El Último Regateo En Siria: Un Mensaje Contundente Desde El Monte Qasiún

La visita a Damasco realizada el lunes no fue una parada ordinaria en los calendarios diplomáticos; constituyó un mensaje geopolítico explícito dirigido al terreno, a los actores implicados y, de manera particular, a Israel. Al enviar simultáneamente a Damasco al presidente Recep Tayyip Erdoğan, al ministro de Defensa Yaşar Güler, al ministro de Asuntos Exteriores Hakan Fidan y al director del MIT İbrahim Kalın, Türkiye declaró que el expediente sirio ya no es un espacio abierto a intervenciones descontroladas, a ingenierías de poder moldeadas por ataques aéreos unilaterales ni a maniobras externas que desestabilizan la región. La visita no se limitó a restablecer contactos con Damasco; fue, sobre todo, una advertencia inequívoca a todos los actores que alteran el equilibrio en el teatro sirio, y en especial a Israel, que en los últimos meses ha intentado producir resultados políticos mediante la presión militar.

El inicio de funciones de Nuh Yılmaz como encargado de la Embajada en Damasco confirmó que este acercamiento no era un gesto diplomático pasajero, sino el comienzo de un compromiso político institucional y de largo aliento. La contemplación de Damasco desde el monte Qasiún no fue un simple acto simbólico: constituyó una respuesta silenciosa pero contundente a la pretensión de superioridad psicológica establecida mediante ataques aéreos sobre la capital, expresando con claridad que “Damasco no está abandonada”. La visita del director del MIT, İbrahim Kalın, a la tumba de Al-Farabí, fue más allá de los mensajes militares y de inteligencia, recordando que el territorio sirio no es un espacio de seguridad fragmentable, sino una cuenca con continuidad histórica y civilizatoria. Con esta visita, Türkiye ingresó al terreno no solo con poder, sino también con significado, memoria y voluntad política.

En el centro de la agenda se encontraba, asimismo, el creciente bloqueo entre el gobierno de Damasco y las Fuerzas Democráticas Sirias (FDS). Las declaraciones del ministro Hakan Fidan durante la conferencia de prensa conjunta con su homólogo sirio expusieron con nitidez la esencia del problema. Resulta ya imposible ocultar que las FDS no tienen intención de avanzar en las negociaciones de integración con Damasco. Más aún, el hecho de que ciertas actividades de las FDS se coordinen con Israel se ha convertido en el principal obstáculo para cualquier progreso negociador. El énfasis de Fidan en que “la estabilidad de Siria es la estabilidad de Turquía” dejó claro que, para Ankara, esta cuestión no es meramente un capítulo de política exterior, sino un asunto de seguridad directa.

Detrás del estancamiento sobre el terreno subyacen cambios en el equilibrio de poder. El incremento de los ataques aéreos israelíes contra Siria desde el verano ha debilitado de forma significativa la capacidad disuasoria militar de Damasco. La retirada forzada del ejército sirio en Suwayda tras los bombardeos contra el Palacio Presidencial y el Ministerio de Defensa no fue solo un repliegue táctico, sino una fractura psicológica para todos los actores regionales. Este escenario envalentonó a las FDS: la percepción de que la amenaza militar procedente de Damasco ya no es tan contundente transformó de raíz su postura en la mesa de negociaciones.

Este cambio se reflejó claramente en las demandas. Las conversaciones, que antes giraban en torno a cuestiones limitadas como el modelo de administración local en las zonas de mayoría kurda, la integración de elementos armados en el ejército y el futuro de la arquitectura de seguridad, dieron paso a un lenguaje completamente distinto. Las FDS dejaron de debatir el estatus de sus regiones para sentarse a la mesa con la pretensión de moldear el futuro de toda Siria. La nueva postura aspiraba a conservar intactas todas las posiciones de facto, ofrecer a Damasco una lealtad meramente simbólica y, a cambio, reconfigurar el orden constitucional conforme a sus propias exigencias. No se trataba de una búsqueda de compromiso, sino de una imposición abierta.

Con el desplazamiento del equilibrio de poder, las FDS no solo se distanciaron de Damasco, sino que también emprendieron la construcción de una coalición política y confesional abiertamente contraria al gobierno central. Los intentos de establecer contactos con círculos alauíes en el eje Latakia–Tartus y con figuras drusas vinculadas a Israel en Suwayda formaban parte de esta estrategia. Sin embargo, tales iniciativas no obtuvieron el respaldo esperado. Cristianos, ismailíes, turcomanos e incluso la muy reducida comunidad judía siria quedaron al margen del proyecto, dejando a la ecuación promovida por las FDS carente de legitimidad social.

Desde la perspectiva del gobierno de Damasco, persisten dos incertidumbres decisivas. La primera es la respuesta que podría dar Israel ante una eventual escalada militar, una incógnita que sigue condicionando los cálculos estratégicos. La posibilidad de una nueva intervención desde el sur complica seriamente la toma de decisiones. La segunda incertidumbre se relaciona con las relaciones con Estados Unidos y con la comunidad internacional. Tras años de guerra, Damasco busca recuperar legitimidad, por lo que debe sopesar con extremo cuidado cualquier paso que pueda poner en riesgo ese proceso.

Aun así, el tiempo se agota. Con el plazo concedido para la integración de las FDS a Damasco acercándose a su fin, las señales procedentes del terreno indican que la tensión no disminuye. Los recientes enfrentamientos en Alepo constituyen una advertencia contundente de que el proceso podría no resolverse únicamente en la mesa de negociaciones. De no alcanzarse un acuerdo, la posibilidad de que Damasco opte por una operación militar rápida, limitada pero eficaz similar al precedente de Idlib comienza a debatirse con seriedad.

La visita de Türkiye a Damasco se produjo precisamente en este umbral crítico. Ankara no se limitó a exhortaciones diplomáticas; recordó también la realidad del terreno. El mensaje fue inequívoco: la estabilidad de Siria está directamente vinculada a la seguridad de Türkiye, y toda iniciativa que la socave no quedará sin respuesta. El entendimiento de las FDS con Israel no es una opción aceptable ni para Damasco ni para Ankara.

En suma, los espacios grises se están disipando con rapidez. Las FDS deberán decidir si se convierten en una parte genuina de la estructura estatal siria o si permanecen fuera de ella. La contundente visita de Türkiye a Damasco ha dejado claro que este proceso ya no admite dilaciones ni maniobras dilatorias. Los próximos días serán decisivos no solo para una cuestión de integración, sino para definir el eje sobre el cual se configurará el futuro de Siria.