La Fiebre Por Las Tierras Raras En Brasil
Minería, soberanía y la nueva carrera por los recursos
En Minaçu, al norte del estado brasileño de Goiás, el territorio conserva las cicatrices de una antigua fiebre minera. Durante décadas, la localidad dependió de la mina de amianto de Cana Brava, cuya prosperidad estuvo indisolublemente ligada a una historia de enfermedades mortales y de profunda degradación ambiental. Hoy, Minaçu ha pasado a formar parte de otra promesa de futuro. Serra Verde, una empresa minera de tierras raras con sede en Brasil, extrae en la mina Pela Ema elementos de tierras raras indispensables para motores eléctricos, turbinas eólicas, dispositivos electrónicos de alta tecnología y sistemas de armamento. El mineral extraído ha cambiado, pero el verdadero peligro reside en que la antigua estructura de dependencia permanezca intacta.
Brasil posee, después de China, aproximadamente el 23 % de las reservas conocidas de tierras raras del mundo. Sin embargo, apenas representa alrededor del 1 % de la producción y carece de una cadena industrial integrada capaz de separar los elementos de tierras raras, transformarlos en metales y aleaciones y fabricar imanes permanentes. Brasil alberga la riqueza geológica, mientras otros buscan controlar la tecnología, la financiación, el procesamiento y los mercados.
Esta contradicción se encuentra en el centro del debate brasileño sobre los minerales críticos. Aunque todo proyecto minero propuesto debe someterse a un riguroso escrutinio ambiental y social, la cuestión no consiste en renunciar por completo a la extracción de estos minerales. La pregunta fundamental es si Brasil utilizará estos recursos para construir una capacidad tecnológica e industrial soberana o si, una vez más, terminará convertido en un país exportador de materias primas con un grado mínimo de procesamiento.
La presión aumenta rápidamente. La empresa USA Rare Earth, respaldada por Estados Unidos, alcanzó un acuerdo definitivo para adquirir Serra Verde por aproximadamente 2.800 millones de dólares. El Gobierno estadounidense aportó 750 millones de dólares para la operación y se comprometió a adquirir cientos de millones de dólares de su producción futura. La mina Pela Ema de Serra Verde resulta especialmente atractiva porque sus arcillas iónicas contienen disprosio y terbio, dos elementos pesados de tierras raras fundamentales para los imanes de alto rendimiento y los equipos militares. Washington no considera esta operación una simple inversión comercial; por el contrario, concibe Serra Verde como parte de una estrategia impulsada por el Estado para construir una cadena de suministro al margen de China.
Mientras tanto, empresas mineras australianas han adquirido amplios derechos mineros en Minas Gerais y Bahía. Viridis Mining and Minerals controla el proyecto Colossus, en los alrededores de Poços de Caldas, mientras que Meteoric Resources posee el gigantesco proyecto Caldeira en la misma región geológica. Brazilian Rare Earths, que pese a su nombre es una empresa con sede en Australia, desarrolla el proyecto Borborema en Bahía. Está ampliamente documentado que las compañías extranjeras se apresuraron a obtener derechos sobre yacimientos mineros antes de que el país introdujera normas más estrictas en materia de minerales estratégicos.
Pero la geografía hacia la que se dirige esta fiebre no está vacía. Una investigación realizada por el Observatório da Mineração identificó 187 procedimientos relacionados con la minería de tierras raras que se superponen a 96 asentamientos de reforma agraria distribuidos en cinco estados. Solo Serra Verde mantenía 37 procedimientos activos que afectaban a ocho asentamientos en Goiás. En Nova Roma, el proyecto Carina de Aclara Resources, empresa con sede en Canadá, se superponía inicialmente a las tierras de la comunidad quilombola Família Magalhães —término utilizado para designar a los descendientes de afrobrasileños que, durante el régimen esclavista, escaparon de las plantaciones o establecieron sus propias comunidades independientes en tierras abandonadas—. En las proximidades se encuentra el territorio Kalunga, hogar de unas 5.000 personas y considerado el mayor territorio quilombola de Brasil. Las concesiones mineras también se han superpuesto a tierras pertenecientes a los Kalunga.
