El Umbral De Una Nueva Etapa: No Hay Política Bajo La Sombra De Las Armas

Lo que está ocurriendo en el escenario sirio en los últimos días no se limita a una mera movilidad militar ni a una maniobra táctica pasajera. Por el contrario, nos encontramos ante un umbral en el que se hacen visibles problemas estructurales largamente acumulados, objeciones sociales reprimidas y opciones políticas insostenibles. La posición de las FDS, la influencia ideológica y organizativa del PKK sobre esta estructura, el creciente malestar de las tribus árabes y el intento del gobierno de Damasco de recentralizar el poder constituyen los principales elementos de este punto de inflexión.

Leer correctamente este panorama es vital no solo para el futuro de Siria, sino también para aliviar las preocupaciones de seguridad de Türkiye, posibilitar que la cuestión kurda sea abordada en el terreno político, abrir un debate claro sobre la transformación democrática del Estado y contribuir a la estabilidad regional. Por ello, la cuestión central hoy no es tanto qué desean las partes, sino identificar con precisión hasta qué punto las armas han paralizado la política y cómo puede superarse esa parálisis. En el punto al que se ha llegado, resulta evidente que la insistencia en construir política a partir de la presencia armada no sirve a ningún objetivo.

FDS: De Estructura Militar A Carga Política

Desde su creación, las FDS se presentaron como el producto de una necesidad militar. Esta estructura, que recibió apoyo internacional en el marco de la lucha contra Daesh, fue desbordando con el tiempo el marco estrictamente militar para adquirir un carácter político, ideológico y administrativo. El problema comenzó precisamente ahí. Nunca se logró una verdadera convergencia entre el enfoque ideológico y el bagaje organizativo del PKK y la pretensión de las FDS de ser una fuerza de seguridad local, plural y de base territorial. Las consecuencias de esta insistencia se hicieron sentir de forma particularmente clara en las zonas de mayoría árabe. En estos espacios, las FDS no fueron percibidas como una “fuerza de autodefensa local”, sino como un proyecto importado, ajeno a la población local y carente de vínculos ideológicos, culturales, políticos y religiosos con ella.

Esta realidad se hizo visible en distintos momentos a través de protestas armadas. El reclutamiento forzoso, el secuestro de menores, la exclusión de los mecanismos locales de toma de decisiones, la negación de las jerarquías tribales, la concentración de todas las decisiones en manos de la organización y la imposición de un discurso político uniforme profundizaron aún más el malestar existente. Las demandas maximalistas planteadas tras la caída del régimen de Assad, las insistencias incompatibles con la sociología y la demografía del territorio, el deseo de utilizar las armas como instrumento de amenaza y los intentos de instrumentalizar la sensibilidad de Ankara no generaron ningún beneficio para las FDS. Por el contrario, en el punto actual, mientras intentan preservar su presencia militar, las FDS han perdido en gran medida tanto su margen de maniobra en el terreno como su legitimidad política.

La Protesta De Las Tribus Árabes: Una Realidad Social Reprimida

Interpretar las reacciones surgidas recientemente desde las tribus árabes como respuestas repentinas o manipuladas desde el exterior sería un grave error. Estas objeciones constituyen la expresión tardía de un malestar social acumulado durante mucho tiempo e ignorado sistemáticamente; son una reacción sociológica esperada, aunque retrasada. Lo que ocurre sobre el terreno demuestra que este malestar reprimido ha alcanzado un punto ya imposible de gestionar.

Para las tribus árabes, el problema no es convivir con los kurdos ni mantener distancia con el Estado central. La cuestión fundamental es no poder tener voz propia en los territorios donde viven, y ver cómo los equilibrios locales y las relaciones sociales quedan atrapados en un marco ideológico impuesto. La transformación progresiva de las FDS en un instrumento ideológico bajo la influencia del PKK ha expulsado a los actores locales del ámbito político y ha profundizado la crisis de representación.

Por ello, la orientación de las tribus hacia la reanudación de relaciones con el gobierno de Damasco no es solo una reacción, sino también una toma de posición. Leer esta preferencia únicamente como un “acercamiento al régimen” resulta incompleto y engañoso. El panorama que emerge refleja que la previsibilidad relativa ofrecida por el Estado central es percibida como un terreno más seguro frente a la incertidumbre ideológica y la arbitrariedad de las estructuras armadas.

