¡Resistan A Los Abusadores!

La primera lección que se aprende al llegar a una escuela nueva y difícil es simple: si te enfrentas a un abusador, debes plantarte. Lo importante no es un caso concreto, sino la psicología subyacente. Los abusadores suelen preferir intimidar antes que llevar las cosas demasiado lejos, y cuando perciben fuerza tienden a retirarse y buscar a alguien más fácil de acosar.

Tras una década de trumpismo y si fechamos nuestro periodo actual desde el descenso de Trump por la famosa escalera dorada, ya son diez años y medio, la gran sabiduría de nuestro tiempo quizá sea simplemente confirmar esa vieja verdad del patio escolar.

Esta lógica encaja casi exactamente con la manera en que Trump se ve a sí mismo y a su política. En una entrevista de 2014 con Michael D’Antonio, recordando su infancia, dijo: “Miro cómo era en primer grado y cómo soy ahora; básicamente soy el mismo. El temperamento no es muy distinto”. Y lo que describía era el retrato de un niño problemático. En recuerdos recogidos por The Washington Post en 2016, antiguos compañeros lo recordaban como parte de un grupo que “tiraba del cabello a las niñas, repartía notas y hablaba sin permiso”; incluso un castigo escolar fue rebautizado como “Donny Trump” o “DT”. Un compañero relató haber visto a Trump y a sus amigos saltar de sus bicicletas y golpear a otro niño. “Es como un pequeño clip grabado en mi mente por lo extraño y aterrador que era a esa edad”, dijo Steve Nachtigall. “Era un abusador ruidoso”.

Trump también ha contado que golpeó a su profesora de segundo grado por “no saber nada de música” (ella lo negó, aunque luego comentó a su hijo: “Ese chico ya era un pequeño problema a los diez años”). La situación fue tal que su padre que lo describía como un niño “bastante duro” lo envió a una escuela militar tras séptimo grado, donde encontró disciplina. Trump lo recordaba con admiración: “Si cruzabas la línea, el profesor te abofeteaba, y fuerte”. Esa fue la lección que absorbió. Su antiguo instructor Theodore Dobias lo describió así: “Cuando sentía poder, y ese poder no era cuestionado, te trataba como a un hombre”.

En sus declaraciones siempre aparece la misma sensación: fuerzas imparables que obtienen lo que quieren hasta que encuentran un obstáculo real. En uno de los momentos más recordados del debate presidencial de 2016, cuando le pidieron decir algo positivo sobre Hillary Clinton, respondió: “Es una luchadora… No estoy de acuerdo con muchas de sus ideas, pero pelea duro, no se rinde. Eso es una buena cualidad”. Y en 2025, al hablar sobre Rusia y Ucrania, volvió al lenguaje del patio escolar: “Las partes están atrapadas y peleando, y a veces hay que dejarlas pelear”.

No es una visión del mundo compleja, pero Trump ha sido notablemente coherente, y solo ahora algunos interlocutores políticos parecen comprenderlo. Desde que aseguró la nominación en 2016, la reacción predominante fue apaciguarlo: muchos opositores se acomodaron, instituciones cedieron, y su regreso al poder en 2025 vino acompañado de una ola de obediencia. Sin embargo, cuando se le confronta, suele retroceder. Esta es la lección clave y una advertencia para quienes son objeto de su presión.

Europa, que durante décadas no se destacó por su valentía, reaccionó ante las amenazas de Trump sobre Groenlandia con una inesperada firmeza. Líderes europeos defendieron la dignidad y prepararon contramedidas comerciales, mientras Dinamarca reforzaba la defensa de Groenlandia. El mensaje fue claro: solo resistiendo se cambia el cálculo del abusador. Poco después, Trump moderó su discurso y afirmó: “No usaré la fuerza”.

Un ejemplo aún más revelador surgió en Minneapolis. La operación federal destinada a mostrar poder encontró, en cambio, resistencia civil organizada. Ciudadanos ayudaron a personas perseguidas, documentaron acciones oficiales y mantuvieron vigilancia comunitaria. Incluso funcionarios federales reconocieron la organización del movimiento. Según Adam Serwer, lo que las autoridades encontraron fue “una resistencia real, amplia y mayoritariamente no violenta”. Para muchos habitantes, la cuestión era simple: ¿levantarse o retirarse?

Los recientes cambios de estrategia del gobierno sugieren que la resistencia alteró el rumbo. Funcionarios fueron reemplazados, errores admitidos y el tono suavizado. Tal vez sea exagerado afirmar que el trumpismo se ha quebrado, pero la lección permanece clara: los abusadores apuntan a la debilidad. Cuando alguien se les enfrenta ya sean líderes europeos o ciudadanos comunes, suelen retirarse y buscar objetivos más fáciles.

Sam Kahn es editor asistente en Persuasion, autor del boletín Castalia en Substack y editor de The Republic of Letters.

Fuente:https://www.persuasion.community/p/stand-up-to-bullies