Las familias de las zonas rurales próximas a Pela Ema han denunciado cambios en el color y el caudal de los arroyos, una disminución de las poblaciones de peces y problemas reproductivos entre el ganado. Las inspecciones realizadas por organismos ambientales estatales y federales confirmaron la contaminación del Córrego Areia —un arroyo que discurre cerca de Pela Ema, así como concentraciones de determinadas sustancias, entre ellas manganeso, superiores a los límites establecidos para el agua potable. El arroyo desemboca en el sistema de Cana Brava, que abastece de agua a Minaçu y sustenta la pesca, la agricultura y el turismo.
Estos costes emergentes deben compararse con los beneficios que Brasil obtiene de esta actividad. Serra Verde produce un carbonato mixto de tierras raras que contiene conjuntamente diversos elementos de alto valor. Las fases tecnológicamente más complejas la separación de los óxidos individuales, la producción de metales y aleaciones y la fabricación de imanes— se llevan a cabo en el extranjero. Lo que permanece en Brasil es una mina, excavadoras, equipos de procesamiento, algunos puestos de trabajo, ingresos fiscales y pasivos ambientales. Las industrias de mayor valor añadido, las patentes, la mano de obra técnica altamente cualificada y el control estratégico se desplazan, en cambio, hacia Estados Unidos y Europa.
No se trata simplemente de una fábrica que todavía no se ha construido o de un eslabón industrial ausente. La separación constituye la fase más estratégica de la industria de las tierras raras. Dado que los diecisiete elementos de tierras raras poseen propiedades químicas similares, separarlos entre sí exige complejos sistemas hidrometalúrgicos, sucesivas etapas de extracción con disolventes, conocimientos técnicos especializados y una gestión rigurosa del agua y de los residuos químicos. La fabricación de imanes añade, a su vez, nuevas fases metalúrgicas y de ingeniería al proceso.
Un país que exporta carbonato mixto e importa imanes no ha asegurado su cadena de suministro de tierras raras. Lo único que ha asegurado es el segmento ambientalmente más destructivo y tecnológicamente menos poderoso de esa cadena.
Las empresas extranjeras destacan que las arcillas iónicas de Brasil pueden procesarse con maquinaria relativamente barata. Los yacimientos próximos a la superficie pueden explotarse sin necesidad de las costosas infraestructuras subterráneas que requieren otros tipos de minería. El mineral se extrae, se transporta, se lava, se lixivia y se concentra parcialmente. Este tipo de proyectos resulta atractivo para las empresas porque les permite aprovechar grandes extensiones de tierra y abundantes recursos hídricos, al tiempo que trasladan a otros lugares las fases tecnológicamente más avanzadas del proceso.
Lo «barato» es, en parte, una ficción contable. La maquinaria resulta barata porque las empresas no asumen el coste íntegro de un sistema de aguas subterráneas deteriorado, de un arroyo contaminado, de una ladera erosionada, de una comunidad agrícola desplazada o de décadas de seguimiento de la salud pública. Desde la perspectiva empresarial, todo ello se considera una externalidad: costes que se eliminan de los balances corporativos y se transfieren a las familias, los municipios y las generaciones futuras. Incluso cuando el agua constituye el fundamento de toda una ecología social, se la trata, con una indiferencia profundamente industrial, como un mero insumo productivo.
Cómo lo hizo China
Este modelo tampoco es tecnológicamente inevitable. El ascenso de China en el sector de las tierras raras comenzó con prácticas mineras extremadamente perjudiciales, entre ellas la lixiviación intensiva mediante sales de amonio. Sin embargo, desde entonces, los investigadores chinos y las instituciones públicas han invertido en reducir estos daños. Un equipo de científicos chinos desarrolló la minería electrocinética, un método que utiliza campos eléctricos controlados para desplazar los iones de tierras raras a través de las arcillas meteorizadas. Los primeros ensayos registraron una recuperación 2,6 veces superior a la obtenida mediante técnicas convencionales, una reducción del 80 % en el uso de agentes de lixiviación y un 70 % menos de impurezas metálicas.
