La Patria Perdida Del Jaguar: Surinam y La Vida En Los Márgenes Del Sistema Mundial
“En un sistema internacional con una división del trabajo fragmentada, algunos países se especializan y otros son especializados.”
— Immanuel Wallerstein
Surinam posee una historia de esa naturaleza.
Este país representa una geografía periférica moldeada durante cinco siglos por los centros económicos del mundo. En un tiempo fue colonizado por el azúcar; más tarde fue explotado por la bauxita; posteriormente fue redescubierto por el oro; y hoy se encuentra en el centro de la atención internacional debido al petróleo. No obstante, a lo largo de todas estas transformaciones, una realidad ha permanecido inalterada: Surinam ha sido definido, en la mayoría de las ocasiones, no por sus propias necesidades, sino por las necesidades de la economía mundial.
Por ello, la historia de Surinam no es únicamente la historia de un pequeño país sudamericano. Es también la historia de la expansión del capitalismo, de la transformación del colonialismo, de la fragilidad de las economías basadas en recursos naturales y de la continua lucha del Sur Global por la soberanía y la autodeterminación.
La Historia De Un Sistema, No De Un País
El escritor uruguayo Eduardo Galeano, en su obra Las venas abiertas de América Latina, describe la historia del continente como una transferencia constante de recursos. Según él, la tragedia fundamental de América Latina no es su pobreza, sino su riqueza. El oro, la plata, el azúcar, el caucho, el café y el petróleo han convertido a la región, una y otra vez, en un espacio vulnerable a las intervenciones externas.[1]
Surinam constituye un ejemplo casi perfecto de esta tesis.
En el siglo XVII, el Imperio neerlandés transformó la región en una economía de plantación. Los esclavos traídos desde África trabajaban bajo el clima tropical para producir azúcar, café y cacao destinados a los mercados europeos. Los hábitos de consumo en Europa determinaban el destino de personas que vivían a miles de kilómetros de distancia.
El Tratado de Breda de 1667 ofrece una de las grandes ironías de la historia. Mientras los Países Bajos conservaron su dominio sobre Surinam, Inglaterra obtuvo Nueva Ámsterdam en América del Norte. Aquella colonia pasaría posteriormente a llamarse Nueva York. Desde la perspectiva económica de la época, Surinam parecía más valioso, ya que las plantaciones azucareras generaban enormes beneficios. Sin embargo, la historia decidió otra cosa. Mientras Nueva York se convirtió en uno de los centros financieros más importantes del mundo, Surinam continuó existiendo como un país situado en la periferia del sistema mundial.
La pregunta que debe plantearse es la siguiente: ¿fue Surinam realmente construido como un país o concebido como una extensión tropical de la economía europea?
En términos de la conceptualización de Immanuel Wallerstein, ¿fue Surinam construido como un Estado-nación o como una zona de producción periférica destinada a satisfacer las necesidades de materias primas de las economías centrales? Es una pregunta que sigue siendo válida en la actualidad.
El Silencioso Testimonio Del Jaguar
La característica más llamativa de Surinam es su extraordinaria cobertura forestal. Aproximadamente entre el 93 y el 94 % del territorio nacional está cubierto por bosques tropicales.[2] Esta proporción convierte a Surinam en uno de los países con mayor cobertura forestal del planeta. En otras palabras, es uno de los pocos lugares que el mundo moderno aún no ha logrado absorber por completo.
En el interior del país existen extensas áreas donde, durante kilómetros, no hay carreteras, grandes asentamientos humanos ni infraestructuras industriales. Jaguares, tapires, nutrias gigantes, monos y cientos de especies de aves continúan habitando este vasto ecosistema. Entre todos estos animales, el jaguar ocupa un lugar especial. Como el felino más grande del continente americano, no es solamente un depredador dentro de las cosmologías indígenas; también es una figura mitológica asociada con el poder, la intuición, la sabiduría nocturna y la soberanía del bosque.
En Surinam, el jaguar es el símbolo silencioso del patrimonio natural del país.
Sin embargo, la presencia del jaguar no es únicamente una cuestión ecológica. También simboliza un problema mucho más amplio al que se enfrenta el mundo contemporáneo: ¿es la naturaleza un obstáculo para el crecimiento económico o una condición indispensable para la prosperidad a largo plazo?
