La Guerra Por Delegación En Sudán: Rivalidades Del Golfo, Extracción De Recursos y La Fragmentación e un Estado

Introducción: de la guerra civil a un conflicto sistémico regional

La guerra que continúa desarrollándose en Sudán suele describirse como una lucha interna por el poder entre grupos militares rivales. Si bien las rivalidades internas se encuentran en el centro del conflicto, este enfoque corre el riesgo de pasar por alto las dinámicas regionales y globales, cada vez más determinantes, que configuran y prolongan la guerra.

Lo que ocurre en Sudán también puede entenderse como un estudio de caso sobre la manera en que la competencia regional, la extracción de recursos (resource extraction) y los intereses geopolíticos globales convergen en Estados poscoloniales frágiles. El conflicto no es únicamente interno; está inserto en una red mucho más amplia de economía política (political economy) y de relaciones con actores externos que se ha desarrollado durante décadas.

Más que una guerra civil convencional, Sudán representa un escenario de conflicto fragmentado en el que las luchas internas por el poder se entrelazan profundamente con la influencia de actores externos.

Rivalidades regionales y externalización del conflicto

Uno de los principales componentes de la guerra es la participación de actores regionales, especialmente los Estados del Golfo, cuyos intereses contrapuestos han contribuido a la internacionalización del conflicto.

Los Emiratos Árabes Unidos y Arabia Saudita han desarrollado relaciones estratégicas con distintos componentes de las estructuras militares y económicas de Sudán. Estas relaciones suelen interpretarse como parte de una competencia regional más amplia por la influencia, las prioridades de seguridad y el acceso a corredores estratégicos a lo largo del mar Rojo.

Las Fuerzas de Apoyo Rápido (RSF), convertidas en uno de los principales actores del conflicto, son ampliamente consideradas como una organización profundamente integrada en la economía del oro de Sudán y en las redes informales de comercio transfronterizo. Diversas investigaciones e informes han señalado que estas redes se conectan con canales financieros y logísticos externos vinculados a actores regionales, incluidos intermediarios establecidos en los países del Golfo.

Al mismo tiempo, las Fuerzas Armadas Sudanesas (SAF) han mantenido vínculos institucionales más estrechos con los marcos regionales de seguridad alineados con Arabia Saudita. Aunque estas relaciones superpuestas no implican un control directo del conflicto, sí han contribuido a prolongarlo al insertar a los actores locales dentro de sistemas de apoyo regional más amplios.

La posición estratégica de Sudán y la economía política del oro

La importancia geopolítica de Sudán no deriva únicamente de su fragilidad interna, sino también de su ubicación estratégica a lo largo del corredor del mar Rojo y de su riqueza en recursos naturales, especialmente el oro.

Tras décadas de gobierno militar y de reestructuración económica, la capacidad del Estado se ha debilitado y las instituciones económicas formales se han fragmentado parcialmente. En este contexto, la supervivencia económica ha pasado a depender cada vez más de redes informales de extracción de recursos, particularmente en las regiones periféricas.

La extracción de oro se ha convertido en uno de los principales pilares de estas redes. Estos flujos no son exclusivamente internos; están integrados en circuitos comerciales transnacionales en los que los centros financieros regionales especialmente los del Golfo desempeñan un papel clave en el procesamiento, el comercio y la circulación del valor.

Esto no significa que exista una única estructura centralizada de mando. Por el contrario, refleja una economía política fragmentada en la que grupos armados, intermediarios y centros financieros ocupan posiciones diferentes dentro de un sistema más amplio de extracción y circulación de recursos.

Actores externos y la internacionalización de la economía de guerra

Los gobiernos occidentales han insistido reiteradamente en la necesidad de alcanzar un alto el fuego y garantizar el acceso de la ayuda humanitaria en Sudán. Sin embargo, al mismo tiempo continúan estando estructuralmente vinculados a los acuerdos regionales de seguridad y a las transferencias de armamento que configuran el entorno más amplio en el que se desarrolla el conflicto.

Esta tensión entre la diplomacia humanitaria y las alianzas estratégicas refleja un patrón más amplio observado en otros conflictos regionales, como los de Libia y Yemen, donde la implicación de actores externos ha contribuido tanto a los esfuerzos de contención como a la reproducción de la inestabilidad.

Paralelamente, potencias emergentes como China y Rusia han ampliado su presencia en Sudán mediante importantes proyectos de infraestructura, acuerdos sobre recursos naturales y cooperación en materia de defensa. Lejos de resolver la inestabilidad, estas iniciativas han añadido nuevas capas de complejidad a una economía de guerra que ya se encontraba profundamente fragmentada.

De la transición política a la fragmentación militar

El levantamiento popular que derrocó a Omar al-Bashir en 2019 abrió brevemente el camino hacia una transición política y despertó expectativas de un gobierno civil. Sin embargo, la ausencia de una reconstrucción institucional duradera, sumada al poder profundamente arraigado de las redes militares y económicas, hizo que el proceso de transición fuera extremadamente frágil.

El golpe de Estado de 2021 y el estallido, en 2023, de una guerra a gran escala entre las Fuerzas Armadas Sudanesas (SAF) y las Fuerzas de Apoyo Rápido (RSF) marcaron el colapso definitivo de esa transición. Desde entonces, Sudán ha experimentado una fragmentación cada vez más profunda de la autoridad, así como una creciente competencia por el control del territorio, la economía y las redes logísticas.

La guerra como sistema económico

Uno de los rasgos más distintivos del conflicto actual es hasta qué punto se ha transformado en un sistema económicamente autosostenible.

La extracción de oro, las rutas de contrabando, los sistemas de tributación impuestos por los actores armados y los flujos financieros externos han dado lugar, en conjunto, a una economía de guerra que opera con un grado considerable de autonomía respecto de cualquier proyecto político unificado.

En este contexto, la violencia no constituye únicamente un instrumento para acceder al poder político. También funciona como un mecanismo de acumulación económica. Esta dinámica dificulta especialmente cualquier intento de resolver el conflicto, ya que numerosos actores obtienen beneficios materiales de su prolongación.

Conclusión: soberanía fragmentada e inestabilidad prolongada

Sudán ejemplifica una transformación más amplia de los conflictos contemporáneos, en los que las guerras civiles están cada vez más condicionadas por la influencia externa, la extracción de recursos y las redes financieras transnacionales.

En este contexto, la soberanía persiste en el plano formal, pero en la práctica se encuentra profundamente fragmentada. A medida que los actores locales quedan integrados en sistemas transnacionales de apoyo y acumulación, la distinción entre conflicto interno y conflicto externo se vuelve cada vez más difusa.

El futuro de Sudán dependerá no solo de la evolución de la situación militar sobre el terreno, sino también de la capacidad de reestructurar de manera significativa las complejas redes que conectan la extracción de recursos con la implicación de actores externos.

Si esa transformación no llega a producirse, es probable que cualquier solución política continúe siendo frágil y que el ciclo de fragmentación se perpetúe bajo nuevas formas.

Fuente:https://znetwork.org/znetarticle/sudans-proxy-war-gulf-rivalries-resource-extraction-and-the-fragmentation-of-a-state/