Vida Bajo El Bloqueo: Una Entrevista Con El ministro De Relaciones Exteriores De Cuba, Bruno Rodríguez
Helen Yaffe – Nina Blodau
Helen Yaffe (HY): Bienvenidos a Cuba Analysis Podcast. Nos complace enormemente contar con la presencia del ministro de Relaciones Exteriores de Cuba, Bruno Rodríguez. Señor ministro, le agradecemos que nos haya concedido parte de su apretada agenda. Nina dará inicio a las preguntas.
Nina Blodau (NB): Señor ministro, antes de abordar la política internacional, me gustaría comenzar con un aspecto más personal. Lleva cerca de dos décadas al frente de la diplomacia cubana y ha representado a Cuba en algunos de los momentos más complejos de su historia reciente. ¿Cómo asumió esta responsabilidad y qué ha significado para usted, en lo personal, representar a su país durante todos estos años?
Bruno Rodríguez (BR): Ha pasado ya demasiado tiempo. En efecto, han transcurrido muchos años. Por suerte, hay multitud de jóvenes preparados y capacitados que podrían desempeñarlo mucho mejor que yo. Por regla general, no suelo hablar de asuntos personales, pero fui designado para esta responsabilidad y la asumo con un profundo sentido de servicio. Afortunadamente, existe tal convergencia entre los principios, las tradiciones y los fundamentos fundacionales de la política exterior de la República de Cuba, y las directrices e instrucciones de la Asamblea Nacional, del presidente y del Gobierno, que me resulta posible encarnarla en consonancia con mis convicciones más íntimas. En consecuencia, todo se vuelve más sencillo cuando uno siente que las directrices recibidas coinciden plenamente con sus propias convicciones personales. Y esta es, precisamente, una seña de identidad de la diplomacia revolucionaria cubana.
HY: Si pudiera apartar por un instante el lenguaje diplomático y hablar estrictamente como un ciudadano cubano más, ¿cómo explicaría de la manera más llana posible lo que supone vivir bajo un bloqueo económico desde hace más de sesenta años?
BR: Puedo hacerlo con total naturalidad, puesto que la diplomacia cubana halla sus raíces en lo más profundo de la sociedad y permanece íntimamente vinculada al pueblo; además, los diplomáticos cubanos, yo mismo y mi familia, vivimos en idénticas condiciones que nuestros compatriotas. Por lo demás, yo siempre he vivido bajo el bloqueo estadounidense. Mi hijo, que hoy tiene 26 años, nació asimismo bajo las condiciones del bloqueo. Esto abarca a varias generaciones. El país ha atravesado periodos en los que el bloqueo ha resultado extraordinariamente severo, de manera singular durante la década de 1990, como bien conocen; sin embargo, no cabe duda de que desde 2019, y en particular a partir de las órdenes ejecutivas de enero y mayo de 2026, se ha operado una mutación cualitativa en el impacto del bloqueo. Los padecimientos, las privaciones y la angustia que soporta nuestro pueblo, cada ciudadano cubano, alcanzan magnitudes extremas bajo un mecanismo coercitivo que constituye un acto de castigo colectivo.
HY: Profundizaremos en este asunto más adelante. No obstante, la segunda parte de la cuestión es la siguiente: ¿qué responde a quienes sostienen que las penurias que atraviesa Cuba son la consecuencia de la ineficiencia o la corrupción de su sistema político y de sus dirigentes?
BR: Mienten de manera sistemática. A lo largo de estos sesenta años se ha recurrido a subterfugios diversos para intentar justificar una acción tipificada como genocidio con arreglo a las convenciones y leyes internacionales. Resulta extraordinariamente cínico imputar al Gobierno, y al orden constitucional libremente ratificado por el pueblo cubano en sucesivos referendos, las consecuencias de un bloqueo extremo como el cerco energético que entraña acciones propias de tiempos de guerra e equivalentes a un bloqueo naval. O bien acciones que conculcan gravemente el derecho internacional y las normas consagradas del comercio internacional, tales como la intimidación a las navieras que transportan mercancías hacia Cuba. En la actualidad, más de 7000 contenedores que albergan fundamentalmente alimentos, medicamentos e insumos médicos— se encuentran inmovilizados en diversos puertos, incluidos algunos de nuestra propia región, a causa de tales amenazas e intimidaciones, sin poder llegar a las familias cubanas.
