¿Refleja El Índice Global Firepower (GFP) El Verdadero Poder Militar De Los Países? El Caso De Israel
Cuando surge la posibilidad de un conflicto o una guerra entre Estados, los medios de comunicación suelen publicar las posiciones que estos países ocupan en el Índice Global Firepower (GFP) y establecer comparaciones entre sus respectivas capacidades militares. Por lo general, tiende a asumirse que el país situado en una posición más alta en la clasificación será el vencedor, y buena parte de los análisis y comentarios se articulan en torno a esta premisa.
Pero ¿proporciona realmente el Índice GFP una información tan precisa y suficiente como suele suponerse? ¿Los resultados sobre el terreno se corresponden necesariamente con el poder militar que aparece reflejado sobre el papel?
En este artículo trataremos de examinar hasta qué punto el Índice GFP refleja la realidad, tomando como referencia el caso de Israel.
GFP: una clasificación del poder militar de 145 países
El Global Firepower Index (GFP), que clasifica el poder militar de 145 países, funciona como sitio web desde 2006 y publica anualmente una clasificación de las capacidades militares de los Estados incluidos en su lista. Según la información proporcionada por el propio GFP, esta clasificación no se elabora únicamente a partir del número de efectivos militares o del presupuesto de defensa de cada país, sino mediante una fórmula específica que incorpora más de 60 factores individuales y calcula una puntuación denominada PowerIndex (PwrIndx). En este sistema, cuanto más se aproxima la puntuación a cero, mayor se considera la capacidad militar del país.
Para elaborar la clasificación se utilizan principalmente datos procedentes del CIA World Factbook, de Wikipedia y de otras fuentes abiertas. Sin embargo, se observa que algunos de estos datos pueden encontrarse desactualizados o contener errores.
Según la clasificación de Global Firepower correspondiente a 2026, los diez primeros países se ordenan de la siguiente manera:[i]
| País | Puntuación | País | Puntuación |
|---|---|---|---|
| 1. Estados Unidos | 0.0741 | 6. Francia | 0.1798 |
| 2. Rusia | 0.0791 | 7. Japón | 0.1876 |
| 3. China | 0.0919 | 8. Reino Unido | 0.1881 |
| 4. India | 0.1346 | 9. Turquía | 0.1975 |
| 5. Corea del Sur | 0.1642 | 10. Italia | 0.2211 |
Los principales criterios y categorías que determinan la clasificación son los siguientes:
- Número de efectivos (población total, población en edad militar, fuerzas activas, de reserva y paramilitares).
- Inventario militar y diversidad de armamento (poder aéreo, terrestre y naval; tanques, aeronaves, buques, sistemas de artillería, etc.).
- Presupuesto de defensa y recursos financieros (presupuesto de defensa, deuda externa, reservas de divisas y oro, paridad de poder adquisitivo —PPA—).
- Logística e infraestructuras (aeropuertos, puertos, flota mercante, redes ferroviarias y viarias).
- Posición geográfica.
- Recursos naturales (producción, consumo y reservas de petróleo).
- Factores correctores específicos (bonificaciones y penalizaciones).
El sistema aplica coeficientes específicos, bonificaciones y penalizaciones con el propósito de evitar que ejércitos de grandes dimensiones, pero tecnológicamente rezagados, ocupen posiciones excesivamente elevadas, así como para reflejar de manera más adecuada las capacidades de fuerzas armadas más reducidas pero tecnológicamente avanzadas.
Limitaciones del índice
La principal limitación del Global Firepower Index reside en que mide únicamente el potencial de los países para librar una guerra convencional terrestre, naval y aérea. El modelo se fundamenta en parámetros tradicionales heredados de la época de la Guerra Fría y se concentra esencialmente en la capacidad bélica convencional de los Estados. En consecuencia, sus evaluaciones no incorporan determinadas capacidades de defensa de carácter no convencional.
Los vehículos aéreos no tripulados asistidos por inteligencia artificial, los enjambres de drones y las capacidades asimétricas en materia de software y guerra electrónica, que han transformado radicalmente el concepto contemporáneo de la guerra, no quedan adecuadamente reflejados en la clasificación. El índice tampoco proporciona información suficiente acerca de la «calidad tecnológica» de los sistemas de los que disponen las distintas fuerzas armadas.
Los arsenales nucleares de los países, su superioridad en el ciberespacio y sus redes de satélites e inteligencia basadas en el espacio tampoco se incorporan a la puntuación.
