La Revolución Flamingo De Albania Pone A Prueba El Nuevo Orden Occidental

  • Las protestas de la «Revolución Flamingo» en Albania: Estallaron manifestaciones masivas contra dos grandes proyectos de desarrollo costero respaldados por Affinity Partners (liderado por Jared Kushner) y los fondos soberanos de inversión de los países del Golfo.
  • Los proyectos enfrentan una fuerte oposición: Ambientalistas, activistas anticorrupción y ciudadanos sostienen que el complejo turístico de 1.700 millones de dólares en la isla de Sazan y el proyecto de desarrollo de 4.600 millones de dólares en Zvernec/Vjose-Nartë amenazan áreas protegidas y eluden los procedimientos legales y ambientales requeridos.
  • Las redes de la sociedad civil impulsadas por Occidente actúan ahora de forma independiente: Las ONG y los grupos de activistas que fueron fortalecidos durante décadas con el apoyo de Occidente organizan hoy grandes protestas incluso contra proyectos vinculados a intereses occidentales, lo que refleja una creciente autonomía en un contexto de tensiones cada vez mayores entre Estados Unidos y la Unión Europea.

Un gran proyecto de inversión ha dejado a Albania atrapada entre los intereses cada vez más divergentes de Estados Unidos y Europa. Al mismo tiempo, las redes de protesta que Occidente ha construido durante décadas en los Balcanes, y que hoy actúan con una autonomía creciente, están haciendo la situación aún más compleja.

La empresa Affinity Partners, con sede en Miami, obtuvo el 29 de abril el primer permiso de construcción para sus grandes proyectos en la costa albanesa, lo que provocó un aumento del descontento en este pequeño país balcánico.

En cuestión de semanas, un video que mostraba a un manifestante siendo golpeado y arrastrado por guardias de seguridad privados se volvió viral y contribuyó a desencadenar el movimiento que comenzó a conocerse como la «Revolución Flamingo» de Albania. El 4 de julio, decenas de miles de albaneses marcharon por las calles de la capital, Tirana, mientras también se registraban manifestaciones en otras partes del país.

El movimiento fue desencadenado por dos proyectos de gran envergadura: un complejo turístico de lujo de 1.700 millones de dólares en la isla de Sazan y un proyecto de desarrollo de 4.600 millones de dólares en la península de Zvernec y los humedales de Vjose-Nartë. En los últimos años, iniciativas similares han provocado protestas en otras zonas de los Balcanes, a menudo vinculadas a preocupaciones más amplias sobre la economía y la corrupción.

La Revolución Flamingo no tiene un único organizador. El movimiento se alimenta de una amplia red de grupos ambientalistas, activistas anticorrupción y ciudadanos comunes, muchos de ellos vinculados a organizaciones de la sociedad civil que fueron creadas con el apoyo de gobiernos occidentales durante más de tres décadas, pero que hoy operan de manera independiente de quienes fueron sus principales patrocinadores.

Los principales financiadores de ambos proyectos han convertido estas protestas en un fenómeno especialmente significativo. Tanto el complejo de Sazan como el proyecto de Zvernec son impulsados por Affinity Partners, la firma dirigida por Jared Kushner, yerno y asesor informal del presidente estadounidense Donald Trump. Desde su creación en 2021, la empresa ha sido financiada en gran medida por los fondos soberanos de inversión de Arabia Saudita, los Emiratos Árabes Unidos y Catar.

En los últimos años, los países del Golfo han incrementado sus inversiones en grandes proyectos turísticos como parte de su estrategia para diversificar sus economías más allá de los hidrocarburos. Sin embargo, según la economista política Karen E. Young, las inversiones de los fondos soberanos «se utilizan cada vez con mayor frecuencia también para ampliar la influencia política». Diseñada para fortalecer las relaciones con gobiernos y círculos empresariales extranjeros, Affinity Partners funciona hoy como un puente informal entre las capitales de Oriente Medio y la Casa Blanca.

Desde la perspectiva de los inversores, el camino de Albania hacia la adhesión a la Unión Europea aumentaría de manera significativa el valor de los proyectos turísticos y de infraestructura previstos. Al mismo tiempo, la isla de Sazan ocupa una posición estratégica en la entrada del mar Adriático, y la construcción de nuevos puertos, marinas y otras infraestructuras podría tener aplicaciones de doble uso, incluidas aquellas relacionadas con la seguridad en esta zona de importancia estratégica.

