Una De Las Claves Estratégicas De La Diplomacia Turca: El Instituto Yunus Emre
¿Qué es lo que hace fuerte a un país? La respuesta a esta pregunta ya no se limita únicamente a su capacidad económica y militar ni a las actividades propias de la diplomacia clásica. La capacidad de generar simpatía y confianza en otras sociedades, de despertar curiosidad por un país y fomentar un sentimiento de cercanía hacia él, se ha convertido también en una dimensión intangible, pero inseparable, de su poder. Dentro de este ámbito, conocido como diplomacia pública, la lengua, la cultura, el arte y el patrimonio académico e intelectual de un país ocupan un lugar fundamental. Una de las instituciones de Türkiye que desarrolla su labor en este terreno y que posee una considerable experiencia y un notable potencial es el Instituto Yunus Emre.
Mientras Francia desarrolla desde 1907 una diplomacia cultural institucionalizada a través del Institut Français, el Reino Unido lo hace desde 1934 mediante el British Council, y Alemania desde 1951 por medio del Goethe-Institut, en Türkiye una estructura institucional comparable surgió relativamente tarde, con la creación del Instituto Yunus Emre en 2007.
Desde luego, Türkiye ya desarrollaba actividades de diplomacia pública y promoción cultural antes de la creación del Instituto. Sin embargo, en épocas anteriores, una parte considerable de estas iniciativas se llevaba a cabo desde una concepción limitada de la representación cultural, que tendía a encerrar el extraordinariamente rico patrimonio de Türkiye en unos cuantos elementos estereotipados. El rakı turco, la danza del vientre, las delicias turcas, el café turco y unos pocos platos tradicionales llegaban, en ocasiones, a convertirse prácticamente en los únicos referentes destinados a representar la totalidad del universo cultural del país.[1]
Esta imagen era también, en cierta medida, el resultado de una mentalidad predominante en determinados círculos diplomáticos de la época: una visión que no siempre mantenía un contacto suficientemente profundo con la riqueza cultural de su propia sociedad y que, al presentar Türkiye en el exterior, recurría con demasiada frecuencia a un repertorio restringido, construido sobre estereotipos orientalistas y representaciones populares.
En este sentido, la creación del Instituto Yunus Emre constituyó un importante punto de inflexión. Por primera vez, Türkiye pasó a disponer de una estructura institucional capaz de presentar ante el mundo, de una manera más integral, coherente y sistemática, su lengua, su literatura, su música, su arte, su historia y su patrimonio intelectual.
Lamentablemente, en los últimos tiempos el Instituto Yunus Emre ha sido mencionado en relación con diversas circunstancias negativas e incluso con determinados acontecimientos que han desembocado en procesos judiciales. Sin embargo, esta distinguida institución —en cuya sede de Kyiv (Kiev) tuve el honor de ejercer como director fundador entre 2017 y 2020— constituye, en esencia, un valioso instrumento de diplomacia pública del que toda Türkiye debería sentirse orgullosa y cuya preservación debería asumir como propia. Bastaría con mencionar algunos ejemplos de mi etapa al frente de aquella sede para comprender hasta qué punto la misión que puede desempeñar el Instituto es amplia y estratégicamente relevante.
Durante los años en que trabajé en Kyiv organizamos decenas de actividades culturales y artísticas y enseñamos turco a cientos de personas. Sin embargo, al mirar hoy hacia atrás, considero que algunas de aquellas iniciativas adquirieron una importancia particular en comparación con otras.
Una de ellas fue la relación que establecimos con la comunidad gagaúza residente en Kyiv. Entre la población gagaúza de la ciudad tuve la oportunidad de conocer a personas extraordinariamente formadas y cualificadas. Al mismo tiempo, observaba que, sobre todo entre las familias asentadas en la capital, el uso cotidiano de la lengua gagaúza disminuía progresivamente, mientras que el ruso adquiría una presencia cada vez más dominante.