Lo más gravoso reside en las dramáticas repercusiones humanitarias; la manifestación más dolorosa y elocuente de ello es, muy probablemente, la duplicación de la tasa de mortalidad infantil: el porcentaje de recién nacidos vivos que fallecen como consecuencia de las condiciones inducidas por el bloqueo, a pesar de contar con un sistema de salud pública de reconocido prestigio. Ello evidencia la naturaleza de lo que acontece. El Gobierno de los Estados Unidos y el Departamento de Estado ni siquiera contemplan esta cuestión como un denominado «daño colateral» —concepto que de por sí resulta inaceptable y delictivo, por cuanto los efectos humanitarios provocados por estas medidas de bloqueo extremo forman parte de un diseño deliberado y fríamente calculado. El secretario de Estado, quien ha mentido reiteradamente al negar la existencia del bloqueo y del cerco energético, declaró hace tan solo unos días que cerrarán cualquier vía de escape que pueda hallar el Gobierno cubano y clausurarán toda válvula que permita aliviar la asfixia derivada de las condiciones extremas del bloqueo. Generar semejantes circunstancias para, acto seguido, pretender responsabilizar a nuestro Gobierno y a nuestro pueblo de las horribles consecuencias humanitarias resultantes constituye una perversión manifiesta.
NB: Cada año, en la Asamblea General de las Naciones Unidas, la casi totalidad de las naciones del mundo vota en contra del bloqueo estadounidense sobre Cuba. Tras cada votación, se observa cómo cerca de una docena de diplomáticos se aproximan a la delegación cubana para felicitarla. ¿Qué tipo de conversaciones al margen del protocolo mantienen con esos diplomáticos? ¿Qué impide a estos países ignorar las sanciones unilaterales impuestas por Estados Unidos?
BR: Existe una postura internacional meridianamente explícita que se manifiesta en estas votaciones anuales sobre una resolución que insta directamente a los Estados Unidos a cesar incondicionalmente la aplicación del bloqueo. Asimismo, concurren cuantiosas expresiones de oposición y rechazo a esta política de hostilidad y bloqueo en el plano global y dentro de los propios Estados Unidos. Es ampliamente sabido que la mayoría de los ciudadanos estadounidenses se opone a la aplicación del bloqueo. Un estudio realizado en julio sobre la conversación social en las redes digitales reveló que únicamente una insignificante minoría respalda el cerco energético o las amenazas militares vertidas contra Cuba.
En las Naciones Unidas, y no solo en lo concerniente al bloqueo, la delegación cubana asume en ocasiones la gravosa responsabilidad de erigirse, en cierto modo, en portavoz del Sur Global o de un amplio conjunto de naciones. Cuba goza de la prerrogativa de hablar con absoluta libertad, ejerciendo una política exterior plenamente independiente y soberana, y es reconocida por expresar de forma directa, o con mayor franqueza, aquello que muchos piensan y que la mayoría de los Estados miembros de la ONU sostiene. Ello se constata tanto en dichas votaciones como, de manera más reciente, en el sufragio emitido durante la sesión extraordinaria celebrada el 7 de julio para abordar esta cuestión al margen del calendario ordinario. Media un consenso internacional inequívoco respecto a que la política de bloqueo es ilegal, delictiva, de carácter genocida en su impacto sobre el pueblo cubano, constitutiva de un castigo colectivo, lesiva del derecho internacional —incluido el derecho internacional humanitario y anacrónica. Las raíces de esta política se remontan a los cimientos de la Guerra Fría; se opone diametralmente a la voluntad de la comunidad internacional, a la voluntad de los electores y contribuyentes estadounidenses, así como a la de los cubanos residentes en los Estados Unidos. Y dado que posee un marcado alcance extraterritorial, vulnera sin excepción la soberanía y la independencia de todos los Estados. No solo lesiona los verdaderos intereses nacionales de los Estados Unidos, sino también los de la totalidad de las naciones y de sus empresas.
La Unión Europea se dotó tempranamente de un marco regulatorio y de leyes de bloqueo destinadas a prescribir la obligación de sus gobiernos de salvaguardar los intereses de sus empresas frente a la aplicación extraterritorial e ilegítima de las leyes estadounidenses, así como frente a la extralimitación de la jurisdicción de los tribunales de ese país más allá de sus fronteras. No obstante, tales instrumentos no se ejecutan con la determinación debida; los gobiernos europeos, que integran una comunidad de indudable gravitación en la arena internacional, omiten la aplicación efectiva de la legislación estatutaria de bloqueo que ellos mismos han promulgado. Frente a la agresividad de su interlocutor, defienden sus propios intereses con una tibieza en extremo pusilánime. A mi juicio, lo más grave estriba en que Cuba no solo entraña una significación simbólica singular, sino que representa en la actualidad una encrucijada medular para el orden internacional. Permitir que una superpotencia nuclear intente aniquilar a una nación pequeña y soberana con el propósito de alterar su sistema político sentaría un precedente que facultaría la consumación de idéntico atropello contra cualquier otro Estado del planeta.
HY: Como ha señalado, desde comienzos de 2026 Trump ha promulgado dos órdenes ejecutivas que tipifican a Cuba como una amenaza para la seguridad nacional de Estados Unidos y que imponen, de facto, un embargo petrolero. ¿Cómo explica este recrudecimiento de la hostilidad hacia Cuba a partir de 2026?
