El Ocaso De La Insurrección Kurda En Siria

El acuerdo que puso fin a la región kurda en Siria fue presentado por sus firmantes como un compromiso pragmático. Sin embargo, en realidad, dicho acuerdo representó una gran derrota política para las formaciones políticas kurdas sirias. Sin duda, el rápido avance de los grupos armados sirios leales al presidente Ahmed Shara quebró la resistencia de las Fuerzas Democráticas Sirias (FDS), compuestas en gran parte por kurdos; pero este avance solo puede explicarse por el apoyo total que Estados Unidos brindó al gobierno sirio contra las FDS. Las FDS carecían de capacidad armamentística suficiente y, a diferencia de la guerra contra el ISIS, esta vez no contaron con apoyo aéreo. En nombre de las FDS, Mazlum Abdi firmó una rendición de facto en nombre de su partido y de su ejército. El tuit del embajador estadounidense Tom Barrack aunque exagerado insinuaba el fin de la experiencia kurda siria conocida como Rojava (Rojava significa en kurdo “el lugar donde se pone el sol” o la parte occidental de las tierras kurdas).

El acuerdo formalizó una realidad que ya había quedado claramente expuesta tras meses de presión militar. Las instituciones estatales sirias regresaron al noreste no como socios, sino como autoridades que priorizan un Estado central fuerte subordinado a Ahmed al-Shara. Durante el último año, los pasos fronterizos que estaban en manos de diversos grupos volvieron al control del gobierno central, y los ingresos petroleros comenzaron a recaudarse para Damasco. Las Fuerzas Democráticas Sirias (FDS), una de las últimas fuerzas militares independientes que quedaban frente a Shara tras la derrota del Ejército Árabe Sirio, aceptaron someterse al mando central del ejército, pero se negaron a la disolución de sus unidades; es decir, pretendían conservar sus estructuras dentro de las fuerzas armadas sirias. Este era el acuerdo preferido por líderes kurdos como Mazlum Abdi y la ex copresidenta de las FDS, Ilham Ahmed, pero fueron marginados por sectores de la dirigencia kurda siria que no querían perder la autonomía de la región kurda. Hoy, las oficinas políticas kurdas comienzan a cerrarse, las banderas se arrian y toda referencia a la autonomía desaparece de los documentos oficiales.

Shara llegó a la presidencia de Siria tras un proceso de radicalización política en los frentes de Al Qaeda en el país. Aunque haya sustituido el turbante por el traje, existen indicios de que sus partidarios se relacionan sin incomodidad con las ideologías y redes de Al Qaeda y del ISIS, e incluso acogen con satisfacción una alianza con Estados Unidos e Israel. En los días previos al alto el fuego y al acuerdo, responsables de las FDS informaron que las fuerzas armadas sirias estaban centrando su atención en las prisiones donde se encontraban detenidos combatientes del ISIS capturados por las FDS; de hecho, se informó de intensos combates en torno a las cárceles de Shaddadi (Hasaka) y Aktan (Raqqa). Las FDS calificaron estos ataques como “un desarrollo extremadamente peligroso”, ya que sugerían que las fuerzas gubernamentales querían liberar a combatientes del ISIS y devolverlos al campo de batalla contra grupos como las propias FDS. Ahora estas prisiones están bajo control del Estado, que puede disponer de esos prisioneros como desee.

El Amanecer De Rojava

En 2012, el gobierno de Bashar al-Asad retiró sus fuerzas militares del noreste con el fin de proteger el suroeste del ciclo de rebeliones. Esta retirada creó una oportunidad para los kurdos sirios, que durante décadas habían luchado por un Kurdistán independiente o, al menos, por la autonomía dentro de Siria. El líder del Partido de la Unión Democrática (PYD), Salih Muslim, me dijo en 2013 que las fuerzas políticas y militares kurdas habían llenado el vacío dejado por el Estado. “Organizamos nuestra sociedad para que no reinara el caos”. Muslim subrayó tres puntos fundamentales: Siria debía permanecer unida, debía ser el país de todos los que vivían en ella y debía adoptar una estructura descentralizada. El gobierno de Damasco aceptó estos tres principios, y se alcanzó un entendimiento tácito entre las fuerzas políticas kurdas sirias, otras minorías del país y el régimen de Asad. Esta fue la oportunidad que hizo posible el nacimiento de Rojava.

Desde 2012, la región de Rojava ha sido objeto de ataques severos del ISIS (2014-15), de las Fuerzas Armadas Turcas (2018) y de agresiones constantes por parte de diversos grupos menores. Durante esta década, el ejército de las FDS, las Unidades de Protección Popular (YPG), los peshmerga kurdos procedentes de Irak y elementos armados del Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK), con base en Türkiye, defendieron la región, resistiendo de forma especialmente dramática el avance del ISIS. Cuando el ISIS tomó Sinjar en agosto de 2014 y lanzó una limpieza étnica contra la población yazidí, fueron las YPG y sus aliados quienes sitiaron la zona durante meses; ese asedio solo se rompió en noviembre de 2015 a un costo enorme. El apoyo aéreo estadounidense comenzó entonces a ayudar a las YPG y a las FDS tanto a derrotar al ISIS como a intentar existir como una región independiente de Damasco. Ni Salih Muslim ni otros líderes kurdos sirios confiaron plenamente en Estados Unidos; pero el equilibrio de poder dio lugar a una alianza cuyo desenlace en traición era, desde el principio, previsible.

