La lucha por un nuevo orden en Asia Occidental

Queridos amigos y amigas:

Reciban un saludo desde la mesa del Instituto Tricontinental de Investigación Social.

En las décadas posteriores a la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos, junto con las antiguas potencias coloniales, Gran Bretaña y Francia, llegó a dominar buena parte de Asia Occidental, desde el Mediterráneo hasta las montañas del Hindu Kush. Cuando la región se perfiló como gran productora de petróleo y gas natural, los combustibles de la era industrial moderna, Estados Unidos erigió una red de bases militares y procuró, junto con sus aliados de la OTAN, que ningún régimen que reivindicara la soberanía nacional sobre el sistema petrolero pudiera consolidar su poder (el golpe de Estado de 1953 contra el gobierno de Mohammad Mosaddeq, tras la nacionalización de la Anglo-Iranian Oil Company, fue un ejemplo temprano y decisivo de ello).

Mientras el poder británico se retiraba de la región durante los años sesenta y a comienzos de los setenta, incluidos Kuwait, Catar, los Estados de la Tregua (los actuales Emiratos Árabes Unidos) y Yemen, Estados Unidos amplió su propio papel militar para preservar el control occidental sobre las rutas petroleras de la zona. Israel, que desde su fundación ha funcionado como subcontratista del poder occidental en Asia Occidental, se convirtió en un componente importante de esta arquitectura liderada por Estados Unidos, la cual se encuentra ahora sometida a una presión considerable, pues la capacidad de Irán para resistir este año el ataque de Israel y de Estados Unidos pone en entredicho su perdurabilidad.

F. Husain (India), Yemen, 2008.

En este contexto, Arabia Saudí, Turquía y Pakistán firmaron en agosto el Acuerdo de Defensa Conjunta de La Meca, un intento significativo de crear una plataforma regional de seguridad sin participación directa de Estados Unidos. El acuerdo llega en medio de un debate, avivado por los ataques iraníes contra bases militares estadounidenses y todavía abierto en todo el Golfo, sobre si tales instalaciones brindan protección o dejan a los países anfitriones expuestos a represalias. Dado que las tropas estadounidenses se han retirado oficialmente de Irak, la cláusula del acuerdo que admite la adhesión de otros países hace verosímil que Irak, o los Estados más pequeños de la península arábiga, soliciten su ingreso.

Al mismo tiempo, Ansarullah, que controla Saná, la capital de Yemen, y buena parte del norte y el oeste del país, ha pasado a la acción para apoderarse de posiciones clave a lo largo del litoral yemení del mar Rojo y crear así un equivalente de la posición estratégica de Irán en el estrecho de Ormuz. En septiembre, las fuerzas del movimiento tomaron Mocha y la isla de Mayún, con lo que obtuvieron el control de puntos estratégicos en torno a Bab el-Mandeb, la puerta meridional del mar Rojo. Los buques que atraviesan el estrecho se hallan ahora al alcance de los misiles y los drones del movimiento. En respuesta, Arabia Saudí y sus aliados desplegaron cien aviones de combate para atacar las posiciones de Ansarullah en Yemen en el marco de la Operación Amanecer de Yemen, y renovaron la intervención militar contra el movimiento iniciada en 2015.

Si Ansarullah lograra interrumpir el tráfico marítimo por Bab el-Mandeb mientras persisten las restricciones a la navegación en el estrecho de Ormuz, pese a las negociaciones entre Irán y Omán, el comercio petrolero de la península arábiga sufriría un grave trastorno y la puerta de la ruta marítima más corta entre Europa y Asia, a través del canal de Suez, quedaría de hecho clausurada.

Dahlia Baasher (Sudán), Edad de Oro, 2025.

Entretanto, en la orilla opuesta del mar Rojo y a lo largo del Cuerno de África, los Emiratos Árabes Unidos amplían su presencia estratégica mediante una combinación de desarrollo portuario e infraestructura militar, estrechos vínculos políticos, apoyo a actores armados y acceso a redes comerciales y de recursos regionales. En 2015, los Emiratos establecieron una base militar en Asab, Eritrea, y ampliaron un puerto, junto con una pista de aterrizaje cercana, desde donde aviones emiratíes atacaron Yemen. Al año siguiente, DP World, la empresa portuaria y logística propiedad del gobierno de Dubái, asumió la gestión del puerto de Berbera, en Somalilandia, territorio autogobernado que proclamó su independencia de Somalia en 1991. Dado el respaldo de los Emiratos a las Fuerzas de Apoyo Rápido (FAR) en la guerra civil sudanesa y al Ejército Nacional Libio del general Jalifa Haftar (que a su vez brinda apoyo logístico a las FAR), su presencia en el Cuerno de África está también estrechamente ligada a la guerra. Los vínculos de los Emiratos con estos actores armados se entrecruzan con las redes regionales de comercio de oro, por las que el oro vinculado a las FAR y a otros grupos armados fluye hacia los mercados emiratíes.