La modernidad occidental ha tendido a considerar la naturaleza como un ámbito externo a la actividad humana, un espacio destinado a ser explotado y transformado. En cambio, para las comunidades indígenas de la cuenca amazónica, la naturaleza no es un objeto separado, sino la propia vida. Como subraya el historiador ambiental indio Ramachandra Guha, la civilización industrial moderna crece externalizando la naturaleza, mientras que las sociedades indígenas existen viviendo dentro de ella.[3]
Surinam es uno de los lugares donde estas dos visiones se enfrentan de manera más evidente.
Por un lado, alberga uno de los últimos grandes ecosistemas tropicales del planeta. Por otro, bajo ese ecosistema se encuentran oro, petróleo y otros recursos minerales. Por ello, la lucha que se desarrolla en Surinam no es únicamente una cuestión local, sino una disputa de alcance global.
La Fiebre Del Oro y El Nuevo Colonialismo
La economía de Surinam ha dependido durante mucho tiempo de la exportación de recursos naturales. Según datos del Banco Mundial, una parte significativa de los ingresos públicos del país y una gran proporción de sus exportaciones provienen de la minería.[4] Esta estructura lo hace vulnerable a las fluctuaciones de los precios internacionales, a las crisis cambiarias y a las tensiones políticas derivadas de la distribución de las rentas provenientes de los recursos naturales.
En particular, durante las últimas tres décadas, la minería aurífera ha provocado profundas transformaciones en las regiones interiores de Surinam. Con el aumento de los precios del oro, tanto las actividades mineras legales como las ilegales se expandieron hacia las zonas forestales. Aunque este proceso ha generado ingresos económicos, también ha producido elevados costos ambientales. Entre ellos destacan el uso de mercurio, la contaminación de los ríos, la deforestación y la reducción de los territorios habitados por las comunidades indígenas.[5]
Lo más llamativo es la continuidad existente entre el colonialismo clásico y las economías contemporáneas basadas en los recursos naturales. Hace cuatrocientos años, el capital europeo llegó a Surinam atraído por el azúcar. Después vinieron la bauxita, luego el oro y, hoy, el petróleo y los mercados de carbono vuelven a situar al país en el centro de la atención global.
Aunque los actores cambian, la lógica sigue siendo esencialmente la misma: la transferencia de recursos desde la periferia hacia el centro.
Esta realidad representa la versión contemporánea de la tragedia latinoamericana descrita por Galeano. El colonialismo ya no llega necesariamente acompañado de banderas, soldados o gobernadores. A veces llega mediante contratos de crédito, acuerdos energéticos, concesiones mineras y el lenguaje técnico de los mercados de carbono.
El Descubrimiento Del Petróleo y Un Nuevo Umbral
En los últimos años, el acontecimiento que podría transformar el destino de Surinam ha sido el descubrimiento de importantes reservas de petróleo en aguas del Atlántico. El auge energético que comenzó en la vecina Guyana se extendió rápidamente también a las aguas surinamesas. Se prevé que la producción en el proyecto petrolero offshore GranMorgu, operado por TotalEnergies, comience en 2028.[6]
Este desarrollo podría representar una oportunidad histórica para Surinam. Los ingresos petroleros podrían incrementar las inversiones en infraestructura, elevar la renta per cápita y fortalecer la capacidad del Estado. Sin embargo, también generan nuevos riesgos.
La riqueza en recursos naturales no siempre conduce al desarrollo. Nigeria, Venezuela, la República Democrática del Congo y muchos otros países, a pesar de poseer enormes reservas de recursos, han enfrentado problemas de pobreza, corrupción, injerencia externa y debilidad institucional. Los economistas denominan este fenómeno la maldición de los recursos.[7]
La esencia de esta maldición radica en una realidad fundamental: cuando la economía de un país se vuelve dependiente de unos pocos productos de exportación, disminuye la diversidad productiva. Los ingresos estatales dejan de depender de la capacidad productiva de la sociedad y pasan a estar condicionados por los precios internacionales. Las luchas políticas dejan de centrarse en la transformación económica y se concentran en la distribución de las rentas generadas por los recursos naturales.
Surinam se encuentra hoy precisamente en ese punto de inflexión.
La cuestión principal no es cuánto petróleo será capaz de extraer, sino cómo administrará los ingresos que este genere. ¿Será el petróleo una herramienta que permita al país romper con los ciclos históricos de dependencia, o lo arrastrará hacia nuevas formas de subordinación económica y política?