BR: Es una interrogante que debería trasladarse al Gobierno de los Estados Unidos. Ellos pretenden aducir pretextos y falsedades para justificar esta política. De no acarrear consecuencias humanas y económicas de tanta gravedad, resultaría carente de toda seriedad aseverar que una isla de estas proporciones pueda constituir una amenaza para la principal potencia nuclear. La realidad insoslayable es que faltan a la verdad. Cuba ni es ni puede ser una amenaza para la seguridad nacional o la economía de los Estados Unidos; no es su adversario ni alberga la intención de serlo. Entre los pueblos de ambas naciones median lazos culturales y multidimensionales de profunda raigambre. Sin embargo, la administración estadounidense padece una necesidad imperiosa de buscar justificaciones para la pavorosa política que aplica contra nuestro pueblo.
Idéntica consideración merece la acusación de que Cuba figura como un supuesto «Estado patrocinador del terrorismo». Tales actuaciones evidencian la falta de rigor del Gobierno estadounidense. Un mandatario adopta una determinación, el presidente entrante la revoca durante su primer mandato reclasificando a Cuba en tales términos, el sucesor procede en sentido contrario y el actual mandatario reitera la medida en su primer día en la Casa Blanca; todo ello en el marco de un procedimiento que, en teoría, debería ser el resultado de consultas interinstitucionales y de la aportación de pruebas sólidas. No se trata únicamente de un argumento desprovisto de todo fundamento, sino que acarrea consecuencias de extrema gravedad para Cuba en el ámbito político, en la seguridad nacional y en la dimensión humanitaria. El mundo entero reconoce la falsedad de dicha premisa. Y, por descontado, nada aporta a los verdaderos intereses nacionales de los Estados Unidos, los cuales se verían favorecidos por una relación normalizada con un país vecino de menor escala, basada en la buena vecindad, la cooperación, el comercio y la inversión recíproca.
NB: ¿Cuál ha sido el impacto económico y social de estas medidas, por ejemplo, en el comercio internacional y en el sistema de salud pública?
BR: No nos hallamos ante una disposición aislada, sino ante un entramado de acciones coercitivas acumuladas a lo largo de seis décadas que infligen un quebranto extraordinario a la modesta economía cubana. El régimen de sanciones se ha endurecido de manera extrema, de modo particular a partir de la segunda mitad de 2019, aun cuando diversas medidas le precedieron. En el periodo más crítico de la pandemia de la COVID-19, mientras la administración estadounidense flexibilizaba los regímenes de sanciones aplicados a la casi totalidad de los países afectados, recrudeció las medidas contra Cuba, llegando a obstaculizar la adquisición de ventiladores pulmonares y de oxígeno medicinal. Se instrumentalizó de manera oportunista el virus como un aliado táctico para estrechar el cerco del bloqueo.
El mes de enero de 2026 marcó un nuevo hito de consideración cuando el Gobierno de los Estados Unidos ejecutó, de facto, un cerco energético plenamente equiparable a un bloqueo naval, acto que constituye una acción de guerra. Previamente, mediante el despliegue de buques militares y amenazas explícitas a las naciones del Caribe, ya había impedido el arribo de combustible a territorio cubano. Si Cuba dispusiera hoy de un suministro siquiera mínimo de combustible, los cortes del fluido eléctrico podrían reducirse a dos o tres horas diarias. El abastecimiento de agua potable a la población experimentaría una mejora sustancial. En la sede de las Naciones Unidas exhibí la fotografía de una intervención quirúrgica efectuada en un quirófano iluminado únicamente por los teléfonos móviles del personal sanitario. La situación alimentaria presentaría un panorama ostensiblemente superior.
De manera harto singular, el secretario de Estado ha incurrido en falsedades recurrentes al afirmar que Cuba recibía combustible de forma Gratuita. Se trata de una aseveración enteramente infundada. Es una falacia. Cuba adquiría el combustible en condiciones ordinarias del comercio internacional; en determinados supuestos, en virtud de la exportación de servicios médicos y, en otros, bajo condiciones más gravosas que las del mercado internacional debido al riesgo que la hostilidad estadounidense representa para los terceros países. No obstante, la realidad insoslayable en la actualidad es que el cerco energético acarrea consecuencias devastadoras para nuestro pueblo y nuestra economía, acompañándose de medidas directas orientadas a impedir el arribo a Cuba de buques mercantes que transportan no solo combustible, sino bienes y mercancías de diversa índole. Buena parte de estos productos fue adquirida y abonada por micro, pequeñas y medianas empresas privadas cubanas. Las navieras que se abstienen de trasladar dichos contenedores a Cuba incurren en un flagrante incumplimiento de los contratos suscritos y de los compromisos contraídos en virtud de los pagos percibidos. Y tales contenedores se hallan directamente vinculados a las condiciones sociohumanitarias en que subsiste nuestra población.
NB: El Gobierno de los Estados Unidos ha formulado amenazas de agresión militar contra Cuba. ¿Se trata de una estrategia de guerra psicológica o consideran que existe un plan real de incursión armada?