Entre las comunidades gagaúzas de Moldova y del sur de Ucrania, la lengua gagaúza conservaba una vitalidad considerable. En cambio, en una gran ciudad como Kyiv, la vida urbana, los matrimonios entre personas pertenecientes a comunidades diferentes y el hecho de que los niños recibieran mayoritariamente su educación en ruso podían reducir progresivamente los espacios de utilización del gagaúzo, especialmente entre las segundas generaciones.
Con el propósito de contribuir a evitar el debilitamiento de este vínculo cultural, pusimos en marcha una iniciativa de doble vertiente. Por un lado, acogimos en Kyiv las Jornadas de la Cultura Gagaúza, con el objetivo de aumentar la visibilidad de esta cultura; por otro, con la aprobación y el respaldo de la dirección del Instituto Yunus Emre, comenzamos a impartir gratuitamente cursos de turco de Türkiye a los gagaúzos residentes en Kyiv. Del mismo modo, establecimos fructíferas colaboraciones culturales con los tártaros de Crimea y los turcos mesjetios (ahıska) residentes en la ciudad.
Además de las actividades estrictamente culturales, procuramos establecer vínculos con diferentes sectores de la sociedad que, a nuestro juicio, podían contribuir a construir relaciones duraderas entre Türkiye y Ucrania. Los contactos diplomáticos con una importante comunidad musulmana perteneciente a la tradición suní mayoritaria y liderada principalmente por tártaros de Crimea y de Kazán —contactos que hasta entonces no habían alcanzado un desarrollo suficiente— comenzaron a raíz de un encuentro durante una oración del viernes y, en poco tiempo, evolucionaron hasta convertirse en una relación institucional.
Un grupo perteneciente a esta comunidad comenzó a estudiar turco de Türkiye en nuestro Instituto y, con el paso del tiempo, empezó también a utilizar la lengua turca en determinados servicios religiosos. De esta manera, se fortalecieron los contactos entre los ciudadanos turcos residentes en Kyiv y un entorno dispuesto a desarrollar relaciones más estrechas con Türkiye, con el que podían comunicarse asimismo en cuestiones de carácter religioso.
Gracias a la cooperación que desarrollamos con el Servicio Estatal de Guardia de Fronteras de Ucrania, comenzamos además a impartir clases de turco a parte del personal encargado de los controles de pasaportes y aduanas. Se trataba de una iniciativa de dimensiones modestas, pero que produjo un beneficio concreto al facilitar las interacciones cotidianas de los ciudadanos procedentes de Türkiye.
Por su parte, los proyectos que desarrollamos con la Universidad Nacional Lingüística de Kyiv generaron resultados de carácter más duradero. Animamos a sus estudiantes a cursar estudios de posgrado en Türkiye y apoyamos sus solicitudes para programas de maestría y doctorado. Algunos de ellos continuaron posteriormente su formación gracias a las Becas de Türkiye, incorporándose después a la vida académica y contribuyendo a ella.
Asimismo, establecimos relaciones con la entonces Universidad Nacional de Aviación de Kyiv, donde comenzamos a ofrecer enseñanza de turco a su personal. Si se tiene en cuenta el potencial de las relaciones turco-ucranianas en los ámbitos de la aviación y las tecnologías avanzadas, al contemplar hoy retrospectivamente aquellas iniciativas comprendo con mayor claridad que este tipo de proyectos trascendían ampliamente los límites convencionales de la diplomacia cultural.
En realidad, contribuían a construir la infraestructura humana de unas relaciones capaces de extenderse desde el mundo académico hasta la economía y los sectores estratégicos.[2] La enseñanza de una lengua, el intercambio cultural y la creación de vínculos personales podían convertirse así en los primeros eslabones de relaciones institucionales mucho más profundas y duraderas entre Türkiye y Ucrania.
Naturalmente, la posibilidad de llevar a cabo este tipo de iniciativas, capaces además de contribuir a objetivos estratégicos para el país, solo podía materializarse gracias a una estructura institucional del Instituto Yunus Emre que funcionara adecuadamente, otorgara la debida importancia al mérito profesional y alentara a sus responsables sobre el terreno a asumir responsabilidades y tomar la iniciativa. Gracias tanto al respaldo de la dirección del Instituto de aquel periodo como al estímulo y apoyo de Yönet Can Tezel, entonces embajador de Türkiye en Kyiv, tuvimos la oportunidad de poner en marcha muchas otras iniciativas relevantes, además de las que he mencionado hasta aquí.