China, Estados Unidos y el Destino De Los Pequeños Estados
El creciente valor estratégico de Surinam también ha atraído la atención de las grandes potencias. China, al igual que en gran parte de América Latina, ha incrementado su influencia en Surinam a través de proyectos de infraestructura, financiación y redes comerciales. Por su parte, Estados Unidos sigue considerando el Caribe y la franja septentrional de América del Sur como parte de su esfera tradicional de influencia. Los descubrimientos energéticos en Guyana y Surinam han renovado el interés de Washington por la región.
De este modo, Surinam se ve arrastrado, quiera o no, a nuevas dinámicas de competencia geopolítica.
Este es precisamente uno de los principales desafíos que enfrentan los pequeños Estados en el siglo XXI. Desean mantenerse al margen de las rivalidades entre las grandes potencias, pero cuando poseen recursos estratégicos, esa neutralidad rara vez resulta posible. El petróleo, el oro, los minerales críticos, los puertos, los bosques y los sumideros de carbono ya no representan únicamente valor económico; también poseen una creciente importancia geopolítica.
Esta situación plantea una cuestión más amplia para los países del Sur Global: ¿ofrece realmente el nuevo mundo multipolar una oportunidad para un desarrollo independiente o simplemente reproduce las antiguas relaciones de dependencia bajo nuevos actores?
Es una pregunta válida para numerosos países, desde Surinam hasta Pakistán, y desde Nigeria hasta Bolivia.
Un Nuevo Poder En La Era Del Carbono
El siglo XX fue el siglo del petróleo. El siglo XXI, en gran medida, será el siglo del carbono.
A medida que el cambio climático ocupa un lugar central en la política internacional, los bosques, los humedales y la biodiversidad adquieren no solo valor ambiental, sino también valor geopolítico. En este nuevo contexto, el activo estratégico más importante de Surinam podría no ser su petróleo, sino sus bosques.
Debido a su elevada cobertura forestal y a sus bajos niveles de deforestación, Surinam es considerado uno de los pocos países con balance de carbono negativo. Sus bosques absorben más gases de efecto invernadero de los que el país emite.[8] Esta realidad le otorga una posición singular en la diplomacia climática del futuro.
Sin embargo, aquí emerge una profunda paradoja.
Los países industrializados destruyeron gran parte de sus bosques durante sus procesos de desarrollo, llenaron la atmósfera de carbono y ascendieron a la cima de la jerarquía global de prosperidad. Hoy, en cambio, se exige responsabilidad ambiental a los países pobres o de ingresos medios que aún conservan sus ecosistemas. Como ha señalado Amitav Ghosh, la crisis climática no es únicamente una cuestión ambiental; también es un problema de justicia histórica y moral.[9]
Surinam se encuentra en el centro de este debate sobre la justicia climática.
En otro tiempo, las potencias coloniales llegaron a Surinam en busca de azúcar. Más tarde llegaron por la bauxita y el oro. Hoy llegan atraídas por el petróleo. Mañana, quizás, acudirán por lo que podría convertirse en uno de los recursos más valiosos del mundo: los ecosistemas intactos y los sumideros naturales de carbono.
Salir De La Periferia De Wallerstein
El fundador de la teoría del sistema-mundo, Immanuel Wallerstein, definía la economía moderna como una estructura jerárquica compuesta por países del centro, la semiperiferia y la periferia. Mientras los países centrales producen bienes de alto valor agregado, los países periféricos suministran materias primas. Esta estructura convierte la división internacional del trabajo no solo en una jerarquía económica, sino también política.[10]
La historia de Surinam durante los últimos trescientos años constituye casi un laboratorio perfecto de esta teoría.
Azúcar, bauxita, oro y petróleo…
Los productos han cambiado, pero la posición del país dentro del sistema ha permanecido, en gran medida, igual. Surinam ha sido constantemente un proveedor de materias primas para la economía mundial, aunque ha tenido dificultades para retener dentro de sus fronteras el valor final generado por esos recursos.
La verdadera pregunta es la siguiente: ¿podrá Surinam utilizar los ingresos del petróleo y el valor estratégico de sus reservas de carbono para romper este ciclo? ¿O la historia volverá a repetirse bajo una nueva forma?
La respuesta a esta pregunta no solo determinará el futuro de Surinam, sino también la capacidad del Sur Global para redefinir su lugar dentro del sistema mundial.