BR: Constituye una amenaza que asumimos con la máxima seriedad, pues reviste una gravedad superlativa. Es preciso ponderar las implicaciones para el orden internacional vigente si se consintiera que una superpotencia nuclear agreda a una pequeña isla con el propósito de subvertir su sistema político y su Gobierno. En segundo término, no nos hallamos ante meros ejercicios retóricos. Son hechos de carácter público. Los dirigentes estadounidenses lo expresan abiertamente; el secretario de Estado, el secretario de Guerra y otros altos cargos de la administración manifiestan de manera reiterada que la opción militar contra Cuba, una agresión armada directa, figura entre las alternativas sometidas a la consideración del presidente. Aun cuando concurran componentes de propaganda y guerra psicológica, es de conocimiento público que se desarrollan preparativos reales para una agresión militar contra Cuba.
Ineludiblemente, nuestro pueblo defenderá a toda costa su independencia, su soberanía y la integridad territorial de la patria, cualesquiera que fuesen las consecuencias. Se trataría de un acto verdaderamente trágico que acarrearía la pérdida de vidas humanas, tanto de cubanos como de jóvenes estadounidenses enviados a combatir en una conflagración ajena a sus intereses. Provocaría un derramamiento de sangre e induciría una severa inestabilidad regional. Tal como reconocen analistas rigurosos de Estados Unidos y Europa, la administración estadounidense jamás alcanzaría el objetivo de ocupar, pacificar y someter a nuestra nación; resultaría una empresa inviable. Asimismo, desencadenaría una perturbación sistémica en la cuenca del Caribe, en el golfo de México, en las rutas comerciales y marítimas, afectando no solo a los Estados Unidos, sino a los países colindantes con Cuba. El Gobierno estadounidense incurriría en una responsabilidad criminal de alcance genocida, sufriría un menoscabo irreparable de su prestigio y profundizaría el aislamiento internacional en que se halla sumido a causa de su contumaz hostilidad y política de bloqueo contra nuestra patria.
Desde una perspectiva pragmática, nos preparamos para la defensa de nuestra nación con arreglo a las mejores tradiciones cubanas, aguardando con la máxima firmeza que dicho escenario jamás llegue a materializarse. Trabamos un esfuerzo denodado con el propósito de eludir toda suerte de pretextos y prevenir que la administración estadounidense propicie condiciones conducentes a una escalada de la tensión bilateral. No obstante, hemos aseverado al propio tiempo y lo sostendremos con irreductible determinación que salvaguardaremos nuestro derecho irrenunciable a la autodeterminación a cualquier precio. Dicha postura redunda en beneficio de las Naciones Unidas y de su Consejo de Seguridad. La Asamblea General, durante la sesión extraordinaria del 7 de julio, alzó su voz de manera inequívoca contra una eventual aventura militar contra Cuba, respaldada por decenas de intervenciones de representantes de Estados miembros procedentes de todas las latitudes. Asimismo, exigieron la inmediata deposición del cerco energético y del hostigamiento a la navegación marítima con destino a la isla.
Abrigo la convicción de que resulta imperativo articular de manera amplia la voluntad de todos los hombres de bien, de todos los gobiernos y de todas las naciones con el objeto de impedir que el deterioro del orden internacional arrastre al planeta hacia un estadio que la humanidad dejó atrás hace ya décadas: un escenario dominado por el expolio, la conquista, la anexión territorial, la ocupación de regiones estratégicas, la proliferación de armamento altamente letal o autónomo, el despliegue de una carrera armamentista opuesta a los intereses de los pueblos, el riesgo de militarización del espacio exterior y el peligro inminente de un invierno nuclear inducido por la sola existencia de gigantescos arsenales atómicos. La detonación de tan solo un centenar de ojivas nucleares bastaría para desencadenar la extinción de la especie humana. Confío en que los organismos internacionales, los gobiernos, los parlamentos, las fuerzas políticas, los movimientos populares y las organizaciones de la sociedad civil aúnen progresivamente sus fortalezas para contener esta deriva que entraña una amenaza real y extrema para la supervivencia de la vida en el planeta.
En virtud de ello, Cuba, aun siendo una modesta isla, se ha erigido en una suerte de símbolo. La historia la ha consagrado como un referente internacional de independencia, de rebelión frente a la opresión y la injusticia, así como de solidaridad militante. Cuba ha brindado su cooperación solidaria a decenas de naciones; de manera singular durante la pandemia de la COVID-19 en países como Italia o Andorra. Percibimos, por ende, que Cuba no se halla en absoluto aislada, sino que la causa cubana concita una vasta solidaridad internacional. Confiamos en que la comunidad internacional sabrá contener cualquier aventura militar contra nuestra patria y forzará la abrogación de estas políticas genocidas que aun sin recurrir a los explosivos provocan estragos y pérdidas de vidas humanas mediante el cerco energético, el bloqueo severo de suministros y la obstaculización del arribo de bienes de primera necesidad para nuestra población.