Al tratarse de un índice que recopila, sistematiza y clasifica datos procedentes de fuentes abiertas, tampoco examina los proyectos y capacidades que poseen los Estados, pero que permanecen protegidos como secretos de seguridad nacional y que podrían ejercer una influencia decisiva sobre el resultado de un conflicto.
Por consiguiente, el GFP puede ofrecer una aproximación general al potencial industrial de un país y un inventario básico de sus principales medios militares.
Además de estas limitaciones, pueden señalarse otros factores que influyen directamente en la capacidad bélica de los Estados, pero que no están suficientemente representados en el índice:
No se contempla el efecto multiplicador de las alianzas militares
El Global Firepower Index analiza a cada país como un actor individual. En lugar de evaluar los equilibrios geopolíticos o las relaciones internacionales, se concentra exclusivamente en las capacidades geográficas, demográficas, económicas y militares convencionales de cada Estado.
El impacto de las relaciones de alianza como la pertenencia a la OTAN, las rivalidades entre Estados o las modificaciones en los sistemas de alianzas no se incorpora a la puntuación del PowerIndex. Sin embargo, las alianzas militares proporcionan al Estado aliado, por una parte, una capacidad adicional de disuasión y, por otra, la posibilidad de beneficiarse de las fuerzas, los recursos y los inventarios militares del conjunto de la alianza. Por ello, pueden ejercer un considerable efecto multiplicador sobre el poder efectivo de países que, individualmente, obtienen puntuaciones menos favorables. Este importante factor queda fuera de la evaluación.
No ofrece información sobre la doctrina militar
El GFP tampoco proporciona información ni análisis acerca de las doctrinas estratégicas conforme a las cuales los países estructuran sus fuerzas aéreas, terrestres y navales.
Por ejemplo, el índice puede ofrecer datos sobre el inventario de una fuerza naval, pero no permite determinar si esa armada ha sido concebida para proyectar poder a escala global en alta mar o, por el contrario, fundamentalmente para proteger las costas y las aguas territoriales del país.
Del mismo modo, no se tiene en cuenta si la estrategia de defensa de un Estado se fundamenta prioritariamente en la disuasión, en capacidades ofensivas o en modalidades de defensa asimétrica.
No se desglosa la información presupuestaria
El GFP no proporciona información sobre la distribución interna del presupuesto de defensa. No ofrece datos desglosados que permitan determinar qué proporción del gasto se destina a investigación y desarrollo (I+D), a salarios del personal militar o a la adquisición de sistemas de armamento pesado. Por consiguiente, resulta difícil establecer con precisión hacia qué objetivos y prioridades militares se orientan realmente los recursos presupuestarios.
No se especifica el origen del armamento de los inventarios militares
El GFP tampoco proporciona información acerca del origen de las armas que integran los inventarios de las fuerzas armadas. Sin embargo, el grado de autosuficiencia de un ejército y su dependencia de otros países para el suministro de armamento, municiones y piezas de repuesto revisten una importancia vital tanto para su capacidad de combate como para su aptitud para sostener una guerra a lo largo del tiempo.
Muchas de las fuerzas armadas de los 145 países incluidos en el índice carecen de autosuficiencia y dependen directamente de proveedores internacionales —Estados Unidos, Rusia, China y Europa Occidental— para la adquisición o producción de carros de combate principales, aviones de combate, sistemas avanzados de defensa aérea y municiones guiadas de precisión. Un embargo impuesto a un país que carece de autonomía en este ámbito, o cualquier interrupción de sus rutas y cadenas de suministro, puede afectar directamente y de manera negativa a su capacidad bélica.
No se tienen en cuenta las pérdidas de material militar
El Global Firepower Index no incorpora en tiempo real las pérdidas sufridas por las fuerzas armadas en el campo de batalla. En su lugar, se basa en datos oficiales sobre inventarios y en coeficientes estandarizados, ofreciendo una evaluación esencialmente estática que se actualiza con periodicidad anual.
Los tanques destruidos, las aeronaves derribadas o los buques hundidos durante conflictos en curso no se incorporan inmediatamente al sistema. Del mismo modo, los vehículos y sistemas que permanecen inoperativos en hangares debido a embargos, interrupciones de las cadenas de suministro o escasez de piezas de repuesto continúan existiendo sobre el papel. Por esta razón, los datos disponibles pueden resultar, en numerosos casos, engañosos respecto de la capacidad militar realmente operativa.
