Venezuela, Cambio De Régimen y Algo Inesperado Que Necesitas Saber

¿Algunas Informaciones Incómodas Entre Bastidores?

En este artículo que lamento tener que escribir compartiré ciertos datos obtenidos a partir de entrevistas realizadas a tres fuentes clave: un oficial estadounidense de la DIA, un diplomático que prestó servicio en Caracas y un oficial de inteligencia venezolano. Lo que aquí se expone es una síntesis de información recopilada; no constituye una opinión personal (los comentarios personales se presentarán en la segunda parte del artículo).

Según los datos recabados, el panorama que emerge es muy distinto de lo que solemos escuchar o leer ocasionalmente en los medios contrarios a Venezuela y al bolivarianismo.

Se afirma que Nicolás Maduro, durante años, no solo en Venezuela sino en toda América del Sur, habría mantenido vínculos con cárteles de la droga y que incluso habría sido un antiguo agente de la CIA. El control directo del narcotráfico, sin embargo, no recaería en él, sino en sus sobrinos.

El acontecimiento ocurrido en la mañana del 3 de enero de 2026 habría sido una operación consensuada por varios países, destinada a proteger a Maduro del riesgo de ser asesinado por barones de la droga con base en Cuba. Al aceptar su detención y extradición a Estados Unidos, Maduro habría garantizado su propia seguridad y mostrado disposición a cooperar en la lucha contra el crimen organizado que dirige el narcotráfico. En territorio estadounidense tendría la oportunidad de exponer las actividades de contrabando de este pequeño pero poderoso imperio criminal y revelar nombres.

Dejando de lado la veracidad de esta información, aceptémosla por un momento como hipótesis de trabajo y tratemos de construir una cadena lógica en torno a ella. En realidad, hay numerosos elementos que requieren esclarecimiento.

Desde el punto de vista militar, lo ocurrido fue casi surrealista y recordó notablemente a la caída de Asad en 2024: una intervención extremadamente limitada, ejecutada sin fricciones, con coordinación entre fuerzas aéreas y terrestres; la inacción de los sistemas de defensa aérea venezolanos; la ausencia total de resistencia por parte de las fuerzas terrestres; ningún soldado estadounidense muerto, capturado o desaparecido; y bombardeos estrictamente restringidos. No se atacaron aeropuertos ni bases; solo se apuntó a sistemas de distracción y, fuera de ello, a zonas de refinerías petroleras previamente declaradas como objetivos por los estadounidenses. En otras palabras, una ofensiva seria habría requerido mucho mayor esfuerzo, compromiso y, al menos, algún grado de resistencia; aquí, en cambio, asistimos a una acción rápida y prácticamente indolora.

El contexto político fue igualmente veloz y atípico: dentro del espectro político venezolano, solo el ministro de Relaciones Exteriores, el representante ante las Naciones Unidas y el ministro de Defensa condenaron el ataque y prometieron resistencia; fuera de eso, no hubo reacción significativa. Las respuestas internacionales también fueron muy limitadas y moderadas. Türkiye, Colombia, Irán y Bielorrusia fueron los primeros países en adoptar una postura abierta, con declaraciones duras y decididas contra el imperialismo estadounidense.

Otros no actuaron del mismo modo. Rusia emitió un comunicado condenando el ataque de Trump y llamando a garantizar la integridad territorial de Venezuela, y lo hizo después de haber retirado su personal militar del país dos semanas antes. Difícilmente pueda considerarse una coincidencia. De manera similar, China que apenas 24 horas antes había enviado a su enviado especial para reunirse con Maduro no emitió una declaración contundente. Particularmente inquietante, aunque previsible, fue la reacción de la Unión Europea: tras conversar con Kaja Kallas, Mark Rubio y el embajador en Caracas, la UE se limitó a afirmar que estaba “observando” la situación, reiteró su condena a Maduro y expresó su deseo de una “transición pacífica” en Venezuela.

A esto se suman los datos procedentes de la calle: según la información obtenida de los medios y de testimonios locales, no se registraron ni levantamientos en apoyo al presidente ni celebraciones especiales. Todo parece notablemente estático. Sin embargo, dadas las medidas que Estados Unidos se prepara para adoptar sobre el terreno, estos datos podrían cambiar con rapidez.

Petróleo y Mucho Más

Los estadounidenses están interesados en el petróleo, el oro, el litio y las riquezas del subsuelo venezolano. Se trata de un hecho bien conocido y abiertamente declarado.