HY: El secretario de Estado de los Estados Unidos, Marco Rubio, figura entre los principales valedores de una línea de mayor dureza contra Cuba. En fechas recientes declaró a Axios: «A medida que ellos diseñan nuevos mecanismos para liberarse del lazo, nosotros lo apretamos un poco más». Al propio tiempo, el Gobierno estadounidense hizo gala de haber destinado 100 millones de dólares en concepto de ayuda humanitaria para el pueblo cubano. Con el fin de situar esta cifra en su justo contexto, Cuba señala que el costo anual del bloqueo para el país se sitúa entre los 7000 y 8000 millones de dólares. ¿Podría valorar estas posturas de marcada contradicción?
BR: El impacto cotidiano del bloqueo sobre la economía cubana supera los 900 000 dólares diarios, rozando la cifra de un millón de dólares. Ese es el quebranto contable que el bloqueo inflige a Cuba cada veinticuatro horas. Se da la circunstancia de que es el propio secretario de Estado quien, según sus declaraciones recientes, asevera de manera falaz que ni el bloqueo ni el cerco energético existen. Resulta ilustrativo constatar cómo, en tales extremos, incurre en contradicciones flagrantes con el propio presidente de los Estados Unidos o con el portavoz de la Casa Blanca.
En lo concerniente a la economía cubana, cabe preguntarse a quién beneficia la eventual destrucción de nuestra patria. Únicamente a una reducida y pervertida oligarquía política radicada primordialmente en el sur de la Florida, impelida ante todo por un ansia atávica de revancha contra la Revolución Cubana. Son herederos del ideario y de las culpas de quienes sirvieron a la cruenta dictadura de Fulgencio Batista, de quienes perpetraron expolios sistemáticos y se lucraron de la corrupción inherente a aquel periodo. Una migración nutrida por numerosos delincuentes y criminales de guerra. En la actualidad apelan a pretextos de venganza y represalia, anhelando retrotraer a nuestro país a la década de 1950 para consumar su reconquista. Encarnan las posiciones más radicales y extremas. Son ellos quienes ejercen la mayor presión sobre la administración estadounidense para inducir una aventura militar contra Cuba, obviando las horribles consecuencias que de ello se derivarían.
Concurren asimismo en la arena política estadounidense sectores comprometidos con un capitalismo salvaje y un neoliberalismo ortodoxo que, sumados a las corrientes fascistas y neofascistas que han cobrado auge en el periodo reciente, ambicionan erradicar la alternativa que representa la experiencia histórica de Cuba. Les perturba la existencia de un modelo antagónico al paradigma que pretenden imponer a escala global y que, de hecho, han promulgado en múltiples naciones durante los últimos años. Cuba encarna una noción fundamentada en la pluralidad de culturas, la diversidad de pensamiento y la multiplicidad de modelos políticos con arreglo a sus trayectorias históricas, velando por el derecho inalienable de los pueblos a su autodeterminación. Tan solo esa reducida facción puede extraer rédito de las políticas actuales de la administración estadounidense y de la subsecuente escalada o agravamiento del litigio bilateral. Por cuanto avanzar hacia un proceso de normalización de las relaciones, cimentado en la eliminación del bloqueo y de las amenazas contra nuestra patria, redunda en el beneficio legítimo del pueblo estadounidense, de sus contribuyentes, de los electores que designan a su Gobierno y de los ciudadanos cubanos que residen en ese país.
En lo relativo a la cooperación humanitaria: nuestra nación cuenta con un bagaje histórico de indudable relieve en la prestación de asistencia internacional y, en la actualidad, mantiene una amplia presencia médica en diversas regiones del orbe. Hoy en día, Cuba representa, muy probablemente, el principal referente de cooperación médica internacional bajo los parámetros de la solidaridad Sur-Sur. Dicha labor, sin embargo, ha sido objeto de una cruenta persecución motivada por razones estrictamente políticas. No obstante, nuestro país siempre ha mostrado disposición para recibir la colaboración y el auxilio internacional que nuestro pueblo requiere con urgencia en el actual y riguroso contexto.
La concatenación de anuncios relativos a la ayuda de 100 millones de dólares tuvo lugar, según evoco, en la sede de la Santa Sede. Con todo, en aquel momento dicha consignación carecía de existencia real; no se había entablado contacto alguno con las instituciones eclesiásticas en Cuba ni con el Gobierno de la República. Es más, en aquel mismo escenario se llegó a aseverar falazmente que el Gobierno cubano rehusaba la recepción de dicha suma. Con anterioridad, se formalizó un ofrecimiento de 3 millones de dólares, el cual llegó a materializarse efectivamente, atenuando la vulnerabilidad de un número acotado de familias cubanas en el marco de una población considerable. Posteriormente, se anunció un paquete de 9 millones de dólares reducido con posterioridad a 6 millones, del cual solo se ha entregado a la fecha una fracción insignificante. De la partida de 100 millones de dólares, únicamente se ha consignado una aportación minúscula destinada a 700 familias. Los asuntos humanitarios, y de manera singular el auxilio a las poblaciones, jamás deben instrumentalizarse con fines de manipulación ni para suscitar coyunturas políticas. Sin perjuicio de ello, nuestro Gobierno, en coordinación con las instituciones eclesiásticas cubanas, ratifica su plena disposición para facilitar la recepción de dicha asistencia en beneficio de nuestro pueblo.