Coordinación entre el Gobierno y las fuerzas armadas
El GFP carece de mecanismos capaces de medir adecuadamente factores psicológicos, sociológicos o políticos. Elementos críticos que pueden influir directamente en el desenlace de una guerra, como las tensiones en las relaciones entre civiles y militares, las purgas dentro de la estructura de mando o el grado de lealtad de las fuerzas armadas al Gobierno, no aparecen reflejados en sus informes.
Tampoco se incorpora a los datos la existencia o ausencia de consenso entre el Gobierno y las élites militares acerca de los objetivos de la guerra, ni las posibles divergencias entre las fuerzas armadas y el poder político o las crisis de confianza que puedan surgir entre ambos.
Infraestructura sanitaria de las fuerzas armadas y de la sociedad
El GFP contabiliza los recursos humanos fundamentalmente a partir de indicadores como la «población total disponible para el servicio militar» y el «número de efectivos activos y de reserva», pero no evalúa la capacidad de las fuerzas armadas para gestionar las bajas humanas, su infraestructura sanitaria ni el estado físico y psicológico de sus soldados.
Factores difícilmente expresables mediante datos cuantitativos como la moral de las tropas, la gestión del trauma, el impacto psicológico del liderazgo y la resiliencia mental de la sociedad frente a la guerra tampoco forman parte del índice. Asimismo, no se evalúan suficientemente la capacidad ni la eficacia de los servicios médicos militares desplegados en el campo de batalla, como los hospitales de campaña, el número de profesionales sanitarios disponibles o los sistemas de evacuación médica.
La ausencia de información sobre la preparación para afrontar la rehabilitación física y psicológica a largo plazo es uno de los mayores costes humanos de las guerras, así como la falta de consideración del nivel de moral y resiliencia social, impiden alcanzar una valoración suficientemente completa de la verdadera capacidad de combate de unas fuerzas armadas.
Como hemos tratado de demostrar, el Global Firepower Index resulta considerablemente insuficiente, por sí solo, para representar la realidad de un escenario bélico entre Estados o para anticipar de manera fiable el desenlace de un conflicto.
Los criterios del Global Firepower Index y el caso de Israel
Israel, con una población total de aproximadamente 9,4 millones de habitantes, ocupa el puesto 92 entre los 145 países incluidos en el Global Firepower Index (GFP) en términos de población. Sin embargo, en la clasificación de poder militar se sitúa en el puesto 15, con una puntuación PwrIndx de 0,2707.
Con una superficie oficial de 20.770 km², Israel ha configurado su estrategia de defensa con vistas a apoderarse de la denominada «Tierra Prometida». La estructura de sus fuerzas armadas ha sido concebida para desarrollar operaciones simultáneas en los ámbitos aéreo, naval, terrestre y cibernético, combatir al mismo tiempo en varios frentes y mantener de manera permanente la capacidad de librar conflictos de baja intensidad.
Dado que la estrategia de defensa israelí presenta fundamentalmente características tanto híbridas como asimétricas, los criterios del Global Firepower Index, orientados a medir la capacidad bélica convencional tradicional, resultan desde el principio insuficientes para evaluar adecuadamente a este Estado.
La guerra que Israel libra desde el 7 de octubre de 2023, tanto contra organizaciones como Hamás y Hezbolá como contra Irán, Líbano, Yemen y Siria, ha puesto de manifiesto las capacidades reales de sus fuerzas armadas y ha evidenciado la distancia existente entre los datos consignados sobre el papel y la realidad del campo de batalla.
No se logra cubrir el déficit de personal militar
El ejército israelí, cuya estrategia bélica fue concebida para librar guerras de corta duración y obtener resultados decisivos, se ha visto sometido a un profundo desgaste ante un conflicto que se prolonga ya durante cerca de tres años. Según el índice GFP, el número de efectivos militares debería situarse aproximadamente en 669.500 personas; sin embargo, existe un déficit de varios miles de efectivos.
De acuerdo con datos oficiales, el número de personas que no han respondido a las órdenes de movilización o que, en la práctica, se encuentran en situación de ausencia o evasión del servicio militar se aproxima a las 90.000. El jefe del Estado Mayor israelí, Eyal Zamir, afirmó el 26 de marzo de 2026 que las fuerzas armadas atravesaban una grave crisis de personal y advirtió: «Si no encontramos una solución a la crisis de personal, el ejército colapsará».