La Lección Que Enseña El Jaguar
El mundo moderno está construido sobre la idea del crecimiento permanente: más producción, más consumo, más energía, más velocidad…
Pero el jaguar que habita los bosques de Surinam no tiene ese problema. Vive dentro de los límites de su ecosistema. Obedece las leyes de la selva; caza, espera, se retira y se vuelve invisible. Conoce algo que el ser humano moderno parece haber olvidado: la vida no consiste en una expansión ilimitada, sino en el equilibrio.
Quizás la mayor crisis que enfrenta hoy la humanidad sea precisamente haber olvidado los límites del crecimiento. Como mostró Jared Diamond en sus estudios sobre el colapso de las civilizaciones, muchas sociedades desaparecieron porque consumieron su entorno natural más allá de su capacidad de sostenibilidad.[11] Hoy nos enfrentamos a una prueba similar a escala planetaria.
Por esta razón, Surinam no es simplemente un país. Es una encrucijada entre dos futuros posibles.
Por un lado están los pozos petroleros, las explotaciones mineras, los proyectos portuarios y las promesas de crecimiento a corto plazo. Por el otro, se encuentran los últimos grandes bosques amazónicos, la biodiversidad, los territorios de los pueblos indígenas y el equilibrio climático del planeta.
La patria del jaguar aún no ha tomado una decisión definitiva.
Tal vez por eso la historia de Surinam no pertenece únicamente a Surinam. Es un pequeño pero extraordinariamente importante reflejo de la decisión que la humanidad deberá tomar sobre su propio futuro.
El jaguar que recorre en silencio la Amazonía parece formularnos a todos la misma pregunta:
¿Cuál es la verdadera riqueza de la civilización: los recursos ocultos bajo la tierra o el mundo que continúa viviendo sobre ella?
Notas
[1] Eduardo Galeano, Las venas abiertas de América Latina, traducción de Roza Hakmen, Sel Yayıncılık.
[2] Los datos del Banco Mundial y los informes climáticos del PNUD (Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo) muestran que la cobertura forestal de Surinam se sitúa aproximadamente entre el 93 % y el 94 % de su territorio.
[3] Ramachandra Guha, Environmentalism: A Global History, Longman, 2000.
[4] Banco Mundial, “Suriname Overview”, donde se destaca el peso de la minería en los ingresos públicos y las exportaciones del país.
[5] Convenio de Minamata, Suriname National Action Plan on Artisanal and Small-Scale Gold Mining, 2024.
[6] TotalEnergies, “GranMorgu in Suriname”; la decisión final de inversión para el proyecto fue anunciada en 2024 y se prevé que la producción comience en 2028.
[7] Richard M. Auty, Sustaining Development in Mineral Economies: The Resource Curse Thesis, Routledge, 1993.
[8] Los informes de UNDP Climate Promise y WWF Suriname señalan que Surinam es considerado uno de los países con balance de carbono negativo.
[9] Amitav Ghosh, The Nutmeg’s Curse: Parables for a Planet in Crisis, University of Chicago Press, 2021.
[10] Immanuel Wallerstein, The Modern World-System, Academic Press, 1974.
[11] Jared Diamond, Collapse: How Societies Choose to Fail or Succeed, Viking, 2005.
Bibliografía
Auty, Richard M. Sustaining Development in Mineral Economies: The Resource Curse Thesis. Routledge, 1993.
Diamond, Jared. Collapse: How Societies Choose to Fail or Succeed. Viking, 2005.
Galeano, Eduardo. Las venas abiertas de América Latina. Trad. Roza Hakmen. Sel Yayıncılık.
Ghosh, Amitav. The Nutmeg’s Curse: Parables for a Planet in Crisis. University of Chicago Press, 2021.
Guha, Ramachandra. Environmentalism: A Global History. Longman, 2000.
Convenio de Minamata. Suriname National Action Plan on Artisanal and Small-Scale Gold Mining. 2024.
TotalEnergies. “GranMorgu in Suriname: An Oil Project in Line with TotalEnergies’ Transition Strategy.”
UNDP Climate Promise. “Suriname.”
Wallerstein, Immanuel. The Modern World-System. Academic Press, 1974.
Banco Mundial. “Suriname Overview” y “Forest Area Data: Suriname.”
WWF. “Suriname: The NDC We Want.”