Las Concepciones De Los Políticos Israelíes Sobre El Control De Cisjordania
Aunque la ocupación israelí continúa sus operaciones en Gaza pese al alto el fuego, la Franja de Gaza no constituye el único territorio objeto de las políticas israelíes. En Cisjordania prosiguen la expansión de los asentamientos, la confiscación de tierras y el debilitamiento de las instituciones palestinas. Este proceso tiene lugar en un momento en que, entre los dirigentes israelíes, compiten distintas concepciones acerca de cómo establecer un control geográfico y demográfico sobre Cisjordania.
En septiembre de 2026, las Naciones Unidas advirtieron de que estas prácticas socavan la posibilidad de establecer un Estado palestino territorialmente contiguo e íntegro. Aunque las distintas corrientes existentes en Israel difieren en cuanto a los métodos y al alcance del control, la mayoría coincide en rechazar la creación de un Estado palestino soberano.
A continuación, examinamos las concepciones de algunos de los principales actores del escenario político israelí respecto al control de Gaza.
Miembros de la coalición gubernamental de derechas
El actual primer ministro, Benjamín Netanyahu, contempla Cisjordania desde la perspectiva de preservar la supremacía de Israel en materia de seguridad e impedir la creación de un Estado palestino. Al mismo tiempo, mantiene cierto margen de maniobra en cuanto al momento y al alcance de una eventual anexión formal, en función de sus relaciones con Washington y del coste que semejante decisión podría acarrear para la política exterior israelí.
Durante sus gobiernos han avanzado tanto los proyectos de asentamientos como las medidas destinadas a reforzar el control israelí sobre el territorio. Netanyahu reitera, siempre que tiene ocasión, que no permitirá la creación de un Estado palestino. Así lo hizo también al defender el proyecto de asentamiento E1, que interrumpe la continuidad territorial entre el norte y el sur de Cisjordania. Por consiguiente, entre Netanyahu y los sectores que reclaman una anexión inmediata no existe una divergencia sustancial más allá de la manera en que debe gestionarse dicho proceso. Netanyahu procura evitar una declaración de anexión de Cisjordania mediante una única decisión que pueda desencadenar una oleada inmediata de reacciones.
El ministro de Finanzas, Bezalel Smotrich, por su parte, defiende la anexión de gran parte de Cisjordania. Hace algunos años presentó un plan que contemplaba establecer el control israelí sobre más del 80 % del territorio cisjordano, dejando fuera de la zona propuesta para la anexión los principales núcleos de población palestina. En los últimos tiempos, Smotrich ha reclamado la ampliación de los asentamientos, la intensificación de las operaciones militares en Cisjordania y la disolución de la Autoridad Palestina.
El ministro de Seguridad Nacional, Itamar Ben-Gvir, respalda, a su vez, el proyecto de una supuesta «emigración voluntaria» desde Cisjordania. Trabaja en favor del desarme y el debilitamiento de la Autoridad Palestina y sostiene una concepción de la seguridad orientada a endurecer el control sobre Cisjordania. Ben-Gvir aspira asimismo a convertirse en ministro de Defensa de Israel en el gobierno que se constituya tras las elecciones de octubre de 2026.
Rechaza que otro actor gestione, en nombre de Israel, la situación de los palestinos y pretende endurecer las condiciones en las que estos viven. Una lógica semejante se manifiesta en su actitud hacia los presos palestinos: busca endurecer las condiciones penitenciarias y hacer más difíciles sus condiciones de vida.
La oposición y las concepciones sobre la administración de Cisjordania
En la oposición israelí, una de las figuras que actualmente adquiere mayor protagonismo parece ser el exjefe del Estado Mayor Gadi Eisenkot. Eisenkot considera que la transferencia de importantes competencias civiles en Cisjordania a Smotrich y de las atribuciones policiales a Ben-Gvir ha perjudicado la integridad del sistema israelí de gestión de la seguridad.