Existe una crisis de confianza entre el Gobierno israelí y la élite militar
La desconfianza surgida después del 7 de octubre entre el Gobierno israelí y la élite militar el Estado Mayor y los altos mandos se profundiza progresivamente. La cúpula militar manifiesta su preocupación por el agotamiento de los soldados sobre el terreno en ausencia de un objetivo político claramente definido.
Se sostiene que la guerra se aproxima a un umbral de insostenibilidad debido a las limitaciones de recursos humanos, el agotamiento de las reservas de munición y el desgaste de los vehículos blindados. Entre los militares se ha extendido asimismo la percepción de que Netanyahu y su Gobierno prolongan innecesariamente la guerra con el propósito de extender su supervivencia política y mantener cohesionada la coalición gubernamental.
Resistencia al aumento del presupuesto de defensa
Las fuerzas armadas necesitan recursos presupuestarios adicionales para continuar las operaciones militares. Mientras que la Ley de Presupuestos Generales de 2026 prevé un presupuesto de seguridad de 112.000 millones de séqueles aproximadamente 37.000 millones de dólares, el Ministerio de Defensa reclama elevar esta cifra hasta los 144.000 millones de séqueles 47.800 millones de dólares. Sin embargo, el Ministerio de Finanzas se resiste a incrementar el presupuesto de defensa.
En respuesta a esta situación, el jefe del Estado Mayor, Eyal Zamir, declaró: «Mientras las Fuerzas de Defensa de Israel y su personal están desplegados en todos los frentes, nos vemos obligados a combatir con las “arcas vacías”. Esta situación afecta negativamente al nivel de preparación de las Fuerzas de Defensa de Israel».
El inventario de armamento no refleja la situación real
La superioridad aérea ocupa un lugar vital en la doctrina militar israelí. Según el índice GFP, Israel dispone de aproximadamente entre 240 y 300 aviones de combate avanzados —66 F-15, 174 F-16 y 45 F-35—. Su Fuerza Aérea, distribuida en nueve bases, cuenta además con aeronaves de alerta temprana y apoyo, helicópteros de combate y un elevado número de vehículos aéreos no tripulados, tanto de reconocimiento como armados.[ii]
Sin embargo, estas cifras recogidas por el GFP no reflejan necesariamente la capacidad operativa real en condiciones de guerra. Numerosos F-15 y F-16, así como helicópteros de ataque AH-64 Apache pertenecientes a la Fuerza Aérea israelí, han sufrido un considerable desgaste y fatiga estructural como consecuencia de su utilización intensiva. Los sistemas de guerra electrónica y aviónica también experimentan averías recurrentes debido al elevado ritmo de operaciones.
Informes de seguridad israelíes han señalado la necesidad urgente de renovar aeronaves y helicópteros debido a la escasez de repuestos y al agotamiento de la vida útil de determinados componentes. Dado que Estados Unidos ha priorizado las necesidades de sus propias fuerzas armadas, el suministro de piezas y la renovación de estos sistemas no siempre han podido realizarse a tiempo, dejando fuera de servicio a una parte significativa de las aeronaves y helicópteros.
El sistema de defensa aérea Cúpula de Hierro, presentado como una de las joyas de la defensa israelí, habría mostrado importantes vulnerabilidades frente a los misiles iraníes. Al mismo tiempo, el empleo de costosos misiles interceptores para neutralizar grandes cantidades de cohetes sencillos y de bajo coste ha provocado una considerable reducción de las reservas de interceptores.
Según el índice GFP, las Fuerzas Terrestres israelíes disponen de unos 1.300 carros de combate, además de numerosos vehículos blindados y transportes de personal. Sin embargo, durante la guerra de Gaza, los carros Merkava y otros vehículos blindados han sufrido daños considerables como consecuencia de los ataques de Hamás, y una parte importante de ellos habría quedado destruida o fuera de servicio. Hamás ha afirmado haber destruido o inutilizado más de un millar de vehículos blindados, entre ellos carros Merkava, transportes blindados Namer y Eitan y vehículos de ingeniería como bulldozers. Por consiguiente, el número de carros de combate y vehículos blindados realmente operativos sería inferior al que aparece reflejado en el GFP.