Sin embargo, a medida que las relaciones entre Bruselas y Washington se han deteriorado durante el segundo mandato de Donald Trump, las aspiraciones de Albania de ingresar en la Unión Europea han convertido estos proyectos en un asunto cada vez más delicado. El 17 de junio, el Parlamento Europeo condenó las modificaciones introducidas en 2024 a la Ley de Áreas Protegidas de Albania (Albania’s Law on Protected Areas), que facilitaron el desarrollo de estos proyectos, y pidió su derogación. Asimismo, solicitó la suspensión de las actividades de construcción en las zonas protegidas y el cumplimiento de los estándares europeos de conservación de la naturaleza. Varios eurodiputados también advirtieron de que la continuidad de estos proyectos podría poner en riesgo el proceso de adhesión de Albania a la Unión Europea.

La Unión Europea tiene sólidos motivos para defender sus propios estándares en un país candidato. De no hacerlo, debilitaría su credibilidad y alentaría proyectos similares aprobados mediante procedimientos controvertidos por potencias extranjeras. No obstante, Bruselas ha evitado respaldar los llamamientos de muchos manifestantes que exigen la dimisión del primer ministro albanés, Edi Rama. Una parte importante de los manifestantes también rechaza a la principal fuerza de la oposición, lo que sugiere que la inestabilidad política podría persistir independientemente de quién gobierne el país, complicando además los planes más amplios de ampliación de la Unión Europea en los Balcanes.

Las aspiraciones de Albania de incorporarse a la Unión Europea chocan ahora con la expansión de los intereses comerciales y de seguridad de Estados Unidos, así como con las crecientes inversiones procedentes de los países del Golfo. A medida que se profundizan las divisiones dentro de la alianza occidental, países que antes se encontraban cómodamente dentro de su esfera de influencia empiezan a convertirse en escenarios de competencia geopolítica e inestabilidad.

El caso de Serbia

Las protestas en Albania también pusieron de manifiesto la creciente autonomía de la red transnacional de la sociedad civil que Occidente ha construido en los Balcanes durante más de tres décadas. Organizaciones como la European Endowment for Democracy y organismos como USAID contribuyeron a fortalecer las instituciones locales, los mecanismos de supervisión y las redes de comunicación con el objetivo de promover la integración en la OTAN y la Unión Europea. Cuando la construcción institucional no dio los resultados esperados, el apoyo occidental también se dirigió a los movimientos de protesta con el propósito de impulsar cambios de liderazgo.

Otro país candidato a la Unión Europea, Serbia, se convirtió en uno de los primeros escenarios del modelo de las «revoluciones de colores», término que, aunque suele asociarse a los antiguos Estados soviéticos, hace referencia a protestas masivas que exigen cambios políticos de carácter revolucionario. Durante el proceso que culminó con la caída del presidente yugoslavo Slobodan Milošević en el año 2000, la Oficina de Iniciativas para la Transición de USAID (USAID’s Office of Transition Initiatives) explicó que su objetivo era «financiar programas y medios de comunicación capaces de difundir mensajes que promovieran un cambio político inmediato».

Tras la caída de Milošević, el número de organizaciones no gubernamentales occidentales en Serbia aumentó de forma drástica durante la década de 2000, fortaleciendo la capacidad de la sociedad civil local. Sin embargo, un artículo publicado en Law Explorer en 2015 señalaba que, contrariamente a la percepción generalizada de que estas organizaciones sin ánimo de lucro constituían «una importante fuerza progresista que se oponía al nacionalismo más radical de la opinión pública y acercaba a Serbia a su futura adhesión a la Unión Europea», gran parte del sector desempeñó en realidad un papel complaciente, integrado en el sistema y, en ocasiones, desestabilizador al facilitar y consolidar la reestructuración neoliberal.