HY: El Departamento de Estado de los Estados Unidos publicó recientemente un informe titulado Cuba: Capital del Comunismo del Siglo XXI, en el cual se describe a la isla como un agente subversivo global que durante décadas ha articulado a la izquierda estadounidense e internacional. Dicho documento se enmarca en la reafirmación de la Doctrina Monroe y en el ascenso de gobiernos de derecha en múltiples países de América Latina, algunos de los cuales han interrumpido sus relaciones diplomáticas con La Habana. ¿Qué implicaciones entraña este viraje hacia la derecha para Cuba y la región? ¿Cuál es su valoración respecto al informe del Departamento de Estado?
BR: Articular una réplica académica frente a un documento de tan escasa entidad resulta una empresa compleja. Sería de interés dilucidar qué aplicación de inteligencia artificial se empleó para su elaboración. Tras examinar cerca de un centenar de sus páginas, llegar al término de su lectura demandó un esfuerzo severo, por cuanto constituye una amalgama de infundios, aseveraciones gratuitas y manipulaciones articuladas con una evidente impericia y una absoluta falta de rigor técnico. Considero que los diplomáticos de carrera del Departamento de Estado deberían experimentar un profundo rubor ante la difusión de un libelo de esta naturaleza por parte de su institución. Numerosos analistas internacionales me eximen de la necesidad de rebatir pormenorizadamente las falacias que contiene. Aun contrastándolo con los pronunciamientos oficiales de la administración estadounidense, el orden internacional vigente y los propios documentos rectorales de seguridad y defensa que definen a sus competidores y adversarios estratégicos, presentar a Cuba como el demiurgo de todos los males y como una entidad capaz de subvertir al Gobierno de los Estados Unidos imposibilita cualquier intercambio riguroso.
No obstante, en periodos como el macartismo o en el proceso de gestación del fascismo que condujo a la Segunda Guerra Mundial, se formularon discursos de similar despropósito que hallaron credulidad en sectores de la población. A comienzos de la década de 1960, una operación de la CIA difundió la falsedad de que el Estado cubano privaría a los padres de la patria potestad sobre sus hijos, lo que indujo la dramática salida de 14 000 niños hacia los Estados Unidos, donde fueron ubicados en familias de acogida u orfanatos. Y, pese a lo disparatado de la premisa, hubo quienes le dieron crédito. Por consiguiente, no cabe minusvalorar la eficacia de las metodologías de propaganda de corte goebbelsiano empleadas por la administración estadounidense, las cuales se apoyan hoy en el control oligopólico de las grandes plataformas tecnológicas, de enorme predicamento no solo sobre la información, sino sobre la conducta y la capacidad de pensamiento crítico a escala global. Reitero que si la juventud y los ciudadanos de los Estados Unidos dispusieran de acceso a una información veraz, impedirían la ejecución de estas políticas lesivas contra Cuba y otras naciones.
Rechazo categóricamente las imputaciones contenidas en dicho informe, las cuales persiguen propósitos de extrema gravedad: de un lado, legitimar la amenaza de agresión militar, el castigo colectivo y el crimen de genocidio contra Cuba; de otro, justificar la persecución y coerción contra organizaciones de la sociedad civil estadounidense ya hayan desarrollado acciones de solidaridad, organizado viajes a la isla o mantenido una postura neutral en el marco de una política de corte represivo, violatoria de las libertades civiles y de los derechos humanos. La administración estadounidense no solo ha cercenado la libertad de circulación de sus propios ciudadanos al impedirles viajar a Cuba, sino que ha auspiciado un clima de severa represión en los entornos universitarios y acciones contrarias a la praxis académica y al pensamiento intelectual. Nos hallamos, pues, ante un informe mendaz y grotesco. Sin embargo, es preciso ponderar con la máxima seriedad los fines a los que sirve, entre los que se cuentan la reafirmación de un racismo y una xenofobia estructurales, el enjuiciamiento de las poblaciones migrantes y la instrumentalización de estos dispositivos represivos de cuño macartista por parte de sectores de extrema derecha contra el movimiento progresista y la propia sociedad estadounidense.