Un informe publicado por el periódico israelí Maariv señaló que, en menos de tres años, el ejército israelí había consumido una cantidad de munición equivalente a la utilizada durante los treinta años anteriores y que habían sido necesarios miles de cambios de motor para los carros de combate y los transportes blindados de personal empleados en la guerra.
Las fuerzas navales israelíes han presentado desde el principio capacidades limitadas: disponen de siete corbetas, cinco submarinos y 46 patrulleros. En Israel, donde se ha comenzado a debatir la posibilidad de un conflicto con Turquía, han cobrado fuerza las críticas sobre la insuficiencia de sus capacidades navales frente a la poderosa Armada turca y sobre posibles errores en la planificación estratégica.
El ejército israelí depende de Estados Unidos
Las fuerzas armadas israelíes no son autosuficientes; su capacidad defensiva depende de la ayuda exterior y del suministro estadounidense de armas y municiones. Estados Unidos considera una prioridad estratégica reponer sus propias reservas de misiles, reducidas por las crisis de Ucrania y Oriente Medio, así como incorporar nuevas aeronaves a su inventario. Por ello, las solicitudes israelíes para adquirir cazas F-35 y F-15, helicópteros de ataque Apache y otras plataformas pesadas se encuentran sujetas a prolongados plazos de entrega y extensas listas de pedidos.
Paralelamente, como consecuencia de los crímenes contra la humanidad que se le atribuyen en Gaza, Israel ha comenzado a enfrentarse a un creciente aislamiento internacional y a restricciones o embargos de armamento. Estas circunstancias, que pueden afectar negativamente a su inventario y a su capacidad operativa, tampoco quedan reflejadas en el índice GFP.
La guerra ha llevado al sistema sanitario israelí al límite
Las deficiencias de la infraestructura sanitaria, un factor que no forma parte del índice GFP, afectan considerablemente a la disposición de los miembros de las fuerzas armadas israelíes para incorporarse al servicio y combatir.
El Departamento de Rehabilitación del Ministerio de Defensa israelí ha informado de que el número total de heridos que requieren intervenciones ortopédicas prolongadas, reconstrucción o trasplante de extremidades y tratamientos intensivos de fisioterapia ha superado las 26.000 personas. La capacidad hospitalaria del país resulta insuficiente para responder plenamente a esta demanda.
Por otra parte, el Ministerio de Defensa ha señalado que, desde el 7 de octubre de 2023, unos 50.000 miembros de las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) han experimentado traumas psicológicos y ha advertido de que esta cifra podría superar las 100.000 personas para 2030. También se observa una elevada incidencia de trastorno de estrés postraumático (TEPT) entre los hijos y los cónyuges de los reservistas.
Conclusión
Como puede observarse también a partir del caso de Israel, el Global Firepower Index (GFP) ofrece datos estáticos que, en numerosos aspectos, se encuentran alejados de las realidades concretas del campo de batalla. Las cifras relativas al inventario de armamento, por ejemplo, no indican necesariamente que los sistemas registrados se encuentren realmente disponibles o en condiciones operativas.
Los datos del GFP dejan de lado las dinámicas de la guerra moderna, no tienen en cuenta los arsenales nucleares, omiten las modalidades de guerra asimétrica e híbrida capaces de alterar los equilibrios de poder, ignoran el efecto multiplicador de las alianzas y los condicionantes geopolíticos, excluyen los factores humanos y psicológicos y no contemplan suficientemente los costes invisibles de la guerra, al concentrarse fundamentalmente en las capacidades militares convencionales.
Por consiguiente, aunque los datos del GFP pueden ofrecer una aproximación general a las capacidades de las fuerzas armadas de distintos países, comparar ejércitos rivales exclusivamente a partir de estos indicadores y extraer de ellos conclusiones acerca de su verdadero poder militar o del posible desenlace de un conflicto puede resultar engañoso.
Fuente
Sinan Tavukcu, La «IDF Strategy» supuestamente irresistible de Israel que se derrumbó en la guerra contra Hamás e Irán, 29 de junio de 2025.
Artículo de Sinan Tavukcu en SDE
Notas
[i] 2026 Military Strength Ranking — Clasificación de poder militar de 2026.
Global Firepower – 2026 Military Strength Ranking
[ii] 2026 Israel Military Strength — Poder militar de Israel en 2026.
Global Firepower – Israel Military Strength 2026
Fuente del artículo: Global Firepower Endeksi (GFP) Ülkelerin Gerçek Savaş Gücünü Gösterir mi? İsrail Örneği