Aunque las relaciones con numerosos gobiernos occidentales se deterioraron tras el reconocimiento de la independencia de Kosovo en 2008, estas redes de organizaciones sin ánimo de lucro continuaron existiendo. Reaparecieron durante las protestas antigubernamentales de Belgrado en 2011 y, a partir de 2015, volvieron a movilizarse contra el proyecto de reurbanización Belgrade Waterfront, respaldado por los Emiratos Árabes Unidos, anticipando el tipo de movilización que hoy se observa en Albania. Paralelamente, desde 2017 se han sucedido repetidas protestas contra el presidente serbio Aleksandar Vučić.

Para 2021, estas redes ya no solo desafiaban a los gobiernos locales. También comenzaron a oponerse a grandes proyectos internacionales de explotación de recursos. Las manifestaciones contra la mina de litio proyectada por la empresa anglo-australiana Rio Tinto en Serbia llevaron a la suspensión del proyecto en 2022. Su reactivación en 2024 volvió a desencadenar protestas, y las operaciones mineras fueron finalmente canceladas de manera definitiva en 2025.

Las redes de la sociedad civil creadas por Occidente demostraron así que ya poseen la capacidad de organizar grandes movimientos de protesta sin depender del apoyo occidental e, incluso, en ocasiones, en contra de los intereses estratégicos de Occidente. La Unión Europea consideraba esta mina de litio fundamental para reducir su dependencia de los minerales críticos procedentes de China, lo que transformó una disputa ambiental local en un dilema geopolítico para el bloque.

En respuesta a las protestas contra la mina en 2024, el entonces embajador de Estados Unidos en Serbia, Christopher R. Hill, declaró que «Rusia ha encontrado aquí una oportunidad para introducir una cuña entre Serbia y Occidente». Por su parte, Moscú y Belgrado acusaron a Occidente, según informó Radio Free Europe/Radio Liberty, de preparar «disturbios masivos e intentos de golpe de Estado».

Estas acusaciones cruzadas reflejaban la creciente incertidumbre en torno a una red de sociedad civil cada vez más autónoma y capaz de mantenerse gracias a la cooperación internacional. La Declaración de Jadar de 2022, descrita por Balkan Green Energy News como «una muestra de solidaridad internacional en la lucha contra la minería del litio y en defensa del medio ambiente», fue firmada por decenas de organizaciones serbias, entre ellas Ne damo Jadar, así como por grupos internacionales como Extinction Rebellion, poniendo claramente de manifiesto esta transformación.

Serbia también comparte sus yacimientos de litio con Bosnia y Herzegovina, y los activistas han comenzado a desarrollar ejemplos limitados de coordinación transfronteriza, a pesar de las profundas divisiones étnicas que persisten desde hace décadas.

Affinity Partners ya se había enfrentado a esta red de activistas en Serbia en 2025. La propuesta de la empresa, en asociación con la firma emiratí Eagle Hills, para desarrollar un hotel de la marca Trump en el complejo del Estado Mayor de Belgrado, bombardeado durante la campaña aérea de la OTAN en 1999, se convirtió en el principal foco de miles de manifestantes. Mientras Bruselas intentaba gestionar sus crecientes diferencias con Washington, el Parlamento Europeo aprobó una resolución crítica con el proyecto y, finalmente, Affinity Partners se retiró del acuerdo en diciembre de 2025.

Albania: un nuevo escenario de confrontación

Ahora la atención se ha desplazado hacia Albania, donde Affinity Partners enfrenta una reacción mucho mayor. Según Deutsche Welle, el primer ministro Edi Rama sostuvo que las protestas actuales no son una expresión de la oposición política, sino el resultado de una «guerra híbrida» impulsada mediante influencias externas y manipulación digital, en la que también participarían actores respaldados por Estados como Irán. Al mismo tiempo, otros funcionarios albaneses señalaron posibles vínculos de las protestas con Rusia. Dado que Albania continúa acogiendo al grupo opositor iraní MEK (Muyahidines del Pueblo de Irán), una fuente permanente de tensiones con Teherán, no puede descartarse por completo la existencia de influencia extranjera.

Sin embargo, estos mismos países también tienen motivos para preocuparse por la aparición de movimientos similares dentro de sus propios territorios o entre sus aliados. China, por ejemplo, tampoco desea una mayor inestabilidad en la región tras el colapso, en 2024, del proyecto de renovación de la estación ferroviaria de Novi Sad, en Serbia, ejecutado por un consorcio chino, un accidente que desencadenó protestas en todo el país.

