetrías fundamentales que caracterizan a la economía mundial.

En este contexto, Yemen no es únicamente un escenario de competencia entre las grandes potencias, sino también un espacio donde convergen las contradicciones del capitalismo global, la fragilidad del Estado y los conflictos regionales.

Conclusión

Yemen constituye un escenario crítico donde la prolongada crisis de la formación del Estado poscolonial converge con las formas contemporáneas del poder imperial y la reconfiguración del capitalismo global.

Aunque la resistencia frente a la intervención extranjera representa una importante fuerza política e histórica, por sí sola no resuelve las contradicciones estructurales más profundas derivadas de la guerra, el subdesarrollo y la soberanía fragmentada.

Una solución duradera requerirá no solo el fin de la intervención militar, sino también procesos de reestructuración económica, justicia social y transformación institucional capaces de abordar las condiciones fundamentales que alimentan los ciclos recurrentes de crisis.

Por ello, el rumbo que adopte Yemen tendrá consecuencias que trascienden sus fronteras y reflejará las dinámicas más amplias que están configurando el futuro de Oriente Medio y del sistema internacional.

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Fuente:https://znetwork.org/znetarticle/yemen-resistance-at-the-chokepoint-of-imperialism/