Aquella experiencia me permitió comprender que el Instituto Yunus Emre dista mucho de ser una institución cultural convencional. Por el contrario, cuando se administra de manera adecuada, constituye una institución de gran valor, capaz de generar posibilidades muy diversas al servicio de los objetivos culturales y académicos de Türkiye e incluso de sus intereses estratégicos en un sentido más amplio.
Por esta razón, resulta necesario distinguir entre los procesos judiciales actualmente en curso y la institución como tal. Naturalmente, es fundamental que, si se han cometido irregularidades, estas sean esclarecidas y que quienes resulten responsables rindan cuentas ante la justicia. Sin embargo, tampoco debería permitirse que unos procedimientos judiciales que aún no han concluido proyecten una sombra sobre el patrimonio institucional acumulado por el Instituto Yunus Emre ni sobre el valor que este representa para nuestro país.
Recientemente, el Prof. Dr. Selim Argun fue nombrado presidente del Instituto Yunus Emre. Criado en una ciudad culturalmente rica y cosmopolita como Estambul, habiendo cursado una parte significativa de sus estudios universitarios y de posgrado en el extranjero y acumulado experiencia internacional mediante el contacto con diferentes culturas, Argun posee una trayectoria personal y profesional que ofrece importantes ventajas para el Instituto.
En realidad, quienes asumen la responsabilidad de dirigir el Instituto Yunus Emre necesitan poseer conocimientos y experiencia en un espectro extraordinariamente amplio: desde la sociedad civil hasta el mundo académico; desde la cultura y las artes hasta la enseñanza de idiomas; y desde la diplomacia pública hasta el funcionamiento burocrático del Estado. La formación académica y la trayectoria profesional de Selim Argun coinciden, en gran medida, con las necesidades que presenta el Instituto en estos ámbitos.
Naturalmente, el Prof. Dr. Argun, cuya formación y experiencia profesional han estado vinculadas principalmente al ámbito de la teología y de los asuntos religiosos, se encontrará también ante determinados campos y desafíos que pueden resultar relativamente nuevos para él. Sin embargo, si logra combinar su sólida formación académica y su amplia experiencia internacional con un equipo competente, multidisciplinar y seleccionado sobre la base del mérito, no resulta en absoluto improbable que, en un futuro próximo, volvamos a asociar el nombre del Instituto Yunus Emre con iniciativas valiosas y proyectos de éxito.
[1] Para algunos ejemplos de este tipo de noticias aparecidas en la prensa extranjera, véase:
Douglas Larsen, «Douglas Larsen’s Washington News Notebook», Santa Cruz Sentinel, 9 de noviembre de 1956, vol./año 100, n.º 266, p. 17.
«A Warm Welcome at the Turkish Embassy», The Canberra Times, 9 de septiembre de 1969, vol. 44, n.º 12411, p. 10.
«Turkish Dancer Delights», The Canberra Times, 6 de julio de 1974, vol. 48, n.º 13801, p. 1.
[2] Entre 2017 y 2020, el Instituto Yunus Emre de Kyiv acogió numerosas actividades académicas y culturales, entre ellas el panel «Las alianzas turco-ucranianas a lo largo de la historia», las Jornadas de Cine Turco de Kyiv, talleres de dicción en lengua turca, un panel dedicado a Hürrem Sultan (Roksolana) y diversos programas centrados en la figura y la obra de Mehmet Âkif Ersoy.
En 2019 se celebraron asimismo las Jornadas de la Cultura Turca, desarrolladas a lo largo de dos semanas y concebidas como un amplio programa que abarcó desde conciertos y actividades dedicadas a la gastronomía turca hasta exposiciones y una Semana del Cine Turco. Estas iniciativas constituyeron solo algunos ejemplos, entre las numerosas actividades realizadas durante aquel periodo, que merecen ser recordados de manera particular por su impacto cultural y académico.