En el plano regional, los Emiratos se han convertido en uno de los pilares del intento estadounidense de construir un paradigma de seguridad regional en torno a la cooperación entre Israel y sus socios árabes. En 2015, Israel anunció la apertura de una representación en la sede de la Agencia Internacional de Energías Renovables en Abu Dabi, su primera presencia oficial en los Emiratos. En septiembre de 2020, los Acuerdos de Abraham establecieron relaciones diplomáticas entre Israel y los Emiratos y, dos años después, ambas partes firmaron un Acuerdo de Asociación Económica Integral. Este acercamiento se inscribía en un diseño estadounidense destinado a que ambos países se sumaran a Washington en el desarrollo de una agenda estratégica regional. La lógica política consistía en integrar a Israel en su entorno mientras la cuestión palestina permanecía sin resolver. Los intereses de ambos países han ido convergiendo cada vez más en el Cuerno de África, en particular en torno a Somalilandia. En 2025, Israel se convirtió en el único Estado miembro de la ONU en reconocer a Somalilandia como independiente. Según se informa, los Emiratos, que no han llegado a reconocerla, han presionado para que Argentina, Esuatini, Zambia y la República Dominicana sigan el ejemplo israelí, un reconocimiento que podría agravar la tensión con Somalia. Sin embargo, la creciente incertidumbre acerca del orden de seguridad liderado por Estados Unidos, sobre el que se sustenta hoy esta relación, ha llevado a Israel a apoyarse más en su socio más cercano de los Acuerdos de Abraham, los Emiratos. Esa dependencia tiene límites: aunque la relación brinda a Israel acceso económico y relevancia diplomática, un alineamiento más estrecho con Israel entraña costes políticos para los dirigentes emiratíes.

Almaha Jaralla (Emiratos Árabes Unidos), El-Dayan, 2022.

Esta creciente incertidumbre refleja el debilitamiento de la antigua arquitectura de hegemonía militar estadounidense en la región, que otorgaba a Israel una sensación de impunidad para mantener su régimen de apartheid y perpetuar su genocidio contra el pueblo palestino. Ya no cabe suponer que el poderío estadounidense sea invencible. Las experiencias de Afganistán e Irak, donde Estados Unidos no logró imponerse en última instancia; la de Libia, destruida por Estados Unidos y Francia junto a sus aliados árabes del Golfo; y la de Irán, donde Washington ha sufrido ahora una derrota estratégica, apuntan a un patrón recurrente: Estados Unidos puede destruir países, pero quizá no logre controlarlos. ¿Qué hará Israel sin su gran aliado (Estados Unidos) y sus aliados menores (los europeos) si estos reducen su presencia en la región? Estados Unidos, que se ha asegurado el petróleo de Venezuela y procura controlar los vastos recursos estratégicos de Brasil, incluidos su petróleo y sus tierras raras, se ha cubierto frente a la posibilidad de perder el control del petróleo de Asia Occidental. Ese seguro menguará la disposición de Trump a prolongar conflictos que no puede ganar.

La erosión más amplia de la confianza en las garantías de seguridad estadounidenses se aprecia quizá con mayor nitidez en Irak. Washington anunció que el retiro de sus tropas quedó completado el 30 de septiembre de este año, en aplicación del calendario negociado con Bagdad en 2024. Las celebraciones en Bagdad fueron una enérgica proclamación de soberanía, pero no deben ensombrecer el significado controvertido de la retirada. Kataib Hezbolá, uno de los principales grupos paramilitares, impugnó las afirmaciones oficiales de una salida total y sostuvo que la aviación estadounidense continúa operando en el espacio aéreo iraquí. Para un país devastado por la ilegal invasión de 2003 y por sus secuelas, esta partida posee un peso histórico ineludible. La retirada socava la premisa de que las tropas estadounidenses deban permanecer indefinidamente como reguladoras indispensables de la seguridad iraquí.

Jewad Selim (Irak), Lo bueno y lo malo, una abstracción, c. 1951.

En conjunto, estos acontecimientos apuntan a una reconfiguración de mayor calado del poder y la seguridad en Asia Occidental y en el mar Rojo. La capacidad de Irán para resistir el ataque estadounidense-israelí y la retirada de Estados Unidos de Irak evidencian los límites de su poderío militar, mientras que el Acuerdo de La Meca y el cambio de las alianzas regionales muestran que los gobiernos buscan nuevas vías para salvaguardar sus intereses. Todavía no se trata de una Asia Occidental sin Estados Unidos. Washington conserva su influencia mediante alianzas militares, armamento, inteligencia y despliegues en otros lugares. La retirada de un país no debe interpretarse como la retirada de toda la región. Tampoco son estos nuevos arreglos necesariamente antiestadounidenses: unos se erigen junto a los vínculos vigentes con Estados Unidos y otros se extienden más allá de ellos. Lo que ha cambiado es la confianza en el poderío estadounidense como garantía de seguridad estable y suficiente.