Las redes locales de protesta construidas durante décadas con apoyo occidental han demostrado ser mucho más eficaces de lo previsto. Según un informe del China-CEE Institute publicado en 2025, solo USAID ha invertido más de 500 millones de dólares en Albania desde 1995 y, pese a la reducción de la financiación, estas redes de la sociedad civil han mantenido su capacidad de resistencia. Un ejemplo es Balkan Investigative Reporting Network Albania (BIRN Albania), que se desarrolló gracias al financiamiento de USAID y que recientemente desempeñó un papel destacado en la cobertura de las protestas en Albania, junto con otras organizaciones vinculadas a USAID que participaron en las manifestaciones.

La Unión Europea también respaldó la infraestructura de la sociedad civil albanesa mediante programas de financiación como LIFE y a través de organizaciones ambientales como EuroNatur, BirdLife International y el Critical Ecosystem Partnership Fund, las cuales brindaron apoyo a organizaciones ecologistas albanesas como Protection and Preservation of Natural Environment in Albania (PPNEA) y EcoAlbania.

Hace una década, protestas como la Revolución Flamingo probablemente habrían recibido un apoyo político más directo y contundente por parte de las instituciones oficiales occidentales. Sin embargo, hoy las redes de la sociedad civil impulsadas por los gobiernos occidentales han adquirido la capacidad de definir, al menos en parte, sus propias agendas, lo que ha llevado a Bruselas a adoptar una actitud más cautelosa. Al mismo tiempo, Washington ha retirado gran parte del respaldo que en el pasado contribuyó a mantener vivas estas redes.

Lejos de debilitarlas, la retirada del apoyo unilateral de Occidente podría haber acelerado su independencia. Como observaron Nikolaos Tsifakis y Anastasios Valvis en su estudio sobre la sociedad civil en la vecina Grecia, «la reducción de la financiación estatal obligó a las ONG a reorganizarse, competir en un entorno más exigente y aumentar su autonomía».

Un ejemplo de ello es la Alianza Regional para la Defensa de la Naturaleza de los Balcanes, una coalición integrada por más de treinta organizaciones, entre ellas la Alianza de Organizaciones Ecológicas de Serbia, que brinda pleno apoyo a los activistas y comunidades locales de Albania. Esto demuestra que las campañas de protesta están comenzando a superar cada vez más las divisiones étnicas y nacionales que durante mucho tiempo han definido la política balcánica y que, en palabras del investigador Aleksandar Matković, del Instituto de Ciencias Económicas de Belgrado, «se está abriendo una perspectiva de integración».

Affinity Partners aún podría modificar o incluso cancelar uno de sus grandes proyectos, aliviando así la presión sobre el gobierno albanés. Sin embargo, las protestas nunca se limitaron únicamente a un complejo turístico. Reflejan una amplia coalición de ciudadanos preocupados por la corrupción y por la influencia de los intereses políticos y económicos extranjeros en el futuro de Albania. Además, gracias a su actividad en el ámbito europeo, el movimiento ha podido beneficiarse de una mayor protección jurídica y visibilidad, reforzadas por la red regional de activistas formada con apoyo occidental.

La crisis actual en Albania ya había tenido precedentes en Serbia y en otros países de los Balcanes, como ocurrió durante la última década con las campañas contra la construcción de centrales hidroeléctricas. La creciente autonomía de estos movimientos ha coincidido con un periodo en el que los intereses de Estados Unidos y la Unión Europea se han ido alejando, dando lugar a una nueva fuerza política que ni Washington ni Bruselas pueden dirigir con facilidad.

John P. Ruehl es un periodista australiano-estadounidense residente en Washington D. C. y corresponsal de asuntos internacionales para el Independent Media Institute. Ha colaborado con numerosas publicaciones especializadas en política exterior y es autor del libro Budget Superpower: How Russia Challenges the West With an Economy Smaller Than Texas, publicado en diciembre de 2022.

Fuente:https://www.eurasiareview.com/17072026-albanias-flamingo-revolution-tests-the-new-western-order-analysis/