Esta técnica ya ha trascendido el ámbito del laboratorio. Una prueba a escala industrial realizada en China con 5.000 toneladas de mineral logró una recuperación del 95 % de las tierras raras y, al mismo tiempo, redujo en un 95 % las emisiones de amoníaco. Sus desarrolladores concluyeron, además, que el método era económicamente viable en comparación con los sistemas convencionales de extracción.
La extracción electrocinética también genera impactos ambientales y, por supuesto, no puede sustituir las posteriores etapas industriales de separación y fabricación de imanes. Sin embargo, pone de manifiesto una cuestión fundamental: no existe ninguna justificación técnica para que Brasil acepte métodos de extracción obsoletos, caracterizados por un elevado consumo de agua y un uso intensivo y derrochador de sustancias químicas, mientras los propietarios extranjeros de las minas se reservan para sí mismos la investigación avanzada, el refinado y los procesos de producción.
La elección de la tecnología empleada en una mina es, por tanto, una decisión política acerca de quién asumirá los costes y quién adquirirá el conocimiento.
El plan de Lula
El presidente Luiz Inácio Lula da Silva instó al Congreso a acelerar la tramitación de una legislación destinada a establecer una política nacional para los minerales críticos y estratégicos. El marco propuesto contempla la creación de un consejo nacional, la ampliación de las facultades del Estado para supervisar las inversiones extranjeras y el fomento del procesamiento de los minerales dentro del país. Son puntos de partida necesarios, pero los incentivos, por sí solos, no serán suficientes.
El presidente Lula ha señalado que Brasil necesita mantener el control público sobre los datos mineros y los yacimientos estratégicos; imponer restricciones a las adquisiciones por parte de empresas extranjeras; establecer requisitos para que la separación y el refinado se realicen dentro del país; exigir mecanismos de transferencia tecnológica; promover inversiones públicas a través del BNDES (Banco Nacional de Desenvolvimento Econômico e Social), las universidades, Petrobras, el Servicio Geológico y los institutos de investigación especializados; y fijar objetivos vinculantes para que la producción de óxidos, aleaciones, imanes, baterías y otros productos finales tenga lugar en Brasil.
El sistema de licencias ambientales debería contemplar no solo la superficie ocupada por cada explotación minera, sino también los efectos acumulativos sobre las cuencas hidrográficas. Las comunidades quilombolas, los pueblos indígenas y las comunidades surgidas de la reforma agraria deben disponer de un derecho efectivo y jurídicamente exigible a ser consultados de manera previa, libre e informada. Brasil puede, además, cooperar con institutos y empresas de países como China para desarrollar sus propias capacidades públicas de investigación, aprendizaje tecnológico e industrialización.
Los minerales críticos reciben precisamente ese nombre porque se encuentran en el corazón del poder industrial contemporáneo. Si Brasil permite que empresas extranjeras controlen sus yacimientos, empleen tecnologías extractivas ineficientes u obsoletas, continúen exportando concentrados mixtos y mantengan en el extranjero las patentes y las actividades productivas de mayor valor, en lo esencial nada habrá cambiado desde la época colonial.
La soberanía comienza cuando la riqueza que yace bajo el suelo brasileño se transforma en conocimiento, industria y una vida digna para quienes habitan sobre él.
Vijay Prashad es un historiador, editor y periodista indio. Es miembro del equipo editorial y corresponsal jefe de Globetrotter, editor jefe de LeftWord Books y director de Tricontinental: Institute for Social Research.
Fuente:https://www.savageminds.co/p/brazils-rare-earth-rush