Las advertencias de Salih Muslim y Mazlum Abdi en 2018 según las cuales guardar silencio ante la ocupación de Afrin “costaría la unidad de Siria” o que las YPG eran “el único obstáculo frente a la ocupación turca” tuvieron poco impacto. Asad no iba a provocar al gobierno turco en ese período (de hecho, en esos años el presidente ruso Vladimir Putin y el presidente turco Recep Tayyip Erdoğan firmaron un acuerdo que desmilitarizaba Idlib y permitía a los herederos de Al Qaeda, incluida la organización de Shara, Hay’at Tahrir al-Sham [HTS], consolidar fuerzas pacíficamente y esperar su momento). Quizá, si Asad hubiera sido un mejor jugador de ajedrez, podría haber defendido a los kurdos sirios y provocado a Türkiye, bloqueando así ese acuerdo y obligando a sus aliados rusos a proporcionar apoyo aéreo mientras el Ejército Árabe Sirio atacaba a HTS y a sus aliados. Pero Asad dejó el pensamiento estratégico en manos de Rusia y sacrificó una posición de fuerza con la esperanza de que el gobierno turco desistiera de sus intentos de derrocarlo.

El presidente turco Erdoğan se negó a ver la insurgencia kurda en Siria como algo distinto de una extensión de la lucha del PKK en Türkiye. En un discurso ante los cuadros de su partido en 2020 declaró: “Türkiye jamás permitirá que se establezca un Estado terrorista justo al otro lado de sus fronteras. Haremos lo que sea necesario y secaremos este pantano terrorista”. Estas palabras debieron servir de advertencia tanto para Asad como para los kurdos sirios: no habría apoyo alguno por parte de Türkiye, y Estados Unidos socio de Türkiye en la OTAN no abandonaría sus intentos de desestabilización. En los últimos cinco años, Erdoğan presionó a la dirigencia política del PKK para que retirara la insurgencia y aceptara una rendición de facto. En 2025, desde su celda en Türkiye, el líder del PKK, Abdullah Öcalan, anunció el “fin del método de la lucha armada”. El proyecto kurdo sirio vinculado al PKK perdió así su profundidad estratégica más amplia. En palabras de funcionarios turcos, aumentó también la presión para que los kurdos sirios abandonaran sus proyectos de “autonomía armada”. Mientras la presión militar turca continuaba con una condena internacional cada vez menor e incluso con indiferencia, la legitimidad kurda se fue erosionando progresivamente.

El papel enigmático de Israel en este fiasco aún no ha sido plenamente documentado.

La Caída De Asad

Con todo el peso de los ataques aéreos israelíes y estadounidenses, las fuerzas de Hay’at Tahrir al-Sham, lideradas por Ahmed Shara, avanzaron hacia Damasco y tomaron la capital. Esta victoria constituyó un punto de inflexión decisivo para los kurdos sirios. El nuevo presidente Shara anunció que su gobierno recuperaría los territorios del norte (sin decir una sola palabra sobre la ocupación israelí de los Altos del Golán ni sobre los cientos de kilómetros cuadrados de la zona tampón de la ONU que Israel tomó tras la caída de Damasco). Las declaraciones procedentes de la capital fueron advertencias claras para los kurdos; sin embargo, la dirigencia kurda continuó, de manera poco racional, aferrándose a la esperanza de que Estados Unidos los protegería. En diciembre de 2024, Abdi afirmó que los kurdos sirios estaban “en contacto permanente con nuestros amigos estadounidenses, que apoyan los esfuerzos para reducir la tensión y garantizar los derechos de todas las comunidades sirias, incluidos los kurdos, dentro de un marco estatal unificado”. Estados Unidos comenzó a retirarse y los kurdos sirios empezaron a expresar su desesperación. Un responsable de las FDS me dijo que sus fuerzas habían combatido al ISIS y sufrido grandes pérdidas, pero que ahora en sus palabras “no eran nada”. Las fuerzas sirias se precipitaron hacia el norte. Shara declaró: “Siria no necesita experimentos impuestos por la fuerza”. Rojava era su objetivo. No tardó en poner fin a la experiencia. Abdi afirmó: “Estamos decididos a preservar los logros de la revolución”, pero aquello no era más que una expresión de deseo.

El caso sirio envió un viento helado hacia la región autónoma kurda del norte de Irak. El líder iraquí Muqtada al-Sadr advirtió en una publicación en la plataforma X que los acontecimientos en Siria no debían ser “recibidos con ingenuidad”. “El peligro está a las puertas”, escribió, “y el terrorismo cuenta con el respaldo de la arrogancia global”. Con el cambio estratégico del PKK en Turquía y la derrota de los kurdos sirios, también en Erbil se desvanece la creencia de que la región autónoma kurda iraquí durará para siempre. Al-Sadr llamó a la unidad frente a la agresión externa, un llamado difícil de rechazar en el contexto actual.

El colapso de Rojava no fue simplemente la imposibilidad de sostener una rebelión local. Fue la pérdida de una apuesta política: la apuesta de que el descentralismo y la autodefensa armada podían existir confiando en el respaldo de Estados Unidos. El discurso de la democracia y la dignidad pudo haber atraído ocasionalmente la atención de algunos diplomáticos estadounidenses, pero no tenía ningún peso real en Washington. Apenas unas horas después del acuerdo, un funcionario kurdo sirio me dijo: «Construimos Rojava sobre un pantano».

Fuente:https://globetrotter.media/