Energía Sin Fronteras: ¿Por qué Oriente Medio Necesita Un Schengen Energético?

Durante más de un siglo, Oriente Medio ha sido uno de los principales centros de suministro energético del mundo. Sin embargo, en el corazón de su arquitectura energética persiste una paradoja estratégica: una región que exporta petróleo y gas a todos los rincones del planeta sigue careciendo de un marco coherente para el intercambio de energía en su propio seno.

Las redes eléctricas, los marcos regulatorios, los mercados y buena parte de la infraestructura energética de la región continúan diseñándose y gestionándose, ante todo, dentro de las fronteras nacionales. Entretanto, la naturaleza del desafío energético está cambiando. El aumento de la demanda de electricidad, las temperaturas extremas, la desalinización, la rápida expansión de la energía solar, la digitalización de las economías y la emergencia del hidrógeno están generando desafíos que serán cada vez más difíciles de gestionar exclusivamente a escala nacional.

Es precisamente en este punto donde una idea que a primera vista podría parecer ambiciosa merece ser considerada seriamente: un Schengen Energético para Oriente Medio.

Un Schengen Energético — no otra unión

Un Schengen Energético no constituye una propuesta destinada a copiar a la Unión Europea, ni una invitación a avanzar hacia la integración política o a renunciar a la soberanía nacional. Aquí, «Schengen» debe entenderse no como un proyecto institucional que deba reproducirse, sino como una metáfora de política pública.

Lo que Oriente Medio necesita es un marco regional de interoperabilidad energética: un sistema que reduzca las barreras al movimiento de electricidad, gas, hidrógeno, capital y tecnologías energéticas, al tiempo que permita una convergencia gradual de las redes, regulaciones, tarifas, estándares y mecanismos de mercado de los países participantes.

Dicho de manera sencilla, el objetivo no consiste únicamente en conectar cables y gasoductos. Se trata de garantizar que los sistemas energéticos interconectados puedan realmente funcionar de manera conjunta y eficiente.

Según la Agencia Internacional de la Energía (AIE), la capacidad solar fotovoltaica en Oriente Medio y el Norte de África podría multiplicarse aproximadamente por diez de aquí a 2035, con la incorporación de cerca de 200 GW de nueva capacidad. Al mismo tiempo, se espera que las inversiones en redes eléctricas representen aproximadamente el 40 % de la inversión total del sector eléctrico de la región durante la próxima década.

La importancia estratégica de estas cifras es más relevante que las cifras en sí mismas. A medida que se expanda la generación renovable variable y aumente la demanda de electricidad derivada de la refrigeración y la desalinización, unas redes transfronterizas más amplias y flexibles adquirirán un valor cada vez mayor. En un determinado momento, un país puede disponer de un excedente de generación mientras su vecino atraviesa un periodo de máxima demanda. La interconexión regional puede transformar parte de este desequilibrio de un problema nacional en una oportunidad regional.

Los elementos fundamentales ya existen

Oriente Medio no necesita construir un Schengen Energético desde cero. Algunos de sus cimientos ya han comenzado a tomar forma.

Un hito importante se produjo el 2 de diciembre de 2024, cuando los Estados árabes firmaron en El Cairo dos acuerdos destinados a establecer las bases institucionales del Mercado Árabe Común de la Electricidad. La iniciativa pretende ampliar el comercio transfronterizo de electricidad mediante el desarrollo de los marcos técnicos, regulatorios y de mercado necesarios para avanzar hacia un sistema eléctrico regional más integrado.

El Golfo ofrece otro ejemplo. La Autoridad de Interconexión del Consejo de Cooperación del Golfo (GCC Interconnection Authority) lleva años conectando los sistemas eléctricos de los Estados miembros del Consejo de Cooperación del Golfo (CCG). Su expansión hacia Irak representa otro paso más allá de la red original del Golfo.

El proyecto de interconexión CCG-Irak ha sido concebido para suministrar aproximadamente 500 MW de electricidad al sur de Irak y, al mismo tiempo, crear una infraestructura capaz de facilitar un comercio eléctrico más amplio entre Irak y los países del Golfo.

Estas iniciativas todavía no constituyen un Schengen Energético. Pero demuestran algo fundamental: los cimientos físicos de la cooperación energética regional ya no son meramente teóricos. El siguiente desafío consiste en transformar interconexiones separadas en una arquitectura regional más coherente.

Los cuatro pilares de un Schengen Energético

Una arquitectura de estas características podría sustentarse sobre cuatro pilares.

El primero sería la interconexión física. Las redes eléctricas deberían constituir el punto de partida, porque el comercio transfronterizo de electricidad puede generar beneficios relativamente rápidos y cuantificables. Con el tiempo, las infraestructuras de gas, el almacenamiento energético, el hidrógeno y los combustibles de bajas emisiones de carbono también podrían incorporarse a este marco.

El segundo sería la convergencia regulatoria. Sin reglas compatibles, un cable solo crea un mercado limitado. Las tarifas de transmisión, los estándares técnicos, el acceso a las redes, la certificación de energía limpia y los mecanismos de resolución de controversias deberán avanzar progresivamente hacia una mayor armonización.