No obstante, aunque Estados Unidos haya logrado un control significativo sobre el presidente Maduro, el acceso automático a las mayores reservas de petróleo del mundo no está garantizado. ¿Qué ocurrirá ahora? Resulta poco probable que una gran empresa estadounidense invierta miles de millones de dólares en un país que sigue definido por una profunda inestabilidad y una gobernanza incierta.

Mientras tanto, China continúa siendo el principal comprador del petróleo venezolano, y las operaciones actuales de Chevron permanecen en la incertidumbre. No se trata únicamente de un cambio de régimen; es un complejo juego de ajedrez donde colisionan recursos, geopolítica y riesgos económicos.

¿La riqueza petrolera de Venezuela se convertirá en una recompensa para quien logre estabilizar el país, o el caos persistente mantendrá estas vastas reservas fuera de los mercados globales?

No es solo una cuestión de “dinero sucio”; es, sobre todo, una cuestión de soberanía y libertad. El ataque estadounidense y la inestabilidad política resultante han conducido de facto a un cambio de régimen, dejando a Venezuela vulnerable y empujándola a convertirse en otro suburbio o patio trasero del imperio estadounidense en declive y por ello más agresivo, con un gobierno títere diseñado por las agencias de inteligencia occidentales y, ante todo, con la aniquilación del legado político de la revolución socialista bolivariana.

En otras palabras, puede ser una victoria para los intereses de Estados Unidos; pero dista mucho de ser seguro que lo sea para el pueblo venezolano.

Como bien escribió Mark Bernardini, Estados Unidos sigue desempeñando el papel de guardián del mundo. Cuando lo considera conveniente, elimina físicamente a líderes que no están dispuestos a someterse a sus reglas. La historia reciente está llena de ejemplos: Lumumba y Allende fueron asesinados; Maduro fue capturado y extraditado; Milošević fue ejecutado por enfermedad; Gaddafi y Hussein fueron asesinados en sus propias tierras. La lista continúa. Solo en América del Sur, Estados Unidos ha promovido 19 golpes de Estado desde 1904.

Desafiando el derecho internacional y las promesas de paz, Estados Unidos continúa utilizando la violencia como instrumento de control y dominación. Esto persistirá hasta que sea finalmente derrotado; hasta el día en que colapse desde dentro, bajo el peso de su propio sistema corrupto, de su propia violencia y de la ausencia del espíritu civilizatorio.

Imperialismo e Influencia

Debemos tener presente una realidad geopolítica muy concreta, porque la realpolitik y la teoría política suelen avanzar según escalas distintas de tiempo y espacio.

La emergencia de un mundo multipolar exige que las grandes potencias Rusia, China, India y, por supuesto, Estados Unidos redibujen sus esferas de influencia a escala global. Allí donde observamos que Estados Unidos retrocede en otras regiones, también constatamos que concentra su poder en América del Sur, una región que claramente pretende apropiarse.

Se trata de un proceso trágicamente inevitable. El nuevo orden implica el colapso doloroso del anterior. Así como la expansión de Rusia y China en África o la proyección de India hacia Europa, no estamos ante acontecimientos espontáneos o fortuitos, sino ante políticas decididas en los corredores del poder y aplicadas en el tiempo y el espacio. Estas aplicaciones no son automáticas ni impecables; por el contrario, son anómalas y están cargadas de acontecimientos.

El colapso del imperio estadounidense no puede producirse sin una respuesta fuerte y unificada de otros actores; cuando faltan reacciones firmes, claras y decididas, todos padecemos un vacío institucional que no hace sino aumentar la confusión. Sin embargo, no debemos olvidar que lo que vemos suele ser únicamente la punta del iceberg.

Lo ocurrido en Venezuela forma parte de la NSS, la Estrategia de Seguridad Nacional de Estados Unidos, un documento que ha resucitado la Doctrina Monroe. Todo está ya escrito. Aunque el texto publicado por la Casa Blanca menciona la “no intervención” y el “rechazo de la dominación permanente de Estados Unidos sobre el mundo”, resulta innegable que Estados Unidos ha sido el primer país en mentirle al mundo y siempre lo ha hecho con notable éxito.

Fuente:https://strategic-culture.su/news/2026/01/04/venezuela-regime-change-and-something-unexpected-you-need-to-know/