Por ello, defiende que la administración civil y las actividades policiales vuelvan a coordinarse bajo el mando militar, así como la adopción de medidas contra los colonos violentos. Eisenkot no ofrece perspectiva alguna para la creación de un Estado palestino. Su propuesta se limita, en esencia, a administrar de manera más disciplinada las responsabilidades que Israel ejerce en Cisjordania. Así pues, su diferencia con Smotrich no reside en la existencia misma de ese control, sino en quién debe manejar sus instrumentos y cómo deben gestionarse los riesgos que dicho control genera.
El planteamiento de Benny Gantz es similar al de Eisenkot: también antepone la continuidad del control israelí en materia de seguridad y la libertad de movimiento del ejército en Cisjordania a cualquier posibilidad de retirada o de establecimiento de un Estado palestino.
Una propuesta distinta procede del exministro de Defensa y de Asuntos Exteriores Avigdor Liberman. En el marco de una redistribución de las responsabilidades de seguridad, Liberman propuso que Jordania asumiera las responsabilidades administrativas y de seguridad en las zonas «A» y «B», mientras Israel conservaría el control absoluto sobre la zona «C».
Esta propuesta parte de la convicción de que la Autoridad Palestina ya no está en condiciones de cumplir sus funciones; sin embargo, tampoco reconoce a los palestinos soberanía sobre los territorios en los que viven. La iniciativa provocó objeciones dentro de Israel, mientras que Jordania rechazó que la cuestión palestina se resolviera a expensas de los palestinos y a través del propio reino jordano.
La propuesta del ex primer ministro Naftali Bennett guarda similitudes con la de Liberman. Sin embargo, en lugar de una administración jordana, Bennett propone una forma de administración palestina que no alcance la condición de Estado. Bennett respalda la construcción de asentamientos en las zonas «C» y considera que su expansión debe realizarse de conformidad con la legislación israelí. No obstante, no se opone, en principio, al establecimiento de asentamientos en Cisjordania.
Yair Lapid, por su parte, mantiene abierta la puerta a la idea de una solución de dos Estados, aunque concede una importancia primordial a las garantías de seguridad de Israel. Sin embargo, no ofrece una perspectiva concreta para materializar dicha solución.
En cuanto a Yair Golan, líder del Partido de los Demócratas, las estimaciones apuntan a que su formación podría obtener alrededor del 7 % de los votos en las próximas elecciones. Golan es prácticamente el único dirigente político que se opone tanto a la expansión de los asentamientos como a la violencia de los colonos, aunque aborda ambas cuestiones principalmente desde la perspectiva de sus repercusiones sobre la seguridad de Israel. Si bien parece dispuesto a debatir una solución política con los palestinos, tampoco promete la creación de un Estado palestino.
Entre los israelíes, las discrepancias no parecen centrarse tanto en el destino de Cisjordania como en el método mediante el cual esta debe ser controlada. Prácticamente ningún político israelí defiende la existencia de un Estado palestino en Cisjordania y Gaza. Sin embargo, el derecho a decidir el futuro de Cisjordania y de la Franja de Gaza constituye un derecho inherente del pueblo palestino, derivado de su derecho a la autodeterminación en su propia tierra. Las concepciones formuladas por los políticos del Estado ocupante no pueden otorgar ese derecho a los palestinos, del mismo modo que tampoco pueden arrebatárselo.
Estas concepciones pueden adoptar formas muy diversas: desde la anexión del territorio hasta la reconfiguración de los mecanismos de control, pasando por la transferencia de la administración de los palestinos a otros actores. Sin embargo, por profundas que sean las diferencias entre unas propuestas y otras, ninguna de ellas altera una realidad fundamental: son los propios palestinos quienes poseen el derecho a determinar su futuro político, elegir sus instituciones y definir la naturaleza de la relación entre Cisjordania y Gaza.
Ningún proyecto que ignore su voluntad puede constituir una solución justa; antes bien, no sería sino una nueva manifestación de un futuro concebido e impuesto desde fuera, al margen de la voluntad de quienes habrán de vivirlo.