Los recientes diálogos energéticos entre la UE y el CCG, así como las iniciativas relacionadas con la transición verde, se han centrado cada vez más en cuestiones como los estándares del hidrógeno, la certificación, las infraestructuras portuarias, los corredores de energía limpia y el futuro acceso a los mercados. Estas conversaciones todavía no constituyen un régimen común institucionalizado, pero ponen de manifiesto una realidad más amplia: el comercio energético del futuro dependerá no solo de los recursos, sino también de estándares y normas compatibles.

El tercero sería la financiación transfronteriza. Una infraestructura regional requiere capital regional. Los fondos soberanos, los bancos de desarrollo, los inversores privados y las instituciones financieras internacionales podrían desarrollar instrumentos de financiación destinados a proyectos cuyos beneficios trasciendan las fronteras de cualquier Estado individual.

El cuarto serían las garantías estratégicas. Una mayor conectividad debe ir acompañada de normas capaces de proteger a los Estados participantes cuando las relaciones políticas se deterioren.

Cuando la conectividad se convierte en un instrumento de presión

La interdependencia energética no genera automáticamente paz. La misma red que facilita la cooperación en condiciones normales puede convertirse en un instrumento de presión durante una crisis. Por ello, un Schengen Energético carente de una gobernanza creíble podría generar nuevas vulnerabilidades en lugar de reducir las ya existentes.

El principio debe ser claro: la interdependencia sin reglas genera vulnerabilidad; la interdependencia gestionada mediante reglas puede generar resiliencia. Por ello, cualquier marco regional debería incluir garantías frente a interrupciones arbitrarias del suministro, protocolos de emergencia, mecanismos de resolución de controversias, reservas estratégicas y vías de suministro diversificadas.

El objetivo no debe ser la dependencia en sí misma, sino una interdependencia gestionada.

Esta distinción reviste una importancia particular en Oriente Medio, donde la infraestructura energética ha estado durante décadas estrechamente vinculada a la seguridad nacional y a la competencia geopolítica. Sin mecanismos creíbles para gestionar el riesgo político, los gobiernos no estarán dispuestos ni deberían estarlo— a depositar su seguridad energética en manos de Estados vecinos.

La integración no debería esperar a un acuerdo político

Uno de los problemas persistentes de la cooperación regional en Oriente Medio ha sido la premisa de que las disputas políticas deben resolverse antes de que pueda comenzar una cooperación económica significativa.

Quizá haya llegado el momento de invertir este orden. Los países no necesitan alcanzar un acuerdo sobre cada cuestión geopolítica para poder comerciar con electricidad, establecer estándares técnicos comunes o financiar conjuntamente infraestructuras energéticas. La cooperación técnica puede comenzar allí donde los beneficios sean mensurables y la confianza pueda acumularse proyecto a proyecto.

En este sentido, un Schengen Energético no constituye un proyecto de «gran acuerdo». Es, más bien, una arquitectura de cooperación limitada, pero acumulativa.

¿Por dónde empezar?

La implementación debería ser gradual.

La primera fase debería centrarse en la electricidad: ampliar las interconexiones existentes, armonizar los estándares técnicos y facilitar un comercio transfronterizo de electricidad transparente mediante los marcos regionales existentes y en desarrollo, incluido el Mercado Árabe Común de la Electricidad y el sistema de interconexión del CCG.

La segunda fase debería profundizar la coordinación regulatoria y financiera mediante el desarrollo de normas de mercado más claras, marcos comunes de inversión, mecanismos de financiación para infraestructuras transfronterizas y proyectos conjuntos de energías renovables.

La tercera fase podría incorporar el gas, el almacenamiento energético, el hidrógeno y los corredores de energía de bajas emisiones de carbono a una arquitectura regional más amplia.

Tampoco sería necesario que todos los países de Oriente Medio participaran simultáneamente. Una coalición de Estados dispuestos podría poner en marcha el proceso, manteniendo abierta la participación a otros países. Es probable que los proyectos exitosos convenzan a los potenciales participantes con mayor eficacia que las declaraciones políticas.

De una geografía del conflicto a una geografía de la conectividad

Durante décadas, el mapa energético de Oriente Medio se ha interpretado a través de los yacimientos petrolíferos, los oleoductos y gasoductos, los cuellos de botella, las sanciones y las rutas de exportación. El mapa del futuro podría ofrecer un vocabulario diferente: redes interconectadas, mercados regionales, almacenamiento energético, estándares armonizados y comercio transfronterizo de electricidad.

Un Schengen Energético no eliminaría las fronteras políticas de Oriente Medio. Su propósito sería más limitado y quizá también más alcanzable: reducir las fricciones que encuentra la energía al atravesar esas fronteras.

Oriente Medio no necesita esperar a alcanzar una gran solución política para comenzar su proceso de integración regional.

Puede comenzar allí donde los intereses comunes son más urgentes, mensurables y esenciales para la vida cotidiana: la energía.

Fuente:https://www.middleeastmonitor.com/20260813-energy-without-borders-why-the-middle-east-needs-an-energy-schengen/