En este punto, no debe pasarse por alto la situación de los civiles kurdos. Ni las FDS ni el PKK representan al conjunto de la sociedad kurda. Al contrario, como ocurre en todos los contextos donde la política queda determinada por la presencia armada, estas estructuras han estrechado sobre todo el espacio político de los propios kurdos. La imposibilidad de desarrollar una voluntad local, una política civil y una representación plural constituye desde hace tiempo uno de los problemas fundamentales de la sociedad kurda. Toda estructura configurada bajo la sombra de las armas silencia no solo a sus opositores, sino también a la sociedad en cuyo nombre afirma hablar. En este sentido, la descomposición actual en el escenario sirio no es solo el resultado de la protesta de las tribus árabes, sino también de la represión de la demanda política de los civiles kurdos.

En este contexto, el decreto publicado por el gobierno de Damasco el 16 de enero de 2026, relativo a los derechos culturales y políticos de los kurdos, representa una señal importante de que es posible un marco de interlocución al margen de las estructuras armadas. Desde luego, el verdadero significado de este texto dependerá de cómo se aplique en el terreno y en la práctica política. No obstante, el paso es relevante en la medida en que apunta a la existencia de un espacio donde pueda hablar la política y no las armas.

La Presión De Kandil y Las Demandas Maximalistas

Esta descomposición en el terreno ha endurecido aún más la postura de los cuadros del PKK en Kandil. A medida que aumenta la pérdida de control, se intensifica la presión organizativa e ideológica sobre las FDS, y las demandas maximalistas junto con las estrategias de “ganar tiempo” se convierten en los principales instrumentos de esta radicalización. Esta dinámica se hizo evidente de forma clara durante y después del encuentro Şara–Abdi celebrado en Damasco el 19 de enero. Sin embargo, aquí emerge una contradicción profunda. Mientras la realidad sobre el terreno señala un espacio cada vez más reducido desde el punto de vista militar y social, la ampliación de las demandas expresa una insistencia carente de correspondencia política.

Este enfoque no solo no amplía la capacidad de maniobra de las FDS, sino que las coloca en una posición aún más frágil tanto frente a Damasco como dentro de su propia base social. No hace falta insistir en que el intento de ganar tiempo carece de profundidad estratégica. Por el contrario, posponer el enfrentamiento con lo inevitable no hace sino aumentar los costes. El resultado es un proceso que erosiona incluso la capacidad de las FDS para decidir sobre su propio futuro.

Recentralización, Seguridad y Política

Desde la perspectiva del gobierno de Damasco, los acontecimientos recientes abren una ventana de oportunidad significativa. Sin embargo, esta oportunidad no puede materializarse únicamente mediante la restauración del control militar. Una normalización duradera exige desarrollar un lenguaje político inclusivo y no coercitivo, que tenga en cuenta las sensibilidades locales, reconozca las identidades, les abra espacio y establezca un contacto directo con las estructuras tribales. De lo contrario, las reacciones que hoy se dirigen contra las FDS podrían reproducirse mañana bajo otras formas.

Este panorama señala un umbral similar para Türkiye. El proceso no debe leerse únicamente en clave de seguridad fronteriza, sino también en relación con el desarme del PKK y la ampliación del espacio político. El estrechamiento del margen de maniobra del PKK en Siria vuelve aún más insostenible la justificación de la lucha armada dentro de Turquía. Sin embargo, esta situación no produce por sí sola una solución. La consolidación de los logros en materia de seguridad solo es posible con la activación de la razón política. Lo ocurrido en Siria demuestra una vez más que lo permanente no son las armas, sino la política. En síntesis, ni la recentralización impulsada por Damasco ni las ganancias de seguridad de Ankara pueden ser duraderas si no se completan con política.

La Sensatez Es Una Necesidad

En el punto actual, existe una realidad común que nadie puede ignorar. Los sueños maximalistas, las insistencias ideológicas y los proyectos que desconocen la realidad social no son sostenibles. Ni la continuidad de las FDS en su forma actual, ni la obtención de ganancias estratégicas del PKK a través de esta estructura, ni la región tienen capacidad para soportar nuevos conflictos. La sensatez ya no es una opción, sino una necesidad.

El futuro de Siria solo es posible a través de un orden político despojado de estructuras armadas; el futuro de la cuestión kurda, mediante un lenguaje político completamente desligado de la violencia. Tanto para las organizaciones como para los Estados, el objetivo fundamental debe ser la transformación democrática. Lo decisivo no es repetir este concepto en cada frase, sino concretarlo en todos los ámbitos de la vida y de la política. Quienes hoy no logren ver esta realidad pueden verse obligados mañana a afrontar costes mucho más elevados.