Segunda Declaración Americana

En el curso de los acontecimientos humanos, cuando un gobierno que afirma representar la unión de los estados fracasa en el cumplimiento de esa misión; cuando derechos inalienables como la Vida, la Libertad y la Búsqueda de la Felicidad son pisoteados por dicho gobierno; y cuando tanto el Estado de derecho como la Constitución son violados de manera sistemática; cuando cualquier forma de gobierno se vuelve destructiva de estos fines, surge el derecho del pueblo a cambiarla o abolirla.

Por ello, nosotros, el pueblo, constatamos que el actual gobierno, bajo la presidencia de Donald J. Trump, está decidido a eliminar la autoridad democrática y a sustituirla por un régimen autoritario que no respeta ni la Constitución, ni el Estado de derecho, ni los derechos humanos fundamentales de los ciudadanos de los Estados Unidos y de las demás personas que residen legalmente en este país.

En consecuencia, declaramos que el gobierno actual carece de legitimidad: su Presidente ha violado el juramento de “preservar y defender la Constitución” y, en su lugar, ha reclamado un poder absoluto. Ha abusado del papel independiente del Departamento de Justicia, ordenando el enjuiciamiento ilegal y deshonroso de quienes expresan críticas. Ha designado para altos cargos del Estado a personas cuya única credencial es su lealtad personal, y que poseen escasa o nula competencia para las funciones asignadas. Ha debilitado la independencia de diversas agencias e instituciones creadas por el Congreso, ha disuelto algunas y ha intentado convertir otras en meras extensiones del poder ejecutivo. Ha negado fondos vitales a gobiernos estatales y locales que se resistieron a las políticas y regulaciones ilegales de su administración. Ha mostrado un abierto desprecio por el Congreso, ignorando sus responsabilidades constitucionales en materia de presupuestación, poderes de guerra y procesos de nombramiento. Él mismo y miembros de su gabinete han entablado múltiples relaciones exteriores corruptas destinadas a enriquecer al Presidente y a su entorno cercano. Él y su administración han debilitado sistemáticamente a la sociedad civil, incluida la libertad de prensa y la libertad de expresión en universidades y bufetes de abogados. Al transformar el Departamento de Seguridad Nacional en un instrumento de control interno, ha llevado a cabo operaciones militares ilegales en estados y ciudades de los Estados Unidos—operaciones que incitan a la violencia y privan a ciudadanos y residentes legales de sus derechos fundamentales. Su administración ha socavado la misión y los principios de las fuerzas armadas profesionales, ha destituido sin causa a oficiales superiores y ha enviado a las fuerzas militares estadounidenses a cometer actos ilegales en alta mar. Asimismo, este gobierno ha dañado la reputación internacional de los Estados Unidos al aplicar políticas consideradas ilegales e imperialistas por numerosos pueblos y gobiernos del mundo. Él y su administración han ignorado el consenso científico sobre el calentamiento global, han eliminado regulaciones ambientales y programas de investigación, y han despreciado y denigrado a la comunidad científica del país. Además, han debilitado las alianzas tradicionales con países democráticos, han convertido los aranceles en un arma para doblegar la resistencia de estos países a sus políticas y han intervenido en sus políticas internas apoyando la agenda de partidos de extrema derecha.

Ciertamente, la prudencia dicta que los gobiernos establecidos desde hace tiempo no deben cambiarse por causas leves y transitorias. Sin embargo, cuando una larga cadena de abusos y usurpaciones, que persigue invariablemente el mismo objetivo, revela de manera clara la intención de someter al pueblo a un despotismo absoluto, derrocar a ese gobierno y proveer nuevos garantes para su seguridad futura no es solo un derecho del pueblo, sino también su deber.

Para alcanzar este propósito, prometemos utilizar medios pacíficos y procesos democráticos. Solo responderemos con fuerza como último recurso; pues la historia nos ha demostrado que el poder masivo y no violento ha logrado derrotar la opresión.

En apoyo de esta Declaración, con una firme confianza en la protección de la divina providencia, nos comprometemos mutuamente nuestras vidas, nuestras fortunas y nuestro sagrado honor.

*Mel Gurtov es un autor cuyos escritos se publican a través de PeaceVoice; es profesor emérito del Departamento de Ciencias Políticas de la Universidad Estatal de Portland.

Fuente:https://znetwork.org/znetarticle/the-second-american-declaration/