Para las fuerzas progresistas, el criterio fundamental reside en saber a la seguridad de quién sirve cualquier orden regional emergente. Una nueva arquitectura de seguridad que proteja a los gobiernos, las inversiones y las rutas estratégicas, pero que reproduzca la dominación externa, el control desigual de los recursos y la aniquilación de la vida palestina, no podrá garantizar verdadera soberanía ni paz. La autonomía regional ha de medirse por su capacidad de promover la soberanía popular y la libertad de Palestina.

Hakim al-Akel (Yemen), El ojo del pájaro, 2014.

El gran poeta yemení Abdulá al-Baradoni (1929-1999) publicó en 1986 su hermoso poema «Oh, Mustafá» (يا مصطفى). Sé que el poema es largo, pero creo que capta el estado de ánimo actual de la región, desde Yemen e Irán hasta Sudán:

Que bombardeen: no te pueden destrozar.
Que se enfurezcan: tú eres aún más feroz.
Que se unan: tú sabes
que quienes aterrorizan tienen más miedo.
Más ricos, pero más miserables;
más débiles, pero más brutales.
Más evidentes, pero más ocultos;
más deshonrados, pero más arrogantes.
Tienen hierro y fuego,
pero son más débiles que la paja.
Temen la posibilidad de la muerte;
tú la conoces más de cerca,
más atraído por el peligro,
más resuelto en tus decisiones.
Porque ellos se entregan a sus deseos,
y tú te entregas más al pueblo.
Así, enfrentas ejércitos
de vacío decorado.
Dividen lo que ya está dividido,
clasifican lo que ya está clasificado.
Refuerzan la guardia a su alrededor;
tú eres una presencia aún más densa.
Te derramas como lo imprevisto,
avanzas como los volcanes.
Caes en cascada como fiesta y primavera,
te extiendes en refugio de invierno y morada de verano,
savia para cada raíz,
pulso para cada instrumento.
Nunca la espera dijo de ti:
se dobló o se desvió.
Nunca una estrella dijo: aflojó.
Nunca un amanecer dijo: se quedó atrás.
Compites contra el tiempo: él cansa
y tú no te detienes.
Arrastras el sol tras de ti como un tren
y vistes la noche como abrigo.
Has desconcertado a quienes decían: se excede,
y a quienes dicen: es extremista.
El término medio es una muerte más dura,
aunque lo hayan llamado más suave,
pues ellos se conforman más con las distracciones,
más diestros en describir la falsedad.
Para ti, la cobardía es cobardía:
no hay una más burda ni una más elegante.
Para ti, la vergüenza muestra un rostro más vil
cuando parece más encantadora.
Oh, Mustafá, ¿qué secreto yace
bajo esa camisa raída?
¿Es tu percepción más aguda
porque tu cuerpo es más delgado?
¿Es tu corazón más fértil
porque tu hogar es más austero?
¿Son tus sueños más abundantes
porque tu rostro está más marcado por la escasez?
¿Por qué te preocupas más por todos
que todos aquellos más listos y preparados?
Tú cantas con cada latido;
ellos lloran por un desaire a una esbelta belleza.
Conoces mejor el camino hacia el horizonte,
conoces los pasadizos subterráneos mejor,
comprendes más a fondo las opciones,
descubres más de lo extraño,
eres más eficaz en tus destrezas,
más perspicaz cuando llega la calamidad.
Detrás de ti no hay desvío;
delante de ti no hay vuelta atrás.
La distancia no te trae desesperanza;
la cercanía no te trae arrepentimiento.
Porque tu preocupación es mayor,
tu propósito más honorable,
tu pecho más pleno,
tu bolsillo más limpio.
Pueden quebrarte, pero
te levantas más fuerte y sensible.
¿Acaso subiste alto como fruta madura
sino para ser apedreado y arrancado?
Pueden matarte: regresas
del confín más remoto de la matanza, más tempestuoso,
porque tu raíz crece con más abundancia,
tu cauce hace más fértil la tierra,
porque tu muerte está más viva
que las vidas de un millón de hombres entregados al lujo.
Que todos te lancen sus misiles:
solo tú tienes mayor fuerza para arrojar.
Ellos perecerán, mientras florece
en ti lo que no puede perecer.
Porque tú eres el todo en una persona,
una cualidad que ningún molde puede contener.
Oh Mustafá, oh libro
compuesto de cada corazón,
oh tiempo que ha de llegar
y borrar este tiempo falsificado.

Cordialmente,

Vijay,

Fuente:https://thetricontinental.org/newsletterissue/new-west-asian-order-struggle/