MBS y MBZ: La Dura Rivalidad Entre Los Dos Mohamed Por El Futuro Del Golfo

El acuerdo alcanzado entre Estados Unidos y Arabia Saudita para ayudar al reino del Golfo a desarrollar energía nuclear constituye un importante éxito diplomático para Mohammed bin Salman.

Algunos observadores creen que logró maniobrar al presidente Trump al dejar claro que, si Washington no proporcionaba conocimientos y tecnología nuclear, Riad estaría dispuesta a colaborar con China, Pakistán o incluso Rusia.

Sea cual fuere la manera en que se haya producido, este anuncio anticipa el inicio de una carrera nuclear en el Golfo que, previsiblemente, se extenderá por toda la región en los próximos años.

Esta situación pone de manifiesto la notable relación entre las dos figuras más poderosas de la región: Mohammed bin Salman (MBS), gobernante de facto de Arabia Saudita, y Mohammed bin Zayed Al Nahyan (MBZ), presidente de los Emiratos Árabes Unidos y gobernante de Abu Dabi.

Cuando MBS asumió el cargo de ministro de Defensa de Arabia Saudita en 2015, MBZ ya era un experimentado líder regional. Desde un principio actuó como mentor, contribuyendo a moldear su visión del mundo y facilitándole el acceso a círculos internacionales influyentes en Washington y otros centros de poder.

Ambos compartían una visión estratégica similar, definida por su desconfianza hacia la influencia iraní y por el deseo de remodelar la política regional tras las convulsiones provocadas por las revueltas de la Primavera Árabe. La intervención en Yemen en 2015, el respaldo al gobierno egipcio después de la Primavera Árabe y el bloqueo impuesto a Catar en 2017 fueron expresiones concretas de esta cooperación.

Sin embargo, aquella relación, que en otro tiempo fue estrecha, se enfrió hace ya mucho tiempo y terminó convirtiéndose en una lucha por la supremacía personal. La cooperación pertenece al pasado; hoy, los fondos soberanos de ambos países compiten ferozmente entre sí. En mayo, los Emiratos Árabes Unidos abandonaron el cartel petrolero liderado por Arabia Saudita debido a desacuerdos sobre la gestión de la producción. Abu Dabi, además, prometió incrementar su producción en millones de barriles diarios, alimentando el riesgo de una futura guerra de precios.

Las consecuencias de esta rivalidad se sentirán en todo el Golfo, especialmente porque el Consejo de Cooperación del Golfo (CCG) se ha convertido en poco más que una plataforma ineficaz de debate, incapaz de adoptar medidas significativas debido a las crecientes divergencias entre sus miembros. El único elemento que todavía mantiene unido al CCG es la hostilidad compartida hacia Irán y la determinación común de contener sus capacidades nucleares.

Dentro del CCG se observa una creciente fragmentación. Bahréin y Kuwait parecen inclinarse cada vez más hacia la órbita emiratí, mientras que Catar y Omán continúan manteniéndose más próximos a Arabia Saudita. Al mismo tiempo, comienzan a perfilarse nuevas alianzas: incluso después del acuerdo nuclear alcanzado con el presidente Trump, Arabia Saudita seguirá priorizando sus vínculos con Türkiye y Pakistán, mientras que los Emiratos Árabes Unidos reforzarán aún más sus relaciones con Estados Unidos e Israel.

Sin embargo, el papel de Estados Unidos en la región es incierto, especialmente después de que el presidente Trump deje el cargo, lo que significa que la rivalidad entre MBS y MBZ determinará cada vez más el futuro de la región. El estatus de Dubái como centro de negocios del Golfo desde hace décadas se ve amenazado por el programa Visión 2030 de Arabia Saudita. Las empresas extranjeras ya están obligadas a establecer una sede regional en Riad, mientras el Estado invierte masivamente en turismo, tecnología y servicios financieros, al tiempo que aspira a convertirse en el principal centro logístico aéreo y marítimo de la región.

Los escépticos sostienen que Visión 2030 no es más que una maniobra magistralmente comercializada y que la estrategia del país ha sido externalizada a consultores. Puede que esto sea cierto; sin embargo, MBS ha consolidado su poder, ha eliminado a la oposición política y ha asegurado una presencia duradera de su familia en la estructura de poder del futuro.

En contraste, MBZ ha preferido mantener el pensamiento estratégico dentro de las instituciones en lugar de delegarlo en actores externos. Su modelo es claro: un Estado pequeño con una gran proyección global, una “Pequeña Esparta” indispensable para el comercio internacional. No obstante, su margen de maniobra es más limitado; al tener que equilibrar los intereses de los otros seis emiratos, no disfruta de la misma libertad de acción que su rival saudí.

MBS también ha demostrado ser más pragmático. Emiratos Árabes Unidos optó por no asistir al funeral de Estado del líder iraní Ali Jamenei. Antes de su entierro en el Santuario del Imán Reza, en Mashhad, Teherán, Qom y otras ciudades acogieron ceremonias durante seis días. Aunque Arabia Saudita no fue invitada oficialmente, envió una delegación encabezada por el viceministro de Asuntos Exteriores.

¿Cómo cabe esperar que evolucione la rivalidad entre MBS y MBZ? Conviene recordar que las tensiones entre las dos economías más grandes y los dos países más poblados del Consejo de Cooperación del Golfo preceden al deterioro de la relación personal entre ambos líderes. En 2009, por ejemplo, Emiratos Árabes Unidos abandonó el proyecto de unión monetaria del CCG en protesta por la decisión de establecer la sede del organismo en Riad y no en Abu Dabi.

A partir de ahora, ambos tratarán de proyectar poder en el escenario internacional aprovechando su peso económico y sus redes diplomáticas. Los dos aspiran a convertirse en los arquitectos del futuro de Oriente Medio.

En el plano diplomático, Yemen seguirá siendo un potencial foco de fricción; en el económico, competirán por atraer inversión extranjera directa, comercio y turismo. Es previsible que continúen las tensiones en los mercados energéticos, que disminuya la coordinación política en el Golfo y que aumente la incertidumbre para los Estados más pequeños de la región. El CCG será cada vez menos cohesionado, la resolución de los conflictos regionales será más compleja y los inversores deberán enfrentarse a un entorno geopolítico crecientemente incierto.

¿Qué harán Estados Unidos y sus aliados, que todavía se consideran los guardianes de la región? ¿Intentarán obligar a MBS y MBZ a reconciliarse, o continuarán aplicando una estrategia de divide y vencerás para determinar cuál de los dos puede ofrecer más a Occidente? En ese escenario, ¿aprovecharán China y quizá Rusia cualquier oportunidad para aumentar su influencia?

Dependiendo de la estrategia que adopte Washington, incluso la hegemonía del dólar podría verse amenazada, abriendo la puerta a una mayor preeminencia del yuan; por lo tanto, hay mucho en juego.

Por ahora, es imposible prever quién saldrá vencedor. Sin embargo, si las tensiones llegaran a transformarse en una ruptura política o económica a gran escala, ello no beneficiaría a ninguno de los dos líderes.

Fuente:https://www.middleeastmonitor.com/20260728-mbs-vs-mbz-the-acrimonious-battle-of-the-mohammeds-that-will-define-the-gulfs-future/