La Muerte De El Mencho No Resolverá El Problema De Los Cárteles En México

La eliminación de otros capos del narcotráfico no ha servido de mucho para frenar la producción de drogas ni su flujo hacia Estados Unidos.

El domingo, fuerzas de seguridad mexicanas abatieron en el estado occidental de Jalisco al líder del notorio Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), Nemesio Rubén Oseguera Cervantes, de 59 años, alias “El Mencho”.

El Ministerio de Defensa mexicano reconoció que la operación mortal se llevó a cabo con “información complementaria” proveniente de Estados Unidos, el país del autoproclamado “pacifista” presidente Donald Trump, quien ha amenazado repetidamente con atacar a México bajo el pretexto de combatir a los cárteles.

Conviene recordar que estas organizaciones deben su propia existencia, en primer lugar, a las políticas estadounidenses y al consumo de drogas en Estados Unidos.

El subsecretario de Estado estadounidense, Christopher Landau, celebró la muerte de El Mencho y escribió en X: “Este es un gran avance para México, Estados Unidos, América Latina y el mundo”.

Sin embargo, hasta ahora el panorama no parece tan “grandioso”.

Como cualquiera que siga mínimamente los asuntos globales podría prever, tras su muerte estalló la violencia en varios estados de México —algo que suele ocurrir cuando se elimina a un jefe de cartel.

Hombres armados incendiaron vehículos en distintos puntos y bloquearon carreteras, mientras que los medios estadounidenses informaban de manera sensacionalista sobre turistas estadounidenses “varados” en destinos vacacionales mexicanos debido al caos.

Poco después de su publicación inicial entusiasta, Landau volvió a X con un “PS”: “PS: Estoy observando con gran tristeza y preocupación las imágenes de violencia en México”. No obstante, añadió de inmediato: “Nunca debemos perder el ánimo”.

El subsecretario concluyó su nota con unas palabras en español dirigidas al pueblo mexicano: “¡Ánimo México!”

Pero hay poco motivo para el optimismo, ya que en prácticamente toda la historia contemporánea no existe un solo ejemplo en el que la muerte de un capo haya resuelto el problema del narcotráfico —ni, en realidad, ningún otro problema estructural.

Basta recordar a Pablo Escobar, líder del cartel de Medellín, abatido en 1993 por la policía colombiana con fuerte apoyo de la DEA estadounidense.

La eliminación de Escobar no frenó el tráfico internacional de drogas; las décadas siguientes estuvieron marcadas por niveles extraordinarios de violencia en Colombia, gran parte de ella perpetrada por fuerzas de seguridad estatales respaldadas por Estados Unidos. En uno de los episodios más notorios, miembros del ejército colombiano asesinaron a miles de civiles y los presentaron falsamente como “terroristas” de izquierda.

Colombia sigue siendo hoy el mayor productor mundial de cocaína.

En otras palabras, celebrar la muerte de El Mencho como un “gran avance” resulta, en el mejor de los casos, profundamente irreal.

El domingo llamé a un amigo mexicano que vive en el estado sureño de Oaxaca y que apoya a la presidenta Claudia Sheinbaum. Según él, el gobierno mexicano simplemente “cumplió con su deber” en la llamada “guerra contra las drogas”, y la participación estadounidense no fue decisiva.

Al igual que su predecesor Andrés Manuel López Obrador, Sheinbaum proyecta una postura de soberanía —incluso de desafío hacia el “imperio” del norte—, mientras en la práctica continúa realizando el trabajo sucio que satisface las demandas de Washington.

Ante el reciente secuestro del presidente venezolano Nicolás Maduro por parte de Estados Unidos y la demostración abierta de que Trump no se considera vinculado por leyes nacionales o internacionales, el margen de maniobra parece limitado.

Es posible que Sheinbaum haya considerado que no tenía otra opción que apaciguar temporalmente a Estados Unidos y satisfacer el deseo de represalias de Trump. El costo, sin embargo, lo pagarán los mexicanos.

Un vistazo a la historia reciente de México lo confirma. Desde que el entonces presidente Felipe Calderón lanzó en 2006 la “guerra contra las drogas” bajo presión estadounidense, los homicidios y las desapariciones forzadas se dispararon.

Desde entonces, más de medio millón de personas han sido asesinadas o han desaparecido, muchas de ellas víctimas de fuerzas estatales militarizadas que con frecuencia operan en connivencia con el crimen organizado.

Mientras tanto, el flujo de drogas hacia el norte no ha disminuido, y el flujo de armas fabricadas en Estados Unidos hacia el sur continúa sin interrupciones.

Jalisco es el estado con mayor número de desapariciones forzadas en México. El año pasado fue noticia por el hallazgo de un crematorio clandestino en una finca cercana a Guadalajara, una de las sedes del próximo Mundial. Según informes, el lugar era utilizado por el CJNG como centro de reclutamiento, entrenamiento y ejecución.

La eliminación de El Mencho no cambiará sustancialmente esta realidad, del mismo modo que la extradición a Estados Unidos de los líderes del cártel de Sinaloa, Joaquín “El Chapo” Guzmán e Ismael “El Mayo” Zambada, solo desencadenó nuevas luchas internas violentas por el poder.

Contrariamente a las declaraciones grandilocuentes de funcionarios estadounidenses, el “imperio” no parece interesado en erradicar el narcotráfico ni la violencia al sur de su frontera; ambos fenómenos proporcionan un pretexto constante para intervenir en México y más allá.

Si los “gringos” realmente quisieran liberar a “México, Estados Unidos, América Latina y el mundo” del problema de los cárteles, la despenalización de las drogas socavaría el negocio desde su base al hacerlo mucho menos extraordinariamente rentable.

Un moratorio a la obsesión estadounidense por la producción masiva de armas también tendría un impacto significativo.

Francamente, nada que se parezca a estas soluciones está en el horizonte. Si lo estuviera, entonces sí podríamos hablar de un verdadero “gran avance”.

  • Belén Fernández es autora de The Darién Gap: A Reporter’s Journey through the Deadly Crossroads of the Americas (Rutgers University Press, 2025), Inside Siglo XXI: Locked Up in Mexico’s Largest Immigration Detention Center (OR Books, 2022), Checkpoint Zipolite: Quarantine in a Small Place (OR Books, 2021), Exile: Rejecting America and Finding the World (OR Books, 2019), Martyrs Never Die: Travels through South Lebanon (Warscapes, 2016) y The Imperial Messenger: Thomas Friedman at Work (Verso, 2011).

Sus artículos han sido publicados en numerosos medios, entre ellos The New York Times, el blog de London Review of Books, The Baffler, Current Affairs y Middle East Eye.

Fuente:https://www.aljazeera.com/opinions/2026/2/23/el-menchos-killing-wont-solve-mexicos-cartel-problem-or-anything-else