Es innegable que la historia entraña avances y retrocesos, configurándose a la manera de un devenir espiral que exige ser analizado bajo una lente dialéctica e histórica. No obstante, jamás debe subestimarse el poso histórico acumulado en favor del progresismo, la justicia social y el desmantelamiento del neoliberalismo y de la globalización neoliberal; una acumulación orientada a superar modelos de producción y consumo que resultan irracionales, insostenibles y lesivos para la existencia misma de la vida en el planeta. Estos virajes hacia la derecha se manifiestan de forma coyuntural en el tiempo; sin embargo, albergo la convicción íntima y el optimismo de que media una acumulación histórica de signo positivo. En cualquier circunstancia, Cuba ha preservado relaciones de singular hondura con la totalidad de los pueblos de América Latina y el Caribe, por cuanto dichos vínculos se asientan, en su esencia, en la cultura y en afectos entrañables. Ninguna coyuntura política ni Gobierno alguno —siendo todo Gobierno de índole transitoria— logrará menoscabar tales nexos profundos. Las sociedades no tardarán en advertir cómo las administraciones neoliberales de extrema derecha desmantelan las conquistas sociales alcanzadas en etapas precedentes, lo que derivará, en última instancia, en su absoluta desacreditación.
Confiamos en que la articulación de nuestros lazos con todos los pueblos de América Latina y el Caribe, así como con la gran mayoría de sus gobiernos, prosiga su curso ascendente. Existen naciones con las que Cuba ha mantenido históricamente y preserva en la actualidad relaciones de estrecha proximidad. De igual modo, el pueblo cubano comparte con la sociedad estadounidense vínculos culturales e interpersonales de profunda raigambre que no pueden ser soslayados. Ciertos gobiernos de derecha han actuado bajo una subordinación servil a la actual administración estadounidense, contraviniendo su propia historia, sus tradiciones y los anhelos de sus pueblos; su paso será efímero y apenas dejará memoria.
NB: Al abordar la cuestión del bloqueo, la atención se concentra por lo general de forma exclusiva en los quebrantos que sufre Cuba; sin embargo, dicha política inflige asimismo severas pérdidas al pueblo de los Estados Unidos y a la comunidad internacional en su conjunto. ¿Podría profundizar en tales perjuicios?
BR: Tal como señalé con anterioridad, el bloqueo contra Cuba lesiona los intereses de la totalidad de los actores globales, por cuanto entraña una conculcación de los ordenamientos jurídicos nacionales, de la igualdad soberana de los Estados y de su independencia, infringiendo un menoscabo tangible a los intereses nacionales de todos los países sin excepción. Vulneró las aspiraciones de sus comunidades de negocios, así como de los más diversos sectores sociales en las esferas culturales, académicas y científicas, al tiempo que generó severas pérdidas económicas. Resulta de extremo interés constatar cómo el Gobierno estadounidense, mientras recurre con frecuencia a medidas coercitivas contra terceros Estados, preserva para sí la facultad de desarrollar intercambios económicos con la misma nación a la que pretende vetar la interacción con otros actores. Se trata de una asimetría altamente reveladora. Hemos presenciado dicho fenómeno en el ámbito europeo en relación con el gas natural, los hidrocarburos y otros sectores donde Estados Unidos instrumentaliza la coyuntura geopolítica para imponer condiciones gravosas a los gobiernos y pueblos europeos. Ha acaecido en la política arancelaria y en múltiples vertientes. Por consiguiente, cabe aseverar que la pretensión de los tribunales estadounidenses de imponer sus fallos más allá de su jurisdicción, o de someter a empresas y particulares de terceros países a sus leyes extraterritoriales, inflige un perjuicio severo desde la perspectiva política, ética, del derecho internacional y del ordenamiento interno de las naciones afectadas.
En segundo término, por lo que atañe a los Estados Unidos y a otras naciones, dicha política priva a sus poblaciones del acceso a notables avances científicos alcanzados por Cuba afirmación que formulo con severa modestia, tales como vacunas terapéuticas contra el cáncer, formulaciones innovadoras para el tratamiento del pie diabético y terapias orientadas a afecciones neurodegenerativas, entre ellas el Alzheimer. Cabe preguntarse por qué la sociedad estadounidense ha de verse privada de tratamientos cuya eficacia superior y menor costo respecto de los empleados en su territorio han sido fehacientemente acreditados. La persecución emprendida por Estados Unidos contra la cooperación médica internacional de Cuba pretende despojar a países desarrollados y a naciones del Sur Global especialmente a poblaciones de zonas remotas y de bajos ingresos del único servicio sanitario al que tienen acceso, brindado por facultativos cubanos.
Cuba dispone en el presente de una de las industrias biomédicas y farmacéuticas más competitivas y avanzadas a escala internacional. Cabría cuestionar cuántas naciones europeas lograron desarrollar con presteza sus propias vacunas contra la COVID-19. Cuba formuló cinco vacunas en un tiempo récord y con recursos extraordinariamente limitados. No obstante, en la actualidad, filiales de empresas estadounidenses de los sectores médico y farmacéutico, así como entidades constituidas en territorio europeo y corporaciones de alcance global, se ven compelidas a acatar las regulaciones del bloqueo sobre Cuba. Así pues, la naturaleza extraterritorial del bloqueo que entraña un carácter genocida sobre el pueblo cubano al provocar sufrimiento y pérdidas humanas aun en ausencia de conflagración bélica inflige un perjuicio directo a todas las naciones del planeta. Ello explica su rechazo prácticamente unánime en el fuero internacional.
