¿Qué Buscaba La CIA En Moscú?

El director de la Agencia Central de Inteligencia (CIA), John Ratcliffe, realizó ayer una visita no anunciada a Moscú y permaneció ocho horas en la capital rusa antes de regresar a Estados Unidos. Aunque visitó el Kremlin, el portavoz de Vladímir Putin, Dmitri Peskov, negó que ambos se hubieran reunido. Lo que sí parece confirmado es que Ratcliffe se entrevistó con su homólogo, Serguéi Naryshkin, director del Servicio de Inteligencia Exterior de Rusia (SVR), así como con otros altos funcionarios rusos de seguridad.

La lista de asuntos lo suficientemente urgentes como para justificar que un alto funcionario estadounidense viajara personalmente al Kremlin por primera vez en seis meses es necesariamente breve. Ratcliffe podría haber acudido para responder a informaciones sobre una escalada rusa planificada contra la OTAN; para intentar obtener la ayuda del Kremlin en la campaña de Donald Trump contra Irán, actualmente en dificultades; o para abordar un proyecto de ley de sanciones de enorme alcance, capaz de asfixiar la economía rusa y que, a la espera de su última lectura, está listo para ser activado en el Congreso.

Sin embargo, el verdadero misterio y lo que hace que esta breve visita resulte insólita y, para muchos observadores, también inquietante— es la evidencia de que Ratcliffe se encontraba en Moscú para transmitir algo demasiado delicado o urgente como para ser abordado durante sus habituales conversaciones telefónicas con Naryshkin. El último director de la CIA que realizó una visita de emergencia al Kremlin fue William Burns, en noviembre de 2021. Su misión consistió entonces en transmitir a Putin el mensaje de que no debía invadir Ucrania.

Algunos analistas han especulado con la posibilidad de que la misión de Ratcliffe consistiera en prevenir una provocación inminente contra objetivos de la OTAN en Europa sobre la que la CIA hubiera obtenido información. Beth Sanner, quien ocupó el cargo de subdirectora de Inteligencia Nacional de Estados Unidos tanto durante la Administración Trump como durante la de Biden, declaró al Wall Street Journal: «Podría tratarse de decir: “Sabemos lo que están pensando hacer y más les vale no hacerlo”».

Otros observadores han señalado que la principal prioridad de la política exterior de Trump en este momento no es Ucrania, sino Irán. El aumento de los precios de la gasolina y sus efectos en cadena sobre los costes del transporte y de los alimentos podrían convertirse en un desastre electoral para Trump en las elecciones de mitad de mandato de noviembre. Conseguir que el Kremlin corte el flujo de material militar y de inteligencia hacia Teherán constituye el eslabón que falta en los esfuerzos de Trump por quebrar la resistencia iraní a un acuerdo de paz y reabrir el estrecho de Ormuz. El profesor Sam Greene, del King’s College London, sostiene que «Irán es el único asunto de política exterior que Trump puede permitirse priorizar en este momento».

La visita de Ratcliffe se produce además en un momento en que las negociaciones destinadas a poner fin a la guerra de Ucrania parecen haberse estancado. Los enviados de Trump, Jared Kushner y Steve Witkoff, aplazaron la visita a Moscú que tenían prevista para este mes. El Congreso regresará de su receso en septiembre y es probable que vuelva a pronunciarse a favor de la Lindsey O. Graham Act on Sanctions on Russia, que fue aprobada en primera lectura en junio por 226 votos frente a 195, pese a la oposición de algunos republicanos. Se espera que el proyecto imponga duras sanciones a India y China por adquirir petróleo ruso, desencadenando así una nueva ronda de guerras comerciales. Xi Jinping, por su parte, tiene previsto realizar una visita oficial a Washington el 24 de septiembre. Las elecciones de mitad de mandato se celebrarán el 3 de noviembre.

Después de su fracaso a la hora de lograr la reapertura del estrecho de Ormuz y de su reciente disputa comercial con Canadá, lo último que Trump necesita ahora es verse arrastrado a una gigantesca guerra comercial global con India y China, o tener que afrontar las consecuencias de una provocación rusa contra la OTAN.

Cualquiera que sea el mensaje o los mensajes concretos que Ratcliffe haya transmitido realmente, la reacción de pánico suscitada en Europa por esta visita no anunciada constituye un indicio de una atmósfera peligrosamente sobrecalentada. Existen dos razones de peso para que el nivel de alarma haya alcanzado semejantes cotas.

La primera es el incremento extraordinariamente tangible de los presuntos actos de sabotaje registrados en las últimas semanas. Entre ellos figuran la potente explosión ocurrida el 10 de agosto en la fábrica de armas EMCO de Bulgaria; la explosión y posterior incendio registrados el 13 de agosto en las instalaciones de KNDS Ammo Italy; y, ese mismo día, un apagón generalizado en los Países Bajos que paralizó las operaciones de diversas instalaciones petroquímicas, incluida ExxonMobil. Francia afirma haber sido objetivo de un ciberataque ruso. La empresa de defensa estonia Milrem Robotics fue objeto de un ataque incendiario el 15 de agosto. En un bosque alemán fue localizado un depósito de armas, mientras que la policía polaca detuvo a un ciudadano ruso presuntamente reclutado por los servicios de inteligencia rusos para asesinar a una persona con doble ciudadanía estadounidense y ucraniana. Asimismo, en el aeropuerto de Leipzig —un importante centro logístico tanto para DHL como para varias aerolíneas ucranianas fueron encontrados tres drones explosivos cuyo origen se desconoce.

La segunda razón del aumento de la tensión son las advertencias constantes emitidas durante las últimas semanas por los servicios de inteligencia estadounidenses y europeos acerca de los preparativos rusos para algún tipo de ataque contra la OTAN. Hace dos semanas, el diario alemán Bild informó de que la OTAN había elaborado un concepto de intervención militar ante un posible ataque ruso contra los Estados bálticos. Dicho concepto contemplaría incluso ataques contra Kaliningrado y contra objetivos situados en el interior de Rusia.

Citando fuentes militares alemanas, el periódico informó asimismo de que el plan de ataque incluiría operaciones de fuerzas especiales contra aeropuertos rusos, bases militares, instalaciones de defensa, puentes y líneas ferroviarias, además de ataques con drones dirigidos contra objetivos situados en profundidad y el reclutamiento de ciudadanos rusos contrarios al Kremlin para llevar a cabo operaciones de sabotaje dentro del territorio ruso.

La OTAN ha realizado recientemente ejercicios militares cerca de Kaliningrado, el enclave ruso situado en la costa del mar Báltico; según los informes, aeronaves estadounidenses interfirieron durante dos horas las comunicaciones militares rusas. Bob Seely, exdiputado y autor de The New Total War, advierte de que el riesgo de que Rusia emprenda ataques no convencionales contra Europa «ha aumentado». «Pero también está aumentando el riesgo de verse arrastrados involuntariamente hacia un conflicto».

Hay algo que sí parece claro: la prioridad más urgente de la Casa Blanca y el verdadero propósito de la visita de Ratcliffe al Kremlin bien podría ser Irán. Sin embargo, ese no es el conflicto que preocupa a una Europa cuyo discurso bélico eleva cada vez más el tono.

Fuente:https://spectator.com/article/what-was-the-cia-doing-in-moscow/?rcp=true&set_edition=en