HY: Para concluir, a lo largo de cerca de siete décadas de antagonismo, cada administración estadounidense ha procurado inducir un cambio de régimen en Cuba sin alcanzar éxito alguno. ¿Qué lecciones se derivan de este hecho respecto de la eficacia real de dicha política y la capacidad de resistencia del sistema cubano?
BR: Un prominente senador conservador estadounidense cuestionó en su momento la continuidad de la política de hostilidad y bloqueo contra Cuba tras transcurrir medio siglo de su aplicación, señalando que perseverar durante cincuenta años en una estrategia fallida debería impeler a cualquier actor a considerar un curso de acción alternativo. La realidad incontestable es que la política de agresión y bloqueo no ha aproximado a los Estados Unidos ni un solo milímetro a ninguno de los objetivos declarados respecto de Cuba. Por extremas que resulten las medidas adoptadas, carecerán de eficacia y no lograrán acercar ni a la actual administración ni a gobierno alguno a las metas que se han trazado: a saber, restablecer la hegemonía sobre Cuba, retrotraer a la isla a los años más sombríos del capitalismo neocolonial y dependiente, entregar las riquezas del país a corporaciones estadounidenses o permitir el retorno de las facciones corruptas que sirvieron a la dictadura batistiana y que hallaron refugio en el sur de la Florida. Por más que se empeñe la administración estadounidense, jamás alcanzará tales propósitos, si bien es preciso reconocer su capacidad para infligir un daño de proporciones gigantescas a nuestra patria, tal como acontece en la actualidad.
Ciertas administraciones estadounidenses procuraron introducir transformaciones en las relaciones bilaterales. Omito deliberadamente la alusión a mandatarios específicos. Cabe precisar que tales antecedentes evidenciaron, ante todo, la factibilidad de alcanzar avances en el vínculo bilateral, de atenuar o dejar sin efecto algunas de las disposiciones más gravosas del bloqueo contra Cuba, así como de solventar contenciosos bilaterales mediante el diálogo y la concertación negociada. Asimismo, pusieron de manifiesto que Cuba constituye un interlocutor riguroso, un actor internacional serio que honra estrictamente sus compromisos. Demostraron, además, la existencia de un amplio consenso entre los pueblos de Cuba y de los Estados Unidos en favor de superar estas políticas de coerción y asedio, propiciando el desarrollo de lazos de diálogo, intercambio comercial y cooperación en beneficio recíproco.
Lo hemos expresado en reiteradas ocasiones y me complace revalidarlo: el Gobierno cubano mantiene su plena disposición a entablar conversaciones con la administración estadounidense sobre las bases que consagra el derecho internacional, a saber, la igualdad soberana, la paridad de condiciones, el respeto mutuo, el beneficio recíproco para ambas naciones, la no injerencia en los asuntos internos y la ausencia de condicionamientos previos. Las experiencias de décadas anteriores acreditaron que dicho curso de acción reporta notables beneficios al propio pueblo estadounidense. A modo de ilustración, en el año 2018, 400 000 ciudadanos estadounidenses y una cifra equiparable de residentes cubanos en ese país visitaron Cuba, vivenciando directamente nuestra realidad y adquiriendo una comprensión fidedigna y objetiva de la misma. Dicha dinámica concitó un sólido respaldo entre la sociedad estadounidense y la comunidad cubana asentada en su territorio, incluida la del sur de la Florida. Por consiguiente, guardo la convicción de que el acervo acumulado y la tendencia histórica señalan en esa dirección: si se concreta bajo la actual administración, ganaremos un tiempo precioso; de lo contrario, se consumará con una administración ulterior. En última instancia, prevalecerá una relación civilizada, fructífera y respetuosa entre ambos pueblos, la cual habrá de reflejarse de forma ineludible en el plano gubernamental.
NB: Antes de concluir, ¿desearía añadir alguna consideración final?
BR: Expreso mi más sincero reconocimiento por su visita, por compartir las vicisitudes que afrontamos en la coyuntura actual y por manifestar un interés tan hondo no solo en profundizar en el conocimiento de Cuba, sino en garantizar que la ciudadanía a escala global y muy especialmente en Europa y los Estados Unidos acceda a una información veraz, rigurosa y exhaustiva.
*Helen Yaffe es catedrática de Economía Política de América Latina en la Universidad de Glasgow. Es autora de obras como «We Are Cuba! How a Revolutionary People Have Survived in a Post-Soviet World» y «Che Guevara: The Economics of Revolution», y ha participado en la coproducción de diversos documentales sobre Cuba. Asimismo, copresenta el podcast «Cuba Analysis».
*Nina Blodau cuenta con una trayectoria de cerca de tres décadas en el movimiento de solidaridad con Cuba; en la actualidad preside el «Cuba Support Group Ireland» y copresenta el podcast «Cuba Analysis». Ha sido además productora del documental «Cuba: Growing Resilience», centrado en el desarrollo sostenible en la isla.